MUJER FATAL

CARMEN TEJADA · MADRID 

Aquella noche, señor juez, el salón estaba semidesierto. Me preparé un vermut con gaseosa. Tenemos prohibido beber. Tampoco podemos intimar con los clientes. Pero Arturo y yo teníamos un pacto. Si alguna mujer le interesaba, yo le preparaba uno de mis cócteles, le entregaba la copa y un recibo con la dirección de mi amigo. Si la deseaba yo, él le dedicaba «Sonata a la luz de la luna» de mi parte. Pero aquella era nuestra última noche. El gerente se había enterado de nuestro acuerdo y nos despidió sin contemplaciones. Ambos pensábamos que había sido el otro nos había delatado. Días antes, nos encaprichamos de la misma mujer y discutimos. Después de aquel vermut, vinieron cuatro más. La sangre se me calentó y la emprendí a golpes con Arturo. Destrozamos la sala y apaciguamos nuestro resentimiento. ¡Cómo íbamos a saber que nos habíamos encaprichado de la mujer del gerente!

 

 

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