ERAN OTRO TIEMPOS

M¡¦ Isabel López-Carrasco Casado · MADRID 

La historia suena antigua; de hecho ya no hay repartidores de gaseosa, pero así la contaba, mi padre, joven abogado en una pequeña ciudad en los años 60. En el banquillo está Fidel, el chico que repartía la gaseosa a los restaurantes y al «Hotel Imperial», única fonda del pueblo. – Pero ¡¨a ti te pagó D¡¦ Concha al entregarle las botellas?… porque ella tiene el recibo, pero tú no tienes el dinero… Fidel, haz memoria, que son cuarenta duros los que te reclama tu jefe…. D¡¦ Concha protestaba insolente «¡¨cómo no le voy a pagar?, me está usted ofendiendo, ¡por Dios!». El pobre Fidel sólo recordaba que, al hacer la entrega, la señorita Violeta París, artista de «varietés», de gira con » Pacto Eterno» y huésped del hotel, le había sonreído muy afectuosa. Aquél mes D¡¦ Concha pudo cambiar por fin el rótulo de su establecimiento.

 

 

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