CHOQUE CULTURAL

Manuel Molina Domínguez · PALMA DE MALLORCA 

Siempre lo tuve claro. La clave, estudiar idiomas. Después, aprobar con buena nota la oposición a abogado del estado. Y, por último, aprovechar la primera oportunidad de salir, en comisión de servicios, hacia un destino paradisiaco. Y aquí estoy, realizando teóricos trabajos de asesoramiento para esta mini isla-estado del Pacífico Sur. Pero sin aburridos pleitos, ni farragoso papeleo. Ahora, por ejemplo, estoy tumbado sobre la arena. Viendo bailar a las cimbreantes nativas al atardecer, junto a una hoguera. ¿El único problema? Haber aceptado con demasiado entusiasmo la invitación a la cena de mis amables anfitriones, sin dominar el dialecto local. Y eso sin contar con el pequeño detalle de estar maniatado, tener una baya metida en la boca, y un cartelito colgado del cuello que indica que formo parte del menú: «letrado al horno con frutos salvajes».

 

 

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