Traición

Carmen Molinero Fraguas · Madrid 

Traición -Abre tú. Y si es el pringao ese, dile que yo no estoy de recibo -farfulló el capo Renduelles, apodado el Gaseosa, mientras tras un biombo, junto a su balcón de la fachada del Hotel, preparaba como siempre su predecible huida. -¡De acuerdo! Pero será alguien del servicio con un tentempié que encargué -le contestó Robledo, su abogado, que estaba esperando con él la llegada de Saceda, el fiscal corrupto encargado del affaire, para discutir y firmar el suculento pacto con el que ambos pensaban forrarse y que le juraban y perjuraban que lo libraría del banquillo. Pero al abrir la puerta, con quien se dio de bruces fue con dos Zetas armados hasta los dientes. -¡Al suelo! -le ordenaron, mientras otros cuatro agentes se colaban de rondón en el apartamento tratando de pillar por sorpresa al Gaseosa, que lograba deslizarse al suelo con la pericia del mejor alpinista.

 

 

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