EL FALLO

Luis Moyá Antón · Palma, Illes Balears. 

Mientras mi mirada enfocaba sin interés ni éxito el menú del día, mi mente volvía a escaparse de aquel lugar para flagelarme con el repaso detallado del error que cometí. Era un pleito jurídicamente muy sencillo de resolver. Qué necesidad tenía yo de aceptar esa maldita, como ellos la llamaron, “comisión”. El fallo de la sentencia les hubiera dado igualmente la razón. Cuando el asunto se aireó, la prensa me quemó en su hoguera de elucubraciones y falsedades, mis compañeros me evitaron…; todos mis despertares a partir de aquel momento fueron grises. La culpa me taladra cada día, recordándome que la clave del éxito y la felicidad nunca es el dinero. Maldiciendo una y otra vez mi estúpido fallo y los años que me quedaban para seguir recordándolo, la megafonía del comedor desvaneció de nuevo mis intentos de evasión mental. De vuelta a la celda…, y sin comer.

 

 

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