INGRATITUD

Carmen Grávalos García · Valencina (Sevilla) 

Ella desde su ventana contemplaba absorta cómo el joven abogado trabajaba horas y horas, sin apenas descansar. A veces ni siquiera paraba para comer. Llamaba al restaurante que había justo debajo de la casa y engullía el menú del día mientras seguía dándole vueltas al caso que se traía entre manos. Sufría por él cuando no conseguía encontrar la clave para ganar los pleitos. Se alegraba por él cuando lograba triunfar y llegaba a casa contento tras cobrar una cuantiosa comisión. Lo amaba. Él, en cambio, nunca había reparado en ella hasta ese día. Comenzaba el verano y hacía calor. Los niños habían encendido una pequeña hoguera en el patio para celebrar el día de San Juan. Él la vio al abrir la ventana. La cogió entre sus dedos y la arrojó a la hoguera. No soportaba a las arañas.

 

 

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