CASO OMISO

DELMIRO ROCHA ÁLVAREZ · SALCEDA DE CASELAS, PONTEVEDRA 

Se había ido y ninguna comisión rogatoria la haría volver. -El trabajo o yo- dijo tajantemente. – ¡Es el caso de mi vida! -, me defendí. -Que va a tirar lo nuestro a la hoguera de la chimenea- sentenció mientras yo desplegaba el menú de opciones del ordenador dispuesto a repasar mi caso por última vez. Al día siguiente Su Señoría dio el pleito por concluso. -No puedo más. Simplemente quiero una vida normal, un beso por las mañanas y un croissant los domingos. Eso es todo…- fueron, sin saberlo, sus últimas palabras. -Cariño, soy responsable de una inocente que está encerrada por culpa de su marido, ¿es que no lo entiendes? – no obtuve réplica. Gané el caso. Mi duro y valiente trabajo había sido la clave del éxito. Encima de la mesa de la cocina hay un croissant mordido y una nota que no me atrevo a leer.

 

 

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