Aquel día

Ignacio González Bonilla · LAS PALMAS 

Recuerdo aquel hotel. Sentado en el recibidor te vi entrar, nuestras miradas se cruzaron y me sonreíste. No me hizo falta más. Más tarde nos encontramos en el bar. Te invité a una copa y aceptaste con una amplia sonrisa. Te reíste de mí por mezclar el vino con gaseosa. «Eso es de viejos», me dijiste. «Soy un viejo», te contesté. Normal, tenía treinta años más que tú. Recuerdo cuando te invité a subir a mi habitación y el nerviosismo que me invadió cuando accediste. A la mañana siguiente te despediste con una sonrisa, como si de un pacto de silencio se tratase. Ahora aquí, sentado en el banquillo de los acusados te miro. Y lo que más me duele no son las mentiras ni las falsas acusaciones. Lo que más me duele es que ya no me sonríes.

 

 

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