Marzo 2011 | Concursos de Microrrelatos | Microrrelatos Abogados

III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

AZUL ESLAVO

Raquel Esteban Prosper · MADRID 

No me acostumbro a él. Reventé de felicidad cuando la comisión dio la autorización. Por fin iba a ser madre. En las diez horas de vuelos no dejé de abrazarlo, incluso mientras comía el menú del avión y se chupaba los deditos como si degustase un manjar. Ahora me atemoriza. Su maestra llamó horrorizada, me dibujó abrasada en una hoguera y él con una cerilla. El psicólogo no sabe qué decirme. De noche se sienta un rato a leer sus cuentos mientras redacto alguna sentencia de un pleito atrasado. Si levanto la vista lo encuentro mirándome, fijamente, con sus ojos azul eslavo, como si intentara descifrar la clave oculta de mis pensamientos. Hace poco me preguntó si a los malos los encerraba en la cárcel, claro hijo tu mamá no deja que ninguno se escape. No eres Dios, me dijo, y a mí se me erizó el espinazo.

 

Relatos seleccionados

  • Archivo. Guardar como.

    Gabriel de Biurrun Baquedano · Barañain, Navarra 

    Lullaby Summerglow. Menú. Opciones. Seleccionar todo. Menú. Opciones. Eliminar. Introduzca clave. GioConda42. Repita clave. GioConda42. Aceptar. Eliminando Lullaby Summerglow. Finalizado. Localizado el cuerpo carbonizado de la fiscal Lullaby Summerglow. Entre los restos de la mortal hoguera, en el vertedero de Fibucci, se hallaba el maletín de la letrada, con todas sus notas acerca del pleito en el que trabajaba. La Comisión Giovanni niega que el asesinato de la fiscal vaya a alterar la investigación del posible vínculo entre la empresa de Software DOIT, la multinacional PHY.Sic y la mafia calabresa. Comisión Giovanni. Menú. Opciones. Seleccionar todo.

     
  • Beatus ille

    ¡µlvaro Giménez García · Orihuela - Alicante 

    Cansada tras el enésimo pleito interpuesto por uno de tus ex, vuelves del juzgado decidida a abandonar este mundillo donde tu vida es menú diario para los carroñeros del corazón. Piensas que ya es hora de alejarse del ruido mediático que te rodea; la clave - te dices - es intentar ser feliz con lo que la vida te da. Sólo tu móvil rompe tus reflexiones. Al contestar, tu agente te cuenta que hay una nueva oferta por el último retal de tu vida. Con el recuerdo de tus anteriores pensamientos, le instas a que lo olvide e incluso, momentáneamente, sopesas confesarle que te vas a retirar, aunque al final le dices que lo pensarás siempre que asuman su comisión. ¡l ríe y entonces, en lo más hondo de tus entrañas, notas, como en otras ocasiones, que una hoguera consume la pizca de alma que supones que te queda.

     
  • BOGOTA- COLOMBIA

    José Aristóbulo Ramírez Barrero · Abogado barato 

    Es la ciudad de los abogados. En sus calles bullen como una gusanera tinterillos de diversas prosapias. Un menú variopinto para dar y convidar. Hace frío. Un recién llegado indaga entre la multitud por un hotel para pasar la noche pero nadie parece escucharle. Por fin, cuando está a punto de claudicar, un hombrecillo acurrucado al amor de una hoguera le informa que allí no hay hoteles, hosterías, comerciantes ni parroquianos, sólo abogados que deambulan por las calles en procura de pleitos. ¡®El pleito es la clave de nuestra subsistencia. Sin pleitos no hay clientes y sin clientes no hay comisión. Cometimos un error craso, fijar la misma en el 80%. La gente, entonces, prefirió abandonarnos. Yo aprendí la lección. Por el 40% de los que lleva encima estoy dispuesto a compartir mi hoguera y mi ciencia con usted¡¯. El forastero, dichoso, no regateó. Nunca conoció abogado tan barato.

     
  • DON MARIO

    GERM¡µN REPETTO FERREYOLI · ALBALATE DE ZORITA (Guadalajara) 

    Hola, Don Mario. Soy yo, la voz de tu conciencia. Sí, esa ardiente hoguera que lacera tu cerebro repleto de jugosos pleitos. Eso que te sugiere la clave para encontrar la justa solución del problema legal. Eso que te ofrece un menú de honrosas alternativas para tu cliente, señor letrado. Eso a lo que siempre desoyes por conseguir lo más práctico para tus intereses personales, porque no importa el justiciable que te confió la comisión. Subes al estrado y tú eres lo importante, el centro de la discusión, el que debe obtener la sentencia más rentable para tus honorarios. Lo demás es puramente accesorio. Adiós, Don Mario. Me voy. Estoy hastiada. No dispongo de tiempo para seguir soportando lo precario de tu moralidad. Denigra sentirte vestir la honorable toga. El Derecho es otra cosa, Don Mario. Por fin has conseguido alcanzar categoría de leguleyo. ¡Qué pena me das, Don Mario!

     
  • ELLA, ESPOSA Y MADRE

    MANUEL VELAZQUEZ LOPEZ · Cornellá de Llobregat (Barcelona) 

    La "Comisión de Expertos" degustaba con deleite el menú que ella había preparado entusiasmada. No en vano, sus ocupaciones personales les impedían reunirse con mayor frecuencia y ella lo echaba en falta. Juez, fiscal y abogado compartían mesa al calor de la hoguera que ardía en la chimenea y, como era su costumbre, departían sobre pleitos, excepciones procesales, sobreseimientos provisionales y demás conceptos cuyo significado ella no alcanzaba a comprender. Por fin, hastiada de su ostracismo, ella levantó el dedo y cuando callaron intervino: "Juan, Felipe y Andrés, ¡¨podéis dejar de hablar en clave al menos el día de Navidad?".

     
  • El regalo

    JUAN MANUEL RODRí–GUEZ GAY¡µN · GIJí N 

    Me arrepiento. No hasta el punto de entregarme a la Justicia y confesar todas mis fechorías pero, de verdad, me arrepiento. Quizás la clave de mis desconocidos escrúpulos la tuvo la madre de un cliente al que ya había olvidado. Esa mujer me asaltó mientras degustaba un menú gourmet con un concejal, en un discreto restaurante de la ciudad. No pude recordar en qué pleito estaba metido su hijo y es que yo, en aquellos días, estaba demasiado preocupado por el pago de una comisión al Ayuntamiento. Sus súplicas fueron irresistibles para mi exigua conciencia. Decidí entonces expurgar mis pecados. La mejor manera de comenzar era librarme de todo papel comprometedor en la hoguera de mi jardín, durante la noche de San Juan. Todo ardió en un instante. Menos aquel curioso pendrive que mi hija me había regalado por mi cumpleaños, oculto en un cajón de la mesita.

     
  • Comida familiar

    Isidro Carbonell · Castellón 

    El menú es muy sugerente. La ocasión lo requiere. Como entrante, menudillos de magistrado con salsa de naranja. Nos reunimos para celebrar nuestra primera derrota en un pleito. Nuestra familia es así de elegante. De primer plato, sesos de abogado con cremoso de marisco y champiñón. El asunto resultó siempre delicado. Marco, el benjamín, cometió muchos errores con el encargo. Torpezas de novato. Pero siempre nos hemos arropado. La lealtad es la clave de nuestro poder. De segundo, lengua de testigo adobada con mousse de jabugo. Movimos nuestros contactos habituales, nuestros sobornos y comisiones, nuestras veladas amenazas. Pero nada. Peor no pudo ir. A nuestro Marco le cayeron 30 años. Como postre, falanges de funcionarios de prisiones en hoguera de nata y crocantino de cacao amargo. Si la justicia desea ser ciega, adelante. No es nuestro problema. La venganza es un plato que se sirve de muy variadas maneras.

     
  • EL ABOGADO PECADOR

    Antonio M. · M¡µLAGA 

    Ser abogado y católico es tarea complicada. El ejercicio es, en muchos casos, incompatible con los dictados de la Santa Madre Iglesia. Mi mentor, católico y practicante, me decía que la clave es ser bueno, honrado y evitar el catolicismo de menú, escogiendo en cada caso lo que más nos conviene. El "Cielo" me apetece, lo de quemarse en la "Hoguera Eterna", mejor lo dejo pasar. Si la petición del cliente es injusta o si los cónyuges no han luchado por su Vínculo, se debería ceder el pleito a otro letrado con distintas convicciones. He de confesar que eso nunca lo hago. Me gano la vida a costa de la eternidad. Si en el Cielo hay abogados, espero que formen una Comisión Deontológica para juzgar, junto a los pecados personales, los profesionales, y que sean benévolos con su compañero, si no por católicos, por cortesía profesional.

     
  • GARY BROWN

    Agustín Martínez Valderrama · Gavá (Barcelona) 

    Me llamo Gary Brown, pero ese no es mi verdadero nombre. Tampoco soy abogado, ni estoy casado con Susan. Nunca gané aquel pleito, nunca lo perdí. Jamás, durante los treinta años que no ejercí, acepté una sola comisión. Aunque no lo sea soy una persona integra, leal. Dicen los que no creen en el infierno que no iré al cielo. Me da igual, yo encendí la hoguera donde ardo. Si quieres buscarme, hazlo bajo los escombros de tus cajones. Hurga. Sólo tenías que haber cambiado la clave de la alarma. Huir a otra ciudad. Desaparecer. Hubieras encontrado a alguien mejor que yo. Te equivocaste al pensar que la justicia existe. Ahora el menú del chino se enfría en la mesa. Tú en el suelo. Fuera llueve. Los travestis corren. Te lo dije Susan. Esta noche algún poeta se colgará de un árbol.

     
  • DIABLO

    ANA HERNANDEZ MICO · VILLENA (Alicante) 

    Recostada en la alfombra, semidesnuda, sudorosa por el calor que desprendía aquella hoguera, detuve la mirada en el maletín de piel rojiza que, despreocupadamente, dejó apoyado junto al menú elegido para nuestro enlace. Me abalancé sobre él. Citaciones, declaraciones, resoluciones de la Comisión..., iban configurando el pleito. La curiosidad se apoderó de mí. Aquella mujer luchaba contra su amado. Se podía sentir la desolación, la impotencia, la rabia. Las palabras cobraban vida, me gritaban con desesperación. Los escritos eran de ida y vuelta; dolor contra angustia, falsedad contra tristeza, testimonio contra sufrimiento. Al final, las conclusiones, la clave de todo. Pensé no leerlas; los abogados, también lo son del diablo. Intrigada e imprudente, quise adueñarme de sentimientos ajenos; leí: Porque la amaba, la dejó soñar. Porque la respetaba, la dejó pensar. Porque la quería, la dejó avanzar. Porque abrió sus manos, la dejó volar. Suspiré, el diablo conquistó mi alma.

     
  • CLAVE DE SOL

    Juan Carlos Ruiz de Azagra · ZARAGOZA 

    Alli estaba una vez más, sentado en la mesa de siempre en aquel restaurante de la periferia. Saboreaba un Valsotillo Reserva de 2004, acompañado por el dulce crepitar de la chimenea. El camarero con gesto complaciente le hizo entrega de la Carta. Como siempre, en su interior, junto al menú de noche, un sobre lacrado con una clave de sol. Una nueva comisión por el último pleito. Esta vez Su Señoría entendió el significado del lacre: Alguien tocaba la música y él bailaba a su son. Arrojó el sobre al fuego con rabia, cual hoguera de las vanidades. Eso sí, antes introdujo su contenido en el bolsillo interior de la americana y paladeó nuevamente el exquisito caldo de la Ribera del Duero.

     
  • El hechizo

    William Teixeira Correa · Montevideo - Uruguay 

    Con ella he compartido pleitos, comisiones, menús, pero nunca imaginé que la invitaría a salir por motivos extra laborales. Y es que siempre pensé que mantener la distancia entre compañeros de trabajo era clave. Mis otros colegas del bufete no entienden qué le veo. Critican su nariz, su edad -demasiado madura para mí, dicen-, su cabellera desgreñada. Se burlan diciendo que parece una bruja y que me tiene hechizado. Pero a mí lo que digan me da igual. Por eso ahora estoy aquí, esperándola. Por fin abre la puerta. Un gato negro sale disparado y se escurre entre mis piernas. Tras él, sale ella, vistiendo una túnica y un sombrero de pico negros, con una escoba en la mano. Sonríe y pregunta si soy un inquisidor. Respondo que le espera la hoguera. Luego la tomo de la mano y, sin importarnos el qué dirán, partimos para la fiesta de disfraces.

     
  • LEí‘A AL FUEGO

    SILVIA MERINO MORALES · VALENCIA 

    La clave está en el menú y lo sabes. Pero eso a ti no te importa, te trae sin cuidado la cena de esta noche. Sigues inmerso en ese pleito que te tiene loco y dejas en mis manos la cena y nuestra pobre vida social. Da igual que uno de los invitados sea el presidente de la comisión y que pueda ofrecerte un puesto en el bufete de su cuñado. Lo tengo claro, tu careces de ambición, tenía que haberme casado con tu mejor amigo, fíjate, magistrado del Tribunal Supremo y tú, sin embargo, no pasas de picapleitos por muchas cenas que yo te organice. Lo que inclinó la balanza a tu favor fue la hoguera que me provocabas cuando me besabas y tu sonrisa. De otra forma, ahora, no estaría rellenando una merluza para doce mientras tú, continúas impasible con la nariz en los libros y sin arreglar.

     
  • La velada

    Gloria Alonso Pelaez · VILLALBA (MADRID) 

    Salimos del juzgado exultantes. Habíamos ganado el juicio, por lo que a él le garantizaba una buenísima comisión y por lo tanto, a mi una abultada cantidad económica. No me cabía duda de que la clave del éxito había sido mi abogado Y a mi innegable interés físico, ahoara se unía la admiración y el agradecimiento. Le invité a cenar para celebrarlo. Hacía años que no encendía la hoguera, pero qué mejor ocasión que ésta para que el ambiente fuera cálido y confortable. Me esmeré en elegir el menú adecuado, ni demasiado elaborado, para que no me obligara a ausentarme demasiado de la mesa, ni tampoco excesivamente frugal. Y me vestí cuidadosamente, no queriendo reconocer ni siquiera ante mí misma que deseaba gustarle. Del resto de la velada, nada hay que contar. Solo reconocer que me sentí aliviada de no tener ya una relación profesional?..

     
  • La conciencia que viste toga

    Jorge Sendra Moll · MADRID 

    Traje al gusto italiano o moda inglesa, según cliente y conveniencia, elegantes despachos, decorosos vocablos acompañados con la incandescencia sombría de tantos apretones, al servicio de poderosas manos, restaurantes a los que acceder previa lista, tan selecta como los acostumbrados platos del menú, sonrisas enmascarando ideales corrompidos a comisión de todo buen pleito, al margen de cualquier idea de verdad, enmascarando la justicia, prostituta al mejor postor, siempre bajo el falso velo del amor puro, de la verdad impoluta. Tales maderos,a buen ritmo, sacian las llamas de mi conciencia, ciega tras el humo de semejante hoguera. Bien me acuerdo de mis inicios y bien de los halagos al talentoso joven de aquellos tiempos, su clave, el tesón, el esfuerzo al servicio de todo caso, su inteligencia racional tapiando, a puro billete, todo atisbo de desazón, billetes manchados a fuerza de vender, hasta el latir de mi corazón.

     
  • La hoguera de las ilusiones

    LITA RIVAS FOLGAR · Teo(A Coruña) 

    Como abogado especializado en litigios de herencias, me tocaba siempre el mismo menú: procesos largos con familias enteras enzarzadas en cruentas e interminables batallas. Hasta que en mi horizonte profesional surgió aquel caso que parecía no ofrecer dudas. Mi cliente era hijo único de un viudo, que había fallecido en una residencia de pensionistas, y que me prometía una suculenta comisión por agilizar trámites. Pero el hijo pródigo olvidó un detalle clave. Una vez precintada la habitación y realizado el inventario, apareció un testamento ológrafo con un desconocido como heredero universal y además cotitular de todas las cuentas y acciones del fallecido. Para mi cliente fue la hoguera de las ilusiones y el oprobio cuando se desveló que el misterioso heredero era un joven de vida disipada con el que el fallecido mantenía una relación sentimental. Yo no perdí tanto, solo el pleito y por supuesto la prometida comisión.

     
  • Mi penalista

    CECILIA EMILIA CARMEN VIOLANTE YAí‘EZ · CASTELLON DE RUGAR, VALENCIA 

    Mi abogada penalista no formaba parte de ninguna comisión determinada, tampoco era renombrada. La escogí casi azarosamente buscando en las guías. Hacía días que me encontraba hundido en lúgubres preocupaciones. Desde mi desolación de hombre caído en desgracia, había dado rostro a esa joven voz. Y mi retrato imaginario se materializó.
    Me costó encontrar su despacho, casi escondido en un centro de negocios de construcción reciente. Me abrió ella misma la puerta. Era una profesional novata debatiéndose entre toneladas de papeles. Evidentemente yo era uno de sus primeros clientes y su fervor profesional era como una hoguera chisporroteando frente a tí. Sentía mi pleito como si fuera su problema. Ella poseía la clave de la autoconfianza que en menú de la vida no puede faltarte. No pudo hacer mucho por mí, pero nunca olvidaré su humanidad. Tal vez, una virtud de los profesionales novatos que con el tiempo se desgasta.

     
  • Mi sueño

    NANCY FERNANDEZ BARGIELA · M¡µLAGA 

    Había llegado por fin el pleito soñado tras más de veinte años de ejercicio profesional. Mi vida ya no sería la misma. Con la minuta que le pasaría al cliente podría cambiar mi coche por el todoterreno que veía inalcanzable todas las mañanas al pasar por delante del escaparate de la BMW. Podría dejar de comer el menú del día que me servían en el bar de la esquina. Podría hacer una hoguera con todos los folios recicables que usaba para no tener más gasto de papel.La comisión del delito estaba clara y la clave para ganar el juicio estaba en mis manos. Mi sonrisa era inmensa. Nada podía salir mal. Los médicos aún no se explican mi cara de alegría.Núnca saldría del coma que me había producido la intensidad de un sueño eterno.

     
  • Menús a tres euros

    José Luis González Martínez · SAN SEBASTI¡µN Guipúzcoa 

    El pleito era elemental: denuncia contra una constructora por defectos en la urbanización y las viviendas. Comenzamos a mosquearnos cuando ni siquiera acudieron al acto de conciliación. Enseguida supimos que habían aparecido indicios preocupantes: comisiones para varias ONG, documentos en claves indescifrables?. El abogado, aunque seguía investigando, estaba preocupado. De pronto un día nos dijo que querían arreglarlo pero sin juzgados, hablando directamente con nosotros. Corría un aire gélido aquella mañana cuando, en la propia urbanización, sobre un pedazo de tierra yerma que aprovechábamos para quemar rastrojos en una hoguera, aparcó un Mercedes McLaren con las lunas tintadas. De allí surgió un tipo pequeño, calvo, regordete, con cazadora y pantalón de cuero, y en aquel mismo instante Miguel (un vecino que tenía el salón desplomado) me susurró al oído: ¡Hay que joderse?, pero si es Paco el de los¡€™menús a tres euros para la crisis?, del bar Altamira!

     
  • Mirada vendada

    David Sánchez Laforga · Bilbao 

    Sentado como estaba en aquella mesa en la terraza del hotel lo primero que pensé al ver a esa impasible mujer es que era la camarera trayendo el menú. Pero no llevaba platos sino una balanza y sus ojos estaban vendados. Aún así, sentía que me miraba. Estaba nervioso, hacía pocas horas había comparecido en un pleito importante en el que, aún siendo testigo clave, había permanecido callado por una suculenta comisión. Y ahora pretendía darme la gran vida. Sin embargo, la presencia de aquella mujer vestida con una sábana me inquietaba. Le lancé unas monedas, dinero deshonesto que me sobraba, al plato de la báscula esperando que desapareciese. Nada. Las monedas desequilibraron la balanza y cayeron al suelo. Súbitamente la mujer alzó una espada. Entonces supe con certeza que me miraba. No recuerdo nada más; pero desde entonces ardo día y noche en la hoguera de mi remordimiento.

     
  • SOLOMILLO FLAMBEADO

    CRISTINA NIUBO MORALES · HOSPITALET DE LLOBREGAT (BARCELONA) 

    La prensa informa de que Antón Martís, fundador de un prestigioso bufete de abogados, ha fallecido a causa de un accidente de tráfico. Yo, su socio y amigo, viajaba a su lado en el momento del siniestro. Milagrosamente salí con vida, y sólo sufrí contusiones y una costilla rota. Un año después, ceno con mis colegas en un lujoso asador. Decidimos el menú mientras hablamos sobre fraudes y pleitos. Casualmente sale el difunto a colación. Alguien recuerda su falta de escrúpulos como clave de su éxito, otro menciona suculentas comisiones. Yo, indignado, exijo respeto. De repente, el aroma de la carne de mi plato me evoca un recuerdo con una fuerza contundente: Antón envuelto en llamas, mientras yo, a pocos metros, sostengo una caja de cerillas. ¡Qué fácil fue convertir su coche en una hoguera!. -¡¨El solomillo es de su agrado señor¡€™-Insuperable Marcelo, hoy lo encuentro insuperable.

     
  • Turno de oficio

    Félix Amador Gálvez · Moguer (Huelva) 

    Satrústegui sintió un calor viejo en los nudillos y una hoguera en el corazón. Sentía que hacía fluir la vida en dirección equivocada cada vez que actuaba de manera apasionada, sin pensar con la cabeza. Esta vez Pepa no le iba a perdonar. Habían sido ya demasiados golpes, demasiadas veces y demasiados perdones. En el menú de su matrimonio ella ponía comprensión y él violencia. La única absolución a la que podía aspirar era la promesa de no hacerlo más. La clave estaba en cambiar. Pero cuántas veces había cambiado él, cuántas se había vuelto a convertir en aquel marido ideal. Satrústegui levantó los ojos y miró al juez, instando a la defensa a exponer su alegato. Cerró los párpados, suspiró y tragó saliva. Debía cumplir con su trabajo: defender al maltratador, intentar que saliera impune del pleito y cobrar la comisión del turno de oficio.

     
  • Sin mentiras

    Miguel Sánchez Juaneda · Cartagena (Murcia) 

    Hoy me he propuesto no mentir. Sí, aquí y ahora, en la cafetería. Cuando tan sólo faltan veinte minutos para que empiece mi juicio, acabo de oír como un compañero le decía al encargado lo delicioso que estaba el menú de hoy. ¡Qué cantidad de falacias podemos llegar a decir en un solo día! Creo que se puede vivir perfectamente sin necesidad de embustes ni trápalas. Hoy es el día clave, a la sombra de esta hoguera de vanidades y habiendo leído tan sólo una vez el informe sobre la comisión del delito, voy a demostrar que se puede subsistir sin decir mentiras. Allá voy. Comienza el pleito. -¡¨Cómo se declara su cliente?, me pregunta el magistrado. -Inocente, Señoría, respondo sin pestañear.

     
  • CONFLICTO DE INTERESES

    JAVIER MARTINEZ VILA · VIGO (Pontevedra) 

    El abogado no dejaba de darle vueltas. El despacho no iba bien: mucho trabajo y poco beneficio. Si aquello continuaba así tendría que prescindir del menú de su restaurante favorito y calentar la comida en una hoguera. La clave estaba en el pleito de sus sueños: una demanda de divorcio que le proporcionaría una comisión indecente. La cliente tenía mucho dinero, poco seso, menos intuición y separación de bienes. Aunque no quería divorciarse, la obligaría a iniciar los trámites. El problema era el dichoso código deontológico: no podía asumir la representación de su esposa y demandarse a sí mismo. Mientras pensaba en cómo salir airoso y poner tierra de por medio, una llamada telefónica le sacó de sus cavilaciones. Su esposa había fallecido sin testamento. Era más rico que viudo. Decidió encargar coronas de flores, guardar luto, abandonar el derecho matrimonial y retomar su amada cátedra de ética.

     
  • FOLIO

    Paqui Jaro Domínguez · MADRID 

    Ardo en la hoguera junto a mis 2.530 compañeros de viaje. Durante 3 años hemos pasado de mano en mano observando de cerca cada dedo ensalivado. Soy el último, el que contiene la firma del Jefe de la Comisión de Servicio. En mí estaba la clave de ese pleito interminable. Y nadie nos leyó en serio. No es justo terminar así. Hemos sido fieles sin amarillear, perder la tinta ni la firmeza de nuestra piel. No hemos mostrado ni una sola arruga. Al menos podían habernos usado para escribir en nuestra espalda aunque sólo fuera un insignificante menú del día.

     
  • Otra vez igual

    Alfredo Juez Sánchez · MADRID 

    Me sentía arder en la hoguera, todas las veces me ocurría lo mismo, un sudor frío recorría mi frente mientras mis ojos revisaban una y otra vez los papeles que tenía delante. Consciente de no poder malgastar más tiempo estaba claro que la lentitud de elección de la que siempre hice gala me iba a hacer pagar una comisión demasiado alta. Sabía que la clave estaba en revisar mentalmente lo que había elegido otras veces, pero al igual que en el pleito de la semana pasada, estaba en blanco. De pronto una voz me devolvió a la realidad: ¡¨Sabe ya lo que quiere del menú señor?

     
  • TEPT

    MONICA CRISTOBAL ALVAREZ · MADRID 

    En el piso de debajo de mi casa hay un bebé, que todas las noches llora y llora de madrugada y a mí me desvela y, sin que él lo sepa, en esas horas de duermevela, aparecen muchas de las claves de mis pleitos. La más importante ocurrió hace dos noches, cuando dándole vueltas y vueltas a cómo mi padre había aceptado comisiones ilegales en su cargo para darse lujosos caprichos, me acordé de aquélla vez que me dijo que me iba a tirar a la hoguera si no le daba el soldadito de plomo que me había tocado en el menú infantil de una hamburguesería. Era un recuerdo que tenía completamente borrado. Por la mañana bajé a que me dejaran darle las gracias a ese bebé. Pero en ese piso no vive nadie. Y ya no sé si lo que llevo escuchando tantas noches, es mi propio llanto retardado.

     
  • El letrado fiel

    jose aneiros diaz · MADRID 

    El abogado se puso los guantes, introdujo su copia en la cerradura y abrió la puerta del piso de seguridad. Encendió el ordenador y mientras éste despertaba empezó a sacar legajos de un armario y a amontonarlos en el patio trasero. En el menú de la pantalla apareció la ventana de inicio solicitando la clave de acceso. Al introducirla el ordenador inició el formateado completo del disco duro. Mientras, en el patio una improvisada hoguera eliminaba el resto de pruebas. Sonó el teléfono y por segunda vez el inspector de policía preguntaba por él. En esta ocasión no era para comunicarle que su cliente estaba detenido, sino para informarle que la comisión judicial iba a realizar una entrada y registro y su defendido requería sus servicios. Ya no había pruebas inculpatorias, ni habría pleito alguno, por lo que sus servicios habían terminado.

     
  • San Juan

    Emiliano Fernández Sans · MADRID 

    No está nada mal, empieza el verano. Pronto llegará agosto, mes inhábil sin ningún pleito. Mientras ahora contemplando como se quema esa hoguera en la playa, siento que mi vida tiene necesariamente que cambiar. Se acabaron las tardes sin final y los casos complicados en el juzgado. Los clientes carcelarios y los divorcios inhumanos. Jamás volveré a perder la clave del ordenador del despacho. A partir de mañana, el menú de mi vida será jugar al golf, al tenis con los amigos del club y los viajes, a países exóticos, con mi mujer. Ya nunca más tendré que defender a tipos por cobrar una comisión fuera de lugar. Es fantástico. De repente zumba el despertador. Son las siete de la mañana. Me seco la boca. Miro a mi alrededor para orientarme. Debo afeitarme con rapidez, ponerme la corbata negra de sala y no llegar tarde al trabajo.

     
  • La Proposición

    MARÍA JESÚS DÍEZ-ASTRAIN FOCES · VALLADOLID 

    Hay que conocer el funcionamiento del sistema, esa es la clave, dice mientras ojea distraídamente el menú. Sonríe satisfecho de sí mismo, algo sudoroso, un poco demasiado largo el cabello rizado bajo las orejas. La fórmula es sencilla, añade, yo te proporciono un buen pleito, un escandalazo de prensa y televisión diarias, una minuta millonaria de esas que ni has soñado. A cambio me llevo una comisión razonable, nada del otro mundo. La abogada le mira estupefacta, luego una hoguera crece en su interior, la indignación la desborda, no puede creer que alguna vez semejante sujeto le haya parecido simpático, que haya aceptado su invitación a comer para hablar de un tema profesional sin recelar nada. Se levanta de la mesa murmurando “eres asqueroso” y él la mira marcharse, se hurga los dientes con un palillo y susurra “Y tú tonta. Otro habrá que diga sí”.

     
  • MI HISTORIA POR UNAS MONEDAS

    MIGUEL ÁNGEL GARCÍA RODRÍGUEZ · VALLADOLID 

    “Cuento mi historia por unas monedas” rezaba el cartelucho del sintecho. Tenía algo de calderilla, así que decidí escucharle. –Fui un buen abogado –dijo el pordiosero–, pero el menú de la vida me deparó un amargo postre. Un cliente me confesó la comisión de un crimen horrible, pero seguí con el pleito. Era padre de una niña, ¿sabe? –He de irme –interrumpí arrepintiéndome de las monedas perdidas en la lata del mendigo. Al irme, gritó la clave de un expediente que aún no sé por qué decidí investigar. Descubrí algo estremecedor: un hombre fue declarado inocente gracias a su abogado. Tiempo después, la hija del letrado acabaría siendo la séptima víctima de ese hombre. Como mi hoguera de las vanidades, aquello fue el inicio del camino que me llevaría a compartir boca de metro con el antiguo abogado. Cuento mi historia por unas monedas.

     
  • Pleiteando contra la vida

    Xavier Blanco Luque · BARCELONA 

    Los jueves, cobrada la comisión, era costumbre comer de menú en “La Magistratura”, restaurante regentado por Don Marcial Bellido. Había sido abogado prestigioso. Cambió los juzgados por los fogones, la toga por el delantal. “Con el estómago vacío, no hay justicia que valga”, decía. Su abuelo fue fiscal, su padre magistrado, él laboralista, orgulloso de defender “sólo a trabajadores”. “La ley es lo único que tienen los pobres para hacer frente al poder del dinero”, sentenciaba. Insigne personaje y mejor persona, esa era la clave. Hacía semanas que no se le veía, alguna dolencia lo tenía achacoso, encamado. Al girar, divisó un corrillo en la puerta; se respiraba cierto nerviosismo. A lo lejos, el humo de una hoguera ascendía dibujando una tenebrosa guadaña. Las campanas de la Iglesia doblaban a muerto. “El peor pleito es el de la vida, ese no hay quien lo gane”. Cuánta razón tenía.

     
  • Seducción silenciosa

    Abel Herrera Márquez · MADRID 

    Su seducción abarcaba desde la presidencia a la alcaldía, haciendo despertar la curiosidad y provocando al instinto irracional con tan solo su esencia. Su amor y debilidad, acabó con su trayectoria y cargo en la comisión gubernamental. Su misión dió un giro inesperado... “Estaba en un restaurante comiendo de menú y recibí una llamada inquietante. Alguien había encontrado la ropa interior junto a la hoguera. ¿Seria la pista clave para el pleito? Todo encajaba a la perfección y no podía eliminar lo que ahora me daba vida. Este encargo me superaba y un despiste ahogado en un inexplicable placer me impidió finalizar mi trabajo con éxito. Siento haberte mentido, me he enamorado de ti”. Este es el mensaje que dejó registrado en mi contestador: “Muchas gracias por la información, señor...” Y una bala silenciosa penetró en su cerebro dejándole sin vida al instante.

     
  • Líos de faldas

    Joan Iglesias · HOSPITALET DE LLOBREGAT 

    Ahora que mis fuerzas se apagan como postreros rescoldos de una vana hoguera veo necesario desvelar la clave del misterio en alivio de mi conciencia. Treinta son muchos años pero recuerdo el pleito, como si ayer fuera. La abogada no cejó en su empeño, cuestionaba mi coartada, se apoyaba en testigos que confesaron no haber visto nada, no había pruebas y sin pruebas no hay condena. No perpetré delito pero sé quién lo cometió, callé ¿soy reo de comisión por omisión? Era mi hermano el responsable de los hechos, ¿no callarías? Fue menú amargo la elección pero escogí el silencio. Trazos de ADN apuntaron a mi familia. Basaron mi acusación en antiguas disputas con el finado, me procesaron. Ni el fiscal ni la abogada sospecharon que un hombre con faldas de sotana hubiera podido matarlo: Fue el párroco, mi hermano, quien lo hizo… su ardiente móvil también viste con falda.

     
  • Sin ti no soy nada…

    María del Mar Soler Esplugues · MADRID 

    Esa es la clave ,dicen,puedo hacer que los hombres pierdan la cabeza. Venden su alma por una cochina comisión, aún sabiendo que mi destino es tan nómada como las pasiones que despierto. Ni siquiera tú,que me sueñas yendo hacia ti , mientras me esperas entre las sábanas, ansioso por perderte en mi abrazo.No puedo acompañarte al lugar dónde presumiblemente acabarás, puedo oler el azufre , las hogueras. No estoy en el menú. No me mires así, en el fondo sabías que lo nuestro no podía durar ,tengo más vidas que cambiar, y el amor nunca puede ser egoísta, si no, no es amor del de verdad , como el nuestro... Espero que todo te vaya muy bien,cariño, quédate con los trajes, serán un bonito recuerdo de tiempos mejores, suerte con el pleito. Siempre ( o eso parecía , ¿verdad? ) tuyo... Don Dinero.

     
  • INMUTABLE

    Javier Serra Vallespir 

    Los tiempos cambian. No hace falta crear una comisión de investigación para advertir que Occidente se tambalea. Las empresas quiebran, los sueldos bajan, la gasolina sube, los pleitos por impago se multiplican, los ideales naufragan. Todos hemos probado algún plato de este menú. En cambio, si diriges tu mirada hacia el sur verás cómo también las tiranías pueden caer. El equilibrio precisa de revoluciones. Yin, Yan: de cada hoguera en la que arde un dictador brota una oportunidad para la paz, el derecho, la democracia… y para nosotros, los abogados. Incluso los déspotas que parasitaron el lado equivocado de la Historia necesitan quien les defienda. Y los antaño simples súbditos sometidos a un poder arbitrario renacen como ciudadanos que sólo rendirán cuentas ante la Ley. ¿Vamos a contribuir a edificarla, amigo mío? ¿A propagarla? ¿A representarla? La clave está en nuestra actitud, porque los tiempos cambian, pero la Justicia no.

     
  • Nuevos tiempos

    José Miguel Perlado Villafruela · MADRID 

    La sociedad, dentro de cincuenta años, seguirá tan judicializada como ahora. El cliente de un restaurante se quejará al camarero de que en el menú figuraban “chuletas de cordero”, en plural, y el plato sólo contenía una, entre muchas patatas fritas. El camarero contestará algo más airadamente de lo debido y el cliente, enfadado, planteará un pleito al restaurante. La Fiscalía, con la colaboración de la RAE, constituirá una comisión para estudiar si el género del sustantivo citado en el menú era vinculante y si el mismo menú podría considerarse un contrato entre restaurante y cliente, cuestión clave de la demanda. El jurado popular preferirá el brillo de los focos antes de desestimar el asunto por baladí y, deslumbrado por el oropel de la notoriedad, fallará culpabilidad. El camarero y el propietario del restaurante serán quemados públicamente en la hoguera, para escarmiento del gremio. Es lo único que habrá cambiado.

     
  • Iustitia

    Miguel Ruiz-Ocaña González · MADRID 

    Fue el proyecto estrella del Ministerio de Justicia. Diez años de duro trabajo para desarrollar "Iustitia". Un software capaz de realizar prácticamente cualquier trámite legal con sólo ocho golpes de ratón. Gracias a la sencillez de su buscador avanzado, a la accesibilidad del amplio índice temático y a los múltiples menús de ayuda pronto se hizo sumamente popular. Lo único que se requería era acceso a internet y pagar la comisión pertinente introduciendo la clave de la tarjeta de crédito. Pero la sencillez de "Iustitia" era sólo aparente. Conformado por una ingente base de datos y en función de los parámetros preestablecidos, valoraba las pruebas, precedentes, testimonios, peritajes… todo, logrando sentenciar cualquier pleito en base a la fiabilidad estadística. Así, a pesar de mis quince años de experiencia en la abogacía, al ser detenido con un libro en soporte de papel me condenaron a la hoguera por brujería.

     
  • Justicia de piedra

    Daniel Domínguez Repiso · A CORUÑA 

    Una hoguera alumbraba la cueva del prehistórico tribunal. Nug era juzgado por “presuntamente” haber robado la pata de un jabalí que la familia Caslam tenía de menú para una semana. Antes los pleitos se arreglaban a garrotazos pero ahora una comisión de ancianos impartía justicia. Nug negaba los cargos y afirmaba haberse encontrado el jamón junto al riachuelo. Caslam decía que “mucha casualidad”, máxime con la bandada de buitres que anidaba por los alrededores. Los gritos se oían a kilómetros. La prueba de cargo estaba en “estrados”. El presidente del tribunal indicó algo a un ayudante, que salió corriendo. Al poco, regresó entregando un objeto al anciano que, ceremonioso, se acercó a la pata en litigio y dio la clave: “Este es el hueso de la otra pata del jabalí, idéntica a la robada. Nug te condeno a que abandones la tribu hasta que traigas un jabalí entero a Caslam…”

     
  • UN RÁBANO PARA EL SEÑOR FISCAL

    Miguel Ángel Gayo Sánchez · SEVILLA 

    La ocurrencia fue de mi madre: “Hijo, te traes a casa al señor fiscal y le peloteas. Esa es la clave”. Acababa de abrir el despacho. Poco pleito, poca comisión. Así que debía procurarme un nombre en el foro. “Mi madre le invita a degustar su guiso de rábanos”, le dije. El fiscal aceptó. Durante la velada se mostró de lo más cariñoso: “Señora, ya me fijé yo en su hijo. Me encanta enderezar a los pipiolos”, comentó mientras degustaba los rábanos. Fue entonces cuando sentí el extraño rozamiento por debajo del mantel. Luego, la mano entera escalando por mi pierna. “Esto es una hoguera” dijo agarrando en secreto el rábano que más le interesaba. “Un buen menú requiere de un buen postre”, murmuró libidinoso. “Anda, hijo, sé hospitalario y deja que el fiscal se coma todos los rábanos que le apetezcan”, dijo mi madre desde la cocina.

     
  • Éxito

    Mª Carmen Serrano Arnau · LOS DOLORES- MURCIA 

    Creía haber encontrado la clave del éxito y acabo quemándome en la hoguera de las vanidades. Y no empecé mal, no vayas a creer. Me licencié en derecho con las mejores notas, fíjate que fui el primero de mi promoción. Después la cosa fue a mejor… No había quien me ganara un pleito. Me merendaba al contrario como un hambriento devoraría el menú del día de cualquier cochambroso restaurante. Así me fui creciendo. Además, la abogacía en sí, dejo de tener interés para mí y decidí meterme en política. Éxito. Parecía que todo lo que tocaba lo convertía en oro. Hasta que se me fue de las manos. Y ahora estoy aquí, esperando que esta Comisión de Investigación me llame y sin saber como justificar la ausencia de esos fondos que ahora, y te lo digo sólo a ti, están en una cuenta que tengo en Suiza.

     
  • EL ÚLTIMO DíA

    JUAN JOSE ALMIÑANA ESCODA · ALICANTE 

    No habían llegado todavía las llamas a su centro de trabajo pero el humo ya molestaba la visión del ordenador. El abogado regordete, encorbatado y provisto de su flamante toga se encontraba ausente a la muchedumbre que se iba aglomerando avisada por el fuego. Sus ojos no podían apartarse de la pantalla en la que aparecían, junto al menú de inicio, la solicitud de la clave para entrar a sus imprescindibles archivos acerca del mediático pleito que llevaba entre manos sobre corrupción política. A pesar de que el calor se hacía insoportable, su sonrisa impertérrita no cambiaba ni un ápice por el avance de las llamas. De pronto un caballo alado envuelto en llamas se precipitó sobre su cabeza. En ese instante la comisión de fiestas con su presidente a la cabeza abandonó el recinto de la hoguera que una vez más, ardía en las fiestas de la ciudad. Fin.

     
  • EL CONCEJAL

    Julio Barrera Rivas · MADRID 

    Postergo la decisión, no me siento preparada, ¿debo aceptar este caso?, es un pleito difícil.
    “ Concejal de urbanismo acepta comisión y es pillado “in fraganti” por un periodista aficionado que lo graba con una micro-cámara mientras comparten menú en un bar de Málaga”.
    Ahora es mi cliente pero crecimos juntos, somos amigos. Él me recuerda las noches gloriosas en la playa de Estepona al calor de la hoguera.
    - Hoguera…,- repite despacio y se marcha en silencio, con un extraño brillo en los ojos.
    No tengo más remedio. Lo acepto. Tiene más peso el recuerdo, que sus acciones.
    Mientras desayuno, leo en el periódico: “Incendio en la Audiencia Provincial, se queman, entre otros, el sumario que encausa al concejal de urbanismo de Málaga, desapareciendo la grabación periodística, prueba clave de este caso” En palabras de testigos, “era una monumental hoguera que podía verse desde la playa de Estepona”.

     
  • Seducción silenciosa

    Abel Herrera Márquez · MADRID 

    Su seducción abarcaba desde la presidencia a la alcaldía, haciendo despertar la curiosidad y provocando al instinto irracional con tan solo su esencia. Su amor y debilidad, acabó con su trayectoria y cargo en la comisión gubernamental. Su misión dió un giro inesperado... “Estaba en un restaurante comiendo de menú y recibí una llamada inquietante. Alguien había encontrado la ropa interior junto a la hoguera. ¿Seria la pista clave para el pleito? Todo encajaba a la perfección y no podía eliminar lo que ahora me daba vida. Este encargo me superaba y un despiste ahogado en un inexplicable placer me impidió finalizar mi trabajo con éxito. Siento haberte mentido, me he enamorado de ti”. Este es el mensaje que dejó registrado en mi contestador: “Muchas gracias por la información, señor...” Y una bala silenciosa penetró en su cerebro dejándole sin vida al instante.

     
  • Y más a la mía

    Concha Porres Farías · Madrid 

    Las doce, marca el reloj de la estación, es a esa hora cuando se enciende la hoguera para calentar las noches de gente como yo, ni siquiera el menú de Casa Paco con sus judías y patatas me hace entrar en calor. Mañana en el juicio, cuando me pregunte el fiscal declararé que iba bebido, que no ví nada, ésa es la clave. A las mujeres les gustan mucho los pleitos, y más a la mía, se le ha metido en la cabeza que yo pagué una comisión a un sicario para que le diera una paliza en mi presencia. Ya le he dicho señoría que yo iba bebido. ¿por qué me pregunta otra vez que relate los hechos? ¿por que me pregunta qué he visto?. No le he dicho que nada, que iba bebido.¿Hasta cuando va a durar este maldito pleito?

     
  • ¿CUÁL DEBE SER LA PENA?

    Pedro José Pérez Sánchez · Ceutí, Murcia 

    Como una hoguera ardiendo en su pecho, también quemaba la culpabilidad. La clave de aguantar tantos años sin palabras, fueron sus hijos. Pero ahora ya no estaban. Nadie pudo evitar que el día en el que las caricias se convirtieron en patadas, ella hiciera la justicia suya y empuñando su siempre fiel cuchillo de cocina, dejara a su marido con la cabeza encima de su último menú. Ahora estoy yo aquí, mañana es el pleito y debo acusarla del cargo de asesinato, por la comisión de aquella muerte. Cuando la norma se enfrenta a la moral, la solución es justa dependiendo de la experiencia de quien la interprete. Mi madre murió maltratada hace ya cinco años. No mentiré si os digo, que probablemente mi voz se quiebre ante el Tribunal.

     
  • DE ABOGADOS Y LETRADOS

    Juan Alberto Díaz López · MADRID 

    '- ¡Un menú del día, Pepe! - espetó el ex letrado, visiblemente nervioso, en el bar cercano a la Audiencia. - ¿Tienes pleito por la tarde? - inquirió el camarero, añadiendo - ¿No me dijiste que ibas a colgar la toga? - Y lo hice, ahora vengo como a

     
  • Vida en Atocha

    JUAN ANTONIO PIQUERAS VARGAS · ADRA (ALMERIA) 

    Contestó al teléfono al primer tono de llamada. Su corazón le palpitaba alegre como las ascuas de una hoguera de San Juan. La Comisión la había elegido. Iba a ser imagen de la Mutualidad. Al menos durante un fin de semana se podría olvidar de los pleitos, plazos y minutas. En ese instante nada le hacía más ilusión; conocería gente nueva… volvería a pasear por Madrid… degustaría el menú de Ferrán Adrià en el Casino… saldría en la revista de la Mutualidad de la Abogacía… Qué dirían sus amigas… Todo era ideal. Colgó el teléfono. Se recostó en su mullido sillón. Cerró los ojos y pensó que como todo en la vida la clave fue creer en lo que hacía. Miró el calendario, llegaría el 11 de Marzo, al NH frente a la estación de Atocha. Siguió recostada sin querer limpiarse una lágrima solitaria que recorrió su mejilla.

     
  • VALLADOLID

    Paula Barreda Martín · El Director de Banca 

    Juan caminaba cabizbajo, preguntándose como se había podido meter en éste lío, él, Director de Banca, próximo a la jubilación. Quizás el pago de la hipoteca, la mujer siempre pidiéndole caprichos, los hijos, pidiéndole cada vez más dinero. Y como quién busca encuentra, se topo con unos italianos que querían la clave de la caja fuerte de la sucursal, con la respectiva comisión de por medio. Su abogado le había dicho que el pleito estaba ganado pero él sabía que no era verdad. Entró en el restaurante más caro del pueblo, pidió el menú del día y se marchó a casa. Sus hijos habían hecho una pequeña hoguera en el jardín y su mujer estaba en la cocina. “Juan, he visto un coche impresionante, nos lo podíamos comprar” dijo Conchita, su mujer en cuanto entró. “Claro cariño, lo que tu digas, pero esta vez a la cárcel vas tu”.

     
  • CLAVES PARA UNA REVOLUCIÓN

    Manuel Moreno Belosillo · MADRID 

    1ª Clave: un país sumido en una crisis económica. 2ª Clave: familias empobrecidas que no tienen para pagarse el menú del día. 3ª Clave: pleitos concebidos para que los abogados de los bancos puedan ejecutar las viviendas de las familias empobrecidas. 4ª Clave: el cabeza de una de estas familias empobrecidas recibe a la comisión judicial que va a proceder al lanzamiento de su vivienda rociado de gasolina, se prende fuego y hace de sí mismo una hoguera. 5ª Clave: facebook: la llama prende la mecha de un polvorín, el país estalla, las sucursales bancarias son tomadas por multitudes enfurecidas y son reducidas a escombros. 6ª Clave: la revuelta se extiende, los gobiernos no pueden detener la marea revolucionaria y caen. Se abolen los bancos, el dinero, el código penal, las cárceles, las fronteras, los estados… Todo cambia para que nada siga igual. Tampoco en Túnez pensaron que pudiera ocurrir.

     
  • VAYA SUEÑO

    LAURA ITURRATE ARESTE · DOS HERMANAS SEVILLA 

    Como la mismísima Juana de Arco, así me veía, quemado en la hoguera. Había saltado a todos los medios de comunicación, la Comisión había detectado nuevas irregularidades en las asignaciones de terrenos. Asustado, corrí a mi despacho. Encendí el ordenador y busque en el menú: Mis Documentos. Borre toda la información comprometedora y destruí los documentos que me relacionaban con el caso. No atinaba a encontrar mi agenda, y en el móvil busque el número de teléfono de mi abogado, lo llame y angustiado le conté lo sucedido. - Roberto, ese pleito está perdido. Contesto con voz sentenciadora. Comencé a sudar y empece a escuchar las sirenas. Seguro que era la policía, venían a detenerme. De repente, me sacudían en el brazo. Sobresaltado, abrí los ojos y vi a mi mujer. - Cariño, cariño... ¿cuál es la clave de la alarma?. Ha saltado y no para de sonar.

     
  • SEÑA DE IDENTIDAD

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    “Señoría, deben pagar por cuanto hicieron. Aunque siempre podremos divertirnos imaginando quiénes seríamos si hubiéramos vivido con nuestra verdadera familia”. Recuerda otra vez el alegato del letrado. Debió abstenerse en este pleito. O arrojar los autos a la hoguera. Ya es tarde. Demasiadas emociones. Ancianas mostrando fotos en blanco y negro de bebés robados. Hombres hechos y derechos deshechos en lágrimas. “Nos decían que nació muerto. Lo vendieron por una miserable comisión”. País de pícaros. Abusar del instinto maternal y la pobreza. Todo para curarse las cornadas del hambre en restaurantes de menú completo. El magistrado repasa las pruebas. De pronto, en la cara arrugada de una víctima, descubre la seña de identidad que marca su propio rostro. Cuarenta años después, la clave. Apenas siente nada. Quizá la satisfacción del deber cumplido. Ahora solo le queda hacer justicia. “En nombre del rey. O de esta mujer: mi madre”.

     
  • Día de nieve

    Pilar Gil Guijarro · MADRID 

    Dos diablillos en pijama me encuentran dormida sobre la mesa del despacho a las ocho de la mañana, me dan besos y abrazos y me arrastran a la cocina, el desayuno listo, unas flores recortadas en papel y las botas de nieve en la puerta. Intento sonreír y mezclarme entre las vocecillas revoltosas, pero el dichoso pleito no se me va de la cabeza. No encuentro la clave para desurdir la trama, entre comisiones, sobornos y prebendas, los más visibles en el artificio son los menos culpables. Papi baja alegre, con el jersey de lana que mejor le sienta. ¿Y si mando al cliente a la hoguera aunque sea inocente? Se me frunce el ceño cuando le digo: por fin me pagaron el turno, no preparo bocadillos, creo que os dará para el menú del día.

     
  • Un abogado de bien

    Maribel Pont Pont · MANACOR (BALEARES) 

    Tal vez hubiera sido un pleito fuera de lo común. Sin embargo a Alfredo Velasco lo que más le importaba no era la posible comisión millonaria; sino el privilegio de convertirse en un abogado de bien. Recordó las palabras de su padre “Lo importante es juzgar a las personas por lo que son, no por lo que aparentan”. Quizás esa fue la clave que le descifró que aquel tipo no era trigo limpio. Terminó su menú de ocho euros que con gran cortesía y mano estrecha hubo pagado su cliente; y se marchó con un aire reflexivo. Frente a la hoguera del comedor sopeso la consciencia y el dinero, y decidió que su carrera como abogado había llegado a su fin. Alfredo Velasco había nacido para ser juez.

     
  • PROTECCIÓN DE DATOS

    JOSÉ MARÍA SOLÍS CARPINTERO · ALCALA DE HENARES (MADRID) 

    ANTECEDENTES DE HECHO PRIMERO.- En fecha 5/1/11 se giró visita por parte de los técnicos de la Comisión, quedando acreditada la ausencia de firewall (corta- hoguera) o de cualquier otro elemento de seguridad en el sistema informático de la mercantil denunciante. SEGUNDO.- El 13/1/11 compareció el denunciado, quien manifestó haber accedido, aún después de la celebración del pleito por despido improcedente, al menú de la página web de la empresa, pero que su clave no le permitía el acceso a las subcarpetas referidas. TERCERO.- Según informe de fecha 5/2/11, no ha quedado rastro en el sistema, ni aún después de utilizar el software recuperador, que permita demostrar que el día uno de enero de 2011, en la página principal de la mercantil denunciante, se hubiese publicado una fotografía del gerente de la misma desnudo, sobre una leyenda que rezaba: “Para el 2011 os voy a seguir dando por...”

     
  • Pasiones

    Marta de Dios Crespo · A Coruña 

    Le latían las sienes. Nada más salir del juzgado se aflojó la corbata y se deshizo de su maletín en la primera papelera. Aceleró el paso. Al doblar la esquina se metió en un bar y pidió el menú del día. Jugueteaba con el mechero cuando la vio pasar frente a la cristalera. Dejó un billete sobre la mesa, abrochó su gabardina y salió a la calle. Una voz sonó al otro lado del teléfono. ¿Quiere su comisión? Pues yo quiero ganar ese pleito y la clave está en esos papeles. La línea se cortó al instante. Se deslizó en un taxi y la siguió hasta un motel de las afueras. Todavía vestía traje de chaqueta, pero se había quitado los tacones. Le recibió con un beso. ¿Sabes que voy a hacer con esto? Sobre la cama descansaba una bolsa de deportes llena a rebosar de pruebas periciales. Una hoguera.

     
  • Paso a paso

    Carlos Jesús de Linares Rosado · MÁLAGA 

    Finalmente se consumó. Tras la hoguera, el reo quedó reducido a cenizas. Fue un pleito largo, no es fácil cambiar la conciencia del juzgador que, por definición, es siempre conservador cuando la ley abre una nueva posibilidad. Toda primera vez batalla legal enfrenta la resistencia inicial de los más cerriles. El camino más largo empieza con un simple paso, y ese sencillo paso, clave que explica la subsiguiente cascada de reformas penales, creo que fue la pena de muerte de las "personas jurídicas". Tras ésta vino la aprobación de la cadena perpetua para personas físicas en casos de comisión de delitos graves; tres años más tarde la concesión del “privilegio de muerte” a los condenados que lo solicitasen voluntariamente... Y, finalmente, “El MENÚ”, una carta de penas de muerte entre las que el Juzgador debía escoger, con la debida equidad y teniendo en cuenta el daño producido por el reo.

     
  • Olvido

    David Porras Martin · Granada 

    '- ¿Cuál es la clave? - Exequatur123, todo junto con minúsculas, pincha en menú, documentos recientes, es un documento que se llama pleito lindes Zamora, date prisa, la vista empieza dentro de cinco minutos. - menú… recientes… aquí no está. - Ti

     
  • Reincidentes

    Concha Mayo Novo · Barcelona 

    Diez años y dos maridos después coincidí con él a las puertas del juzgado. Tenía menos pelo y una mirada que seguía encendiendo hogueras. “Te hacía trabajando para la Comisión Europea”, dijo, mientras se asía con fuerza de mi brazo y me besaba en la comisura de los labios. “He vuelto hace poco.” Respondí. Y sin intentar soltarme, salimos juntos a la calle dejando atrás pleitos, apelaciones y veredictos. Empezamos la tarde compartiendo los últimos años frente a unas copas de vino y un menú que apenas probamos. Y la acabamos enredados nuestros cuerpos y mirándonos ensimismados. Constaté entonces, tras haberla buscado por medio mundo, que la clave de la felicidad seguía residiendo en sus ojos.

     
  • PLANES DE FUTURO

    ISABEL FRAILE SANCHEZ · Arucas(LAS PALMAS) 

    No podía creerlo. Allí estaban sus números, ¡por fin, después de mil años! “Sólo hay un acertante”, decía el periódico. El corazón se disparó alocado y un calor, como si tuviera una hoguera interna, coloreó sus mejillas. Ahora todo sería distinto: se acabó comer el menú más barato, vestir de mercadillo, los pleitos a comisión. ¡Montaría su propio bufete! Y… recordó a su marido, vago y chupasangre, siempre viviendo a su costa. ¿Debía decírselo?, ¿llegar a un pacto y repartir el dinero? ¡No!, la clave estaba en callar y, después del divorcio, cobrar el premio. Fue a su casa para recoger el boleto y depositarlo, discretamente, en la Caja de Ahorros. Abrió la puerta, oyó aquel murmullo mecánico y el corazón se le volvió a acelerar por un mal presentimiento. Desde la cocina llegó su voz. “Cariño, ¿tienes que volver al Juzgado?, estoy lavando tu toga. ¡Estarás contenta!”

     
  • Pruebas

    JORGE MARTíN DELGADO · PINTO (MADRID) 

    —Esto no tiene sentido. La sentencia es injusta. —Piénsalo bien. Hallaron infinidad de pruebas que la incriminaban. Admitió en el interrogatorio inicial que fue ella la que quemó el cuerpo en una hoguera la noche de San Juan. Se encontraron huellas suyas por todas partes, dejó su plan escrito en el menú de comida china que olvidó en la papelera de la cocina y puso la excusa de un pleito falso en otra ciudad para asegurarse una coartada. La comisión del delito es evidente. Hasta la defensa no ha apelado la decisión del juez porque considera que la pena impuesta es justa. —No lo es. Existe una razón que la inculpa y que es la clave de todo este asunto. —Ya has visto que todas las pruebas la apuntan. Nadie tiene ninguna duda. ¿Cuál podría ser esa razón? — Que ella no te mató.

     
  • Quien a hierro mata…

    Miguel Jiménez Salvador · Hospitalet de Llobregat (BARCELONA) 

    Era la quinta vez que me enfrentaba en pleito a “Martillo” y, en las precedentes, había hecho honor a su apodo. Yo había sido un simple clavo más. Él, consciente, me miraba de soslayo con una mueca de sorna. Herido de orgullo había presentado mi acusación con especial virulencia, pero él se había zafado bien de mis envites. A la salida de la vista se me acercó para susurrarme al oído. - Cuidado con echar más leña al fuego, a ver si la hoguera te acaba quemando a ti. El informe de la Comisión Urbanística iba a ser clave, aunque era sabida la capacidad de “Martillo”, y entorno, para influir en las conclusiones de las Comisiones. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, pero no contaba con un menú especial. Entre los miembros de la comisión, se había colado una antigua novia del abogado defensor.

     
  • NOCK-OUT

    Angel L. Suárez Losada · Santiago de Compostela 

    Virxilio Vieira, alias “nock-out”, era abogado desde hacía más de treinta años y nunca había llevado un asunto a comisión, pero hoy las cosas ya no eran como antes; había demasiados abogados y el paro y la crisis económica estaban asolando el país, dejando reducido el menú de los días a la mera supervivencia. Ciertamente, el futuro lo angustiaba, y sin embargo … Virxilio no podía evitar sentirse una persona afortunada. Le gustaba su profesión, siempre le había gustado; y tenía un pequeño despacho en su casa de toda la vida, por la cual no debía nada al banco. Atrapado como estaba en la rueda sombría de sus pensamientos, de repente sonó el teléfono de la guardia; minutos después, camino de  comisaría, Virxilio exclamaba en voz baja: ¡coraje “nock-out”, la vida es un pleito que no cesa y la clave está en saber atravesar la hoguera sin arder¡; ¡coraje¡.

     
  • SANTO OFICIO

    Javier Sanchez Ribas · Collado Villalba (Madrid) 

    La sentencia parecía inevitable: hoguera. Pero no me resigné. Defendería a la víctima con todas mis fuerzas. La clave, en mi opinión, era apelar a la sensibilidad de la comisión ad hoc creada para resolver el pleito. ¿Cómo condenar a alguien a quien habían visto nacer y crecer? ¿Qué autoridad tenían para acabar con la vida de un ser creado por Dios? ¿Realmente estaban seguros de no cometer una injusticia, o peor, un pecado irreparable? Conseguí hacerles dudar, pero años de condenar inocentes a las llamas habían encallecido sus espíritus y finalmente dictaron su terrible sentencia: “Lo siento, Paquito, pero en casa es tradición que el menú de Navidad incluya pato asado. Otra vez lo compraremos congelado, pero este año Lucas tendrá que ser sacrificado”. Creo que la sensación de haber asistido impotente a la consumación de una injusticia es lo que me impulsó años más tarde a estudiar Derecho.

     
  • MENTE DE JURISTAS

    LUIS ANGEL TORINOS PEREZ · FUENSALIDA (VALLADOLID) 

    Las llamas de la hoguera crepitaban.Tras el frugal menú que había servido de cena,sólo un par de emparedados de jamón y queso,decidieron volver a la preparación del pleito que les había unido ese fin de semana en aquella casa rural. Amigos,compañeros,sobre todo amantes.Socios del mismo despacho,ambos estaban casados. Les gustaba preparar los juicios con la toga puesta.Pensaban que estar togados les confería una impronta particular, una motivación especial en la preparación de los pleitos. De esta guisa estaban cuando sus miradas se cruzan, sus cuerpos se acercan y sus labios se buscan. Se funden en un húmedo y prolongado beso y es en ese instante, cuando las dos mentes juristas en comisión, se funden en una sola. Que pena que en la vista oral no podamos besarnos. Sería clave, pensaron.

     
  • Mi hobby

    Ángeles de los Santos Ramírez · Málaga 

    Me aburre trabajar en ese tipo de pleito cotidiano que se resuelve por inercia, sin misterio, sin intríngulis, sino de forma mecánica, aplicando normas y fórmulas, como quien se limita a elegir opciones de un menú. Un abogado necesita retos, desafíos, así que me entretengo diseñando delitos. Me invento un móvil, una víctima, un modus operandi… La clave está en ser imaginativo, original y meticuloso, porque la comisión de un delito no es un huevo que se echa a freír. Por eso, cuando creo haber dado con una idea novedosa, cuando intuyo que he ideado una fechoría verdaderamente creativa, mi corazón arde en la excitante hoguera de la emoción. Pero, por más que me esfuerzo y por más rocambolesco que intento ser, siempre sale alguien en el telediario a quien ya se le había ocurrido lo mismo y lo ha puesto en práctica.

     
  • NI NOMBRE, NI YATE, NI FOTÓGRAFOS

    EDUARDO MARTíNEZ RICO · MADRID 

    Acababa de pedir el menú. Era demasiado famoso como para ir a uno de esos restaurantes tras los que se agazapaban los fotógrafos. Mientras esperaba a su última amante se acordaba de su primer pleito, de la comisión que le dejó fuera de la carrera, y se preguntaba dónde estaba la clave de esa hoguera que no había dejado de crepitar durante treinta años y que le había hecho ganar mucho dinero, sí, pero que le había procurado un sinfín de enemigos, un divorcio y la pérdida de dos de sus hijos, que nunca entendieron cómo la pasión de su padre por la abogacía podía estar por encima de todas las cosas, salvo de la justicia. Hubiera dado todo por volver a aquel tiempo en que recitaba ante su novia los temas de la oposición, cuando no tenía nada, ni nombre, ni yate, ni fotógrafos.

     
  • No funciona

    Jose Manuel Liaño Flores · La Coruña 

    Viene a mi despacho un tanto alterada y muy nerviosa; me pregunta como va el pleito que se tramita en el Juzgado contra un colindante por la propiedad de una finca. Le contesto que estamos pendientes del señalamiento para la celebración del juicio. Insiste en que concrete plazos, y le hago un cálculo aproximado de lo que puede durar el procedimiento en el Juzgado hasta la sentencia; advirtiéndole que si a cualquiera de las partes esa sentencia no le parece conforme a derecho podrá recurrir en apelación ante la Audiencia Provincial con lo que la “cosa” puede alargarse algún tiempo mas. Después de haberme interrumpido varias veces, y apremiándome que se acelere el proceso, como si solo dependiera de mí, me dice finalmente que si el juicio tarda mucho, ella no lo puede soportar, porque desde que empezó el pleito “mi marido no funciona”. Jose Manuel Liaño Flores Colegiado nº 17342

     
  • Metamorfosis

    José Alexis Rivero González · Vecindario (Las Palmas) 

    A Miguel le habían enseñado que la clave de su profesión estaba en las relaciones personales, por lo que no paraba de degustar los mejores menús en compañía de los responsables de las empresas que pasarían a su cartera de clientes y a engordar sus altas comisiones. Trabajaba en uno de esos grandes bufetes que consiguen acuerdos para evitar pleitos, hasta que una mañana fue consumido por la hoguera de unos despidos por “causas económicas”. Tras superar la afrenta moral del hecho, Miguel usó su indemnización en alquilar una oficina más pequeña y menos céntrica que la que antes tenía, y el destino cambió el perfil de su clientela. Cinco años después, D. Miguel es conocido por ser el “azote” de poderosas entidades, de esas que pagan por no ir a juicio, pero para él la Justicia ha pasado a ser algo que no se puede arreglar a golpe de talonario.

     
  • La testigo

    Lucia Rodriguez · Madrid 

    Nadie pensaba que llegaría tan lejos, probablemente por eso la eligieron. Tampoco ella planeó convertirse en testigo clave del caso del año. El azar y un documento la habían traído hasta aquí. Todo había empezado como otro trabajo más, formar parte de una comisión de abogados para asesorar a una importante empresa. De ellos se esperaba "profesionalidad y transparencia" había dicho el presidente. Por supuesto, la verdad sobre sus fuentes de financiación no entraba en el menú. Ahora, sentada en la sala de testigos sentía que se asfixiaba, como si él hubiera cumplido sus amenazas y una hoguera prendida a sus pies amenazara con callarla. “A este lado, la vida no es tan sencilla” pensó, recordando testigos suplicando no comparecer en pleito a los que había obligado a ello. Oyó su nombre, una vez, dos, mientras la puerta se cerraba tras ella. No estaba preparada. La justicia tendría que esperar.

     
  • La vida descalza

    ROSA MARíA MOLINA LÓPEZ · TRES CANTOS - MADRID 

    Mi comisión es una úlcera, varios huesos rotos y sentirme deshabitada. Durante años el mismo menú: de primero, silencio; de segundo, paciencia; de postre, falsa felicidad. Por eso la vida rechinaba tanto entre mis dientes. Necesité habitarme otra vez, esa fue la clave para hacer lo que hice. Cuando el juez dijo “Se levanta la sesión”, miré a mi hijo, sentado en la quinta fila. Dibujó un “te quiero” en el aire y sopló. Cogí esa burbuja de amor entre las manos y me froté la cara para olerla y pegarla en todos mis poros. Vino de Australia para testificar. Huyó lejos mientras yo ardía en mi hoguera. A partir de hoy nuevas caras, nuevas rutinas, tener pensamientos... dejar mis sentimientos sueltos. A Carlos no lo veré nunca más. Sí, definitivamente este pleito lo he ganado yo.

     
  • La Clave

    David Peña i Nofuentes · Reus 

    '-¿Quieres que atienda tu propuesta para este pleito comiendo?, la clave es la comisión, afirmó el abogado del lesionado caminando en dirección al restaurante de la esquina, mientras saboreaba un cigarrillo. ¿Comisión?, pensó el togado de la compañ

     
  • La noche del chivato

    MARIA DOLORES RUBIO DE MEDINA · SEVILLA 

    Alguien se fue de boca y lo detuvieron en la playa junto a un cliente, la noche de San Juan, mientras oteaban el mar buscando las lanchas. Años después, bordó en las servilletas el nombre del negocio: “Exletrado” e imprimió en dorado el menú que había ensayado en la cantina del talego durante nueve años, tres meses y cinco días: “Pleitos y quebrantos”, “Comisión marinada en adobo de presos y rellena de faisán al aroma de trufa de guardián” y “Dulce de cárcel con clave de higos”. Con la segunda estrella Michelin perdió la magia de los fogones. Una madrugada batiendo unas claras, lo sobresaltó la sombra de su excliente y supo que la tercera estaba al alcance de la mano: “Sesos de picapleitos bocazas a sangre fría”. No hubo tiempo para anotar la receta bajo la lluvia de balazos, solo recordó la hoguera de San Juan.

     
  • LA VIDA MISMA

    Maria Graciela Bolo · BUENOS AIRES- ARGENTINA 

    El pleito se inició a raíz del cobro de unas comisiones, lo de siempre. Dos socios que vienen avivando las brasas, hasta que de pronto alguien sopla sobre los rescoldos y… Lo que esa hoguera dejó fue un menú de traiciones, envidias, deslealtades y estafas mal encubiertas; una verdadera fiesta para los fiscales a la pesca de pruebas. Salieron a la luz, como huellas al borde del mar, las míseras infamias que tejían la trama de la malhadada sociedad. Y lo más curioso fue que un asuntejo de comisiones sirviera para encontrar las claves del crimen más sonado de los últimos meses, cuya causa estaba a punto de archivarse. Así es esta profesión, sorprendente. Como la vida misma. Conclusión: un socio muerto, otro en la cárcel, las mujeres de ambos prófugas, y una suma considerable sin herederos. Así se cerró el expediente. Sorprendente, verdad?. Como la vida misma.

     
  • LOVE IS IN THE AIR

    Pilar Marco Novella · Zaragoza 

    Nunca me dijo háblame de ti, no correspondía hacia una pasante. Sin ser hiriente, ni precipitado, me fue revelando intimidades. No me asustaban de su boca. A fuego lento, fue encendiendo la hoguera. Un día, frente a un menú ordinario, me espetó: ¡he obtenido una buena comisión del bufete!, ¿te acuerdas de aquel pleito tan importante que te conté? Lo he ganado, mañana salimos de crucero, nos casará el capitán. Te recojo a las diez, dijo mientras depositaba con confianza un beso frugal en mi pelo. Se quedó hablando con el capitán. En el camarote sonaba barroco español, había un papel sobre la mesa. Estaba plagado de margaritas, olía a mandarinas, la fragancia provenía del baño, preparado y espumeante. Una pila de libros seleccionados al lado de la cama. Cogí el papel. Tus silencios hablan por ti, había escrito, revélame las claves restantes esta noche.

     
  • LA CLAVE

    JESSICA HERRERA PALMA · VILAFRANCA DEL PENEDÉS (BARCELONA) 

    ¡No puede ser!, ¿Como demonios no recordaba la clave de acceso al sistema de gestión de expedientes?, Tenía que hacer memoria o en caso contrario no llegaría a tiempo a uno de los pleitos más insulsos que había visto y que tenía dentro de una hora, algo de una indemnización por culpa de un menú en mal estado que causó que varios de los comensales acabasen en un hospital. Llamada a la empresa distribuidora. Después de un largo rato de espera me atiende una alegre señorita, la cual me realiza un cuestionario interminable de preguntas de seguridad para comunicarme finalmente mi clave de acceso: comisión. ¡Ahora recuerdo el origen de la clave! Fue el día en que soñé en arrojar a una hoguera a mi banquero favorito, el Sr. Locke, debido a sus alegres comisiones. Mientras despertaba en la quietud de una habitación blanca pensé ¿Realmente lo soñé?

     
  • INGRATITUD

    Carmen Grávalos García · Valencina (Sevilla) 

    Ella desde su ventana contemplaba absorta cómo el joven abogado trabajaba horas y horas, sin apenas descansar. A veces ni siquiera paraba para comer. Llamaba al restaurante que había justo debajo de la casa y engullía el menú del día mientras seguía dándole vueltas al caso que se traía entre manos. Sufría por él cuando no conseguía encontrar la clave para ganar los pleitos. Se alegraba por él cuando lograba triunfar y llegaba a casa contento tras cobrar una cuantiosa comisión. Lo amaba. Él, en cambio, nunca había reparado en ella hasta ese día. Comenzaba el verano y hacía calor. Los niños habían encendido una pequeña hoguera en el patio para celebrar el día de San Juan. Él la vio al abrir la ventana. La cogió entre sus dedos y la arrojó a la hoguera. No soportaba a las arañas.

     
  • La clave

    Francisco Salas Herrera · Jaén 

    No era su año. Salvo algún pleito de medio pelo y alguna comisión, no se había comido una rosca. Sentimentalmente , tampoco. Y esa mezcla letal de inanición se tornaba en un menú muy peligroso. ¿Dónde estaba la clave de su ruinazo? Como no pudo dar con Balbín, decidió tomarse unos días para reflexionar sobre el asunto a nivel del mar, en una isla. Lo primero que hizo nada mas llegar fue comprarse unas abarcas, dejar el equipaje en un hotel cercano al puerto y darse un garbeo por la playa para estrenar el calzado. A cuenta del recurrente ¿tienes fuego? conoció a una señora espléndida y al cabo de dos horas, la cama del hotel era una hoguera. En los rescoldos, ella le confesó que se quería separar y que buscaba abogado. Desde ese día ejerce en Menorca y solo vuelve a la península para visitar a sus padres.

     
  • Historia de un instante

    Josep Granados Lladós · Barcelona 

    '- Te estrenas mañana, novato -, escuchó mientras escribía en rojo la comisión del pleito de la señora Smith. Lentamente sus pupilas se dilataron hasta convertir esa cantidad en una mancha rojiza sobre el papel. Alzó la cabeza, y después de echar un

     
  • La clave

    SARA AMEZ LAIZ · GUADALAJARA 

    Durante todos esos años, de largas noches de café y estudio, fantaseaba con el momento en que mis apuntes alimentarían el fuego de una hoguera en la noche más larga del año. Soñaba con dejar de malcomer un bocadillo en el tren camino de la facultad. Especulaba con mi futuro laboral:un prestigioso despacho,espléndidos honorarios… Pocos años después guardo con delicadeza esos apuntes. Aquel bocadillo se ha transformado en un tupper o en el menú del día de algún bar. Muchas veces mis ingresos poco tienen que envidiar a la comisión que me sacaba trabajando esporádicamente como comercial, y aunque la última noche de San Juan la pasé en vela preparando un pleito, debo confesar que todo esto es mejor de lo que entonces soñaba, la clave está en ponerle pasión a lo que haces y a mi esto, sin duda, me apasiona.

     
  • HOGUERA

    DOLORES BERNAL TIRADO · CHIPIONA (CÁDIZ) 

    El mentiroso. El cobarde. Ése soy yo. El que se abrasa en la hoguera de sus sueños. El que te comería a besos cual menú de pecado. El que te sueña y te anhela. El que no se atreve a enfrentarse al pleito que le planteas. Ese abogado de éxito, con seguridad, con temple, de presencia recia, de control absoluto; ése mismo que pierde los papeles cuando te sostiene la mirada, cuando llega a oir la voz de tus ojos y a ver la luz de tu sonrisa. Soy yo, y por tí pierdo todo lo que soy o, tal vez gano, no lo sé ...; dímelo tú, tú tienes la clave de esta desazón. Tus palabras son más expertas que cualquier comisión de hombres sabios. Lo intuyes igual que yo, pero al contrario que yo, tú no eres cobarde, no mientes, dime: ¿por qué me duele mirarme al espejo?.

     
  • MENÚ A LA CARTA

    ELISABET HERAS DOMINGUEZ · MAIRENA DEL ALJARAFE (SEVILLA) 

    '-“Camarero, ¿el menú del día?” –“De entrante puede deleitarse con nuestro “Letrado Gorroni”, plato hecho a la hoguera formado por abogados que le reclamarán infinitas provisiones a cambio de huir de todo tipo de explicaciones sobre la tram

     
  • Libre

    Manuel Sánchez de Diego · MADRID 

    Desplegó muy despacio el papel y tecleó con ansia la clave. El menú que se desplegó le hizo recordar mejores tiempos, cuando aún no se había enzarzado en la maraña de la justicia. Ya lo decían los gitanos: “pleitos tengas y los ganes”. Minutas, provisiones de fondos, comisiones a dudosos comisionistas, astillas que alimentaban la hoguera de su perdición. Esas eran las claves de su declive, del en otro tiempo poderoso señor. Ahora, a la luz de la luna, con el miniordenador de estraperlo, comenzaba a sentirse libre en Internet, tras las rejas de la ventana de su celda.

     
  • EL FALLO

    Luis Moyá Antón · Palma, Illes Balears. 

    Mientras mi mirada enfocaba sin interés ni éxito el menú del día, mi mente volvía a escaparse de aquel lugar para flagelarme con el repaso detallado del error que cometí. Era un pleito jurídicamente muy sencillo de resolver. Qué necesidad tenía yo de aceptar esa maldita, como ellos la llamaron, “comisión”. El fallo de la sentencia les hubiera dado igualmente la razón. Cuando el asunto se aireó, la prensa me quemó en su hoguera de elucubraciones y falsedades, mis compañeros me evitaron…; todos mis despertares a partir de aquel momento fueron grises. La culpa me taladra cada día, recordándome que la clave del éxito y la felicidad nunca es el dinero. Maldiciendo una y otra vez mi estúpido fallo y los años que me quedaban para seguir recordándolo, la megafonía del comedor desvaneció de nuevo mis intentos de evasión mental. De vuelta a la celda…, y sin comer.

     
  • EL TESTIGO

    Miguel Ángel Nieves Carrascosa · MARBELLA 

    La comisión se esfumaba. Las maniobras del demandado y la muerte repentina del testigo clave habían dejado el pleito en mantillas. Pero el cliente recordó otro testigo.
    – Un pastor que vive en la sierra. Tiene arrendados los pastos y estuvo presente en dos reuniones allí mismo, en la finca. Podrá decir que me vio tratar la venta con el dueño.
    Era la única salida. Cuando preguntó por él en el pueblo lo miraron con asombro. ¿Quiere Vd. hablar con El Chamuscao? Siempre está allí, tras aquellas peñas.
    Tras horas de penosa subida lo encontró. Engullía junto a una hoguera un menú compuesto de panceta y queso.
    Acabadas las explicaciones, la euforia se apoderó del abogado: el pastor había escuchado atento y asentía. Estaría encantado de colaborar.
    - No sé cómo agradecerle. Necesitaré su nombre completo.
    - ¡Claro! Winston Churchill, para servirlo.

     
  • CUESTIÓN DE SANGRE

    ALICIA URIARTE LANDA · PORTUGALETE BIZKAIA 

    La clave para ganar aquel maldito pleito radicaba en invitar a mi amigo el magistrado a un buen menú. Elegiría para la ocasión uno de esos restaurantes rústicos con la hoguera permanentemente encendida, dispuesta a recibir en el lecho de sus brasas las mejores carnes de la comarca. Un establecimiento con solera, de los que a él le gustan. Chuletón asado podría ser el plato principal y buenos vinos de Rioja los acompañantes. Ya en los postres, con las voluntades sometidas al influjo del alcohol, trataría de ofrecerle una espléndida comisión por absolver de todos sus cargos a ese hijo descarriado al que había dedicado toda mi vida. En caso de que el recurso fracasara, me vería obligado a utilizar el último as guardado en la manga, la confesión de mi esposa en su lecho de muerte: “el niño no es tuyo, su padre es tu amigo el magistrado”.

     
  • Fuego reparador o fuego destructor

    ESTELA MARZO SOLA · ALFARO - LA RIOJA 

    La hoguera ardía vivamente y conforme los papeles desaparecían transformándose en humo y cenizas, mi mente y mi cuerpo se relajaban. Hacía mucho que no me sentía tan bien, desde el momento en que me involucré en este pleito que había secuestrado los últimos 6 meses de mi vida, desde aquel día en que el presidente de la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento me planteó un “sencillo asunto” de recalificación de terrenos. Desde entonces, el menú diario incluía entrevista por la mañana, rueda de prensa por la tarde, portada de revista para cenar,…. ¿Por qué no nos avisan de esto en la Facultad? El teléfono sonaba insistentemente, pero después de este descalabro profesional, lo último que quería era conversación. El contestador grabó el mensaje de mi pasante: ¡Lo tengo! La clave es la cuñada de la hermana del concejal de la oposición, ella firmó la factura; la tienes ¿verdad?

     
  • El pleito

    MARIBEL RAMIREZ GUZMAN · St Andreu de la Barca (BARCELONA) 

    Le miro. Me mira. Bajo la mirada… Y de nuevo vuelvo a mirarle. Ahí está él, tan guapo como siempre, sin quitarme el ojo de encima. ¿Será posible que no me pueda concentrar? Este pleito es vital para mi carrera profesional; si lo gano, me llevaré la comisión pactada y el merecido ascenso.

    La maza del juez golpea la mesa aplazando la vista hasta dentro de media hora.

    Salgo apresuradamente de la sala para dirigirme al restaurante del juzgado “La Hoguera” y tomar mi tradicional menú-desayuno.

    Mi rival me alcanza por los pasillos para mi disgusto. Conozco sus intenciones: conseguir información confidencial. Pero no se saldrá con la suya. Nada logrará de mí. Por lo que le ignoro y continúo con mi camino.

    Él obvia mi desaire y me franquea el paso; se agacha ante mí y me dice: Clave Williams ¿quieres salir conmigo?

     

     
  • FASCINACIÓN LETRADA

    Pablo Herrero Ponce · Santa Cruz de Tenerife 

    Siempre he tenido problemas con los abogados, me caso con ellos. Hay quienes me quemarían en la hoguera por decir esto, pero los encuentro fascinantes. Me casé con un estudiante de Derecho y mi segundo marido, ya abogado, me llevó el divorcio. Dicen que todos los abogados son iguales, pero el menú es amplísimo; mi cuarto marido sólo se parecía al tercero en el negro de la toga, era un encanto… Pero tuve otras necesidades, como nuevos abogados, por ejemplo. Mi actual marido es el Stan Laurel de la comisión delictual, ambos teníamos la misma necesidad de jurisconsultos y supongo que eso nos unió. Creí dar con la clave, pero ya ve, ahora necesito esas medidas de protección.El matrimonio es un pleito sin fin, aunque quizá usted no lo sepa, ya he visto que no lleva alianza, lo cual, sinceramente, me extraña, siendo usted un letrado... tan encantador.

     
  • Esto no funciona así

    Carla Fornas Vila · CASTELLÓN 

    Si pensaba que me amedrentaría, se equivocaba. Se equivocaba si pensaba que me la jugaría sólo porque esos peces gordos que le bailan el agua osaron venir a intentar seducirme con un sobre que escondía una suculenta comisión. Tengo una carrera profesional envidiable, ¡mi currículum es intachable! Preparo mis pleitos con la prudencia y los conocimientos de quien lleva media vida en este oficio; empecé consultando leyes y obras jurídicas apiladas sobre mi mesa de trabajo, pero el paso del tiempo me obligó a instruirme en las nuevas tecnologías y en el manejo de los menús de recursos online… Ojalá hubieras visto la cara de la fiscal cuando rechacé su oferta: todo un poema, mirándome con la rabia contenida cual dragón escupiendo humo por las orejas, bajo la clave del hall de los juzgados. La muy bruja, ahí arda en la hoguera.

     
  • Domingo de menú

    Jorge López Pérez · Vilassar de Mar (Barcelona) 

    Hoy es domingo para todos, pero yo tengo menú de entresemana. Este mediodía los platos son aburridos, demasiado clásicos, muy vistos: de primero, reducción (“preparación a tiempo reducido” suena muy largo…) de pleito al canto con guarnición de jurisprudencia a fondo y aroma “articulé” (¡Como si afrancesado quedara especial…!). De segundo, clave de cerdo ibérico (antes se le llamaba secreto, pero parece que ya no es tan secreto, aunque sí de cerdo, y normalmente del bueno) a punto de la hoguera (¡Qué mal suena! ¿No se han comido una “ele”?) con salsa de chanchullos. Y de postre, festival de comisiones en crudo con helado de triunfo en copa de inocencia (que si no, no tiene su gracia). ¿Y los cafés y los chupitos? ¡Invita la casa!

     
  • EL DESLIZ

    Juan Carlos Somoza García · BILBAO 

    Sentía la soledad deshabitada de las ermitas perdidas en el monte, y un frío incongruente exiliado de ley alguna. Necesitaba saberlo y acudí al ginecólogo. Me dijo que, hecha la revisión, había notado en mi aleteo nasal la negativa al servicio legal gratuito a un indigente; entre las glándulas salivares, con restos del menú encontró mi propio retrato filtrado a la prensa, clave publicitaria para ganar un pleito a la comisión municipal; escondido en el pabellón auricular, mi alago homicida a dos jurados recientes; del dedo en martillo dedujo mis prejuicios con litigantes adversarios; en la hoguera que inflamaba mis genitales, encontró un desliz de mi vida privada; y en el corazón, un reciente fallo en mi contra por separación, abandono… “¿Algo más?” Inquirí, entornando los ojos, y contestó: “¡El presuntivo diagnóstico!... ¿No le había dicho ya, letrada, que tiene un diminuto abogado litigando en su abdomen distendido?"

     
  • COMER DE MENÚ

    Juan Francisco Mármol Aroca · VELEZ - MÁLAGA 

    “La clave del éxito está en aparentar ser el mejor”. Esto se lo oí decir a un célebre letrado durante una entrevista años antes de empezar yo a ejercer. La verdad es que nunca me he sabido vender bien, quizá por modestia o porque sobradamente sé que no soy el mejor. Nunca hice balance de los juicios perdidos y ganados, ni creo que lo haga, y el día que me retire haré una gran hoguera de la que no se librarán ni los unos ni los otros. Jamás cobré una comisión por derivar un cliente a un compañero. Nunca engatusé a nadie para que iniciase un pleito si podía evitarlo. Tampoco me caracterizo por ser de los que viven del sablazo. Soy escrupuloso en las formas con los demás abogados. Prefiero seguir así aunque haya de seguir comiendo de menú.

     
  • EL INDULGENTE

    Kalton Bruhl · Honduras 

    Johann Tetzel, sonreía, seguro de poseer la clave del triunfo. En cada ciudad hacía amistad con los letrados. Éstos le brindaban, a cambio de una comisión, informes sobre las personas que eran investigadas por la Inquisición y él les ofrecía sus indulgencias, las que tenía disponibles para un amplio menú de pecados. Siempre advertía a sus clientes, que de no comprarlas, su único destino sería la hoguera. El pleito era contra uno de esos clientes, el cual, tras pagarle, le había robado, dándole además una paliza.
    El acusado se dirigió a Tetzel y le preguntó, si le había vendido varias indulgencias, incluyendo una para pecados futuros.
    “En efecto”, respondió Tetzel.
    “El robo y la golpiza”, dijo el acusado, “eran los pecados que pensaba cometer cuando compré la indulgencia. Si la indulgencia es buena, entonces ya están perdonados.”
    Tetzel palideció y, mientras la sala estallaba en risas, retiró los cargos.

     
  • Desde la República de Olfenstadt

    ANTONIO VILLARREAL MORENO · VALENCIA 

    Dicen que soy el mejor abogado especializado en divorcios, y por eso mi clienta, la esposa del presidente, me llamó desde Olfenstadt para asistirla. Me ofreció unos honorarios desorbitados y la estancia con todos los gastos pagados en la exótica República mientras durara el pleito. Y me vine. Pero el caso incluía una serie de claves que no me comunicó. Advertí la primera inmediatamente: esta apartada República está sometida a una férrea autoridad militar. La segunda: aquí intentar un divorcio, fuera de los casos previstos por ley, supone la comisión de un delito castigado con la hoguera. Para completar el menú, los abogados en Olfenstadt comparten siempre pena con sus clientes. Según el presidente, así es seguro que se implican totalmente en cada caso. La posibilidad de no cobrar les parece insustancial, una veleidad del materialismo de occidente… Mañana se dicta sentencia. Mañana sabré si volveré o no de Olfenstadt.

     
  • El señor García y Fermín

    Ainara Arquero Hernández · Madrid 

    '-Disculpe, ¿puede repetir la pregunta?-preguntó asombrado. -Por supuesto. ¿No es cierto, señor García, que usted y su socio hicieron una hoguera en medio del solar del que son propietarios, y que ahí tiró usted los documentos que implicaban a la co

     
  • Apresada

    María Dolores Moya Gómez · Puente Tocinos (Murcia) 

    Mi brillante expediente académico y dos años trabajando en aquel importante bufete no parecía suficiente. Estaba cansada de tanto pleito de poca envergadura. Investigando, encontré la clave para encerrar a un conocido mafioso que siempre había conseguido salir airoso de cada acusación. Insistí…Conseguí el caso. Para comer, como de costumbre, mientras ojeaba el periódico pedí el menú del día en el bar de la esquina, con doble ración de postre para celebrarlo. Daba el último bocado cuando dos tipos se sentaron frente a mí. Me obligaban a aceptar una “comisión” por volverme, de repente, amnésica, y quemar en una hoguera todo aquello que pudiera involucrar al “boss”. De reojo, veía a  la habilidosa camarera poniendo un café tras otro en su bandeja. Cuando pasó por mi lado, una rápida zancadilla lanzó los humeantes cafés encima de mis acompañantes… Escapé. Sigo atrincherada en casa, tenían razón, aún no estaba preparada.

     
  • A fuego lento

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Gipuzkoa) 

    Entre cánticos y danzas rituales unos preparaban la hoguera y otros hacían sonar las claves, que emitían un gemido agudo y estridente. Yo, con el típico atuendo ceremonial, debía diseñar el menú que se cocinaría en la enorme olla. Sería ¡plato único!: fiscal corrupto con salteado de pleitos y regado con un buen Comisión alavés, crianza… "¡La sesión comienza en cinco minutos!" Desperté entre un murmullo de voces y el ir y venir de pisadas: unos funcionarios del juzgado preparaban las carpetas en los asientos de la sala, otros colocaban las sillas emitiendo un chirrido agudo y estridente. Yo, con mi típica toga de letrado, era el secretario de la Comisión de investigación. Él, adobado e hinchado a sobornos, además de fiscal era miembro clave de esa comisión, y el instigador encubierto del fraude inmobiliario que se investigaba. “Ya te hincaré el diente... si esto fuera África...”, me consolé relamiéndome.

     
  • Amistades peligrosas

    PABLO PESCADOR · BARCELONA 

    No se atrevía , no sabía como decírselo...Se conocían desde la infancia. Habían crecido y estudiado juntos; él acabaría siendo el abogado estrella del bufete más importante de la ciudad; su amigo, un juez de prestigio. Pero ahora él estaba en un aprieto: un pleito de blanqueo de dinero procedente del narcotráfico que podría acabar con su carrera. Aquella era una situación embarazosa. Necesitaba su ayuda (“un soborno” eran las palabras exactas). De nuevo se aflojó la corbata. Bebió un sorbo del vino barato que acompañaba el menú (pensó que sería más fácil soltarlo) y cogió aire profundamente. La clave era ser sutil con las palabras, evitar que su amigo pudiera tomarlo como una ofensa personal, en cuyo caso, conociendo su rectitud, la amistad acabaría definitivamente en la hoguera. -Oye -le dijo entonces el juez- y ese amigo tuyo... ¿qué comisión estaría dispuesto a pagarnos por dejarlo en libertad?

     
  • AMENAZA

    Paloma Luciáñez Jiménez · CIUDALCAMPO (MADRID) 

    V

     
  • CASO OMISO

    DELMIRO ROCHA ÁLVAREZ · SALCEDA DE CASELAS, PONTEVEDRA 

    Se había ido y ninguna comisión rogatoria la haría volver. -El trabajo o yo- dijo tajantemente. - ¡Es el caso de mi vida! -, me defendí. -Que va a tirar lo nuestro a la hoguera de la chimenea- sentenció mientras yo desplegaba el menú de opciones del ordenador dispuesto a repasar mi caso por última vez. Al día siguiente Su Señoría dio el pleito por concluso. -No puedo más. Simplemente quiero una vida normal, un beso por las mañanas y un croissant los domingos. Eso es todo…- fueron, sin saberlo, sus últimas palabras. -Cariño, soy responsable de una inocente que está encerrada por culpa de su marido, ¿es que no lo entiendes? - no obtuve réplica. Gané el caso. Mi duro y valiente trabajo había sido la clave del éxito. Encima de la mesa de la cocina hay un croissant mordido y una nota que no me atrevo a leer.

     
  • ALZHEIMER

    INMACULADA LAX MUÑOZ · ELDA (ALICANTE) 

    Te amaré siempre. Me lo dijo a bocajarro, mientras daba buena cuenta del menú de tres al cuarto al que la había invitado para festejar mi ingreso en la comisión del Turno de Oficio. No me sorprendió. Así era ella, imprevisible siempre en sus afectos. Podia enviarte con un golpe de melena a quemarte en la hoguera del último de los infiernos o sonreírte ingenua y transportarte al séptimo cielo. Implacable en cualquier pleito, con precisión de cirujano desgranaba cada respuesta hasta dar con la clave. Te desarmaba, te anulaba y lo peor es que todas sus “víctimas” la acababan adorando. Debí contestarle que yo también la amaba, pero no lo hice, permanecí imperturbable sin demostrar signo alguno de calidez hacia ella. Ahora me mira, atrapada en su mente, sin conocerme, sin recordar lo que fue, lo que fuimos, y yo beso despacio su rostro maldiciendo mi suerte.

     
  • AMADíSIMO ESPOSO

    Lola Sanabria García · Madrid 

    Querido Curro: No creas que se apagó la hoguera de mi amor por ti. Pero comprenderás que no vaya a verte. Faltó poco para que me estrangularas en la última visita. ¿Y qué hice yo para merecer esto? Nunca me metí en tus cosas, aunque tú te desgañitaras gritando en el juicio que era la instigadora de tus manejos, la responsable del pleito que te ha llevado ahí. No, Curro, no, yo me conformaba con el menú diario de acelgas y pescadilla. Otra cosa es que me quejara de tu exiguo sueldo de concejal y te hiciera notar que en el Ayuntamiento todos intercambiaban comisiones y favores. Y ahora me has dejado con una mano delante y otra detrás. Tú envíame la clave para entrar en tus cuentas y tener dinero para gastos, y prometo sacarte de la cárcel. Hazlo a través del abogado que es de confianza. Tu Piluca.

     
  • ADVOCATUS

    Marcos de Miguel · Madrid 

    Restaurante. Tintineo de voces y cubiertos. Dos abogados, uno joven y el otro anciano, se sientan ante una mesa y, ojeando el menú, discuten sobre el pleito. Hablan idiomas distintos. Frente a frente, la calma de la experiencia contra la vanidad de quien ansía comerse el mundo. El anciano se harta y proclama sereno: “Fue en la antigua Roma donde se desarrolló por primera vez la profesión de abogado, palabra que viene del vocablo latino advocatus, que significa llamado, porque entre los romanos así se llamaba a quienes conocían las leyes de socorro y ayuda”. El joven se sorprende. ¿A qué viene eso? “Es la clave”, responde el erudito. En la abogacía no hay atajos y una comisión a destiempo puede hundirle en la hoguera de la infamia. Silencio. El aprendiz medita, mas no recapacita, en su código ético todo vale, y desprecia el noble juicio de un padre ya decrépito.

     
  • ANIVERSARIO

    ANTONIO ENRIQUE ORTEGA MONTORO · JAɐN 

    Unas vacaciones pagadas por papaíto en Boston para comprar un carísimo máster de gestión de recursos humanos, bastaron para que impusiera a la junta directiva sus ideas visionarias “claves para el futuro del bufete”. Y así nos vimos de camping cinco letrados, preparando el pleito más importante de nuestra carrera, con un menú de bocatas y apretujándonos en torno a una hoguera para combatir el frío. No contento con ello, aquel genio se sumó entusiasmado a la experiencia, “para testarla y estrechar lazos de camaradería”. Supongo que bebimos demasiado y la comisión de los hechos –disculpen la deformación profesional –, la recuerdo envuelta en un aura de irrealidad, pero lo cierto es que dejó la empresa, ganamos el caso, y desde entonces los cinco nos reunimos secretamente cada año en el lugar de la acampada, para conmemorar con una mezcla de complacencia y vergüenza lo que ocurrió aquella noche.

     
  • Barbacoa en el jardín

    Elena Bretos Palomera · HUESCA 

    Las lágrimas corren por mis mejillas, mientras arrojo a la hoguera los billetes inculpatorios. Mi hija de ocho años pregunta: ¿qué te pasa, papá? Nada, cariño, es el humo. En pocos minutos la comida estará preparada. El menú consiste en hamburguesas y salchichas. Las tres niñas brincan por el jardín, felices y contentas. La comisión del delito no se podrá demostrar. Las claves arden entre el carbón de la barbacoa, mientras chisporrotea la carne y el jugo cuela sobre el dinero chamuscado. No habrá pleito contra mí, porque no habrá pruebas. Los cien mil euros suben hacia el cielo envueltos en el aroma de las hamburguesas. La carne está en su punto. Mi mujer sale de la cocina con una fuente de ensalada y llama a las niñas mientras voy sirviendo los platos. ¡Hummm, qué buenas están, papá! Sonrío tristemente mientras mastico la hamburguesa más cara de la historia.

     
  • CHOQUE CULTURAL

    Manuel Molina Domínguez · PALMA DE MALLORCA 

    Siempre lo tuve claro. La clave, estudiar idiomas. Después, aprobar con buena nota la oposición a abogado del estado. Y, por último, aprovechar la primera oportunidad de salir, en comisión de servicios, hacia un destino paradisiaco. Y aquí estoy, realizando teóricos trabajos de asesoramiento para esta mini isla-estado del Pacífico Sur. Pero sin aburridos pleitos, ni farragoso papeleo. Ahora, por ejemplo, estoy tumbado sobre la arena. Viendo bailar a las cimbreantes nativas al atardecer, junto a una hoguera. ¿El único problema? Haber aceptado con demasiado entusiasmo la invitación a la cena de mis amables anfitriones, sin dominar el dialecto local. Y eso sin contar con el pequeño detalle de estar maniatado, tener una baya metida en la boca, y un cartelito colgado del cuello que indica que formo parte del menú: "letrado al horno con frutos salvajes".

     
  • CABALLAS Y ALÁ

    Remedios Atencia Montoya · Málaga 

    Elíades lanzó el sedal desde su yate. La mañana siguiente se celebraba el pleito del que dependía su patrimonio. Al ratito picó una caballa. Elíades formaba parte de la comisión de una potente empresa que había quebrado, pero su cuenta corriente engrosó a la par que la empresa se consumía en una hoguera, dejando a muchos proveedores sin cobrar. Otra caballa. La clave estaba en ocultar bien el entuerto, pero no lo hizo correctamente; lo acabaron pescando. Abrió una lata de cerveza y picó otra caballa. Puso rumbo a Marruecos. Los años de pesca le habían enseñado a navegar bien. A la mañana siguiente le esperarían todos, incluido su abogado. Con dos millones de euros se abriría un buen caminó en alguna ciudad del Rif. Mientras tanto, para pasar desapercibido, podría sobrevivir un buen tiempo con el mismo menú: caballa asada. “Lo demás lo proveerá Dios… o Alá”.