Asesinos Entrañables

Reyes Alvarez Casado · Sevilla 

La Navidad había sido más cruel que de costumbre. Cuatro abogados habían aparecido asesinados en la ciudad y yo tenía más recibos impagados que nunca. Fui al garito al que solíamos ir los picapleitos pero el bar estaba desierto. Yo andaba buscando un poco de compañía así que pedí un whisky. El barman, un entrañable viejecito que siempre llevaba pajarita y bebía gaseosa, me pasó el periódico por encima de la barra como cerrando un pacto. “Otro abogado hallado muerto en un hotel”. Alguien se está tomando muchas molestias en sentar en el banquillo a tantos abogados, le comenté al barman. Sí, me voy a quedar sin clientela como sigan envenenando picapleitos, bromeó el viejo. Seguí leyendo la noticia y se me atragantó el whisky al darme cuenta de que el artículo no mencionaba que la causa de la muerte fuera el envenenamiento. Lo último que vi fue su pajarita.

 

 

 

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