XIV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilLAW VENTURA 2, ABOGADO DE MASCOTAS

Francisco Javier García Ballesteros 

Había leído en el anuncio mi especialidad y no dudó en presentarse en mi despacho, trajeado y perfumado. Presa de la congoja, extendió una cédula judicial sobre mi escritorio. Aquel papel declinaba el sobreseimiento de la causa y el proceso penal continuaba su andadura. Hoy, siete de julio, era el aniversario del fallecimiento de Patxi, un idolatrado corredor local. La cornada atravesó el panel de protección tras el que se refugiaba y le alcanzó de lleno en el bajo vientre. La familia del zagal también reclamaba contra el Ayuntamiento. Mi cliente insistía en que el fallecido era consciente de los riesgos y que fue una cogida fortuita. Por supuesto, acepté el caso. Cuando salió por la puerta del bufete, se agachó para no rozar con los cuernos. Veinte años defendiendo animales son insuficientes para comprender cómo se puede acusar a un animal tan noble como un toro.

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilLAW VENTURA 2, ABOGADO DE MASCOTAS

Francisco Javier García Ballesteros 

Había leído en el anuncio mi especialidad y no dudó en presentarse en mi despacho, trajeado y perfumado. Presa de la congoja, extendió una cédula judicial sobre mi escritorio. Aquel papel declinaba el sobreseimiento de la causa y el proceso penal continuaba su andadura. Hoy, siete de julio, era el aniversario del fallecimiento de Patxi, un idolatrado corredor local. La cornada atravesó el panel de protección tras el que se refugiaba y le alcanzó de lleno en el bajo vientre. La familia del zagal también reclamaba contra el Ayuntamiento. Mi cliente insistía en que el fallecido era consciente de los riesgos y que fue una cogida fortuita. Por supuesto, acepté el caso. Cuando salió por la puerta del bufete, se agachó para no rozar con los cuernos. Veinte años defendiendo animales son insuficientes para comprender cómo se puede acusar a un animal tan noble como un toro.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilStonewall

    José Ignacio Rodríguez García 

    28 de junio, aniversario de Stonewall. Un panel recuerda que hace cincuenta años el colectivo se manifestó aquí contra los abusos policiales. Surgió de manera espontánea, como surgen estas cosas cuando el peso de la injusticia comienza a ser doloroso. Bajo la premisa de que éramos desviados, enfermos, delincuentes, no pocas palizas nos dieron. Pero hace más de cinco décadas vaciamos todo el aire de nuestros pulmones gritando: ¡BASTA! Tuvimos que combatir el desprecio, el estigma, las burlas de un mundo que nos llegó a acusar de todos sus pecados; pero ahora, por fin, somos ciudadanos de pleno derecho. No puedes impedirme la entrada a un local por mi condición sexual, tampoco puedes dejar sin escolarizar a mis hijos. Poseemos un marco legal y es habitual el sobreseimiento de causas que intentan mermar nuestros derechos. Hemos ganado, ¿ves nuestra bandera?
    No son simples colores, no. Los arcoíris conforman círculos completos.

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  • Imagen de perfilLa guerra de los García

    Ramón Ferreres Castell · Barcelona 

    Menuda pareja. Obcecados ambos en vivir bajo el mismo techo tras separarse ―una hipoteca une mucho―, protagonizaban escenas propias de la gran pantalla. No cabía duda de que tenían mucho en común, no solo la facilidad para acusar al otro, sino la gran imaginación para hacerse la vida imposible: él arrancando el panel solar sobre su parte de la casa; ella haciendo lo propio con la instalación de agua.

    Visto que ninguno aportaba pruebas y el caso iba camino de un sobreseimiento, no me quedó otra que llevarlos a mi despacho bajo amenaza de desacato y obligarlos a ver una de mis películas favoritas. Cómo disfruté de la escena final, con Michael Douglas y Kathleen Turner moribundos dándose la mano. Ellos, en cambio, salieron cabizbajos y avergonzados.

    Cada año me envían una tarjeta de agradecimiento por su aniversario: «Eres un juez de cine».

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  • Imagen de perfilEl pastel

    Marta Gerique · Valencia 

    Séptimo aniversario de bodas. La investigación comienza a las 19:30 h. En la cocina. Víctimas: una tarta de chocolate y el romanticismo de la velada. Crimen: falta de autocontrol y desobediencia directa a la orden de un superior. En el panel de sospechosos, un perro y un niño. Ambos miran al suelo, bajo la luz de un tubo fluorescente. Ninguno se confiesa culpable, a pesar de sólidos indicios de su participación. El responsable se ha comido media tarta. El perro tiene chocolate hasta en las cejas, pero se descarta que haya actuado en solitario por ausencia de pulgares para usar taburete, abrir la nevera y utilizar el arma homicida (un cuchillo de juguete todavía ensartado en la mitad de pastel que ha sobrevivido). ¿Coautores? ¿Cómplices? Se aprecia en ambos investigados atenuante de zalamería y eximente de dolor de tripa. Es legalmente imposible acusar a ninguno. Sobreseimiento libre.

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  • Imagen de perfilLa vieja sirena

    María Gil Sierra 

    “Siéntete como una sirena”, leí en el panel publicitario que acaban de instalar frente a mi nueva residencia. Bajo las letras, la imagen de una joven arrebatadora jugando con las olas. Sonreí, aparté mis ojos de la ventana y los cerré para soplar las velas de mi supuesto ochenta aniversario. Es lo que aparento. Aunque sigo manteniendo la misma voz fresca y musical, imprescindible para mi subsistencia.

    Mientras repartía la tarta, escuché a dos cuidadoras hablando sobre el último naufragio. Conocían a varios de los desaparecidos. Ellas insistían en acusar al capitán, a pesar de que la juez ha decretado el sobreseimiento del caso. Me alegro por él. Es inocente. También me duele la muerte de los tripulantes, pero la vida es así. O ellos o yo. Hoy he cumplido trescientos años. Estoy agotada. Desearía dejar de cantar. Y no puedo. Si lo hiciera, se extinguiría mi especie.

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  • Imagen de perfilUNA HISTORIA DE AMOR

    Rosalía Guerrero Jordán 

    Nos conocimos en la Facultad de Derecho un septiembre cualquiera del siglo pasado. Tú eras la joven profesora que iniciaba su carrera docente; yo, el alumno aventajado que, sentado en la primera fila, imaginaba que hablabas de leyes solo para mí.
    Bajo tu dirección realicé mi tesis doctoral, que defendí ante aquel panel de dinosaurios. Después, salimos a celebrarlo. Tú y yo, hasta que el amanecer nos sorprendió en la playa besándonos.
    Nos hicimos la promesa de acudir a menudo a besarnos al mismo lugar. En los últimos tiempos, sin embargo, hemos dejado de hacerlo.
    Y hoy, tras más de treinta años y dos hijas en común, me dices que no cabe recurso alguno contra la sentencia que esgrimes ante mí. Dictas el sobreseimiento de nuestra relación el día de nuestro aniversario, pero sabes que solo me puedes acusar de haberte querido demasiado.

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  • Imagen de perfilBosque

    David Villar Cembellín 

    Según Suzanne Simard, los árboles se comunican entre ellos a través de una vasta red subterránea. Valiéndose de micorrizas, el bosque teje un complejo sistema neuronal donde todos colaboran. Si algún árbol necesita agua o nutrientes, otros los comparten. Ante cualquier agresión contaminante, el verdor dirige ahí sus recursos. Funciona así el bosque como una suerte de comuna bajo cuyo arbitrio todos aportan: los abedules reciben carbono de los abetos, los pinsapos beben de los canales trazados por los alisos. Pero la floresta a veces necesita ayuda en forma de abogados ambientales. Hoy es el décimo aniversario de este bosque donde conseguimos recuperar flora autóctona en detrimento de eucaliptos. Los madereros protestaron, pero logramos el sobreseimiento de su demanda.
    Ahora el viento arrastra pétalos y los troncos alabean sus copas. Lleno de nenúfares, el río parece acusar el cambio. Un panel detalla las diferentes especies replantadas. «Gracias», susurra el bosque.

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  • Imagen de perfilQUIEN ROBA A UN LADRÓN…

    LOLA SANABRIA GARCÍA 

    Margarita está sentada bajo el panel luminoso donde van saliendo los vuelos; lo mira con atención mientras protege con sus manos el tesoro de su bolso. Llegará a su país para el aniversario de su marcha, huyendo de la pobreza. Vuelve con las manos rebosando amor, sí, pero también comida, juguetes, y golosinas para sus hijos. Atrás deja la denuncia de su empleador. ¿Espió al señor cuando abría la caja fuerte, para obtener la clave? ¿Dónde estaba el dinero? Acusar sin aportar pruebas, más cuando se trata de dinero negro, circunstancia de la que no había sido informado, lo único que podía traerle era problemas, le dijo su amigo el juez en su despacho antes de hacer público el sobreseimiento de la causa.
    Margarita suspira hondo y libera la rabia acumulada por tantas humillaciones y trabajo mal pagado cuando se levanta y camina hacia la puerta de embarque.

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  • Imagen de perfilEfemérides

    Miguel Ángel Arana Martínez 

    "Hoy se cumplen 50 años de la fundación de nuestro despacho. ¿Te acuerdas? No teníamos más que una máquina de escribir y cuatro paredes. Pero muchas ganas de trabajar. Qué tiempos aquellos... ¿Cómo? Sí, ya sé que también lo pasamos mal: trabajar bajo la presión de los plazos y todo eso. Sin embargo, nada comparable al subidón de adrenalina que te daba acusar en sala y señalar al culpable con el dedo. Era tu especialidad. O en el lado contrario, conseguir el sobreseimiento cuando el cliente era inocente..."
    El encargado se acercó y le dijo en tono amable, señalando el panel con los horarios:
    "Lo siento, es la hora de cerrar."
    El hombre mayor parpadeó y asintió. Cuando el otro se hubo alejado una distancia prudencial, añadió en voz queda:
    "En fin. Feliz aniversario, cariño."
    Se subió el cuello de la gabardina y salió despacio del cementerio.

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  • Imagen de perfilECLIPSE DE SOL

    Ruth González Poncela 

    Nada bajo el sol sucede por casualidad. Lo sé bien porque soy gafe de nacimiento.

    Todavía recuerdo el día que mi cuñado, el abogado, se empeñó en llevarme el tema de los gastos hipotecarios. Era su cuarto aniversario como jurista y todavía no había ganado un solo caso. ¡La madre que le parió! Esta vez estaba tan seguro del triunfo, que me dejé convencer. Ya me veía en isla Waikiki tomando el sol cuando el banco me reembolsase el dineral correspondiente.

    Meses después, el juzgado emitió veredicto contra mí, condenándome al pago de costas. ¿Pero quién es el cenizo? ¿Mi cuñado o yo? Hubiera sido menos humillante el sobreseimiento.

    Pensé acusar al leguleyo ante el Colegio de Abogados pero preferí venganza más sutil. Le seguí de incógnito a su lugar de vacaciones. Cada día me disfrazaba de panel chivato y me plantaba delante de su toalla para eclipsarle el sol.

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  • Imagen de perfilTrabajo hasta la eternidad.

    Javier López Vaquero 

    Cerré los ojos y cuando el juez anunció el sobreseimiento del caso por falta de pruebas, suspiré.
    Bajo un cielo plomizo caminé apoyado en el bastón, despacio, recordando mi trayectoria. Hoy era el aniversario de mi primer juicio y casualmente, cumplía años. Entré en la peluquería "Rizos" y me recibió el vetusto panel salpicado de fotos. Juan con sus artríticos dedos recortó el pelo que le era tan familiar mientras se quejaba amargamente y buscaba alguien a quien acusar de su situación. Luego compré un cupón a doña Reme que con su andador se paraba como cada mañana en la misma esquina. "Mucha suerte... O salud"
    Mientras hacía germinar una nueva esperanza, llegué a casa. ¡Sorpresa! gritó mi numerosa familia. Tanto agasajo aceleró mi corazón y al soplar las setenta y ocho velas pude pedir muchos deseos, pero pedí que los dos años que quedaban para jubilarme, pasaran rápido.

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  • Imagen de perfil¿ Causa perdida?

    Sabrina Berdejo 

    Me abandonaste. Te acogí en mi casa hace un año, lo llenaste todo. Al principio la convivencia fue problemática. Estabas acostumbrado a hacer lo que te viniese en gana. Aun así, logré conseguirte el sobreseimiento del juez por tu altercado con los perros de la vecina. Esa misma noche te largaste en silencio. Negaba la evidencia y solo podía acusar a la luna llena como tu cómplice. Me arrepentí de haber aceptado tu caso. Mis colegas de bufete me aconsejaron que abandonara tu causa.Pasaba las noches inquieta en el balcón, esperándote. Cabreada fui a nuestro panel de fotos y las rompí llorando de rabia. Solo guardé una, la primera que te hice en el sofá bajo tu mantita preferida.La mañana del primer aniversario de mi divorcio volviste muy magullado. Despacito, con la cabeza gacha a modo de perdón te frotaste en mi pierna ronroneando. Miauuu dijiste. Jamás volviste a huir.

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  • Imagen de perfilCoartada

    María María 

    Desde aquel viejo cuchitril al que Martínez se empeñaba en llamar despacho, a tan altas horas, podían oírse las molestas campanadas del reloj de la vecina, el griterío de unos borrachuzos deambulantes y la música de un bajo de obra vista donde se celebraba un aniversario.
    Incesante y ajeno al exterior, no desistía en hallar una pista entre los cientos de fotos y anotaciones que ilustraban el panel de corcho. No aceptaba el sobreseimiento. Para nada cuestión de orgullo, de eso ya no le quedaba. Era intuición. Olfato de buen sabueso. Necesitaba algo para reabrir el caso y poder acusar con pruebas fehacientes.
    Y ahí estaba. Justo ahí. En la esquina de una imagen de la fiesta donde tuvo lugar el crimen la noche de autos. Esos pies, esos zapatos de punta plateada con iniciales grabadas, eran del exculpado.
    - Estuviste allí cabrón. Lo sabía. A la mierda tu coartada.

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  • Imagen de perfilTurno de mucho oficio

    Gabriel Pérez Martínez 

    Siglo XXI. Acababan de acusar a Noé de la extinción de los dinosaurios por no incluirlos en el arca y me asignaban su defensa. Pensé que era una broma, pero al salir del despacho vi paneles anunciando el juicio. Coincidía con mi aniversario de boda y tenía programado un viajecito. Alegué eso para librarme y me respondieron que nadie sabía del Génesis como yo. Les dije que era agnóstico y muy fan, eso sí, del grupo que integró Peter Gabriel, que tocaba hasta el bajo. No sirvió de nada…
    El día de la primera vista, argüí que los dinosaurios desaparecieron mucho antes del Diluvio, por un meteoro. Pensé que el juez anunciaría el sobreseimiento del caso, pero declaró culpable a Noé. Encima, como este estaba muerto, afirmó que sus sucesores, o sea todos, asumiríamos la pena. Para una vez que los humanos no habíamos causado la extinción de un animal…

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  • Imagen de perfilJusticia Divina

    Yoel Ernesto Rodríguez Jiménez · Ankara, Turquía 

    Asqueado ante la idea de que su último recurso fuera cruzar al país de sus víctimas ilegalmente –como ellas lo hacían al suyo–, “El Asesino de Inmigrantes” me prometió que si su abogado lo libraba de esta condena, se convertiría de inmediato a mi fe. A la orilla del camino y bajo la sombra de un panel que anunciaba el XIV aniversario de un concurso, se postró ante mí. Luego hizo los gestos necesarios para comunicarse exclusivamente conmigo y no con deidades equivocadas. Finalmente, cuando me dedicó la oración correcta, su celular vibró.

    –Conseguí el sobreseimiento, no te pueden acusar.

    “El Asesino de Inmigrantes” salió a la carretera dando brincos de alegría y se arrodilló a alabarme con ojos apretados en repentina devoción. Estaba tan absorto agradeciéndome, que no logró esquivar las ruedas de aquel vehículo apresurado, repleto de personas que venían rezando desde que dejaron su tierra natal.

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  • Imagen de perfilLa escalera

    Tomás Martínez Morales 

    Ni durante mi maldito aniversario recibo buenas noticias. El sobreseimiento de la causa me pilló por sorpresa. El demandante, -mi cliente- falleció repentinamente dejando sin materia el proceso que prácticamente tenía ganado. Resulta que al muy idiota no se le ocurre otra cosa que subirse a una escalera de dos metros, sin ayuda, para colgar un letrero en el panel que hay en la recepción de su empresa, con tan mala fortuna que resbaló partiendose la crisma contra el duro suelo de marmol. Imagino que por el hecho de ser un tipo tan bajo, la caída debió parecerle eterna. Lo que está claro, es que ya no podrá acusar formalmente a su socio de haber robado durante meses, grandes sumas de dinero de la caja. Pensandolo bien, ni creo que haya sido un accidente. Seguro que mi amigo McKlanihan, -el viejo detective con el que suelo trabajar- opinaría lo mismo.

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  • Imagen de perfilToma nota

    Laura Sotelo 

    He decidido decretar el sobreseimiento de la incómoda conversación, que probablemente nunca llegaremos a tener.
    Cuando leas esto, comprobarás que ha desaparecido el paquete que tan celosamente guardabas bajo el panel de tu escritorio. Si fue un regalo de aniversario, deberías escoger mejor a tus amigos. Si lo has comprado tú, estás malgastando el dinero y la salud. Y si pensabas venderlo, te recuerdo que cometerías un delito y podrías acabar en prisión. No te puedo acusar sin pruebas, pero apelo a tu buen criterio para que no reincidas. Y cuando se te pase el cabreo, espero que me perdones por alargar tu esperanza de vida, privarte de unas relajantes vacaciones "a la sombra", y sermonearte como si todavía fueras un niño. Porque, aunque me salga la vena de abogada, por encima de todo, soy tu madre.

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  • Imagen de perfil¡Karaoke!

    Carolina Navarro Diestre 

    El karaoke frente a los juzgados se deleitaba con la voz del juez Velarde. Incapaces de acusar el golpe, no pocos juristas advertían cierta vibración eléctrica en sus empastes. El fiscal general se besaba los dedos intentando ignorar el glaciar helado que descendía por su espalda. ¡Qué voz la del juez Velarde! ¡Que prodigio! ¡Aquello era un gato en celo arañando una pizarra con un tenedor oxidado! Matices ultrasonidos alcanzaba con su tono bajo, los perros callejeros de la ciudad ladrando de disconformidad. Sobre el escenario, el juez Velarde terminaba de destrozar “Aniversario de boda”, de Luis Lucena. Aquello había sido un suplico, una tortura, el exorcismo de un gremlin. “¡Otra, otra!”, vociferó de forma entusiasta un abogado que aguardaba un sobreseimiento. El muy pelota. El panel anunció “Como una ola” y el juez Velarde sonrió. Algunos se santiguaron.
    La justicia era ciega, ¡ay!, lástima también que no fuese sorda.

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  • Imagen de perfilLegal Goonies

    Ivan Humanes Bespín 

    En nuestro despacho somos muy de los ochenta. Vamos en bici al trabajo, utilizamos walkies en el Juzgado y nos gusta llevar hombreras en los trajes. Cuando tenemos un gran caso desplegamos un enorme panel en el sótano, buscamos el sobreseimiento y que dejen de acusar a nuestro cliente. Para ello utilizamos bolis de colores, ponemos a los Talkin Heads y hacemos muchas flechas y anotamos artículos de la Ley de Enjuiciamiento Criminal sin parar. Bajo nuestra dirección letrada siempre encontrarán una defensa como la de Tom Cruise en 'La Tapadera'. Y este año es nuestro aniversario. Lo celebraremos viendo 'Algunos hombres buenos' y 'Philadelpia'. Son de los noventa sí, pero son buenas películas. Luego, los socios cogeremos las bicis y nos iremos al lago. A ver si aparece el monstruo. O si encontramos el tesoro pirata. Que nunca se sabe.

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  • Imagen de perfilUN DESCENSO METEÓRICO

    Alejandro Márquez Gutiérrez 

    Accionistas, fotógrafos, portadas de prensa… la presión era inmensa. Pero acusar y encerrar al capo de la mafia local debía ser sencillo, e iba a cumplir con todas sus expectativas cuando el juez del caso más mediático del año lo sobreseía, apeándome del panel de promesas de la todopoderosa empresa para la que ejercía; pero la moraleja es que no cabe actuar bajo arrebatos estériles, y que todo termina y nos deja. Y así ocurrió.

    Entre charlas distendidas, entablé con aquél juez una amistad sincera, urdida de abrazos de palpitación sanguinolenta, de querencia verdadera. En su aniversario, quise que contemplara las mejores vistas aéreas y cruzamos las laderas de serpiente hasta la cima de un saliente. Fue desolador presenciar cómo se despeñaba empujado por un viento iracundo hacia un foso polvoriento. Una caída improbable y estrafalaria, casi tanto como el sobreseimiento que meses antes había pronunciado. Debió tener más cuidado.

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  • Imagen de perfil«THAT’S LIFE»

    MANUEL MONEDERO GUTIERREZ 

    El panel anuncia ya mi número. Entro en la consulta y el oncólogo no demora la sentencia. Es maligno y en fase avanzada; con suerte, seis meses de vida. Un golpe bajo justo en mi aniversario de boda.

    Abandono el centro y deambulo noqueado camino de la Cuidad de la Justicia para asistir a un nuevo juicio.

    Ya en Sala, el Fiscal no escatima esfuerzos para acusar con vehemencia a mi cliente por delito de estafa inmobiliaria. Es mi turno. El Juez me pregunta, por segunda vez, si insisto en el sobreseimiento por falta de pruebas.

    Me incorporo, agarro el micrófono y canto “That’s Life” de Frank Sinatra. Mi privilegiada voz favorece que nadie detenga la locura.

    Arranco al acusado del banquillo. Bailo con él. Atónito, se deja llevar hasta ubicarle ante su víctima. Le impelo a arrodillarse. Concluyo mi actuación y abandono la Sala implorando al Juez la condena.

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  • Imagen de perfilCBD

    MANUEL MORENO BELLOSILLO 

    Mientras preparaba los fastos del 425 aniversario del ICAM, un compañero me derivó un asunto peculiar. Unos jóvenes habían sido denunciados por su comunidad de vecinos por instalar sin permiso unos paneles solares en la azotea de su edificio. No había ningún delito del que les pudieran acusar, al tratarse de una cuestión meramente civil, por lo que se dictó auto de sobreseimiento y la denuncia se archivó sin más. Pero cuando les pasé la minuta por mis servicios, me propusieron pagarme en especie. Indignado por su propuesta, me personé en su domicilio a reclamar el pago. Bajo la luz de potentes lámparas led crecían unas docenas de plantas de marihuana que cultivaban en su piso ¡¿Qué clase de abogado se pensaban que era?!!! Pero lo cierto es que se trataba de material de primera y hemos pactado una iguala por mi asesoramiento legal que estimo beneficia a ambas partes.

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  • Imagen de perfilMADRE CORAJE

    PAOLA GAZZO MARTÍN 

    Cuarta abogada designada, piensas –ardua tarea-. Le doy cita, y le explico que verá mi nombre en el panel junto a la entrada. Sin recursos y con desanimo, llega al despacho. Tiene arrugas marcadas, y una mirada afligida. Comienza a contar el calvario que hace años comenzó y que ha llevado a su hijo a prisión. Habla de términos tales como acusar, sobreseimiento… y doy por supuesto, que me supera en cuanto a conocimientos penitenciarios se refiere. De vez en cuando esboza una sonrisa relatando los avances de su hijo bajo rejas. Tras atenderla, me percato que mi designación emana de una madre sin descanso. Después de tres sentencias confirmando la primera, ella cree en su inocencia. Llama a diario. Hoy por mi treinta aniversario ejerciendo, como gesto de compasión, la escucho ocultándole la crudeza de los años que restan para el regreso de su primogénito a casa.

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  • Imagen de perfilEl Nuevo Socio

    Alberto Díaz del Castillo N. 

    –Hasta mañana socio –se despide Sofía–. ¡Duerme bien, tenemos que revisar el expediente a las 8!
    No recuerdo cuándo fue la última vez en que al ir a casa después del trabajo las calles aun estaban iluminadas por el sol, pero no me quejo; para lograr ser socio de este despacho hay que darlo todo, y nadie me puede acusar de perezoso. Haber conseguido el sobreseimiento de ese caso imposible finalmente mostró a Sofía de lo que soy capaz.
    El tráfico a esta hora es muy liviano y llego a casa en pocos minutos. Ya quiero ver la cara de mi esposa con la noticia. Una vez adentro encuentro lo de siempre; silencio y juguetes tirados bajo una mesa, pero esta vez hay algo más. En mi asiento un plato con la cena servida y sobre el panel un cartel de colores dice “Feliz Aniversario”.
    «¿Es que era hoy?»

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  • Imagen de perfilDETALLE SIN IMPORTANCIA

    Eva María Algar García 

    Apartamento 107. Se citaron como cada jueves a la misma hora y se besaron apasionadamente al entrar. La atracción de lo prohibido hacía tiempo que los enajenaba, pero la excitación que emanaba de sus poros hoy, fluía con más fuerza de lo habitual.
    Tras una hora retozando juntos sin mediar una palabra, preguntó él con voz sudorosa:
    -¿Compraste el billete?
    -Sí. Diré que marchó por negocios, contestó ella aún jadeante.
    -¿Apagaste su móvil?, inquirió él.
    -Después de autoenviarme un mensaje, respondió ella.
    -Feliz aniversario, cielito. Al conseguir el sobreseimiento de su causa, tu marido otorgó poderes al socio de mi bufete y transmitió valiosos bienes a nuestra empresa. Nadie nos podrá acusar de nada. El plan es perfecto, dijo él mientras la acariciaba bajo las sábanas.
    Pero la joven, señalando una polvorienta alfombra enrollada tras un panel de la estancia, apuntó: ahora solo falta deshacernos de su maldito cadáver…

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  • Imagen de perfilInutilidad

    José Luis Barros Justo 

    El juez había dictado sobreseimiento provisional, sin embargo, Octavio confiaba en que el auto cumpliría muchos aniversarios, y nadie podría acusarlo, mientras el dinero permaneciera escondido -a la vista de todos- bajo el panel publicitario de aquella carretera secundaria. El único inconveniente es que no podía gastarlo…

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  • Imagen de perfilADIVINA, ADIVINANZA

    Manuel de la Peña Garrido 

    - “Soy viejo y grueso ejemplar. Mi suave y curvo lomo tú podrás acariciar. Dormito junto al Digesto, el Asúa y el Castán; bajo un combado anaquel, pues, aunque digan que no, es notorio que el saber pesa y ocupa lugar”.

    - ¿Un ratón de biblioteca, jurídica?

    - Frío. Otra pista: “Serví para defender; mas también para acusar. Ordeno confinamientos y, a veces, sobreseimientos. Innumerables paneles de juristas de ultramar consiguieron con mi ayuda sus dudas dilucidar”.

    - ¿Un búho asesor?

    - Frío, frío… Más pistas: “Ya no cuento aniversarios, puesto que soy centenario. Siete vidas he vivido; siete amos he tenido: una abogada, dos jueces, dos severos magistrados, una estudiante tunante y un becario legatario. Pero hoy estoy desahuciado por el Google y las apps”.

    - ¿Un gato leguleyo?

    - No. Última pista. Está chupada: “Si yo lo digo contigo, lo codigo.”

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  • Imagen de perfilSALVANDO CABEZAS TURCAS

    Juan Manuel Chica Cruz 

    Bajo un sol de justicia en el patio del Instituto le defendió ante aquel panel de expertos formado por alumnos, profesores y bedeles. No pudo ser otro quien robara el reloj en el gimnasio, pero cuestionó pruebas; sembró de dudas las certezas y exigió la presencia del Director, la Junta de delegados, y hasta de la Inspección. Consiguió el sobreseimiento. Décadas después, coincidiendo con el aniversario de aquella primera portentosa intervención se ofreció, ya como abogado de prestigio, para ayudarle otra vez y él no sabía cómo agradecérselo. Acusar de homicidio y violación era algo muy grave, pero toda la clientela del pub testificó que le vieron tomar copas con la mujer toda la noche y después salir juntos a casa de ella.
    -Créeme no pude ser el último que la viera con vida. Soy inocente.
    -Lo sé- respondió observando la sonrisa que le devolvía la esfera de su Rolex.

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  • Imagen de perfilLA TAPADERA

    JUAN ANTONIO TRILLO LÓPEZ 

    Las autoridades españolas habían recibido el soplo de un posible tongo e incluso sabiendo la gran polvareda que levantaría su decisión, enviaron como representantes a un inexperto grupo de jóvenes que no obstante ya ocupaban destacados puestos como fiscales y juristas. Su misión, además de intentar pasar desapercibidos y procurar no hacer demasiado el ridículo, sería investigar al panel de jueces bajo sospecha y obtener pruebas para poder acusar a la organización de fraude y corrupción. A pesar de que recabaron contundentes indicios de delito, finalmente el Tribunal de la Unión Europea en un discutidísimo fallo, dictó el sobreseimiento de la causa aduciendo defectos formales. Pero ese farragoso laberinto burocrático ya estaba olvidado, más aún cuando toda España conmemoraba el primer aniversario de aquel épico triunfo contra todo pronóstico y el mundo entero rendía pleitesía a The Hispanic Picapleito’s, los sorprendentes ganadores de la última edición del Festival de Eurovisión.

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  • Imagen de perfilStipulatio

    Carlos Belmar Juaranz 

    Un abogado no debería prometer lo que no sabe si va a poner cumplir.

    -"¿Pagará por lo que le hizo a mi hijo?"

    La carretera parece infinita y deja demasiado tiempo para pensar, para que me golpeen los recuerdos sin ningún orden.

    "El juez decreta el sobreseimiento y el archivo del caso Méndez."

    -"Coge la salida 374, enseguida a la derecha verás un camino de tierra síguelo hasta lo alto de la colina. Allí, bajo el panel publicitario encontrarás el pozo."

    -"Fue una caza de brujas, no se puede acusar sin pruebas. Declaró el acusado tras ser liberado."

    Una promesa es una promesa y se cumple aunque haya pasado el tiempo, incluso en el séptimo aniversario.

    -"Pagará por lo que le hizo a mi hijo?"

    -Se lo prometo, me cueste lo que me cueste."

    Los golpes en el maletero me sacan de mis pensamientos. Ya queda poco.

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  • Imagen de perfilAMISTADES PELIGROSAS

    JUAN ANTONIO CHAMORRO BARRIENTOS 

    Le conocí bajo un panel gigante con su imagen que anunciaba la inminente construcción de un barrio de viviendas para los desheredados. Ciertamente, no se le podía acusar de no saber venderse.
    Tras la muerte de mi hijo por sobredosis, mi bufete me había encargado que me pusiera a sus órdenes para asesorarle en sus negocios. Era absolutamente imprescindible crear un entramado legal que justificara esa indecente cantidad de dinero. Nos caímos bien y nos hicimos íntimos. Se refería a sí mismo como un “facilitador de felicidad terrenal”, al igual que en la tarjeta de Capone podía leerse “anticuario”. Solía llamarme una vez al mes para invitarme a su restaurante japonés favorito. Le volvía loco el sushi de pez globo.
    Curiosamente ayer, segundo aniversario de su muerte, me comunicaron el sobreseimiento de la causa por falta de pruebas. El restaurante puede abrir de nuevo y yo vuelvo a ser libre.

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  • Imagen de perfilNostalgia

    Anselmo Carrasco Merlo 

    Su señoría le observaba durante la declaración. La actitud altanera del imputado durante el interrogatorio incisivo del Ministerio fiscal le hacía rememorar tiempos pasados de pesadilla infantil. Ese año era precisamente el décimo aniversario de su judicatura y, ¡qué mejor manera de celebrarlo! Una vez finalizadas las declaraciones y elevadas las conclusiones a definitivas, el fiscal se limitó a acusar en su informe y la abogada defensora a solicitar la absolución bajo el amparo de escasez probatoria. Ya pidió el sobreseimiento en la fase de instrucción mas el procedimiento continuó, aunque las pruebas aportadas eran insuficientes para condenarle. Cuando salieron de la sala, el investigado se dirigió a su letrada y le comentó que fuera preparando el recurso de apelación porque habría sentencia condenatoria: reconoció en el juez a aquel niño apocado y bobo del colegio al que hizo atravesar con la cabeza el panel de la puerta de clase.

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  • Imagen de perfilFatalidad

    Ignacio Hormigo de la Puerta 

    Si de algo se puede acusar a mi cliente es de ser un romántico. Lo veo al otro lado del panel de cristal, tan poquita cosa, y siento una lástima inmensa. Añora a su esposa y sus sollozos me llegan a través del interfono. Esperábamos un sobreseimiento, homicidio imprudente en el peor de los casos, y le ha caído asesinato. Era su aniversario de bodas y decidió marcarse un detalle. Compró doce docenas de rosas rojas y las colocó estratégicamente por la casa para darle una sorpresa a su mujer cuando volviera. Antes de regresar al trabajo, dejó la ventana abierta, hacía calor y no quería que se mustiaran. No sabía del nido de avispas bajo la cornisa, ni de la alergia de su mujer, ni lo que era un shock anafiláctico. El hecho de que ella fuera millonaria y él su único heredero forma parte del cúmulo de fatalidades.

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  • Imagen de perfilEl último tren

    Miguel Ángel Moreno Cañizares 

    Se había presentado muy temprano, pero no le importó. En su vida se le había escapado uno. Según indicaba el panel, aún quedaba más de media hora para la llegada del último tren. Haría tiempo leyendo de nuevo la resolución del juez. Sacó el fajo de folios que dormían en el maletín y se dispuso a ello.
    El sobreseimiento por muerte del demandante le tenía desorientado, pero no se podía acusar a sí mismo. Estas cosas pasan, le instruyó el abogado, aunque sin excesivo convencimiento. Lo tendría que encajar como un golpe bajo recibido en un combate de boxeo.
    Miró de nuevo el panel. No había variado. Empezó a inquietarse. ¿El último tren? La promesa a su esposa de regresar para el aniversario peligraba. Volvió a leer. Un escalofrío recorrió su cuerpo al comprobar que su nombre coincidía con el demandante.

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  • Imagen de perfil¡Sorpresa!

    laura pilato rodríguez 

    El inesperado sobreseimiento del caso dejó libre a mi cliente, y a mí con tiempo suficiente para comprar un regalo de aniversario, y darle una sorpresa a mi mujer. Me suele acusar de no tener detalles románticos, y de que soy un adicto al trabajo. Así que esta vez no tendrá nada que reprocharme.
    Aparco el coche a unos metros de la casa, cojo el regalo, y al acercarme... ahí está; bajo el panel del porche, comiéndole los morros a su entrenador personal. No me lo puedo creer. Yo todo el día corriendo del despacho a los juzgados, intentando ser un marido ejemplar, y me engaña con ese Rambo de pacotilla. Pues ella se lo pierde. Me voy a redactar la demanda de divorcio, pero antes pasaré por la tienda a devolver la aspiradora.

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  • Imagen de perfilConsecuencias

    Ana María Abad García 

    El día de nuestro aniversario, al filo del amanecer, se cayó el panel solar del tejado y derribó la palmera bajo la que nos habíamos casado veinticinco años antes. El estrépito fue tal que nos despertó. Yo contemplaba atónita y compungida los destrozos cuando mi marido, rojo de furia contenida, empezó a increparme y a acusar de negligencia letal mi tardanza en cambiar aquel cable que llevaba semanas flojo. Yo respondí que igual se podía haber ocupado él, y en diez minutos de intercambio de gritos airados convertimos la plata de aquellas bodas en peltre oxidado y sin valor. A la mañana siguiente, mi abogado me comunicó por teléfono la demanda millonaria de mi marido por daños y perjuicios y, aunque sus buenos oficios consiguieron el sobreseimiento del absurdo caso, ya nada pudo recomponer los añicos de mi destrozado matrimonio.

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  • Imagen de perfilJUSTICIA CIEGA

    RAFAEL OLIVARES SEGUÍ 

    Al cumplirse el primer aniversario de su relación amorosa, el juez Ripalda quiso obsequiar a su novia Lorena con el sobreseimiento de la causa en la que ella defendía a Johnny, un sujeto más bien bajo pero fornido y malencarado, al que el fiscal había llegado a acusar de proxeneta y contra el que se acumulaban numerosas pruebas y testimonios. A tal efecto, en la misma mañana de la fecha señalada, Ripalda puso con grandes letras su decisión en el panel de anuncios de la entrada del Juzgado. El mismo ante el que, instantes después, Lorena y Johnny se hacían un selfie en actitud amorosa.

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  • Imagen de perfilGÉNESIS JUDICIAL

    Margarita del Brezo 

    El panel de expertos discute acaloradamente. Hablan muy bajo. Mi mujer dice que es por temor a que podamos enterarnos de lo que dicen. Yo creo que es cuestión de educación, pero es nuestro aniversario y no quiero discutir con ella. Hoy no. Después de lo que parece una eternidad, quizá dos, dan por finalizada la sesión y, solemnes, se ponen en pie. Toma la palabra el elefante, su excelente memoria le precede: “Tras analizar en detalle las pruebas presentadas, —levanta la trompa para enfatizar sus palabras—, los aquí reunidos no encontramos base alguna para acusar a la detenida de los cargos imputados. Decidimos, pues, el sobreseimiento del caso”. La serpiente se marcha aliviada agitando alegremente el cascabel. ¡Pero fue ella!, grita mi mujer. Todos los animales se dispersan sin siquiera mirarnos. Vamos, le digo mientras le tiendo una manzana para animarla, inventaremos el fuego y lo arrasaremos todo.

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  • Imagen de perfilESE DURO CORAZÓN

    Juan de la Fuente Gutiérrez 

    Todavía me regodeaba, fajo de billetes en mano, ojeando el expediente, minutos después de que el cliente hubiera abandonado el despacho. Un nuevo éxito profesional, otro sobreseimiento firme. Ya nadie le podría acusar de todas las muertes bajo ese enorme panel de construcción defectuoso. Había ocurrido en Vigo, de donde yo justamente había huido años atrás, abandonando a esposa e hijo, de quienes nunca más quise saber nada. Ahora, penalista en Bilbao, tenía una nueva vida y mantenía secreta la pasada, aparentemente olvidada. Sin embargo, no sé por qué, en ese preciso instante recordé que ese día habría sido mi décimo aniversario de boda y durante una milésima de segundo me interesé por ellos. Enseguida se disipó ese pensamiento al mismo tiempo que cerraba la carpeta a la altura de la larga relación de víctimas mortales, nunca de mi interés, pero donde habría encontrado todas las respuestas.

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  • Imagen de perfilDeformación profesional

    JESÚS BERMEJO LECUONA 

    Esperaba con ilusión contenida nuestro aniversario. Habíamos quedado en ese restaurante que tanto me gusta y tan buenos recuerdos nos traía. Llegué puntual, y esperé a mi cita bajo el cenador de cristal esmerilado.
    Pasaba el tiempo y no daba señales de vida. En lugar de preocuparme por él, mi mente comenzó a escuchar fundamentos con los que acusar su indigno comportamiento en semejante fecha. Al cabo de un rato recibí una llamada del centro penitenciario más cercano comunicándome su reciente ingreso en el mismo. El infeliz de mi marido, cleptómano, se había saltado las medidas cautelares dictadas tras su penúltimo incidente. Al parecer había desmontado el panel de un comercio para acceder a unas baratijas.
    Ante tales circunstancias no me quedó más remedio que dictar el sobreseimiento del almuerzo. Es lo que tiene ser magistrada del Orden penal, que al final te traes parte del trabajo a casa.

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  • Imagen de perfilEL ÚLTIMO TREN

    Nicolás Montiel Puerta 

    Sentado en un banco del andén, ajeno al paso de los trenes que llegan y salen dando cumplimiento aproximado a los horarios que señala el panel del vestíbulo, bajo un reloj perpetuamente atascado en las seis y diez. Claudio, con su chaquetón azul marino y su gorra mal ajustada, no repara en los pies apresurados de los viajeros, concentrado como está en exprimir el auto de sobreseimiento libre, amarillento como sus dedos de fumador empedernido y rebelde. El abogado le dijo que podrían acusar a aquellos malnacidos, que los meterían en la cárcel, que se pudrirían en ella, que el juicio sería sonado… No. Ni juicio, ni cárcel, ni esperanza.
    Empieza a llover. Otra vez la tormenta. Su tormenta.
    Hoy se cumple el quinto aniversario y su Lucía no se bajará del último tren. Claudio la esperará de todos modos.

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