Imagen de perfilLejos de la juventud

Montse Colmenarejo 

Con aspecto decidido, Elena acudió de buena mañana al despacho. Necesitaba que le tramitáramos medidas de apoyo para personas con discapacidad. Su prioridad era proteger su persona y salvaguardar sus bienes. «Necesito afrontar jurídicamente mi progresiva pérdida de memoria», dijo.

Menuda sorpresa se iban a llevar sus hijos si pensaban que alguno de ellos iba a ser su curador por decreto. De eso nada. Su curador sería Manuel, su primer novio.
Aún recordaba su nombre, sus ojos aceitunados, su piel morena, y aquellas aspiraciones de querer comerse el mundo juntos. El alzheimer todavía no se había llevado eso. La nada no era absoluta.
Aunque no sabía por cuánto tiempo, ella y Manuel, ahora viudos, tenían algo pendiente.

—Tal vez fui del gremio —se despidió del despacho con una pícara sonrisa—, me siento cómoda entre abogados. A veces, mientras limpio, rememoro artículos del Código Civil y siento un efímero regocijo.

 

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