III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Vocación

Javier Sánchez Ribas · Collado Villalba (Madrid) 

Su primer juicio. Se ajustó la toga y contempló la sala de vistas, llena a rebosar, y a su cliente sentado en el banquillo. Un difícil caso de corrupción urbanística, relacionado con la construcción de un hotel de lujo y unos sospechosos recibos de presuntas comisiones pagadas en especie. No había habido pacto entre acusación y defensa, por lo que al final de la vista oral llegó el momento de su alegato. Se levantó, carraspeó y con los andares de John Wayne en “Río Bravo” comenzó diciendo “señores del jurado...” Al terminar, y cuando correspondía con sentidas reverencias a los aplausos del público, escuchó la voz de su madre: “Hijo, ¿por qué no dejas de hacer el canelo ante el espejo, te quitas el traje de tuno y sigues estudiando? Así no vas a acabar nunca la carrera. Siempre que tomas vino con gaseosa para cenar es la misma historia”.

 

Relatos seleccionados

  • ERAN OTRO TIEMPOS

    M¡¦ Isabel López-Carrasco Casado · MADRID 

    La historia suena antigua; de hecho ya no hay repartidores de gaseosa, pero así la contaba, mi padre, joven abogado en una pequeña ciudad en los años 60. En el banquillo está Fidel, el chico que repartía la gaseosa a los restaurantes y al "Hotel Imperial", única fonda del pueblo. - Pero ¡¨a ti te pagó D¡¦ Concha al entregarle las botellas?... porque ella tiene el recibo, pero tú no tienes el dinero... Fidel, haz memoria, que son cuarenta duros los que te reclama tu jefe.... D¡¦ Concha protestaba insolente "¡¨cómo no le voy a pagar?, me está usted ofendiendo, ¡por Dios!". El pobre Fidel sólo recordaba que, al hacer la entrega, la señorita Violeta París, artista de "varietés", de gira con " Pacto Eterno" y huésped del hotel, le había sonreído muy afectuosa. Aquél mes D¡¦ Concha pudo cambiar por fin el rótulo de su establecimiento.

     
  • LA JURA

    Patricia Sánchez Vasco · A Coruña 

    Ahí estaba yo, escuchando las amables palabras del decano que nos daba la bienvenida emocionado en el primer acto de esa naturaleza desde que había sido nombrado. Me sentí como en el banquillo de los acusados, fuera de lugar y tremendamente ausente. Yo no encajaba allí, llevaba ya diez años en el oculto ejercicio de la profesión, y la ilusión que nos pretendía transmitir aquel hombre que un día me diera clase y que, reconozco, se había conservado extraordinariamente bien después de aquellos años, carecía de sentido para mí. Era abogado en una empresa al borde de la quiebra, a punto de explotar como una gaseosa de las antiguas caídas de aquellos memorables camiones que las transportaban. Cerré los ojos y suspiré, mientras recordaba aquel recibo del hotel en el que había celebrado mi graduación años atrás, y al hacerlo sonreí en un pacto simbólico con mi destino.

     
  • SERENDIPIA

    CAROLINA NAVARRO DIESTRE · CANTABRIA 

    Misma hora, mismo juzgado, mismas caras. Religiosamente fiel a su propio pacto, siempre junto a la puerta giratoria. Observando como cada mañana los rostros anónimos de los transeúntes, solicitándoles la documentación, examinando los paquetes que le llegan, extendiendo acuses de recibo a los mensajeros. Feliz, sonríe para sus adentros. Aguarda a diario en la misma mesa, exactamente en el mismo sitio, un día tras otro. Paciente. Ilusionado. Imperturbable cual recepcionista de hotel. Nervioso como un culpable en el banquillo de los acusados. Pero, por fin, llega ella. Le gusta hacerse esperar. Burbujas de enamorado ascienden como gaseosa por su espalda. ¡l aspira su perfume fresco. No sabe que la jueza llega todos los días temprano a trabajar por encontrarse con él. Tímidamente, ella le lanza una mirada rápida. Desconoce que el guarda de seguridad alarga cada día dos horas su turno por respirarla ese segundo.

     
  • Traición

    Carmen Molinero Fraguas · Madrid 

    Traición -Abre tú. Y si es el pringao ese, dile que yo no estoy de recibo -farfulló el capo Renduelles, apodado el Gaseosa, mientras tras un biombo, junto a su balcón de la fachada del Hotel, preparaba como siempre su predecible huida. -¡De acuerdo! Pero será alguien del servicio con un tentempié que encargué -le contestó Robledo, su abogado, que estaba esperando con él la llegada de Saceda, el fiscal corrupto encargado del affaire, para discutir y firmar el suculento pacto con el que ambos pensaban forrarse y que le juraban y perjuraban que lo libraría del banquillo. Pero al abrir la puerta, con quien se dio de bruces fue con dos Zetas armados hasta los dientes. -¡Al suelo! -le ordenaron, mientras otros cuatro agentes se colaban de rondón en el apartamento tratando de pillar por sorpresa al Gaseosa, que lograba deslizarse al suelo con la pericia del mejor alpinista.

     
  • Así estoy yo

    Aina Valls Bolta · Valencia 

    Inútil como un jugador de segunda en el banquillo, lúgubre como un hotel de carretera , insípido como una gaseosa sin gas, deudor como un recibo de luz impagado, frustrado como un pacto que nunca se cumplió. No es un estribillo de una canción de Sabina, es como me siento después de haber oído la sentencia. No irá a la cárcel porque es menor. Su madre me ha mirado fijamente. Su mirada lo decía todo. Miranda sólo tenía trece años cuando fue violada y asesinada. Yo les di esperanzas, y no he podido hacer más por ellos. Así estoy yo.

     
  • DE MI DIARIO

    MARIA ISABEL PINTOS ARCA · Alicante 

    Yo me reponía del estrés producido por un caso de cohecho. Ejercía como fiscal. Los culpables se sentaron en el banquillo. El pacto que me propusieron se volvió contra ellos. Fue un caso terrible de trampas y enredos que me costó la salud. Un tratamiento riguroso de fármacos y descanso me trajo a este hotel. “Lo más fuerte que puede beber es gaseosa y, de ejercicio, paseos” Me dijo el médico. Entonces apareció ella. Me impactó. No era bonita ni despampanante. Sí muy atractiva. No me comentó sus circunstancias y no se las pregunté. Con su ayuda olvidaría las pesadillas. Y me eché en sus brazos. Pasamos unos días deliciosos. De pronto, se fue. El recepcionista me comentó que había pedido un recibo por su factura. Me extrañó su proceder. Esa noche mi botella de gaseosa presentaba un matiz diferente. El laboratorio me confirmó que contenía cianuro.

     

     
  • Una vida mejor

    Meritxell Matamoros Soler · Madrid 

    Me encontraba sentado en el banquillo de los acusados. Había apuñalado al recepcionista del hotel, y no estaba arrepentido. El recibo de la habitación con sangre era la única prueba que me incriminaba. Mi abogado quería un pacto con la defensa para reducir mi condena, pero me negué. Lo había perdido todo, a mi mujer, a mi hijos, mi trabajo en el banco, mi casa, no me quedaba nada. No tuve más salida que matarle a sangre fría. Ahora, por fin, viviría tranquilo, en mi celda, con mi cama, mis libros, mis recuerdos de una vida pasada. Qué más podía pedir? Gaseosa para comer.

     

     
  • La indemnización

    Alejandra García Daniel · El Soto de la Moraleja, Alcobendas. Madrid 

    No soporto más esta situación. Mis tarjetas de crédito han dicho “hasta aquí” y ya no puedo pedirle más dinero a mi madre. Y, para colmo, ha llegado otro recibo, este del teléfono, y el banco dice que no lo paga. Hicimos un pacto, ¿o es que ya no te acuerdas? Me dijiste que todos nuestros problemas se acabarían cuando consiguieras que el administrador judicial firmara la indemnización. Han pasado tres meses, ¡tres!, y todavía nada. Y ni siquiera podemos contratar a alguien que ponga las cartas sobre la mesa y le obligue a garabatear su nombre en un papel. Te empeñas en jugar a Ally McBeal y ni siquiera has terminado la carrera de Derecho. Mira la nevera, ¡ni una maldita gaseosa! He conseguido trabajo en un hotel, pero está en la costa, así que disfruta de la indemnización. Tú solo.

     

     
  • Fuera de juego

    Luis Mª Martinez Arias · Eibar - Guipuzcoa 

    Otra noche de hotel, sin poder dormir, a la espera de un resultado, que no llega, que se desvanece como las burbujas de la gaseosa . Sé que tenía que haber un pacto de caballeros, pero con las medias en los tobillos, sudado y frente a aquel tío de negro, lo mejor fue no sentarme en el banquillo e ir a la ducha directo. Mirando el recibo de la cena, con la mirada perdida, pienso, por qué narices me tiene que defender mi abogado de una agresión a un árbitro, si en realidad es lo que desea toda la gente, golpearlos por sus errores arbitrales como justo castigo. Me tenían que dar un premio nacional. Como se nota que soy futbolista. El ego por las nubes. Eso sí, una disculpa pública solicitada por el club calmará los ánimos. Yo esperaré mi sentencia, culpable o futbolista.

     

     
  • EN EL BAR

    María Jesús Roca Lavid · Alcobendas. Madrid 

    “-Mourinho dejará otra vez a Canales en el banquillo”, dijo el hombre canoso de mirada dura, señalando con la cabeza hacia el televisor del bar, que ofrecía unas imágenes de los jugadores merengues llegando al hotel de concentración. -"Pobre chaval…” contestó su colega, que debía ser más joven, aunque las sempiternas ojeras le hacían parecer mayor de lo que era en realidad. -"¡Ese chaval no sabe lo que hace, es un inútil! ¡Que se vaya!”, replicó el primero. -"Habrá que entenderle, es muy joven, no ha sabido encajar la situación... ¡merece una oportunidad!", insistió su colega. Ignorándole, el otro hombre pagó el recibo del almuerzo y la gaseosa, pues hoy le tocaba a él, conforme a ese pacto tácito de “un día tú, un día yo” que habían convenido años atrás. Salieron del bar y, como Juez uno y Fiscal el otro, entraron en el Juzgado de Menores.

     

     
  • DESPEDIDA

    JUAN GONZÁLEZ UTRERA · CÓRDOBA 

    '-Os conozco. No quiero fiestas sorpresa, ni en el hotel, ni en el despacho. Sus cuatro amigos lo miraron sonriendo. - Relájate que mañana sales del banquillo de los solteros. Demasiado tarde. El pacto lo cerró Carlos, el mas atrevido. La chica les prop

     
  • El pacto

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · Zaragoza 

    A los nueve años estrechamos nuestras manos. Compartimos juegos, aventuras, escorchones y alguna merienda; aquellos partidos interminables y en la victoria un brindis con gaseosa sabor a gloria. Alguna chica sin piedad nos distanció para luego hacernos más fuertes. Después llegó la moto, nuestra moto a medias y algún recibo devuelto. Más tarde, más tarde... la vida. Hace un par de meses lo encontré tambaleándose a la salida de un hotel. Sus manos sin fuerza se apoyaron en mis hombros, esbozando una ligera sonrisa cruzada por una lágrima. Dos cafés, pocas risas y una historia. No podía dejarle solo, estaría faltando a nuestro pacto de por vida. Y ahí está, sentado en el banquillo de los acusados y soy yo el que ahora le sonríe y le guiña un ojo; y comienzo: "Con la Venia Señoría..."

     
  • MI CRISIS PARTICULAR

    MERCEDES VIVANCO AVILA · Madrid 

    Es el tercer recibo de la luz que me llega sin pagar. La compañía me va a cortar el suministro y tendré que irme a un hotel. No quiero regresar con mis padres al pueblo y que se enteren de mi situación. Estoy en números rojos, a la espera de un par de minutas por cobrar que me darían un respiro pero claro, los clientes también están tiesos y esto es una cadena. No pago la hipoteca, debo dinero a la compañía telefónica, a algunos restaurantes, no he pagado la contribución, tengo tres multas irrecurribles........¡¨y si acabo en el banquillo por mis deudas¡€™!pero si soy una persona normal! !no soy un delincuente!. He hecho un pacto conmigo misma para mantener la calma pero mi cabeza bulle sin parar como una gaseosa zarandeada con un tapón imposible de sujetar.

     
  • Poderoso caballero es Don Dinero

    Jose Maria Bento San Roman · MADRID 

    Amanece y todo parece una pesadilla. Condenado a una infame pena de banquillo. Victima del escarnio diario en las portadas de periódicos iracundos. Mis colaboradores están encarcelados y cada día aparecen nuevas pruebas. En la puerta del hotel un mendigo ahíto de tinto con gaseosa me reconoce y tambaleante escupe su desprecio con gritos incoherentes: "mucha corbata y maletín, pero en el fondo sois todos unos mierdas?" Mi abogado me recibe en el tribunal y con semblante serio me anuncia que aun podemos llegar a un pacto con el fiscal para rebajar la pena. En ese momento recibo un mensaje de texto en mi móvil. El saldo de mi cuenta suiza ha aumentado de forma exorbitante. Al parecer el constructor no ha fallado y ha pagado puntualmente. Aliviado, llamo al presidente del Partido y le digo: o hablas con el juez para que archive o tiro de la manta...

     
  • ¡EL CINCO!

    Germán Repetto Ferreyoli · ALBALATE DE ZORITA (Guadalajara) 

    Su pacto con el cliente había sido firmado el día anterior en el hotel en que se alojaba, y no había sido fácil llegar al acuerdo. No era de recibo que intentara imponerle que si le condenaban debería renunciar a sus honorarios. Por eso le exigió una jugosa provisión. El caso no era sencillo: un delito de contrabando de efectos estancados, unos cartones de bingo sustraídos de las dependencias de Hacienda y que después puso a la venta en su Sala de juego. Su cliente estaba sentado en el banquillo y parecía disfrutar ampliamente de su papel de acusado. Los tres magistrados, el fiscal y el abogado del Estado también sonreían abiertamente, todos ellos bolígrafo en mano. Le extrañó ver al agente judicial bebiendo una gaseosa al tiempo que gritaba: ¡Audiencia pública! Seguidamente el Presidente exclamó con voz cavernosa: ...Seguimos para bingo.... ¡EL CINCO! ... Y despertó sudoroso.

     
  • CARA O CRUZ

    MAYTE CASTRO ALONSO · VALENCIA 

    Aquel día estaba sentado en el banquillo de los acusados. El abogado intentaba sostener mi inocencia aduciendo que no podía haber falsificado el recibo del hotel porque yo no sabía escribir. Antes de entrar al juicio le dije que hiciera un pacto de conformidad con la pena. Me daba igual ya todo. No era más que un inquilino desahuciado de mi propia vida. Mi madre me abandonó al nacer y me dejó a solas con mi padre, a quien le importaba tan poco, que me hubiera vendido por un vaso de vino con gaseosa. Pero el abogado insistió. Eres inocente, me dijo. No puede uno rendirse sin luchar contra la injusticia. Sobreseyeron el caso y no volví nunca más a ver a aquel abogado. Hoy estoy de nuevo en el banquillo. El abogado que me defiende dice que vamos a conformarnos. Ni siquiera me ha preguntado mi nombre.

     
  • ¡GA-SE-O-SA!

    Sebastián Hidalgo García · ALCALÁ DE HENARES (Madrid) 

    ¡Ga-se-o-sa!, así, con su correspondiente colleja silábica. ¡Rompiste el pacto Peque!, dijeron al unísono sus tres, hasta el momento, amigos. Y Paquito la mano ejecutora. ¡Te fuiste de la lengua! La contraseña se la reveló a Elisa, la chica que le gustaba, pero lo pilló al vuelo la hermana que estaba a lo suyo, maleando hormigas; y se lo dijo a su madre. Fingió voz de adolescente y engañó a Moncho como a un chino, el custodio del santo y seña; él que siempre chupó banquillo porque nunca le entraba una chica. Los Platters y el ron Negrita allanando el camino, tres sujetadores ya desabrochados, y aparecieron los mamporros, ¡guarros!, ¡pervertidos! ... “¡Señoría! ¡Señoría! se ha quedado usted transpuesto… aquí tiene el recibo del letrado y una llamada de su mujer desde el hotel”. Las cuatro, la toga hecha un higo y la manga veteada de babita.

     

     
  • UN LADRON HONRADO

    Elisa García García · Burgos 

    —Señor Juez, soy un ladrón honrado, siempre cumplo todos los mandamientos. Amo a Dios y al prójimo como a mí mismo. No utilizo el nombre de Dios en vano pues no seria de recibo blasfemar contra mi creador. Voy con mi madre a misa todos los domingos. He hecho un pacto con el Altísimo de no mentir y mis pensamientos son puros así como mis actos. Además,jamás he matado a nadie ¡Dios me libre! —¿Se olvida de que está aquí por robar en un hotel y en una fabrica de gaseosas? Y eso va contra el séptimo—dijo el juez, mirando hacia el banquillo. —Pero Señoría, he devuelto las joyas y el dinero. —Si, porque le pillaron —sonrió el juez. —Lo robé en un momento de ofuscación, solo que la policía se adelantó cuando iba a devolverlo. Pero créame, soy un hombre honrado.

     

     
  • LINIER

    Ana Álvarez García · Siero, Asturias 

    '-"Una gaseosa"- y el recepcionista del hotel me miró atónito. -"Súbame una gaseosa y el recibo". -"¿Qué recibo?"- preguntó. -"La factura, quiero decir, la necesito para desgravar"- y asintió conforme. Ya en la habitación, abrí el maletín y saqu

     
  • Existir

    LUIS FILELLA GARCIA · BARCELONA 

    Me pregunto si un sonido que nadie oye, un grito que nadie escucha, una pregunta que nadie responde, ha existido realmente alguna vez. Es como las burbujas de una gaseosa, ascendiendo para saltar luego al aire y desaparecer para siempre. Me pregunto si esas palabras pronunciadas por el acusado desde el banquillo mientras juez y fiscal miraban distraídamente sus papeles –algo sobre un supuesto pacto y la falsedad de un recibo- fueron efectivamente pronunciadas, si siquiera llegaron a constar en el acta y, si lo hicieron, si alguien las leyó o las leerá nunca… pienso en eso mientras contemplo la calle desde la habitación de mi hotel, hasta que me despierta el sonido desabrido del teléfono, vibrando y desgañitándose desde la mesilla de noche. Lo observo como a un animal extraño y desconocido, y dejo que aúlle. Si nadie lo oye, nadie responde, nadie lo escucha, probablemente no existe.

     

     
  • EL CAZADOR CAZADO

    ESPERANZA TEMPRANO POSADA · Madrid 

    Anochecía cuando entré en el hotel acompañada de mi maletín negro y de mis más hondos recelos. Encontré a mi colega en un sillón de la recepción, jugando con una chapa de gaseosa. -Lleguemos a un pacto. Te haré una oferta que no podrás rechazar– me había adelantado por teléfono. No me fiaba de él, sus proposiciones nunca eran de recibo, aún así acudí a la cita con la remota esperanza de poder levantar a mi cliente del banquillo. Seguía siendo el mismo embustero y tramposo de siempre, el mismo que años atrás me había dejado tirada llevándose los casos y dejándome los pufos. Ahora me ofrecía retirar los cargos de un inocente sin coartada a cambio de mis favores. Le miré con desprecio y salí de allí exultante, acariciando la grabadora en mi bolsillo -mira por donde, vas a ser tú quien se siente en el banquillo-.

     

     
  • El acuerdo

    MARI LUZ GONZÁLEZ HIDALGO · Estepona (Málaga) 

    Su sangre revoloteaba burbujeante como una gaseosa. En sus manos tenía el documento del pacto; ahora debía guardarlo en lugar seguro, hasta la hora de la vista. Mientras, seguiría en el hotel; nadie la había reconocido y así debía ser para culminar sus planes. . . . Dirigió sus pasos a recepción y alquiló una caja de seguridad, donde guardar su tesoro. Al firmar el recibo de la llave, casi mete la pata. Los nervios han estado a punto de traicionarla. La vista empezó puntual. El tribunal perfectamente formado y ella sentada en el banquillo (nunca entendería por qué le llaman así, cuando es una vulgar silla). - Proceda, por favor, a la lectura del documento solicitado como prueba. - Las abajo firmantes, acuerdan no volver a comprar en la misma boutique para evitar vergonzosas comparaciones. Firmado: la princesa del pueblo y S.A.R. la Princesa del Reino

     

     
  • DIVORCIO EXPR¡S

    Asunción Fernández Laredo · MADRID 

    Pues aquí estoy. Sentada con el culo helado en el parque frente a los juzgados. Harta. Rabiosa. Mirando cómo un espumillón cuelga muerto de un árbol. Te lo digo como lo siento. El 2012 yo no lo empiezo así. Que no es de recibo. Todos los 31 de diciembre igual. Que si al Gran Hotel, que si a Viena al Concierto, y después siempre lo mismo. El sempiterno cliente de todos los años, sentadito en el banquillo, esperándote para que le saques las castañas del fuego. Y a traerte las uvas aquí, y a brindar con gaseosa, o lo que se tercie. Este pacto se ha acabado. Acabo de hablar con Luis, tu ex compañero de Facultad, que también atiende urgencias en Nochevieja. Dice que la demanda de divorcio la puede presentar mañana. En la guardia.

     
  • FIN DE ETAPA

    Rosa Catarina Piñeiro Fariña · Santiago de Compostela, A Coruña 

    No es que yo sea una simple pasante, es que todos me tienen por inútil, por la eterna meritoria que calienta banquillo, la inexperta a la que liquidan con un recibo sin esperanza de nómina. Todo porque dicen que mis informes parecen soflamas, no argumentos; y mis fundamentos de hecho, ridículos panfletos. Así, cuando toca desplazarse, los demás se van al mejor hotel y a mi me devuelven en el tren de la tarde. Y si ellos se ponen morados de gran reserva, a mi me toca gaseosa. No se fían. Pero hoy ha sido el día de mi pacto con el destino. Llega un inesperado fin de etapa. Me largo. Cuando lo anuncie en el bufete lo tomarán como otro acto de absoluta irresponsabilidad, pero callaré lo más importante: Mañana, colegas, os enterareis por la prensa, y pasado juraré mi cargo como nueva ministra del gobierno.

     
  • Joint Venture

    Sonia González Rúa · Bilbao 

    Acepté aquel primer caso porque me pareció curioso. Un pequeño tendero enfrentado a una todopoderosa multinacional que le colocó una botella de gaseosa con un roedor dentro. A ninguna gran empresa le gusta ver su imagen sentada en el banquillo de los acusados por lo que pedimos una sustanciosa suma como indemnización y finalmente llegamos a un pacto en el vestíbulo de un hotel para evitar el juicio. Mi cliente conservaba como pruebas el refresco y el recibo de la compra. En el segundo caso, se halló un clavo en un paquete de cereales. Ahora, mi cliente y yo, socios ya, intentamos decidir quién se corta una falange para meterla en el bote del colacao

     
  • Una noche cualquiera

    JAVIER DE PEDRO PEINADO · LA ALBERCA, MURCIA 

    Me asaltaron en la calle, obligándome a entregarles mis pertenencias. Cuando vieron mi carné de colegiado se miraron, sonriendo, y el más alto, guardando la navaja, me propuso un acuerdo. Cerramos los detalles durante la cena. Estropearon el Ribera con la maldita gaseosa, pero después reímos, salimos, y quemamos la ciudad. La mañana me sorprendió abrazado a una tal Maruja en la cama de un hotel. Al despedirnos, me devolvieron el dinero, la cartera y el reloj, se hicieron cargo de los gastos y con un guiño, me entregaron el recibo de la habitación para desgravarlo. No les veía desde entonces, pero ahora están frente a mí, sentados en el banquillo. Ayer vi en el periódico la foto del tipo alto, que entraba esposado en la comisaría acompañado por sus amigos y por varios policías. No suelo trabajar gratis, pero siempre respeto un pacto, cuando es entre caballeros.

     
  • Yasujiro

    Manuel de la Hoz Najarro · MADRID 

    Que yo era un abogado atípico estaba claro: llevar pistola casi siempre me ayudó. En el bar del hotel dos tragos: g¡isqui con gaseosa. Salí, me detuve, y contemplé la calle. El día era gris. Encendí un cigarro, subí el cuello de mi gabardina, y caminé al juzgado. Mi cliente en el banquillo de los acusados. ¡l era inocente y yo culpable. Un pacto con la parte contraria no era de recibo: le absolvía y me inculpaba. Mi pasaporte al paraíso hecho añicos. Asesinato sobre mi espalda. Conduje hasta el puente rojo, la bahía al fondo. Intenté saltar sobre las rocas. Sin éxito. Seis balas en el cargador. Intenté vaciarlo en mi cabeza. Sin éxito. Sonido de sirenas a lo lejos. Busqué un abogado. Era aun peor letrado que yo. Hoy, treinta años después, en la celda, el día también es gris.

     
  • El hotel

    Joaquín Sánchez López · Almería 

    En el juzgado, yo defendía la construcción de un hotel en un paraje protegido, y ella, ecologista, verde, activista y solidaria, se sentaba en el banquillo por defender a palos sus ideales. Nos enamoramos. Ella creyó que yo era un tipo con clase; precisamente yo, que me tomo el whisky con gaseosa. Yo pensé que ella era una bohemia despreocupada; ella, que me mandaba las cartas de amor con acuse de recibo. Nos queríamos. Al final y gracias a un sucio pacto con la Administración, el hotel salió adelante y ella se libró, pero no pudo perdonar mi contribución a la injusticia y me abandono por principios. Destrozado y herido, prendí fuego al hotel. Culpable de amor. Acabé en la cárcel y el hotel se construyó de nuevo. Ella aún viene a verme a prisión. Ahora es relaciones públicas en el hotel. Ella, la ecologista, verde, activista y solidaria...

     
  • La prueba…

    Teresa Rubira Loren · ALICANTE 

    ...La prueba —No, no me hicieron recibo. Pagué la cuenta y salí del hotel a toda prisa. —Entonces...¿cómo va a demostrar Vd. que estuvo allí aquella noche, y que no pudo cometer el asesinato? —Pues...porque espero que confíen en mi palabra. —Su palabra no es suficiente como para librarlo del banquillo, señor Lóren —También existe el pacto que firmé con los italianos. Ellos estaban en la misma ciudad. —Existe, si señor, y con fecha, pero no dice dónde se firmó. —Bueno, pues... sólo me queda la prueba de la gaseosa. —¿A qué se refiere exactamente? —Metí las joyas dentro de la botella, y la escondí en la cisterna del baño. Habitación 112. —Entonces...¿Fue Vd. el autor de aquel famoso robo? —Sí, la noche en cuestión. Me declaro culpable... ¿Ve como no le mentía?

     

     
  • RECIBO SOLA

    Juan Francisco Mármol Aroca · Vélez-Málaga (Málaga) 

    “Recibo sola” rezaba la última frase del anuncio de la sección relax del periódico que hojeé mientras esperaba a ser llamado para sentarme en el banquillo. El juicio concluyó con un pacto con la fiscal, y ya vería si informaba favorablemente respecto de la suspensión de la condena. La chica del anuncio se identificaba “joven culta, atractiva, servicial”. Era la primera vez que requería los servicios de una señorita de compañía, por lo que cuando llegué al hotel en el que me citó por teléfono estaba tan nervioso que alivié mi ansiedad con dos vermuts con gaseosa. Me sonaba aquella voz melosa que me citó allí. Cuando llamé a la puerta me abrió, embutida en un precioso picardías, la fiscal de la mañana, pero no me reconoció; seguramente en el juicio ni me miró la cara. Espero que se pronuncie respecto de la suspensión de la pena.

     

     
  • La delatora

    Maribel Pont Pont · Manacor/ Baleares 

    Su mujer se encontraba sentada en el banquillo, con el recibo original de la factura del hotel dónde se hospedo su marido en un viaje de negocios. Seguía sin creer que por una gaseosa le hubieran cargado cincuenta euros en su cuenta, pero esa no era la cuestión por la que no quería llegar a un pacto. El letrado se dirigió a la esposa de aquel hombre que aguardaba avergonzado su mirada, y sugirió: Señora si usted ya ha aclarado que su marido no consumió gaseosa, sino vino tinto, y sin embargo decidió ocultárselo a usted para evitar un sermón sobre su salud; ¿porqué sigue usted interesada en continuar con el juicio? A lo que la mujer respondió: Porque mi marido solo toma vino antes de hacer el amor.

     

     
  • IMPRESCINDIBLE

    Manuel de la Peña Garrido · MADRID 

    Mi historia comienza en un estadio. Cuando el fútbol era épica, no mercadeo. Acogí a héroes que revivían con linimento Sloan y gaseosa, nada de brebajes isotónicos. Modernizaron las instalaciones.Nos desahuciaron. Revestidos ambos de terciopelo rojo, mi gemelo fue destinado a una capilla; yo, al tribunal. El truhán se toma confianzas con las novias en las bodas (ya me entienden).Yo recibo asesinos en serie, capos sanguinarios, estafadores. Les sostengo durante las vistas.Soy su último apoyo antes de partir hacia casa o la trena (un chollo: vivir gratis en hotel todo incluido, vigilado 24 horas). Cómplice del fiscal, si el procesado apenas ha cantado, cojeo o patino adrede, como empujado por el espíritu vengativo de sus víctimas. Favorezco así desde condenas ejemplares hasta pactos con la defensa. Imprescindible, soy más que mero atrezo. Como sus señorías, los abogados, los acusadores. Deberían llamarme “banco”, no “banquillo”.

     

     
  • Ecosistema del desamor

    JOSE AGUSTIN NAVARRO MARTINEZ · ALICANTE 

    Recibo su llamada en el hotel donde nos conocimos. Acostada en una bañera sin agua, escucho sus gritos: “Tienes ventaja…, eres una abogada experta en Derecho Matrimonial…, por qué modificaste el pacto de divorcio..., no descansarás hasta sentarme en el banquillo”. Le cuelgo. Apuro la lata de gaseosa. Corto mis venas con su hoja de afeitar y espero pacientemente hasta que mi cuerpo se licua por completo en sangre. Noto cómo me escapo por el sumidero, avanzo por los intestinos de plomo y éstos me vomitan al mar convirtiéndome en un pasto marino que hace las delicias de una langosta que se topa con un pulpo hambriento que es devorado por una morena que captura un pescador que me conduce a una lonja donde me compra un cocinero que me guisa en cazuela de arroz para dos comensales, una mitad para ti y la otra mitad para tu amante.

     

     
  • EL DESPACHO

    Alberto Corujo Corteguera · Gijón (Asturias) 

    '-Tú esconde bien esos recibos, y yo conseguiré que tu inocencia te aleje para siempre del banquillo -aseguré. Y es que era un caso sencillo. Hasta que, una noche bañada en burbujas, sus redes seductoras me atraparon en el despacho de su hotel, dando i

     
  • Cita a Ciegas

    MABEL GARCí–A · MELVILLE - NEW YORK 

    El otro día estaba cenando en el restaurante de un hotel, cuando en medio de la velada romántica, al camarero se le derramó accidentalmente parte de nuestra botella de Pingus 2004. Enseguida me trajo una gaseosa para quitar la mancha del vestido. El pobre estaba tan nervioso que entorpecía más que ayudaba. Hice un pacto con él. Me daría un trapo limpio y yo ya me encargaría de todo. Mientras, mi acompañante se reía escandalosamente, y yo no estaba para risas, así pues le dije que pidiera la cuenta mientras iba al baño a intentar arreglar el desastre. Cuando regresé, el desgraciado había dejado el recibo ahí, encima de la mesa y se había marchado sin pagar, y obviamente sin despedirse. ¡Espero que el golfo sea abogado como dijo, porque así se defenderá él mismo cuando lo lleve al banquillo de los acusados por abusador y estafador!

     
  • El pacto

    FELISA MORENO ORTEGA · ALCAUDETE ( JAEN) 

    Nunca imaginé que me sentaría en el banquillo de los acusados. Mi vida mediocre no vaticinaba tales emociones, lo más temerario que cometía era devolver un recibo bancario, que después pagaba religiosamente; o reservar algún hotel en una ciudad exótica, que cancelaba con suficiente antelación para que no cargaran gastos en mi tarjeta. A veces, la vida es como la gaseosa, tranquila y relajada mientras permanece dentro de la botella, explosión de burbujas cuando alguien la descorcha. Y fue aquel vecino, el del tercero, quien hizo que estallara en espumarajos de odio, como una gaseosa. ¡l no lo sabía, pero teníamos un pacto, yo no me molestaba por su indiferencia, (ni me miraba al cruzarnos en la escalera); a cambio, él se desnudaba para mí cuando tomaba el sol en su terraza. Decidí matarlo el día que los operarios pusieron el toldo sobre su balcón. Un pacto es un pacto

     
  • MINUTA

    LOURDES ASO · HUESCA 

    Había revisado el expediente antes de emitir el veredicto y seguía sin dar crédito al recibo del hotel dónde el acusado de infidelidad llevaba a sus amantes. La juez lo había observado intensamente en el banquillo y pospuso la vista hasta el siguiente lunes, convencida de que no renunciaría a un último capricho. Hizo un pacto en el ascensor con la joven profesional de lujo de su cita clandestina y supo que pagaba por los servicios el triple de su minuta. Perdería el caso pero no podía encerrarlo sin antes comprobar sus virtudes. Decían que volvía la sangre de gaseosa antes de saltar por los aires. Ya le quedaría tiempo a la juez de volver a vestir su toga y aplicar sentencia justa: culpable, al menos de haberse cruzado en su camino.

     
  • VAYA CORTE!

    FRANCISCO DOMINGUEZ RODRIGUEZ · CIUDAD REAL 

    Siempre habían ansiado, de forma excluyente, ser herederas universales de su tía. Ambas hermanas se odiaban, no logrando jamás acuerdo o pacto entre ellas. Por el contrario, se habían dedicado a amargarse la vida mutuamente, no dudando en sentarse respectivamente en el banquillo por sus denuncias recíprocas. Muerta la tía, tocaba la apertura testamentaria, hecho que previamente generó una violenta pelea entre ambas, resultando las dos gravemente heridas al acometerse con tijeras, cuchillos, botellas de gaseosa rotas... Como abogado de la mayor acudí al hospital comprobando el estado irreversible de sus situaciones. Al preguntarme mi cliente, entre estertores, quién era la beneficiaria del hotel, tuve que decirle que fue vendido años atrás, en documento privado, no había dinero alguno y lo dejado en herencia a ambas era un sobre conteniendo un recibo, justificante del pago al Ayuntamiento de dos nichos de sepultura.

     
  • Amor Cibernético

    Pilar Marco Novella · ZARAGOZA 

    Acuso recibo de su mensaje, parpadeó la pantalla del ordenador. Efectuada la reserva del hotel, pensó él. Por fin iban a materializar su relación tras meses de contactos internaúticos. Lo sabía todo de ella, hasta que le gustaban de aperitivo los berberechos con cerveza y gaseosa, pero nada de su rostro, su olor, su tacto. El pacto era claro, un fin de semana para darle una oportunidad a lo carnal hartos ya de la espiritualidad de la red. He llegado demasiado pronto, pero, ¡¨dónde he puesto las reservas?, no puede ser peor. Dios mío, sí puede ir a peor, ¡Señoría, qué hace aquí! Lo mismo que tu, querido, ¡ah! y no te vuelvas a dejar la cartera en el banquillo de los acusados, casi lo estropeas con la de meses que he retrasado el juicio hasta que te has decidido a tener una cita conmigo.

     
  • Con todo cariño

    José Antonio Galvez Carrobles · OVIEDO (ASTURIAS) 

    Hijo mio, tenemos que llegar a un pacto, a partir de ahora pagaremos todos los recibos a medias, el banquillo de la entrada no es recepción ni esto un hotel de 5 estrellas, no hay camareras que te sonrian ni servicio de habitaciones, aunque para mi sigues siendo un niño, y tienes 40 años y una prometedora carrera jurídica,estoy orgullosa de ti y te quiero muchisimo, pero hay algunas cosas que deben cambiar, papá me pide te diga que por favor no le pongas gaseosa a su Vega Sicilia.... ¡Mamá,mamá!,estas ahí todavía, se ha cortado la comunicación y ahora tengo un juicio.....adios, te quiero mamá. Suerte hijo, mucha suerte, yo también te quiero.

     
  • ¿Gajes del oficio?

    ENRIQUE MACIEL DELMÁS · MADRID 

    Ser abogado no es fácil. Cuando uno hace la carrera sueña con demandar a la gaseosa más famosa del mundo por cancerígena o sentar en el banquillo a un dictador impune. Pero finalmente te dedicas a juicios de faltas que se solucionan con un pacto extrajudicial o a casos de divorcio. En esto último me he especializado y debo reconocer que lo hago bastante bien. No me tiembla la mano a la hora de conseguir lo máximo para mi cliente. Supongo que es como todas las profesiones. Si eres músico, sueñas con dar conciertos multitudinarios y vivir en un hotel cinco estrellas, pero terminas tocando en el metro o dando clases a niños. Ser abogado no es fácil —ya lo sé—, pero no es de recibo que tus padres quieran divorciarse. Que los dos soliciten tus servicios. Y que ninguno acepte un “no” por respuesta.

     

     
  • PUNTO DE INFLEXIÓN

    SILVIA VICEDO RAMÓN · ALCOY (ALICANTE) 

    Aprobé la oposición a notario y me destinaron a este pueblo dejado de la mano de Dios. Casas demasiado caras y decrépitas me llevaron a vivir en habitaciones de hotel largo tiempo, hasta encontrar la vivienda de mis sueños con pacto sorpresa incluído. “Exención total de hipoteca y recibos de contribución a cambio de un mínimo mantenimiento en parcelas adyacentes”. El vecindario resultó amable y de trato fácil. Me encanta sentarme en los banquillos del jardín y tomar gaseosa con Daniel, un abogado que vivía solo en la urbanización, hasta que esposa se reunió con él hace unos meses. Cada vez que reconozco las miradas de terror en la gente recito la cantinela de la abuela: “cariño, nunca temas a los muertos…". Y mis vecinos y yo nos reímos a carcajadas mientras a lo lejos retumba el portón del camposanto al cerrarse. Hora de dormir. Mañana será otro día.

     

     
  • Mejor suplente que titular

    NURIA RUIZ PÉREZ · Alicante 

    Era un chiquillo cuando decidió ser futbolista, pero tuvo que hacer un pacto con sus progenitores: estudiaría una carrera y eligió la abogacía. Aquella tarde de invierno, en aquel campo de ínfima categoría el entrenador no contó con sus habilidades futbolísticas así que se quedó sentado en el banquillo, saboreando una gaseosa y deseando llegar al hotel. Una vez más tuvo que resignarse a ser suplente en un equipo de tercera fila. Era en esos momentos aciagos cuando más se alegraba de aquella imposición familiar que le hizo sacrificarse varios años en la facultad. Aquella tarde tampoco vistió la ropa deportiva de su humilde equipo; sin embargo, para él fue una jornada afortunada. El utillero se equivocó de recibo de la tintorería y recogió los uniformes del equipo infantil del club. Aquel día prefirió ser suplente, aquel día prefirió ser abogado.

     

     

     
  • Crisis ¿What Crisis?

    Daniel Domínguez Repiso · Bocos de Duero (Valladolid) 

    Los recibos sin pagar sepultaban la mesa del despacho. La ilusión de ejercer se había evaporado como una gaseosa, tan solo un lustro antes abierta. Sus socios habían roto su pacto de permanencia en el bufete hacía más de un año. Su mujer le había anunciado que quería el divorcio. El cenicero atestiguaba que se había fumado más de dos cajetillas, acompañadas de casi una botella de whiskey… Aquel infausto contrato le llevaría mañana al banquillo y previsiblemente a un hotel pagado por el Ministerio del Interior, donde quedarían definitivamente enterrados cinco años de carrera, su matrimonio, sus ilusiones y su vida. ¿Cómo pudo haber cedido a aquella componenda? Si se veía la trampa desde Lugo… y se vio. Maldita crisis. Mañana en el juzgado tendría una pinta impresentable y quizás se pondría la toga por última vez. Encendió un postrero cigarro, tomó un trago y abrió el balcón

     
  • DEFORMACIÓN PROFESIONAL

    ANA MARIA GAMBOA MONTE · MADRID 

    Acaban de traer gaseosa helada y un cuento a nuestra habitación del hotel. También en vacaciones cumplo con nuestro pacto. Una inocente lectura y el abogado que llevo dentro invade mi mente. El cazador tras matar al cervatillo guardó su corazón en un cofre. Deduzco: Delito ecológico. Blancanieves descubrió la cabaña de los siete enanitos en mitad del bosque. Sospecho: Delito ecológico. Permaneció con ellos ocupándose de las tareas domésticas. No es de recibo pero dictamino: Delito contra los derechos de los trabajadores. La madrastra disfrazada envenenó a Blancanieves con una manzana. No dudo: Delito de asesinato. El Príncipe besó a Blancanieves mientras yacía inconsciente en un ataúd de cristal. Imagino: Delito de abusos y a un Príncipe en el banquillo. Blancanieves retornó a la vida y se casó con el Príncipe. Determino: El delito de asesinato se queda en tentativa. Vuelvo la vista a mi hijo recién dormido.

     

     
  • Alboroto

    Gabriel Francisco Barrios Fedriani · Sevilla 

    El perro de Iván Sokolof era grande y fuerte. El gato de Liovna Sakarina era rápido y ágil. Los cuatro se encontraron delante del hotel Moskovasha, y no fueron capaces de pasar sin mirarse, ladrarse, arañarse, besarse, morderse, liar las correas, recoger los sombreros, volver a besarse, empujarse después, morderse bajo un banquillo, correr unos detrás de cada uno de los otros tres… Y parar el tráfico. Jadeantes, vieron un camión cargado de gaseosa chocar por esquivarlos y crear una atmósfera blanca de humo y burbujas donde gato, perro, hombre y mujer desaparecieron en un mínimo pacto de silencio. En medio del alboroto, hombre y mujer perpetraron un orgasmo frenético, colofón del caos, con las ropas, las correas, las personas y los animales en su sitio. -No es de recibo que nos veamos así, querida, -dijo Iván. -Muera la rutina, querido, -respondió Liovna. Y se fueron juntos a casa.

     

     
  • EL BRINDIS

    Lola Sanabria García · Madrid 

    Cada vez que papá ganaba un caso, lo celebrábamos con un brindis. Mis padres con champán, yo con gaseosa. Papá era muy bueno en su trabajo, demasiado bueno para no hacerle sombra a su jefe. Lo echó del bufete de abogados. Entre nosotros hubo un pacto de silencio. Nunca hablábamos de deudas, pero yo veía cómo se acumulaban los recibos en el mueble de la entrada. Seguimos brindando por éxitos fantasmas. Ellos con gaseosa, como yo, aunque lo llamaban cava. Debimos abandonar el piso para irnos a un hotel de mala muerte. Mamá se empleó en una empresa de limpieza y papá como conserje de un edificio. Con mucho esfuerzo, conseguí llegar a juez. El primero al que senté en el banquillo fue al antiguo jefe de papá, por malversación de fondos. Ese día, compré el mejor cava del mercado y brindé con mis padres en nuestra nueva casa.

     
  • Estrategia de Marketing

    FELIPE ZAGLUL CRIADO · Madrid 

    Su móvil de última generación en modo silencio vibraba con gran entusiasmo, mientras él se ejercitaba en el banquillo de pesas del gimnasio del hotel de moda de Madrid. Toalla en mano, se secó las puntas de los dedos para que la pantalla táctil pudiese interpretar sus instrucciones, y así pudo oír la voz de su abogado que le informaba sobre los logros obtenidos en la negociación de su pacto de divorcio. ¡ Fenomenal !, gritó mientras guardaba su móvil junto a un recibo empapado en sudor olvidado en el bolsillo de su pantalón deportivo. Esa noche tocaba celebrarlo, pero ahora sólo podía elegir entre la gaseosa y la bebida energética que le ofrecía la máquina de refrescos. Volvía a estar de nuevo en el mercado, y el gimnasio era parte de esa estrategia.

     
  • MI JUSTICIA

    Diego García González · Santiago de Compostela (La Coruña) 

    Sentado, en un hotel de mala muerte ,acierto a mirar a través de la última copa de coñac que me queda, y distingo entre la oscuridad ,un arrugado paquete de ducados presa de mis nervios,unos treinta euros y el recibo amarillento de una armería. Mientras sorbo un trago amargo como la vida misma, me fijo en la burbujas que explotan,similares a las de la gaseosa, y explotan también, mis recuerdos más recientes. ¡l, con traje impoluto,sentado en el banquillo de los acusados, yo llorando desconsolado la perdida de mi hija. La resolución más factible según mi abogado un pacto:cuatro años de prisión y una cuantiosa indemnización,recalca . No es suficiente,no para mi,lo rechazo. Su libertad supuso mi condenación,pero esta noche una bala pone fin a todo,le contemplo, inerte en el suelo,mientras la sangre brota abundantemente diluida con lluvia. Esta noche triunfa mi justicia.

     
  • NO HAY CULPABLE

    Sol García de Herreros · MADRID 

    A veces la felicidad parece sólida, pero en realidad es un gas, una nube engañosa que desaparece cuando intentas agarrarla. Entonces te preguntas si guardaste el recibo. Eh, oiga, exigirías, yo pagué por ella, teníamos un pacto, devuélvanme mi tiempo, mi esfuerzo, mi rutina anterior... Pero ni hay donde reclamar ni tú volverás a ser el mismo; la felicidad es como esos premios que llevan a un pobre a un hotel de lujo, al volver todo parece peor. Tal vez sea deformación profesional, pero cada vez que me ha ocurrido he utilizado todo mi conocimiento procesal, mi dilatada experiencia como instructor para decidir a quien sentar en el banquillo, porque siempre reconforta tener un acusado, y maldecir con nombre y apellidos. Invariablemente la causa ha acabado con el sobreseimiento. Sí, siempre ayuda un culpable, pero es que casi nunca hay culpa; es solo que la felicidad es gaseosa.

     
  • ¡TICA PROFESIONAL

    Pablo Herrero Ponce · Santa Cruz de Tenerife 

    Tardé varios años en ser abogado de una importante contrata. Les aclaré que no podían construir tan cerca del mar, pero construyeron el hotel igualmente.No importa que no sea culpa mía, si lo derriban mi puesto se evaporará como las burbujas de una gaseosa destapada. Recibo un severo castigo de mi compañera, que ultima su alegato desde el banquillo contrario. Rechazó cualquier pacto, sabía que lo tenía ganado. El juez condena a mi cliente y, sin saberlo, me sentencia a mí también. Mi jefe me susurra: "Les dije que eras demasiado joven..." Ya no tengo trabajo, o sea que le respondo: "Les dije que era demasiado ilegal". Sonríe y se va. Mi compañera me consuela mientras se quita la toga: "No tienes que volver al turno de oficio, cariño, saldremos adelante con lo mío... Encontrarás algo mejor, créeme... Les diremos a los niños que hemos empatado, ¡¨de acuerdo?"

     
  • CRISIS

    Amaia Maialen Serrano Uria · Bilbao 

    Desde el banquillo, observo cómo mi abogado lucha por defenderme, mientras sus ojos muestran desprecio. Mi caso es el de un hombre que un día entró en crisis. La crisis de los cincuenta. No sé cuál fue su origen. Tal vez el aburrimiento rutinario, o, simplemente, el miedo a la edad. Los síntomas empezaron con la compra de una moto, finalizando con la toma y posesión de mi secretaria, cada viernes, en la habitación de un discreto hotel. Yo no la empujé. Derramé la gaseosa y ella resbaló, precipitándose al vacío con fatal consecuencia. Mi abogado cree en esta historia. Esta no es la causa de su desprecio, sino mi incumplimiento del pacto de fidelidad que tenía con su madre. Recibo lo que merezco. Mi consuelo es pensar que mi hijo, defendiendo mi caso a pesar de sus implicaciones personales, está preparado para hacerse cargo del bufete familiar.

     
  • PROFESIONALIDAD

    Benedicto Torres Caballer · Valencia 

    Mientras amorraba la gaseosa observé desde mi despacho cómo un autocar vomitaba turistas agolpándose como paparazzi frente al hotel. Un erupto alivió mi delicado estómago lleno de gas y vacío de nutrientes debido a la escasez de clientela a la que sablear. Haber dejado la abogacía por la investigación privada no resultó como yo esperaba; si antes llevaba divorcios ahora los provocaba ganando menos, pero carecía de jefes imbéciles. Pensando tales diatribas recordé el pacto con Anika, mi joven casera: cuando estaba su marido yo desaparecía, y esa semana regresaba de Estocolmo. De pronto alguien llamó. “Pase”, dije. Entró un maromo bien trajeado que parecía conocerme, miró extrañado el banquillo donde sentaba a mi clientela (recuerdos del juzgado) y sentándose espetó: “Desde mi regreso de Suecia Anika está distante, creo que me engaña”. Acepté el caso, guardé un codiciado talón, tranquilizándolo le emití un recibo y pensé: no habrá divorcio.

     

     
  • Nunca pises descalzo una moqueta rosa

    Sofía Herranz Bargueño · Madrid 

    ¡¡¿Pero como se te ocurre?!! Por qué no abriste la puerta, joder, la bofia te está buscando ¿quieres acabar en el banquillo? Saben donde estás, ¿me oyes? Donde estás. ¿Para qué sirve el pacto para que salieras airoso? ¿Para qué sirve que me deje los cuernos, si tú no me haces caso? – chillaba mi abogado como un cerdo, efervescente como la gaseosa, seguramente con su vena hinchada y soltando babas a cada palabra – Quiero que salgas del hotel sin llamar la atención… ¡Ni se te ocurra llevarte el jabón como souvenir! Pagas, ¡lo que sea!, coge un taxi y que te den el recibo, ¿Me oyes? Pagas y te marchas. Te espero en diez minutos… se te va a caer el pelo.

     

     
  • LA CITA

    CELIA MARTINEZ PARRA · LOS ARROYOS EL ESCORIAL - MADRID 

    La voz aterciopelada del envolvente Guillermo Sousa en mi móvil resultaba inconfundible. Tras un breve preámbulo quedamos en un hotel de la periferia. Hace unos meses, sentado en el banquillo por evasión de capitales, le conseguí un ventajoso pacto con el fiscal, a cambio de información privilegiada. Siempre sospeché de la existencia de cierta atracción recíproca, que esta cita me confirmó. Arreglada como la ocasión merecía, me sorprendió por su aspecto desaliñado, esperándome en la cafetería del lúgubre establecimiento. Tras un efusivo saludo, me contó el motivo real del encuentro: - Carmen, como ves, mi vida ha cambiado y necesito el recibo de tus honorarios para la declaración de hacienda. El camarero preguntó qué íbamos a tomar. Comenté a Guillermo irónicamente: - De champagne ni hablamos, ¿verdad? - Hombre Carmen, tampoco tenemos que renunciar a unas burbujitas... Y ante mi estupefacción pidió una gaseosa. Seguía siendo un seductor.

     

     
  • Hijo

    José Manuel Alonso · Oviedo 

    En un motel de carretera, presunto hotel, recito de nuevo mi declaración para un abogado de caro traje hecho a medida y sonrisa blanqueada. Frunce el ceño, piensa y recibo una nueva corrección. Sí, preparamos a conciencia mi falso testimonio, clave en el juicio de blanqueo de dinero que se está constituyendo en serial televisivo. No me echen nada en cara; la honradez y los principios ebullen hasta un estado gaseoso que se escapa fácilmente cuando la vida de un hijo está en juego. Sólo deseo volver a pasear con él por el parque, verlo compartir su barquillo con los patos y disfrutar de su cara extasiada a cada sorbo de gaseosa. En tales circunstancias no hay pacto rechazable. Me revuelvo en el banquillo, tan nervioso como el día de su parto, y un puñado de mentiras preparadas se convierten en verdad: “¡… hijo!”.

     

     
  • Conciencia

    Violeta Bolumar Cañigral · Carcaixent, Valencia 

    Mientras esperaba sentado en el banquillo junto a mi defendido, repasé el caso mentalmente. Él era un hombre rico, famoso. Un hombre que lo tenía todo. Un hombre al que, sin duda, nunca le había quedado ningún recibo de la luz por pagar. Un hombre que podía comprar aquello que deseara. Todo lo contrario que la mujer a la que encontraron muerta en su habitación de hotel. Una mujer desconocida, sin rostro, sin nombre. Un caso de asesinato más en las noticias. Al recordarlo, mi estómago se volvió loco otra vez, inquieto, revuelto. Me sentía como si tuviera dentro de mí una botella entera de gaseosa en plena efervescencia. ¿Era aquello lo que soñaba cuando entré en la facultad de derecho? ¿Valía la pena defender a un adinerado maltratador? ¿Tan valioso era el dinero? En aquel momento, me sentí como si acabara de firmar un pacto con el diablo.

     

     
  • Asesinos Entrañables

    Reyes Alvarez Casado · Sevilla 

    La Navidad había sido más cruel que de costumbre. Cuatro abogados habían aparecido asesinados en la ciudad y yo tenía más recibos impagados que nunca. Fui al garito al que solíamos ir los picapleitos pero el bar estaba desierto. Yo andaba buscando un poco de compañía así que pedí un whisky. El barman, un entrañable viejecito que siempre llevaba pajarita y bebía gaseosa, me pasó el periódico por encima de la barra como cerrando un pacto. “Otro abogado hallado muerto en un hotel”. Alguien se está tomando muchas molestias en sentar en el banquillo a tantos abogados, le comenté al barman. Sí, me voy a quedar sin clientela como sigan envenenando picapleitos, bromeó el viejo. Seguí leyendo la noticia y se me atragantó el whisky al darme cuenta de que el artículo no mencionaba que la causa de la muerte fuera el envenenamiento. Lo último que vi fue su pajarita.

     

     
  • Con gaseosa también se liga

    Soledad Toribio Hernando · MADRID 

    Estaba tan eufórico celebrando la victoria de mi equipo, que cuando saqué la botella para refrescarme no fui consciente de que llevaba todo el partido saltando. El líquido salió disparado haciendo diana en una rubia sentada dos filas más abajo. La pobre recibió una ducha de gaseosa que dejó arruinado su peinado y el modelo de Armani, que tan bien le sentaba. Se preparó tal trifulca que acudió la policía. Los gritos de la chica y sus acompañantes, me hicieron temer que si no se calmaban los ánimos, acabaría sentado en el banquillo de la comisaría. Al final, los agentes, consiguieron poner orden y llegamos a un pacto: yo debería pagar los recibos del tinte y la peluquería, y ellos, a cambio, me dejarían marchar. Esa noche acabé en el bar del hotel, tomando una bebida sin gas y, cómo no, acompañado por la rubia.

     
  • El pacto

    M¡¦ Azucena ¡µlvarez García · Oviedo 

    Entró mientras me afeitaba. -¡Esto no es de recibo!- gritó y la exclamación explotó en el aire como las burbujas de una gaseosa- ¡¨Tu hijo no ha dormido en casa, otra vez! -Quizás haya pasado la noche en un hotel- dije- No te preocupes- pero ella siguió quejándose con la misma frustración con que se quejan los futbolistas condenados a ver, desde el banquillo, el partido de su vida. A las nueve, puntual como el¡€™Big Ben?, llegué al bufete que comparto con otros dos socios. Nada más abrir la puerta descubrí su ropa y calzado desperdigados por el pasillo. Lo encontré en mi despacho, desnudo, dormitando como un bendito sobre mi mesa de escritorio. -¡¨Y nuestro pacto¡€™¡El bufete no es un picadero!- y de un tirón de orejas lo arrebaté de los brazos de Morfeo. Adormilado y resacoso sólo acertó a balbucear. -No se lo digas a mamá.

     
  • Mi papá es importante

    Isabel Pérez Moñino-Aranda · Collado Villalba, Madrid 

    Mi papá es un señor importante. Un día suscribió un pacto con unos señores poderosos y firmó un recibo millonario. Desde entonces, vive en un hotel alejado, pero dice que en su habitación hay una neverita con agua, gaseosa, patatas, gominolas... ¡Yo también quiero vivir allí! A veces me llama por teléfono. Ayer me dijo una cosa que no entendí:"Hijo, no te enfades cuando tu entrenador de fútbol te deje en el banquillo. Si ganáis, la victoria será de todos, si perdéis, la culpa será de los que jugaron en el campo". Mi mamá también es importante. Ahora está trabajando para que papá vuelva de ese hotel en el que vive porque lo echa de menos.Hoy ha escrito una carta a un Señor que se llama Audiencia y se apellida Provincial, titulada "RECURSO DE APELACIí N".

     
  • NO HACE FRí–O

    Remedios Atencia Montoya · Málaga 

    Sábado por la mañana. Mientras tomo el suave sol en la terraza de casa me esfuerzo para imaginar que estoy en un hotel en pleno agosto, entre tragos de tintorro con gaseosa, y me froto las manos para entrar en calor. La subida del recibo de la luz hace que tenga que imaginar que no hace frío. Vaya dichosa cuestecita de enero. Tras las navidades no ha pasado a pagar por el despacho ni el gato; todo el mundo está más tieso que la mojama, pero me los encuentro en la calle con sus cervecitas y sus gambitas de Huelva. Se acabaron los pactos de pago verbales. Desde el lunes empiezo a redactar hojas de encargo, y quien no provea de fondos se va a ver solo en el banquillo. Se acabó el trabajar de fiado. A mí también me gustan los Audis, como a mis clientes.

     
  • Aurora

    Carlos I Fernández Carbonell · CASTELLON 

    Les presento a Aurora, Subsecretaria Judicial, la chica más anodina de los Juzgados. Aurora hizo un pacto con el diablo. Tenía ya muy gastado el banquillo de la vida y agotados los buenos propósitos y su recta forma de vivir. El sabor de su profesionalidad era como agua con gaseosa en su boca. Dejó su casa y entró en el Hotel del Vértigo. Se enamoró de asesinos, de jueces, de políticos. Sus pies apenas tocaban el suelo. Sus ojos eran del color de las enredaderas. Los que la abrazaban temblaban de miedo. Los que temblaban de miedo la abrazaban. Mientras, en su recibo aguardaba pacientemente su vida anterior. Cuando Aurora flanqueó la puerta, su vida anterior se llevó las manos a la cabeza. Aurora pidió perdón, el diablo devolvió su alma y todo volvió a ser como antes. Aurora, Subsecretaria Judicial. La mujer más deseada de los Juzgados.

     
  • ¿Dígame?

    Rubén Jiménez López · MADRID 

    La vida es una mierda, pienso cuando pido el recibo de un café solo y una gaseosa, en la parte posterior escribo, "desayuno Jorge Jiménez" para desgravar el IVA de mi cutre despacho de abogados. He quedado con mi hermano gemelo Rubén Jiménez, en la puerta del hotel de lujo más cercano a su brillante bufete, su esposa Silvia es bellísima, tiene dinero, salud, niños, y yo sigo soltero, sin un duro y arrastrándome por los banquillos de provincias, aún así, seguimos siendo como dos gotas de agua. Veo como sale mi hermano del cochazo, viene hacia mi, de repente sale un autobús de ninguna parte y lo arrolla, sin duda está muerto, corro hacia él, su móvil suena, cierro los ojos un segundo, hago un pacto conmigo mismo y respondo,.. Rubén Jiménez, ¿dígame?

     

     
  • Nuestros imprescindibles amigos, los abogados

    Vicky Clement · Las Palmas 

    ¡Ay, los abogados! Esos chupatintas sin escrúpulos, trajeados altaneros, no los queremos demasiado cerca pero lejos tampoco!!. Cuando te sientas en el banquillo acusado de escándalo público, tras pasar una noche consumiendo algo más fuerte que gaseosa, allí aparece él, reluciente yupi, con la corbata perfectamente anudada, maletín de cuero y sonrisa maliciosa. Tú estás asustado, sólo celebrabas con tus amigos, la partida de la parienta a casa de su hermana y ahora, mírate… El trajeado saluda a su colega, se acercan al estrado y, en cinco minutos, llegan a un pacto de caballeros. Con andares seguros, te acompaña a la salida, despidiéndose con cortesía, tiene una reunión en un hotel de lujo y mientras tú, destrozado y maloliente, sólo piensas en el recibo.¡Ay, los abogados!! Esos chupatintas sin escrúpulos, trajeados altaneros, no los queremos demasiado cerca pero lejos tampoco!!.

     

     
  • Sed de amor

    GABRIEL BEVILAQUA AVELLANEDA · BUENOS AIRES- ARGENTINA 

    Intuyes que Raquel te va a hacer sentir como en un banquillo, y te genera sed. Le pides al mozo una gaseosa al tiempo que la susodicha te requiere plata para el hotel; luego, lo imaginado: «Mira, Enrique, sé que hicimos un pacto de no molestarnos con esto, pero no puedo pensarte una noche más en los brazos de tu esposa, ¿comprendes?». Respondes, mientras le gesticulas al mozo para que se apure, que un abogado de tu posición no puede tirar así como así todo por la borda. «Ya veo», le oyes decir; y, anclada tu mirada en el mozo que se acerca, no acusas recibo de sus ojos de niña enrabietada. Enseguida tu vaso se colma y al agarrarlo, observas como Raquel extrae un revólver… A poco, boca abajo en el piso, mientras sientes que todo se acalla, logras saciar la sed con la gaseosa y tu sangre entremezcladas.

     

     
  • LA PRIMERA VEZ

    ESTHER M. GUZMÁN SÁNCHEZ · Murcia 

    Tenía una extraña sensación en el estómago, no era aquella de las mariposas que lo llenan ante el preludio de un amor. Sin embargo, era muy parecido, como el burbujeo de la gaseosa al chocar con los hielos y el vino tinto en la copa. Mezcla de frescura e inquietud. Así se sentía mientras esperaba sentada en el banquillo a ser llamada por el oficial del Juzgado al juicio de las once treinta. Apenas había pegado ojo la noche anterior en aquella habitación de hotel, ese sentimiento no la dejaba ni dormir ni comer. Revisó una vez más las pruebas, no había olvidado los acuses de recibo de los Burofax enviados por la empresa al trabajador despedido. El pacto que le habían ofrecido antes de entrar a la Sala no le había parecido suficiente. Lucharía y ganaría. Porque el primer pleito, como el primer amor, no se olvida nunca.

     

     
  • Engañado

    Ramón Vigil Fernández · Madrid 

    “Esa sentencia no es de recibo”, gritaba indignado el fiscal. “Silencio o le acuso de desacato” respondí mientras miraba a aquella mujer que besaba al hombre que acababa de abandonar el banquillo de los acusados tras mi absolución. Bajo aquel vestido rojo estaba tan hermosa como la primera vez que la vi, bebiendo una gaseosa en el pasillo del hotel. Estaba en una conferencia y ella sonrió antes de entrar en su habitación, dejando la puerta abierta. Fui hacia allí y ella ya estaba desnuda sobre la cama invitándome a descubrir todos los rincones de su cuerpo. Una hora después, desde la puerta del baño, dijo: “sonríe, estás en la tele” y señaló a una cámara sobre la mesita. “Mañana juzgas a mi marido por estafa. Lleguemos a un pacto y tu mujer no sabrá nada de esto”. Ahora, mirándola, pienso que ojala reincida su marido para dejarme engañar nuevamente.

     

     
  • DESATASCO

    Ana María Lezcano Fuente · Santa Cruz de Bezana (Cantabria) 

    Había ido a aquella ciudad de provincias para finiquitar un pacto. No quería sentarse en el banquillo aunque su mujer estuviera muerta y el asesino a sueldo sentado en el bar del hostal de segunda esperando el resto del dinero del acuerdo. La gaseosa que tenía delante hacía extraños y bellos reflejos debido a los fríos rayos del sol de enero que se colaban por la vieja cortina. En el bolsillo del abrigo, el viudo, además del resto del dinero que debía al individuo impertérrito de enfrente, tenía un recibo del pago del trabajito, impuestos incluídos. El texto rezaba: desatasco en fregadero e instalación de nuevos aparatos. ¿ Sería suficiente ? Pensó que sí...Lo importante era que ella ya no le atascaría más la vida...

     

     
  • CARTA A MI ABOGADO

    Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

    Estimado abogado: Espero que al recibo de ésta se encuentre usted bien. Yo bien gracias a Dios. Le escribo desde el hotel al que me envió el juez después de que usted me sentara en el banquillo de los acusados; nada que ver con el Palace, en el que seguramente se encuentra usted en estos momentos celebrando la fiesta de fin de año. Aquí no brindamos con Moët & Chandon, sino con gaseosa, no comemos caviar, sino patatas fritas, y no tenemos ninguna orquesta que amenice la velada, solo los ronquidos del “Mediahostia” y el “Malcarao”. Estimado abogado: Todos los días me acuerdo de usted y de la importancia de nuestro pacto. ¿Lo recuerda? “Confiésate culpable que de lo demás me encargo yo”. Ya han transcurrido dos años de mi condena y espero en pocos días la resolución de mi libertad condicional. Estimado abogado: Nos veremos. Feliz 2011.

     

     
  • Hermanos de sangre

    Carmen Valencia García · Las Rozas de MAdrid (Madrid) 

    Le esperaba en el bar del hotel donde se hospedaba. Mientras aparecía, y lo haría más tarde o más temprano, yo releía nerviosamente la última de las cuarenta y seis cartas que me había enviado, a razón de una por año, en la misma fecha y con el mismo texto. "Estimado colega: Confío en que al recibo de ésta se encuentre bien de salud. Yo, por mi parte, permanezco a la espera de sus instrucciones." Nos conocimos un verano en un moribundo pueblo castellano donde nuestro único entretenimiento era jugar al escondite en la fábrica de gaseosa de mi abuela, para desesperación de todos sus trabajadores. Era solo un niño, incapaz de imaginar las consecuencias de nuestro pacto infantil. Toda una vida después, agotados los plazos, su perseverancia en cumplirlo parecía más propia de un sacerdote que de un abogado aunque significara acabar sentado en el banquillo de los acusados.

     
  • La deuda y la duda

    FRANCESC BASORA MORATí  · MADRID 

    En pocos minutos estaría sentado en el banquillo de acusados. Su esposa y defensora, le propuso un pacto.- Si perdemos y vas a la cárcel, pondré el hotel y propiedades a tu nombre, luego nos separaremos y te evaporarás como las burbujas de gaseosa. Si te absuelven, deberás pagar, por mi defensa, esta factura que guardo en mis manos. Serafín sabía que su mujer era una abogada excelente, nadie más podía librarlo de la cárcel. Era además una mujer inquebrantable y cobraría un alto precio por su traición. Dudaba entre esa libertad casi segura o unos años de cárcel con la promesa de una vida acomodada una vez saliera con el pelo cano. Era de recibo ese trato?,pensaba. -soy tu marido!. Pero su delito no iba a quedar impune. La justicia le acosaba por dos frentes. Decidió inculparse. Ella mostró la factura y el total decía: Felicítame cariño!

     
  • MISIí N CUMPLIDA

    MARIA ANTONIA ARIAS QUEVEDO · MANZANARES (CIUDAD REAL) 

    Hoy he sacado mi toga a pasear. ¡No me ha quedado más remedio! Tengo un pacto con ella: no más de un mes colgada en el perchero sin que le dé el aire. El trabajo escasea y ella ha ganado... Como es domingo, he decidido ir al Calderón. De camino, he tomado una cerveza en la cafetería del hotel de la esquina y he comprado un recibo de lotería que termina en trece ¡por eso de la suerte! Ya en el metro, la gente me miraba de reojo. En el estadio he sido el centro de atención. ¡Hasta el banquillo se ha puesto en pie para contemplarme! He sentido algo de verguenza al ser la protagonista indiscutible, pero no por ello he dejado de ir al bar a tomarme una gaseosa fresquita. Al volver a casa he vuelto a colgar la toga. Espero que el próximo mes no gane ella.

     
  • Régimen de visitas

    DELIA MARí–A BRACAMONTE MUGUERZA · MADRID 

    Trate de recordar en el patio del hotel, aquella tarde en que la vi y me enamore, pero la rabia podía más, era más fuerte, y sin pensarlo dos veces arroje el vaso, y los papeles terminaron mojados de gaseosa; no podía creer que nuestro pacto de amor eterno, terminó en una maldita demanda; sin poder hablar más, comunicándonos solo por escritos y abogados, faltaban unas semanas para estar en el banquillo de los acusados y explicar porque tengo el derecho de ver a mi hija; tenía que buscar documentos, algún recibo que probará que no soy mal padre y que cada mes cumplo con pagar las cuentas; no entiendo, en qué momento nos convertimos de enamorados a partes de un proceso, en qué momento mi hija paso de ser nuestra pequeña a ser un objeto; malditos abogados y maldito dinero, yo solo quiero verla con ley o sin ella.

     
  • Aquel día

    Ignacio González Bonilla · LAS PALMAS 

    Recuerdo aquel hotel. Sentado en el recibidor te vi entrar, nuestras miradas se cruzaron y me sonreíste. No me hizo falta más. Más tarde nos encontramos en el bar. Te invité a una copa y aceptaste con una amplia sonrisa. Te reíste de mí por mezclar el vino con gaseosa. "Eso es de viejos", me dijiste. "Soy un viejo", te contesté. Normal, tenía treinta años más que tú. Recuerdo cuando te invité a subir a mi habitación y el nerviosismo que me invadió cuando accediste. A la mañana siguiente te despediste con una sonrisa, como si de un pacto de silencio se tratase. Ahora aquí, sentado en el banquillo de los acusados te miro. Y lo que más me duele no son las mentiras ni las falsas acusaciones. Lo que más me duele es que ya no me sonríes.

     
  • Manolo Banquillo

    Belén Sáenz Montero · MADRID 

    ¿Te has enterado de lo de aquel tipo tan curioso, el abogado? Pobrete, ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí, Banquillo - te lo juro - Manolo Banquillo, o eso decía él. ¡Qué cosas tiene esta vida! Siempre atendía sus negocios en hostales, o si la cosa iba bien en hoteles. No era mal tipo; le gustaba jugar a ser extravagante. A mí, por ejemplo, me sacó una gaseosa para brindar que llevaba en el bolsillo interior de su gabardina. Nunca pensé que nadie quisiera hacerle mal. En este mundillo respetamos a los animalitos de peluche como él, es un pacto de honor. Tampoco pensé que fuera tan pardillo, le dije que nunca firmara nada, ni el más mísero recibo. Y el tonto de él me decía: “sí, Su Señoría, da gusto tratar con caballeros como ustedes”.

     

     
  • SIEMPRE A TU LADO

    Beatriz Lorenzo López · MADRID 

    Jamás había imaginado que lo vería en el banquillo de los acusados, y mucho menos en aquellos tiempos felices en los que ambos pasábamos del cosquilleo de la gaseosa al del champán entre las sábanas satinadas de algún hotel de las afueras. “Siempre a tu lado”, nos decíamos entonces. Y aunque la vida nos había llevado por caminos opuestos sé que él recordó nuestro pacto cuando decidió callarse el hecho de que la abogada que le habían asignado de oficio era su antigua amante. Yo, en cambio, tenía mis propios motivos para el silencio. “He terminado, Señoría”, dije con voz firme mientras rompía en minúsculos pedacitos aquel recibo, la única prueba que podría haber demostrado su inocencia..

     

     
  • Otro encuentro cercano

    Cecilia Rodriguez Bové · La Eliana (Valencia) 

    “¿Y de beber, señor?”, “¡Gaseosa!” le respondí a la azafata, mientras degustaba un suculento Filet-mignon a 35000 pies de altura… Al fin regresaba a casa… Atrás quedaba Kansas y el hotel donde me reuní secretamente con aquella criatura de voz metálica y ojos de azogue. Fue un encuentro curioso, pero inútil. Me propuso un pacto por poner a alguien en el banquillo. “No recibo ordenes y no seré su abogado” Fui muy contundente. Nunca rechazo un trabajo, pero defender alienígenas que creen estar siendo exterminados por humanos mutantes, era tan absurdo como confundir la realidad con la ficción. Un autentico disparate… Ahora, aquel encuentro era solo un recuerdo. Mañana retomaría mi rutina habitual en el juzgado… “Excelente cena”, le comenté sonriente a la azafata. Entonces ella, apartándose el flequillo para guiñarme el enorme ojo que le crecía en la frente, respondió: “La carne de alienígenas es de primera, señor”.

     

     
  • LA ULTIMA CENA

    Lupe Borraz Gutiérrez · Barcelona 

    Esta mañana el cartero me entregó el temido sobre: “Telegrama con Acuse de Recibo”, antes de abrirlo ya conocía su contenido. Mi abogado me previno tras su fallido intento de lograr un pacto con la demandante. Hace tres meses que no pago el alquiler y aunque eso no me convierta en una vulgar delincuente, me veo sentada en el banquillo esperando escuchar la sentencia de desahucio. Ahora, los niños y yo tomaremos la última cena en nuestro hogar, antes del traslado al hotel que nos cobijará eternamente. He preparado su comida favorita y para beber, como no, gaseosa. Hacemos un brindis y los tres apuramos los vasos casi de un trago, no se nota la presencia del veneno en la bebida. Se quejan de que no he comprado su marca favorita y casi al unísono repiten entre risas: “si no hay Casera nos vamos” y pienso… pues eso.

     

     
  • Fraile antes que monaguillo

    Jose Antonio López Gilabert · Barbate (Cádiz) 

    ¡Si yo siempre quise ser poeta! Otra vez toda la noche en vela, agazapado, pensando en qué o quién entrará por esta puerta. Me siento en mi sillón como en el banquillo de los acusados. Soy un farsante. Ni he hecho una pasantía. Tengo un despacho abierto y ni siquiera he celebrado mi primer juicio… ¿Cómo pudo convencerme Luis?... ¿dónde están las pastillas? Suena el teléfono y soy pura gaseosa, descuelgo tembloroso y doy excusas y citas. Cuando les recibo solo me ha dado tiempo a dejar de ser un ignorante total. Tengo capote pero cualquier día se colará un cliente que sepa más que yo. Hasta ahora les voy convenciendo para alcanzar pactos que eviten que me retrate en sala. Más me vale un mal acuerdo. Hoy tengo citada a la propietaria de un modesto hotel que está empeñada en pelear la custodia de sus hijos… me quiere hundir.

     

     
  • Daños y perjuicios

    Angela Piedras Yegros · Madrid 

    '- Había estado consumiendo las bebidas del minibar, llevábamos tiempo observándolo. Lo decía mi madre, cuando te enfadas subes como la gaseosa… - El hotel había sufrido graves desperfectos en sus instalaciones y todas las pruebas remitían a esta p

     
  • Mar Gruesa

    Adolfo Barrientos Fernández · Málaga 

    En la terraza del hotel, Estela y Yolanda bebían London Dry con gaseosa. El día era espléndido. Las dos mujeres en bañador ya no eran tan jóvenes pero todavía los hombres al pasar las miraban con avaricia. -¿Yolanda qué harías tú, si tu marido traiciona un pacto de fidelidad de muchos años? - Lo mataría, probablemente-respondió Yolanda sonriente, agrandando unos preciosos ojos ambarinos- O mejor, la mataría a ella. Pasaron un fin de semana excelente en la Costa del Sol. Estela regresó tiempo después al mismo sitio pero nada era lo mismo. La mar gruesa levantaba olas inmensas sobre la playa. Sus gafas oscuras ocultaban lágrimas y ojeras de interminables noches de insomnio. Moralmente destrozada, sabía que tarde o temprano, en el banquillo de los acusados acabaría por derrumbarse y confesarlo todo. Porque no era de recibo contratar a un sicario para librarse de Yolanda, su mejor amiga.

     

     
  • FIN DE ETAPA

    Rosa Catarina Piñeiro Fariña · Santiago de Compostela, A Coruña 

    No es que yo sea una simple pasante, es que todos me tienen por inútil, por la eterna meritoria que calienta banquillo, la inexperta a la que liquidan con un recibo sin esperanza de nómina. Todo porque dicen que mis informes parecen soflamas, no argumentos; y mis fundamentos de hecho, ridículos panfletos. Así, cuando toca desplazarse, los demás se van al mejor hotel y a mi me devuelven en el tren de la tarde. Y si ellos se ponen morados de gran reserva, a mi me toca gaseosa. No se fían. Pero hoy ha sido el día de mi pacto con el destino. Llega un inesperado fin de etapa. Me largo. Cuando lo anuncie en el bufete lo tomarán como otro acto de absoluta irresponsabilidad, pero callaré lo más importante: Mañana, colegas, os enterareis por la prensa, y pasado juraré mi cargo como nueva ministra del gobierno.

     
  • La proxima vez

    Carmen Sanchez Duran · Talavera de la Reina (Toledo) 

    Sentada en el banquillo, sin mi toga, me encontraba perdida, desnuda. No era mi posicion habitual en una Sala. Mi letrado, compañero y amante me aconsejaba encarecidamente un pacto con el fiscal, segun él, beneficioso para mi. Me negué. Celebramos la absurda vista. Meses antes, mientras me refrescaba bebiendo un tinto con gaseosa en la cafeteria de un hotel en la playa; el vaso cayó al suelo, un hombre que pasaba por ahi, que casualmente era mi ex marido, se resbaló con el liquido derramado. Resultado: 56 puntos de sutura en la cabeza, fractura de coxi, 3 intervenciones quirurgicas, cojera permanente y estres postraumatico. Denuncia por homicidio en grado de tentativa. ¡Cuanto odio acumulado! Recibo la sentencia con serenidad. Absuelta, por falta de pruebas. La proxima vez me aseguraré de que no pueda denunciarme.

     
  • MUJER FATAL

    CARMEN TEJADA · MADRID 

    Aquella noche, señor juez, el salón estaba semidesierto. Me preparé un vermut con gaseosa. Tenemos prohibido beber. Tampoco podemos intimar con los clientes. Pero Arturo y yo teníamos un pacto. Si alguna mujer le interesaba, yo le preparaba uno de mis cócteles, le entregaba la copa y un recibo con la dirección de mi amigo. Si la deseaba yo, él le dedicaba "Sonata a la luz de la luna" de mi parte. Pero aquella era nuestra última noche. El gerente se había enterado de nuestro acuerdo y nos despidió sin contemplaciones. Ambos pensábamos que había sido el otro nos había delatado. Días antes, nos encaprichamos de la misma mujer y discutimos. Después de aquel vermut, vinieron cuatro más. La sangre se me calentó y la emprendí a golpes con Arturo. Destrozamos la sala y apaciguamos nuestro resentimiento. ¡Cómo íbamos a saber que nos habíamos encaprichado de la mujer del gerente!

     
  • Una separación conflictiva

    ALBERTO URETA TRIVIí‘O · LEIOA (VIZCAYA) 

    Te atrajo su mirada. Confiesas que pretendientes no te faltaban, mientras me muestras aquella vieja fotografía que atestigua tus palabras. Fue como juntar el vino con la gaseosa. Así lo defines tú. Hoy, temporalmente, tú vives en vuestra casa con los niños y él, solo, en la habitación de un hotel. Me pides que te represente. Que te ayude a parar una guerra que ya ha durado demasiado. Solo quedan reproches. Mentiras. No sois capaces de verlo pero compartís las culpas y ninguno parece querer mostrar el recibo del amor. Amor, sí. Porque lo hubo aunque hace tiempo que lo sepultasteis bajo toneladas de rencor. En este juicio, ambos estáis sentados en el banquillo de los acusados. Vuestro deseo es llegar a un acuerdo que ponga fin a quince años de relación. Un pacto que implique el cese definitivo de las hostilidades. Un armisticio permanente que os devuelva la sonrisa.

     
  • AIRE

    Ana Padierna Carcedo · Madrid 

    Su casa se había convertido en un hotel, por mor de las idas y venidas del cada vez mayor número de vecinos que se intalaban, que dejaban su huella sonora a cada momento, perturbano su inestable paz interior, que se esfumaba como las burbujas en un vaso de gaseosa. El recibo del IBI, que ya había sido cargado en su cuenta, fue como la puntilla que le encadenaba a aquel terrible lugar. Se repuso y tras la reflexión, decidió irse y alquilar su vivienda. Ponerles en el banquillo, no era la solución, pues el pacto común de destruirle, debería ser refrendado por un juez que podría ser uno de los suyos. La providencia quiso que al día siguiente de anunciarse en internet, recibiese tres llamadas, una de ellas de un saxofonista, profesor de la escuela de música, que también admitiría alumnos a domicilio.Firmaron.

     
  • EL PACTO

    MARIA DE GRACIA PERALTA MARTIN · MADRID 

    Aún te recuerdo sentada en el banquillo de los acusados. Recuerdo como tus ojos se clavaron en los míos y me lanzaste una ráfaga de odio que me hizo entender que nuestro pacto de hermanas, colegas, abogadas y amigas se había roto para siempre. Te emborrachaste de poder y dinero y preferiste arriesgar tu carrera. Vi innumerables recibos de joyas, obras de arte… de miles de euros guardados en tu despacho. ¿Por qué te aliaste con aquella gente? Ahora estoy sola en este bonito hotel de tres estrellas brindando con gaseosa (no con moët & chandon como lo harías tú) por haber ganado el juicio que teníamos pendiente contra aquel oscuro lugar, donde tu madre estaba muriendo en vida. A pesar de todo, el móvil lo tengo encendido día y noche, por si mi colega quiere reanudar nuestro pacto.

     

     
  • VIEJOS AMIGOS

    Beatriz Ros Nieto · Rubielos de Mora (Teruel) 

    ¡Jefe, tráigame una gaseosa para acompañar el vino!-. Me tenía alucinado aquel tío: me acabada de explicar con pelos y señales cómo había mandado eliminar a su mujer en aquella habitación de hotel y el “angelito” seguía engullendo como un cerdo. Mientras yo, como su abogado defensor, temblaba sólo de imaginármelo con esa facha en el banquillo... Lo peor de todo era que no podía desentenderme del caso ya que treinta años antes ese individuo había sido mi mejor amigo y un día me salvó de una buena bronca de mi madre. Para agradecérselo, hicimos un pacto en el que yo le tendría que devolver el favor cuando él lo necesitase y, para colmo, decidimos hacerlo por escrito. Y así, como indicaba el recibo aceitoso que el “jeta” no paraba de mostrarme: “ESTO VALE POR CUALQUIER FAVOR QUE ME PIDAS. FIRMADO:TU AMIGO MANOLÍN”

     

     
  • Justa venganza

    Luisa Hurtado González · Madrid 

    Antonio Pérez Molina. Al oír su nombre, el pasado del que huía me alcanzó. Nos habíamos conocido cinco años antes, yo acababa de casarme y él era el dueño del hotel en donde nos hospedaríamos. Poco después Ana me dejaba, yo hacía un pacto de no agresión con la nueva pareja e iniciaba una nueva vida. Pero la vida es sorprendente. Antonio y Ana se habían separado pronto, en cuanto a él le acusaron de fraude. Y ahora, él era el principal acusado de un asesinato. ¿Mi misión? Defenderle. “Sin rencores”, dijimos cuando nos vimos. “¿Una copa?”, pregunté. “Ya no bebo, ¿una gaseosa?” y nos reímos. “¿Cómo lo ves?” “Bien, lo veo bien, este recibo es la coartada perfecta”, dije guardándolo en una carpeta para perderlo después. Sonreí, dentro de muy poco vería su rostro mirándome desde el banquillo con absoluta desesperación.

     

     
  • IMPRESCINDIBLE

    Manuel de la Peña Garrido · MADRID 

    Mi historia comienza en un estadio. Cuando el fútbol era épica, no mercadeo. Acogí a héroes que revivían con linimento Sloan y gaseosa, nada de brebajes isotónicos. Modernizaron las instalaciones.Nos desahuciaron. Revestidos ambos de terciopelo rojo, mi gemelo fue destinado a una capilla; yo, al tribunal. El truhán se toma confianzas con las novias en las bodas (ya me entienden).Yo recibo asesinos en serie, capos sanguinarios, estafadores. Les sostengo durante las vistas.Soy su último apoyo antes de partir hacia casa o la trena (un chollo: vivir gratis en hotel todo incluido, vigilado 24 horas). Cómplice del fiscal, si el procesado apenas ha cantado, cojeo o patino adrede, como empujado por el espíritu vengativo de sus víctimas. Favorezco así desde condenas ejemplares hasta pactos con la defensa. Imprescindible, soy más que mero atrezo. Como sus señorías, los abogados, los acusadores. Deberían llamarme “banco”, no “banquillo”.

     

     
  • Existir

    LUIS FILELLA GARCIA · BARCELONA 

    Me pregunto si un sonido que nadie oye, un grito que nadie escucha, una pregunta que nadie responde, ha existido realmente alguna vez. Es como las burbujas de una gaseosa, ascendiendo para saltar luego al aire y desaparecer para siempre. Me pregunto si esas palabras pronunciadas por el acusado desde el banquillo mientras juez y fiscal miraban distraídamente sus papeles –algo sobre un supuesto pacto y la falsedad de un recibo- fueron efectivamente pronunciadas, si siquiera llegaron a constar en el acta y, si lo hicieron, si alguien las leyó o las leerá nunca… pienso en eso mientras contemplo la calle desde la habitación de mi hotel, hasta que me despierta el sonido desabrido del teléfono, vibrando y desgañitándose desde la mesilla de noche. Lo observo como a un animal extraño y desconocido, y dejo que aúlle. Si nadie lo oye, nadie responde, nadie lo escucha, probablemente no existe.

     

     
  • Dichosa Terceria

    Jose María Aguilar Martí · Alzira 

    Tu asesor fiscal me convenció para interponer la Tercería de Dominio, y yo te convencí de que ganarías: si había separación de bienes desde el inicio del matrimonio no podías perder tu casa. E hicimos el pacto: si ganas cobro, si pierdes me invitas a gaseosa. Cuando perdimos acudí a verte. ¿Como explicarte que tu asesor fiscal que te giró el recibo por tu declaración de IRPF me había liado? Te dije la verdad, dentro de tu casa, rodeado por tus tres hijos, y con tu marido en la República Dominicana practicando la bigamia: “la casa es tuya, el hotel de tu marido, y la declaración del IRPF de los dos, pues la firmaste conjunta, así que de las mentiras por valor de un millón de euros declaradas por él también respondes tú.” Hoy estoy en el banquillo con tus hijos. Yo con la cara tatuada.

     

     
  • APROBACIÓN

    ISABEL FRAILE SANCHEZ · Arucas(Las Palmas) 

    Me aterraban las reuniones familiares. Me sentía como gaseosa entre champán francés. A pesar del pacto por mamá, aprovechabas cualquier excusa para ridiculizarme, herirme… Todos los miembros de la familia habían alcanzado notoriedad y dinero en sus carreras de Derecho. Tú, además, Magistrado del Supremo. Yo, un simple inspector de policía persiguiendo a chorizos y maleantes que rara vez llegaban al banquillo. Por ganarme tu respeto me ofrecía para investigar los asuntos más peligrosos, jugándome la vida en cada misión. Tras largo tiempo infiltrado, fue un recibo de hotel lo que me dio la clave. Sentí un vértigo, un sabor agridulce: acababa de resolver el caso de mi vida. Por fin, después de tantos esfuerzos, conseguiría fama, lograría ascender en mi carrera. No vacilé cuando te detuve como cabecilla de la red, por tráfico de drogas y personas. Aún… sigo esperando tu aprobación por el trabajo bien hecho.