Alboroto

Gabriel Francisco Barrios Fedriani · Sevilla 

El perro de Iván Sokolof era grande y fuerte. El gato de Liovna Sakarina era rápido y ágil. Los cuatro se encontraron delante del hotel Moskovasha, y no fueron capaces de pasar sin mirarse, ladrarse, arañarse, besarse, morderse, liar las correas, recoger los sombreros, volver a besarse, empujarse después, morderse bajo un banquillo, correr unos detrás de cada uno de los otros tres… Y parar el tráfico. Jadeantes, vieron un camión cargado de gaseosa chocar por esquivarlos y crear una atmósfera blanca de humo y burbujas donde gato, perro, hombre y mujer desaparecieron en un mínimo pacto de silencio. En medio del alboroto, hombre y mujer perpetraron un orgasmo frenético, colofón del caos, con las ropas, las correas, las personas y los animales en su sitio. -No es de recibo que nos veamos así, querida, -dijo Iván. -Muera la rutina, querido, -respondió Liovna. Y se fueron juntos a casa.

 

 

 

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