Miguel Ángel Moreno Cañizares

Microrrelatos publicados

  • De balcón a balcón

    Desde que se decretó el confinamiento en casa por el dichoso coronavirus, he empezado a conversar con vecinos antes anónimos. Con el de al lado, abogado por más señas, charlo de balcón a balcón, ambos con la mascarilla puesta para evitar la propagación. Solemos tratar temas recurrentes. El otro día, sin ir más lejos, debatimos sobre el plazo para el descubrimiento de una vacuna. Las posturas eran tan enfrentadas que hacían imposible el acuerdo. Parecíamos el fiscal y el defensor en la sala de tribunales. La cuestión es que el hombre dedica las tardes a tocar el piano y ensaya temas de bandas sonoras como Titanic o Leyendas de Pasión. Le pone empeño, pero me da la impresión de que lleva poco tiempo dedicado a la música. Yo evito comentarlo, pero hoy, a bote pronto, desde el balcón me ha pedido un juicio rápido.

    | Abril 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 13

  • Retrógrados

    Con sumo gusto acepté la invitación a participar ese 8 de marzo en la charla convocada por la Asociación de Vecinos para impulsar la lucha contra la desigualdad en cualquiera de sus formas. Preparé un guion positivo para destacar que los avances logrados en derechos civiles durante los últimos años debían afianzarse, para nunca retroceder.
    Era una oportunidad idónea de concienciar a los vecinos de mi barrio, mujeres y hombres, pues discriminar al colectivo de mujeres es una amenaza constante en nuestro entorno tanto personal como profesional. La brecha salarial supone un claro ejemplo de ello.
    Cuando aquel señor de ceño fruncido y grandes aspavientos gritó que me fuera a fregar, recordé otra frase de mi padre, ese retrógrado que menospreció mi carrera de Derecho, que le restregaba a menudo a mamá: “Yo traigo el sueldo a casa”.
    Al energúmeno le contesté con voz calmada: “Nos vemos en los tribunales”.

    | Marzo 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Pirómano

    Sin lugar a dudas, algún sol de justicia había derretido los sesos del individuo en cuestión. Eso, o una maldad congénita. Era un pirómano, un residuo humano que se merecía una larga condena a la sombra, valga la paradoja. Un maltratador de la naturaleza al que la falta de pruebas fehacientes había librado de la cárcel. La última hazaña que se le atribuía arrasó decenas de hectáreas de un alto valor ecológico en la isla.
    Detenido de nuevo, su abogado de oficio se planteó si de verdad era sostenible mantener la petición de inocencia para un tipo que había tomado por costumbre atentar contra el clima no en una, sino en múltiples ocasiones a lo largo de su vida. “Me ahogo, no puedo respirar”, fueron sus últimas palabras antes de que el destino le reservara una sentencia ejemplar.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • Un ciudadano cualquiera

    Llevo más de cuarenta minutos visitando despachos. Cuando la secretaria del abogado me comunicó que debía personarme en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo, no imaginaba que me enfrentaría a semejante odisea. “Aquí no es, vaya a la planta de abajo”. “Se ha equivocado, debe ser en la quinta”. Y así sucesivamente. Está a prueba mi paciencia. Uno tiene sus derechos y no debe verse sometido a estos agravios. Lo dice bien claro la Constitución.
    Sudo a chorros de tanto subir y bajar escaleras. Por cierto, se me ha olvidado a lo que venía. A ver que revise el papel: Diligencia de ordenación para la comparecencia apud-acta. Cómo viene del latín, la ciudadanía no está enterada de esto, supongo.
    Por fin doy con el lugar. Planta 4. Una señora entrada en años de exquisita amabilidad me extiende el escrito. Salgo a la calle. “Feliz aniversario”, reza el cartel de enfrente. Hecho.

    | Octubre 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Última palabra

    Estábamos en la sobremesa, tras la comida de Navidad, cuando sufrí un tremendo golpe en la cabeza que me hizo caer redondo. No sé cómo se produjo, ni si fue a propósito, pero quedé paralizado durante varios minutos. Nadie vio nada, aunque había claros indicios de agresión. Definir la situación que sobrevino después mezcla surrealismo y parodia. Mi sobrino Carlos, en primero de Derecho, se prestó a defender al principal sospechoso, fuera quien fuera. El salón se convirtió así en un circo mediático donde todo el mundo acusaba al otro. Mi padre señalaba a mi suegro, su enemigo íntimo; mi suegra a mi hijo mayor, por no hacerle caso. Mi mujer, a su hermana, celosa de nuestro amor. Tuvo que ser mi cuñado, cómo no, quien dijera la última palabra. Envuelto en la toga de juez, con tono circunspecto resolvió, ante los presentes, declarar culpable al mayordomo.

    | Enero 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 16

  • Ensoñación

    Rebuscar en la memoria, darle vueltas hasta encontrar al abogado perfecto. ¿Te lo imaginas? Así de dispuesto, traje impecable, la toga recién planchada, el portafolios nuevo en la mano izquierda. Saludos cordiales. No tan rápido, más pausa. Adoptar una pose serenísima, pronunciar un discurso convincente, escapar del eclipse de luna en lo posible. Tal vez el viento sacuda las ventanas y penetre el olor a jazmines del jardín inferior. No lo dudes, la panorámica es atractiva, no te va a defraudar. Coges papel y lápiz para plasmarlo en un gráfico. Sube al estrado y te dejas llevar. Comienza el juicio.

    | Julio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • De película

    Convencido de que el acusado no era trigo limpio, sino un sujeto indeseable, el fiscal se afanó en ligar las pruebas que tumbaran la defensa. Durante semanas movilizó a medio departamento para recopilar documentos, bucear en los archivos policiales, investigar en las hemerotecas... Un plan genérico que contó con el asentimiento tácito del presidente del tribunal. Las vinculaciones mafiosas aparecieron como setas. Alertado de ello, en última instancia el abogado defensor presentó una propuesta de acuerdo que permitiera a su cliente rebajar la condena. A cambio de colaborar, pretendía la renuncia a la petición de 25 años. Reunidos la noche antes del inicio del juicio, las dos partes sellaron el pacto. El fiscal, que veía al padrino por fin entre rejas, lo celebró con un brandy. “Corten”, gritó el director. “Mañana rodaremos la escena de la redada, por favor sean puntuales”, concluyó.

    | Mayo 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Plática

    El abogado recibió al aspirante en su despacho instalado en el domicilio propio. Tras los saludos protocolarios, inició la instrucción acerca de las características del derecho procesal. Aquello prometía ir para largo y al joven el discurso le sonaba a disco de vinilo un poco rayado. Así y todo, omitió pronunciarse en voz alta. Al contrario, adquirió el rostro de alumno atento que le habían enseñado tiempo atrás en la escuela de interpretación. Cuando el ‘maestro’ abordó el tema de la independencia judicial, la sensación de hastío le invadió sin remedio y tuvo que disimular los bostezos. Preso de la modorra, le interrumpió con el viejo recurso del halago sobre sus conocimientos. Necesitaba unos segundos de respiro. El jurisconsulto, ajeno a la zarandaja, prosiguió la plática vuelto de espaldas. Entonces, sigilosamente, abandonó el bufete no sin antes admirarse de la pasión de aquel hombre de 97 años que aún ejercía.

    | Marzo 2016
     Participante

  • No siempre ganan ellos

    ¿Seguridad? Infinita. Mi abogado, nombrado en turno de oficio, me decía que confiara en la justicia, que tenía la impresión de que podíamos ganar. ¿Plan? Presentar demanda contra esa poderosa compañía en el Juzgado de Primera Instancia, que nos dio la razón, aunque la Audiencia Provincial estimó la alegación de la otra parte ¿Nuevo? Sí, tuvimos que acudir al Tribunal Supremo, algo inédito para mi letrado. Pero queríamos llegar hasta el final. ¿Vencimiento? Ninguno. Fuera plazos. Nos dimos todo el tiempo necesario y el litigio se ha prolongado durante tres largos años. ¿Cero? Sí, el caso me ha costado cero euros y mi abogado ha percibido 416 euros. Ahora creo en el derecho a la asistencia jurídica gratuita. Más que la indemnización, me sabe a gloria la reparación moral del daño. Porque yo nunca fui un moroso.

    | Enero 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4