Un abogado de bien

Maribel Pont Pont · MANACOR (BALEARES) 

Tal vez hubiera sido un pleito fuera de lo común. Sin embargo a Alfredo Velasco lo que más le importaba no era la posible comisión millonaria; sino el privilegio de convertirse en un abogado de bien. Recordó las palabras de su padre “Lo importante es juzgar a las personas por lo que son, no por lo que aparentan”. Quizás esa fue la clave que le descifró que aquel tipo no era trigo limpio. Terminó su menú de ocho euros que con gran cortesía y mano estrecha hubo pagado su cliente; y se marchó con un aire reflexivo. Frente a la hoguera del comedor sopeso la consciencia y el dinero, y decidió que su carrera como abogado había llegado a su fin. Alfredo Velasco había nacido para ser juez.

 

 

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