LA JURA

Patricia Sánchez Vasco · A Coruña 

Ahí estaba yo, escuchando las amables palabras del decano que nos daba la bienvenida emocionado en el primer acto de esa naturaleza desde que había sido nombrado. Me sentí como en el banquillo de los acusados, fuera de lugar y tremendamente ausente. Yo no encajaba allí, llevaba ya diez años en el oculto ejercicio de la profesión, y la ilusión que nos pretendía transmitir aquel hombre que un día me diera clase y que, reconozco, se había conservado extraordinariamente bien después de aquellos años, carecía de sentido para mí. Era abogado en una empresa al borde de la quiebra, a punto de explotar como una gaseosa de las antiguas caídas de aquellos memorables camiones que las transportaban. Cerré los ojos y suspiré, mientras recordaba aquel recibo del hotel en el que había celebrado mi graduación años atrás, y al hacerlo sonreí en un pacto simbólico con mi destino.

 

 

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