Julio 2016 | Concursos de Microrrelatos | Microrrelatos Abogados

VIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilROBINSON, ABOGADO

Manuel de la Peña Garrido 

Seré muy gráfico: cambié el infierno por el paraíso. Estaba enterrado en vida bajo legajos, al borde del infarto con los vencimientos. Soportaba a jueces arbitrarios y clientes impertinentes. La desesperación me llevó a adoptar una decisión radical. Colgué la toga sin decir adiós. Borré de mi memoria normas y códigos, incluidos todos los "pin". Me refugié en esta recóndita isla, plagada de exuberantes plantas y exóticas aves. Ayer, desde mi atalaya, a la tenue luz del eclipse, la panorámica era espectacular. Una barquichuela arriba a la playa. Su único tripulante desciende decidido. Camina hacia mí. Se acabó mi soledad voluntaria. Me resignaré. Tendré que llamarle “Viernes”, compartir con él mis tesoros. Ya cercano, me resulta familiar. “Abogado, vaya sitio has elegido para montar tu nuevo despacho. Casi perezco buscándote. Debes presentarme dos querellas y cuatro demandas cuando regresemos a la civilización”, espeta mi cliente más contumaz.  

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilROBINSON, ABOGADO

Manuel de la Peña Garrido 

Seré muy gráfico: cambié el infierno por el paraíso. Estaba enterrado en vida bajo legajos, al borde del infarto con los vencimientos. Soportaba a jueces arbitrarios y clientes impertinentes. La desesperación me llevó a adoptar una decisión radical. Colgué la toga sin decir adiós. Borré de mi memoria normas y códigos, incluidos todos los "pin". Me refugié en esta recóndita isla, plagada de exuberantes plantas y exóticas aves. Ayer, desde mi atalaya, a la tenue luz del eclipse, la panorámica era espectacular. Una barquichuela arriba a la playa. Su único tripulante desciende decidido. Camina hacia mí. Se acabó mi soledad voluntaria. Me resignaré. Tendré que llamarle “Viernes”, compartir con él mis tesoros. Ya cercano, me resulta familiar. “Abogado, vaya sitio has elegido para montar tu nuevo despacho. Casi perezco buscándote. Debes presentarme dos querellas y cuatro demandas cuando regresemos a la civilización”, espeta mi cliente más contumaz.  

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilEL JUICIO FINAL

    Joaquín Cartagena 

    Recostado sobre su ajado "chester" marrón, repasa cuidadosamente las anotaciones de su "instructa".

    Su memoria ya no es la precisa herramienta quirúrgica de los primeros años. Sus viejos gemelos con sus iniciales le transportan suavemente hacia una retrospectiva panorámica de sus años de ejercicio profesional, preñada de merecidas e inmerecidas victorias, un buen puñado de incomprendidas derrotas pero apenas una docena de juicios disfrutados en el recuerdo.

    Ahora en el eclipse de su carrera, con mas arrugas que talento y mas experiencia que ímpetu, justo ahora - ha tiempo que decidió adoptar una filosofía cínica- se le presenta el pleito soñado: "El Juicio Final". En su imaginación este último litigio adquiere una dimensión gráfica: una sala de mármol nacarado, un atril de alabastro, un juez ciclópeo, eco reverberante y a su espalda, en bancos de madera sin pulir; todos los testigos de su vida.

    Sonríe emocionado: -Con la venia Señoría...

     
  • Imagen de perfilEN ALGÚN RINCÓN

    PATRICIA DURÓ ALEU 

    La panorámica era limitada desde su mecedora: la copa de un olmo, a la izquierda; al frente, una pantalla de televisión. Sin conciencia del paso del tiempo, ni del cambio de estación, ni de la identidad de quienes acudíamos a visitarlo, parecía envuelto en una nebulosa infranqueable de desmemoria. Velaba sus recuerdos un alzheimer que actuó como un eclipse despiadado; y cada jornada, pese a ser idéntica, le era tan extraña como la anterior. Aquella tarde, sin embargo, ocurrió algo. Le vi adoptar una postura erguida; fijar una mirada lúcida en las imágenes retransmitidas por una cadena local. Captó su atención la Sala de Vistas, el aplomo de los letrados exponiendo de forma gráfica sus argumentos, la negra espesura de las togas… Balbuceó un “con la venia” que me dejó sin aliento. Entonces supe que, en algún rincón de su oscura memoria, se atrincheraba imbatible el gran abogado que fue.

     
  • Imagen de perfilNunca más…

    Emilio Martinez 

    Con cada tic, perdía más agua del cuerpo, la tensión le hacía perder la perspectiva, sin poder adoptar la postura correcta que le hiciera respirar acompasadamente.

    Con cada tac los nervios soltaban sus intestinos y su risa nerviosa, la cabeza gacha creaba un eclipse entre la luz del flexo que cubría documentos, gráficos y vasos de café vacíos, con la pantalla del ordenador.

    La panorámica que formaba su habitáculo, unida a su estado de pronóstico reservado, predecían catástrofe.

    De una vez para otra, su memoria le jugaba malas pasadas, repitiéndose a sí mismo como un mantra…nunca más.

    Pero…Entró.

    14:58. Día de gracia. Maldito seas LEXNET.

    El “juridiquing” era su droga.

     
  • Imagen de perfilTHE END

    Yolanda Nava Miguélez 

    La sala se me figura un espejismo. Una panorámica difusa de una película de abogados en la sobremesa de un sábado cualquiera.
    Comienza el juicio y todos adoptan cierta rigidez en sus poses. Yo sigo relajado.
    Las partes se posicionan, se pierden en exposiciones demasiado gráficas, con una jerigonza que no entiendo.
    Hago memoria. Había un tipo en mi casa. En mi cama. Con mi mujer. Recuerdo haberme sentido inmerso en la oscuridad de un eclipse total.
    Pero dicen que el hombre sufrió un disparo y que el arma estaba en mis manos.
    Después de una eternidad la jueza golpea con su martillo, -como en las películas- y dicta sentencia, las miradas que todos me dirigen, revelan que soy el protagonista de la última escena.

     
  • Imagen de perfilSalomon 14.5

    Ernesto Ortega garrido 

    ¿Sabían que hubo un tiempo en que un juicio podía alargarse años? ¿O que algunos delitos prescribían y quedaban impunes? A principios del siglo XXI el anterior sistema judicial presentaba una panorámica desoladora, con continuos errores, procesos interminables y costes excesivos. Si la memoria no me falla, todo cambió con el desarrollo de Salomon 3.0, una aplicación para móviles que, mediante simulaciones y gráficos, permitía agilizar los sumarios. Poco a poco Salomon se volvió tan complejo que era capaz de aplicar jurisprudencia en tiempo real y dictar sentencias con total equidad, sin presiones políticas, religiosas o morales. El eclipse definitivo del anterior sistema judicial se produjo con la versión 14.5, cuando todos los estados decidieron actualizar sus anticuados equipos de jueces, fiscales y magistrados y adoptar el sistema actual. Esto que están viendo en el multiproyector tridimensional es un abogado y lo que lleva puesto, una toga. Acérquense. Pueden tocarla.

     
  • Imagen de perfilLos jueces tambien se enamoran

    María José Irigoyen Del Castillo 

    Me llamo Marcos y amo a Fatima. Estudiamos juntos la carrera de Derecho. Ella por vocacion, creia en la Justicia. Y yo, por herencia, toda mi familia vestia toga. Mi destino estaba escrito: la judicatura. Ella tenia clara que postura iba a adoptar, el turno de oficio.
    Hoy la he vuelto a ver, despues de varios años. Llevaba la defensa de Fito, un habitual de los juzgados. ¡Que mujer, que soltura exhibiendo graficos y pruebas!
    En una rapida vision panoramica me han venido a la memoria todos los años de facultad. Y como si saliese de un eclipse, me he armado de valor, invitandola a cenar esta noche. Se ha quedado paralizada y he temido lo peor. Ha dicho que si. La sala ha estallado en aplausos. Seguidamente he absuelto a Fito, que me ha sonreido guason desde el banquillo.

     
  • Imagen de perfilLa suerte está echada

    Ander Balzategi Juldain 

    No puedo borrar de mi memoria esa visión panorámica de la sala. En ella veo a un jurado decidido e impaciente por terminar el juicio, a un juez desesperado apremiándote a que procedas con tu alegato, la sala completa mirándote, tú dejando el tiempo correr, como esperando que se produjese un eclipse, un terremoto, cualquier milagro que evitase tu intervención.
    Nadie daba un duro por ti, y tú no pudiste ser más gráfico al adoptar la apariencia de un púgil derrotado. Y claro, perdiste, porque la vida es cuestión de actitud. Como yo, que no he parado hasta escapar de la cárcel para recordarte aquello que me dijiste nada más levantarte. ¿Cómo era? ¿Alea jacta est?

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  • Imagen de perfilAcusado

    Patricia Collazo González 

    Ha llegado el día del juicio. Sé de memoria lo que debo decir y lo que debo callar. Mi abogado me ha aconsejado. Conozco con certeza la actitud a adoptar, y cómo comportarme para que mi imagen inocente eclipse la gravedad de las acusaciones.
    Lo que no sabe mi abogado es que cuando veo una de sus fotos, otra vez se apodera de mí el temblor aquel. Mis dedos rígidos vuelven a palpar la piel suave de su cuello.
    El fiscal muestra una panorámica de la zona en que creen que está enterrada y presenta un gráfico detallado de los alrededores. Me pide que diga si he estado allí. Niego con la cabeza. Responda en voz alta, reclama el juez.
    El verde del bosque aquel me inunda la mirada. Vuelvo a oler a tomillo, el sudor baja imparable por mi espalda. Las repuestas aprendidas se disuelven en mi mente.

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  • Imagen de perfilDesde la azotea

    ALBERTO CASAÑAL ABAD 

    Lucas soportaba con dificultad el tedio de la lectura de la memoria anual de Torrente & Ballester Abogados. Ni siquiera la vista del gráfico con los excelentes beneficios obtenidos en el último ejercicio sirvió para levantarle el ánimo. Cuando por fin terminó la reunión de todos los socios del bufete se subió a la azotea del edificio, un rascacielos de reciente construcción. La panorámica que se divisaba de la ciudad era magnifica y cruel al mismo tiempo. Abajo la gente semejaba insectos afanosos en busca de su sustento. Era el momento de adoptar una decisión y Lucas lo sabía.

    El cielo se oscureció de repente. Un eclipse de sol. Los insectos corrían de una calle a otra despavoridos. En ese momento Lucas recordó que no estaba previsto ningún eclipse. Volvió a mirar al cielo y no pudo evitar una tímida sonrisa. El destino ya había decidido por él.

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  • Imagen de perfilTraición

    Enrique Castro Carmuega 

    El interrogatorio del fiscal presionando a su cliente, llevó a este a adoptar una postura beligerante que no le favorecía en absoluto. Con sus incisivas preguntas, la acusación provocó un eclipse temporal en la memoria de su defendido y el abogado se vio forzado a cambiar su estrategia sobre la marcha. Consultaba los gráficos de la contabilidad, ansioso por encontrar una salida a la desastrosa panorámica que divisaba desde su asiento: un acusado envalentonado; un fiscal enardecido; un juez permisivo; y él, un abogado completamente desorientado. Como era posible que en unos minutos se desmoronase el trabajo de meses preparando el juicio?
    Al finalizar la sesión, el fiscal realizó una sorprendente propuesta al acusado: si reconocía su culpabilidad, rebajaría su petición de pena. El abogado miró a su cliente y este, guiñándole un ojo, hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Ahora estaba todo claro. Habían negociado a sus espaldas.

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  • Imagen de perfilUn nuevo caso para Horacio Hellpop, el abogado noctámbulo de las causas sobrenaturales

    MANUEL MORENO BELLOSILLO 

    Todavía guardo en mi memoria aquella noche en que un cliente ensangrentado y con la ropa hecha jirones irrumpió en mi despacho. Lo recuerdo porque fue la noche del eclipse, el amplio ventanal ofrecía una imagen panorámica del firmamento mientras la luna se iba paulatinamente oscureciendo. Le urgía resolver un pacto diabólico, uno que cada noche de luna llena le obligaba a adoptar la presencia de lobo y devorar carne palpitante. Sus manchadas manos eran suficientemente gráficas de su condición asesina; «No quiero derramar más sangre inocente» me imploró. «Tengo que consultar un antiguo tratado», dije buscando en mi biblioteca mientras la luna se iba desvelando por el ventanal. Empezaba la transformación cuando encontré el libro donde escondía mi revolver. Pude disparar justo cuando me atacaba y quedó su cadáver tendido a mis pies. Lo sentía por él, pero una bala de plata en el corazón era su único remedio.

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  • Imagen de perfilSE OFRECE

    LOURDES ASO TORRALBA 

    “Se ofrece abogado gráfico, memoria prodigiosa, capaz de adoptar la postura más impecable en el Tribunal aunque un eclipse intente catapultar la extensa panorámica del grupo de jurados que no pierden detalle del caso. Gano siempre. Y si pierdo, no le cobro los honorarios. Máxima seriedad. Trescientos sesenta y cinco días. Mi lema es hágase justicia. Lo demás no es tan relevante. Le espero en la Calle Cercanías. Si me necesita, no se arrepentirá de la elección. Resuelvo cualquier problema de su vida. Por el artículo treinta y tres y sucesivos.”

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  • Imagen de perfilLey y orden

    Jerónimo Hernández de Castro 

    El bufete ofrecía una panorámica desoladora. Un amorfo planeta de papel era el causante del eclipse total del mobiliario. La abogada y su secretario se afanaban en lo imposible, temiendo que las medidas a adoptar llegaran demasiado tarde.
    Tanto revuelo por un simple gráfico, impreso furtivamente desde una memoria USB destruida al instante. Sin copia de seguridad en el servidor ni en la nube. Un sencillo cruce de ordenadas y abscisas, reflejo de la absorción del tóxico administrado a su cliente durante años, la prueba definitiva de culpabilidad del envenenador.
    Dos gritos simultáneos ahogaron la sucesión de reproches mutuos y se quedaron mudos e inmóviles, con la mirada fija en la trituradora de papel.

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  • Imagen de perfilUn abogado incompleto

    José Luis González Martínez 

    Salimos casi a la par, pero estaba claro que éramos distintos. El llanto fue mío, correoso y de horas. Él, en cambio, sosegado, observándolo todo minuciosamente, como si buscara una panorámica general. Exitoso con el Derecho, ejerce de abogado defensor sin mácula, capaz de adoptar ademanes durísimos con fiscales y magistrados cuando es menester, o de encerrarse sin dormir para completar una apelación urgente. Es también el mejor considerado, familiarmente. Porque yo soy sólo impresor, o más finamente, currela de artes gráficas. Hace dos meses murió papá en un accidente sin culpa, y mi hermano quedó tan afectado que debió delegar el caso. Nos juntamos en el tanatorio. Me abrazó y atisbé su rostro demudado, su faz oscura como la penumbra de un eclipse. Créeme, dijo, no logro llorar. A memoria te supero, hermano. Te previne antes de separarnos: nada más salir rompe a llorar, pero no me hiciste caso.

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  • Imagen de perfilEl caso más importante

    JUAN LOZANO GARROTE 

    Llevo varios días preparándome el trámite de conclusiones, es el caso de mi vida. He dedicado horas a imaginar la deliciosa panorámica que se me presentaba: el juez atento, el rival entregado, el testigo anonadado. Confieso haber dedicado varias tardes a estudiar la actitud a adoptar, si llevar o no algunas notas, o si me valía yo solo, desnudo con la toga puesta.
    El doctor entra. Es como los magistrados de toda la vida, solo que con bata verde. "Don Aurelio, ¿está bien? ¿recuerda lo que le dije sobre la operación? ¿No?", me dice pausadamente mientras me enseña un gráfico en alto. "Pobrecito, ha perdido la memoria", le dice con cara de circunspección a mis hijos. Como si el Alzheimer me impidiese saber que estoy ante el caso más grande de mi vida.
    Mientras todo se apaga en un lento eclipse, adquiero la seguridad de que saldrá sentencia estimatoria.

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  • Imagen de perfilCOMPAÑERA

    María Dolores Moya Gómez 

    La muerte de mi abuelo afectó a la visión de mi existencia como mirar fijamente un eclipse de sol sin filtros. Si un día me convertí en abogado fue para defender los valores que él me había inculcado desde pequeño. Inesperadamente, un caso me catapultó a adoptar el título de “Importante”. Sin darme cuenta, que el gráfico de mis ganancias fuera ascendente se fue convirtiendo en un objetivo primordial. Necesitaba marcharme, escapar a aquel lugar al que solíamos ir en medio de las montañas para que su panorámica me devolviera a la memoria cada uno de sus consejos. Me avisó de que no la alejara de mí, que la necesitaba para encontrar mi norte; pero la desprecié y la maldije. Me sorprendió acogiéndome con los brazos abiertos y fue una agradable compañera de viaje hacia mi reencuentro. Soledad, se llama. He vuelto. Conseguiré que él se sienta orgulloso.

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  • Imagen de perfilEnsoñación

    Miguel Ángel Moreno Cañizares 

    Rebuscar en la memoria, darle vueltas hasta encontrar al abogado perfecto. ¿Te lo imaginas? Así de dispuesto, traje impecable, la toga recién planchada, el portafolios nuevo en la mano izquierda. Saludos cordiales. No tan rápido, más pausa. Adoptar una pose serenísima, pronunciar un discurso convincente, escapar del eclipse de luna en lo posible. Tal vez el viento sacuda las ventanas y penetre el olor a jazmines del jardín inferior. No lo dudes, la panorámica es atractiva, no te va a defraudar. Coges papel y lápiz para plasmarlo en un gráfico. Sube al estrado y te dejas llevar. Comienza el juicio.

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  • Imagen de perfilEl juicio de la fortuna

    María José Espeso Ortiz 

    Yo, Enrique de Guevara, a punto entregar mi alma al Señor, dejo escritas estas líneas por si algún cristiano alcanzare esta isla en la que naufragué, si la memoria no me falla, treinta años ha. Aquel lejano día, rodeado por indígenas que me apuntaban con sus lanzas, decidí adoptar la digna actitud de un letrado curtido de las aulas de Alcalá. Expuse a aquellos hombres desnudos, siendo lo más gráfico posible y con la intención de salvar el pellejo, una visión panorámica del mundo del que procedía. Pero no fue mi dicción, que todos en Madrid elogiaban, lo que salvó mi vida, sino un oportuno eclipse de sol que oscureció por completo aquel radiante mediodía. Goberné desde entonces esta isla, dictando leyes bajo cuyo amparo todos viven dichosos, mas nunca olvido que en algunos juicios, no solo la ley sino también la fortuna han de jugar a tu favor.

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  • Imagen de perfilAquí la gente muere porque sí

    Elena Marqués Núñez · Sevilla 

    La verdad, señoría, es que no lo recuerdo. Mi memoria es tan frágil... Tengo ya muchos años. Nací con el eclipse, en un pueblo pequeño. La gente se moría porque sí. Bastaba con adoptar una postura cómoda debajo de los plátanos y el calor hacía el resto. Si usted supiera cómo vivíamos... Algunos ni sabíamos leer. Alimentábamos el gráfico ese del analfabetismo. Pero no estábamos mal.
    Que me ciña a la cuestión, pero ¿cuál era? Ah, sí, lo del difunto. Lo encontré entre los huertos. La sangre le brotaba de las venas abiertas. Él quería morirse. Por eso ni llamé. Solo lo aparté un poco para que no me estropeara la panorámica. Era para un concurso, ¿sabe? Y fue al revelar las fotos cuando vi al otro tipo. Pero estaba de espaldas, lavándose las manos en la acequia. No pensé nada raro. Aquí la gente muere porque sí...

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  • Imagen de perfilADRENALINA TOGADA

    Ángel Montoro Valverde 

    El blanco nuclear de la luz me traspasó; al menos es lo que sientes cuando, mientras examinas un gráfico sobre litigiosidad manchega, una nave se posa sobre tu despacho, y te abduce. La panorámica terrestre se esfumó con el eclipse proyectado por la Luna cuando pasé por detrás. Al llegar a aquel planeta me encontré de inmediato ante el Consejo.
    -Quién es ud? -preguntó el juez supremo.
    -Con la venia –balbuceé.
    -¡Devuelvanlo! Pedí una persona, no un abogado.
    Fue ese desprecio el detonante de una explosión de adrenalina que me obligó a adoptar la posición de ataque: formulé recurso de reposición, alegué las faltas de competencia territorial, legitimación activa y litisconsorcio pasivo necesario, declamando todo el articulado que la memoria y tres cuartos de hora lunares dieron de sí.
    -Se admite el recurso. Se queda. ¿Algo más?
    -Si Señoría. Por economía procesal suplico conjuntamente condena y tasación de costas.

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  • Imagen de perfilLa becaria

    Raquel Lozano Calleja 

    Llegó con una carta de recomendación. Nunca he sido partidario de becarios en el despacho, pero el currículum era impecable. Tampoco negaré que el eclipse que provocaban sus pestañas al mirarme y la sensual panorámica que ofrecía su escote me sedujeron sin remedio, pero quise adoptar una postura íntegra y la puse a prueba durante un mes.
    En realidad, señoría, y haciendo memoria, en tan sólo unos días el volumen de nuestro despacho creció cuantiosamente. El gráfico de nuestra facturación se disparó velozmente y todos asumimos que no podía deberse a la casualidad, sino a esa particular manera tan suya de tratar a nuestras nuevas clientes, viudas de hombres acaudalados fallecidos en extrañas circunstancias.
    Desconozco su paradero actual pero tengo miedo. Mi mujer últimamente recibe llamadas de una joven y me sonríe como nunca lo había hecho hasta ahora.

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  • Imagen de perfilAmenaza

    MARIA DOLORES RUBIO DE MEDINA 

    Cuando te llamaron para prestar declaración, delante del micrófono, te volviste, lanzaste una mirada panorámica a la Sala de Vistas y repetiste, palabra por palabra, lo que habías escuchado que le habían dicho a ese abogado en la oscuridad del club de alterne “Eclipse”: «Si tu memoria no falla, preguntarás a todos los testigos de este gráfico si pueden identificar al asesino. Es una decisión que sólo tú puedes adoptar para continuar con vida»; pero, esa novela barata de detectives que has inventado no cuadra. Resulta que tú eres el abogado ¿recuerdas?

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  • Imagen de perfilGajes del oficio

    Alejandro de Asis Murillo Reyes 

    - Me lo puede repetir, creo que no entendí – pidió el abogado al cliente con quien hablaba.
    - Que quiero demandar a la Madre Naturaleza – volvió a decirle el cliente a través del teléfono -. Trataré de explicarme: Fui a ver el eclipse con mi familia al parque. Era la primera vez que salíamos con el bebé que acabábamos de adoptar. Justo cuando grababa una panorámica donde quedarían registrados los primeros pasos de mi hijo, el sol se ocultó y el video quedo arruinado. Así que quiero demandar a la naturaleza por estropear tan bella memoria. Es más, voy para allá, le mostraré un gráfico en el cual nos podemos basar para iniciar el caso.
    El hombre colgó sin darle oportunidad a responder. En todos sus años como jurista, nunca había oído algo como aquello. Pero bien es sabido que hay mucha gente rara en este mundo.

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  • Imagen de perfilEl niño instalado en mi memoria

    SOL AGUADO LOPEZ 

    Al principio era solo un asunto más, asesorar a una pareja en su decisión de adoptar. Previamente ya habían barajado países, edades... y otras opciones. El cansancio les pesaba en la memoria, aunque, aún menos que la ilusión por conseguir el abrazo tan deseado.
    Traían una foto, era más bien una panorámica de un lugar y en un lado se veía a un niño asomar, como quien se sabe esperado y no se mueve de su rincón.
    Llegó el día en que, por fin, lo recibían. Ambos lo definieron como un eclipse en sus vidas.... pasar de la oscuridad a la luz.
    Al día siguiente, casualmente, los periódicos publicaron la noticia del descenso a la mitad de las adopciones internacionales en el mundo, con un gráfico por países y años.
    Apenas sin darme cuenta con el boli continué la línea del gráfico un milímetro hacia arriba. La espera había terminado.

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  • Imagen de perfilLa máxima

    Juan Manuel Chica Cruz 

    La inmensa panorámica del mar azul que como recién jubilado podría disfrutar en la playa el tiempo que quisiera me invitó a hacer memoria de mi andadura profesional. Y lo primero que me vino a la cabeza fue aquel caso de una señora que pleiteaba solo para salvaguardar el honor de su marido muerto en accidente de tráfico junto a sus dos hijos. Me aclaró de modo muy gráfico que no podía garantizar mis honorarios vaciando su bolso sobre mi mesa pero viendo su desesperación acepté sin dudarlo. Ganó el juicio reconociéndose que su marido no conducía ebrio. “ Ha hecho que crea en la Justicia” me dijo, llorando, tras escuchar la sentencia. Aquella frase fue el mejor pago recibido nunca al adoptar dicha máxima en el bufete los cuarenta años que ejercí después. Principio que siempre brilló sin que nada consiguiera proyectar, como eclipse de mal augurio, sombra alguna.

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  • Imagen de perfilEl primer Aranzadi

    José Manuel Pérez Pardo de Vera 

    “A mi señor Urukagina:

    Indecible fue el júbilo de este Letrado Mayor del reino cuando Su Excelencia iluminó su vejez encomendándole tan honorable encargo. Ante él, he procurado adoptar la más estricta humildad, consciente de que tan singular distinción no obedeció a mi persona, sin duda aventajada por quienes en la corte son ya capaces hasta de predecir el próximo eclipse.

    Bien sé que obedeció a la materia que una visión panorámica de su reinado siempre arrojará como constante centro de sus desvelos: hurtar a las veleidades de los poderosos un imperecedero cuerpo de leyes que, por su íntima conexión con la libertad y la justicia, merecían eludir la fragilidad de la memoria.

    A tal propósito sirvan estas tablas de arcilla y el gráfico que les acompaña como índice.”

    Emocionado, el locutor detuvo su lectura. Cuatro mil años después, estaba presentando al autor del primer repertorio legal de la humanidad.

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  • Imagen de perfilSENTIDA AUSENCIA

    Juan Manuel Llanos Orantos 

    • Fue muy gráfico al expresar su necesidad de alcanzar cierta panorámica, pues no se trataba de sacar meramente unos huesos de una cuneta, sino de reconstruir un pasado cuyas secuelas aún hoy se sienten, de levantar una tumba sesenta años después.
    • Me habló de eclipses históricos y familiares. Murió alguien que era nieto, hijo, sobrino, hermano, primo, tío, marido, padre de un hijo que apenas guardó memoria de él, abuelo de unos nietos que nunca vio. No desapareció una cosa, ni una pieza de la oposición al régimen, sino que se extinguió una rama de la humanidad, alguien que quería traer más hijos al mundo, que amaba y soñaba una vida digna.
    • Le prometí que, como abogado, trataría de ayudar en lo posible para que pudiera, pudiéramos, adoptar una perspectiva desde la que vencer a la amnesia que ha recaído sobre aquellos ominosos años que mataron a su abuelo.

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  • Imagen de perfilOlvido

    Marta Trutxuelo García 

    Como tantas noches, él apenas ha pegado ojo. Sentado frente a su viejo escritorio de caoba, observa el expediente judicial: informes, fotos, gráficos... su vista recorre de este a oeste la amplitud de aquella superficie, aquella mesa cubierta de no menos abundantes pruebas. Conoce uno a uno cada elemento de aquel caso, su mente pasea por aquella imagen panorámica jalonada por esos hechos analizados una y mil veces. Se atusa el cabello cano... debe adoptar otra actitud... observar los hechos desde otro punto de vista... dejar que pase ese nubarrón que se cierne sobre su memoria como un eclipse...
    —¿Es usted la nueva secretaria? Prepáreme la toga, hoy tengo juicio.
    Como tantos días, a ella le apena que su marido haya olvidado que es un abogado ya jubilado... pero a ella también le gustaría olvidar que él no recuerda que es su esposa.

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  • Imagen de perfilAMIGA PARA TODO

    Eva María Cardona Guasch 

    La memoria no me alcanza para recordar las últimas vacaciones. Me duele la espalda. No sé si es que no acabo de adoptar la postura adecuada o el agobio de los plazos me colapsa los músculos cervicales y hasta los lumbares. Sentada en mi despacho, un montón de expedientes que esperan mi atención constituye la única panorámica que diviso. Otra pila, la de asuntos muy urgentes, se interpone entre la ventana y mi abrumada persona originando un eclipse que ensombrece mi ánimo. Llamadas por contestar, dictámenes pendientes de estudio, leyes por explorar, gráficos que consultar... Me desahogo con una amiga que rápidamente encuentra la receta castiza a mi desasosiego. “Concédete la tarde libre. Ven conmigo a tomar una caña” Sucumbo a su propuesta. Ella remata: “Yo invito. Y de paso, te comento un caso que me tienes que llevar”. ¡Socorro! Desisto del plan. ¿Desisto también de amiga?

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  • Imagen de perfilTriste déjà vu

    sebastian barranco ledo 

    El agente, emocionado, inicia su discurso. Es su último día de servicio, tras toda una vida en la policía judicial. Saluda agradecido, intercala chistes sobre el joven e inexperto sustituto al que más que instruir, ha tenido que adoptar, y propone un brindis.

    Le interrumpe una llamada de emergencias: crimen en un despacho de abogados en Usera. Acudir de inmediato para iniciar diligencias.

    En el lugar de los hechos, la panorámica es terrible. Le invade una extraña sensación. Como si hubiese estado allí antes. Como contemplar un eclipse sangriento, repetirse cada 39 años.

    Su memoria conserva esa sensación, asociada a un documento gráfico en blanco y negro. Nada más.

    Horas después, cuando el juez procede al levantamiento, se le aclaran los recuerdos. Él era el joven e inexperto sustituto que acudió en su primer día de servicio, allá por enero de 1977, al despacho de abogados en la calle Atocha.

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  • Imagen de perfilPLACERES

    LOLA SANABRIA GARCÍA 

    Elías guardaba en la memoria la historia gráfica del rey Salomón y las dos mujeres que reclamaban la maternidad de un niño. Su sabiduría consiguió adoptar la decisión más justa. Cuando fuera mayor, como no podía ser rey, sería abogado. Después llegó el eclipse total y se fundió en negro la panorámica del mundo que lo rodeaba. Entonces su madre le dijo que la Justicia era ciega y Elías retomó su vocación. Lo contrataban mucho para la defensa de familiares de víctimas de viudas negras. Ganaba siempre porque no sucumbía a los encantos visuales de las féminas. Hasta aquel día en que la mujer se introdujo con él en el ascensor y, cogiéndole las manos, las guio por las curvas de su cuerpo. La Justicia será ciega, pero conserva el gusto, el oído, el olfato, y sobre todo, el tacto, dicen que murmuró satisfecho, cuando perdió su primer caso.

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