EL ÚLTIMO DíA

JUAN JOSE ALMIÑANA ESCODA · ALICANTE 

No habían llegado todavía las llamas a su centro de trabajo pero el humo ya molestaba la visión del ordenador. El abogado regordete, encorbatado y provisto de su flamante toga se encontraba ausente a la muchedumbre que se iba aglomerando avisada por el fuego. Sus ojos no podían apartarse de la pantalla en la que aparecían, junto al menú de inicio, la solicitud de la clave para entrar a sus imprescindibles archivos acerca del mediático pleito que llevaba entre manos sobre corrupción política. A pesar de que el calor se hacía insoportable, su sonrisa impertérrita no cambiaba ni un ápice por el avance de las llamas. De pronto un caballo alado envuelto en llamas se precipitó sobre su cabeza. En ese instante la comisión de fiestas con su presidente a la cabeza abandonó el recinto de la hoguera que una vez más, ardía en las fiestas de la ciudad. Fin.

 

 

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