EL CAZADOR CAZADO

ESPERANZA TEMPRANO POSADA · Madrid 

Anochecía cuando entré en el hotel acompañada de mi maletín negro y de mis más hondos recelos. Encontré a mi colega en un sillón de la recepción, jugando con una chapa de gaseosa. -Lleguemos a un pacto. Te haré una oferta que no podrás rechazar– me había adelantado por teléfono. No me fiaba de él, sus proposiciones nunca eran de recibo, aún así acudí a la cita con la remota esperanza de poder levantar a mi cliente del banquillo. Seguía siendo el mismo embustero y tramposo de siempre, el mismo que años atrás me había dejado tirada llevándose los casos y dejándome los pufos. Ahora me ofrecía retirar los cargos de un inocente sin coartada a cambio de mis favores. Le miré con desprecio y salí de allí exultante, acariciando la grabadora en mi bolsillo -mira por donde, vas a ser tú quien se siente en el banquillo-.

 

 

 

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