LOURDES ASO TORRALBA

Microrrelatos publicados

  • LA MASCOTA

    Cuando llegué del bufete, ella reptaba por el pasillo. Mi mujer me la presentó como Adolfina, la mascota ideal porque lo mismo servía para dar un masaje en la piel, que para lucirla al cuello en las aburridas cenas de abogados. Aunque intenté disuadirla por su peligrosidad, reía diciendo que nadie me había dado vela en ese entierro. Hasta que se le escapó entre los vestidos del centro comercial. Leí la demanda y sentencie que cualquier Juez iba a decretar el caso como nulo porque a Adolfina no le habían advertido que tuviera reservado el derecho de admisión. Una semana estuvo el llamativo cartel "serpiente peligrosa suelta,por su seguridad, no entrar" El día del rescate recibimos una importante suma económica. Adolfina también servía para pactar sin llegar al juicio. Que no la dejaran probarse las prendas antes de pasar por caja,aparte de discriminación ¿era delito?

    | Junio 2019
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  • INOCENTE

    A tres días de finalizar el año, los Recursos que estaban listos para la vista me gastaron la absurda broma de desordenarse, convirtiendo mi mesa de trabajo en un circo. El sospechoso podía ser cualquiera descontento con una sentencia, los alegatos finales en el juicio, una notificación indeseada o simplemente, tenía ganas de definir la palabra inocente en mis propias carnes. Mi propósito inmediato fue arreglar el desastre. Llegué a la sobremesa de Año Nuevo y allí estaba mi cuñado con su corbata perfectamente anudada. No llevaba las puñetas porque su mujer había elegido un color que no iba a juego. Su sonrisa maliciosa y las preguntas sobre el caso en el que cada uno defendíamos a la parte contraria, lo delató. Lo felicité con varios golpecitos y, solo cuando le presenté la demanda (con grabación de vídeo donde aparecía él), escupió los turrones al comprender que había perdido.

    | Enero 2018
     Participante
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  • PROCESO DE SELECCION

    El día que llovieron abogados, el cielo estaba despejado. Caían rápido. Algunos traían las corbatas del revés y los trajes arrugados. Resultó imposible no reparar en la llanura sembrada con expedientes vertidos de sus maletines (muchos bajo secreto de sumario) y en la lucha entre los letrados que, conforme tocaban tierra, se estiraban de los pelos para hacerse con los mejores casos. Ese experimento le había parecido imprescindible al seleccionador de Recursos Humanos de un famoso bufete de abogados. Desde su despacho, provisto de unos prismáticos, observaba la evolución. Había sido buena idea colocarles a todos los candidatos micrófonos para escuchar el careo defendiendo los motivos por los que tenían que seguir con Taulas o Diamantillo. De la guía de abogados especialistas aspirantes, destacó uno, que aún a tientas (perdió las gafas en la caída), había tenido olfato para elegir el único dossier “clasificado”. Por fin tenía sustituto.

    | Septiembre 2017
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  • PLEITOS TENGAS... Y LOS GANES

    Aproveché las vacaciones para hacer inventario. A pesar del calor, las cuentas no podían ser más claras. La escasa clientela era como para preocuparse y, por mucho que soñara con que pasara el temporal y no deseara echar más hierro al asunto, lo de “pleitos tengas y los ganes” cobraba más fuerza que nunca. Había que reinventarse o morir. Por el rabillo del ojo espié a mis víctimas de sombrilla. Mientras sacaba de mi neceser un móvil sin identificación alguna, pensé que el encausado no tendría más remedio que demandar los servicios de “cualquier letrado”, (aunque no fuera yo) si quería seguir disfrutando del chiringuito. La policía no tardó en personarse para ejecutar la detención mientras yo disfrutaba del sol tranquilamente. Compré una cerveza helada al mozo (me entregó publicidad de servicios jurídicos a buen precio, la de mi bufete). Ya solo quedaba ganarme su confianza y el caso.

    | Agosto 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 17

  • SE OFRECE

    “Se ofrece abogado gráfico, memoria prodigiosa, capaz de adoptar la postura más impecable en el Tribunal aunque un eclipse intente catapultar la extensa panorámica del grupo de jurados que no pierden detalle del caso. Gano siempre. Y si pierdo, no le cobro los honorarios. Máxima seriedad. Trescientos sesenta y cinco días. Mi lema es hágase justicia. Lo demás no es tan relevante. Le espero en la Calle Cercanías. Si me necesita, no se arrepentirá de la elección. Resuelvo cualquier problema de su vida. Por el artículo treinta y tres y sucesivos.”

    | Julio 2016
     Participante
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  • EL TÍTULO

    Papá llevaba el título de abogado enrollado dentro de la mochila. Antes de ser refugiado de guerra trabajaba en un despacho en el centro de Alepho pero las bombas lo hicieron enfermar de los nervios. Por eso mamá dijo que debíamos unirnos al grupo que iba a cruzar el mar, el campo o lo que hubiera con tal de escapar de una muerte segura. Cuando encontramos la alambrada que nos cortaba el paso, papá ni siquiera protestó al ver vulnerados nuestros derechos fundamentales, parecía que se le había borrado de la mente el código civil, los expone y los solicita. Simplemente echaba un pie detrás de otro y se dejaba conducir casi convencido de que había dejado de ser persona. Yo le cogí de la mano, como si él fuera el niño y le dije que no debía preocuparse de nada, que con su título yo ganaría ese caso.

    | Junio 2016
     Participante
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  • EL ACUERDO

    Cada mañana me encontraba al abogado, silbato en boca, pregonando con un sonoro y estridente pitido que igual servía para revolver los trámites de una herencia que ayudaba en un proceso de divorcio civilizado. Los viandantes le esquivaban, quizá para evitar que les sacaran los cuartos con cualquier litigio si no estaban espabilados. A mí no sé por qué me atraía el aplomo con el que argumentaba ante el guardia local que la expulsión de la plaza pública era ilícita pues no había alterado el orden. Aunque mi caso sonaba demasiado radical, y él en toda su carrera no se habría enfrentado a un loco con deseo de apelar por una muerte digna, me apretó la mano para sellar el acuerdo. Desde ese instante, no supe regresar a casa y no sé por qué llevo esta extraña toga parecida a un sudario.

    | Junio 2015
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  • JUEGO VIRTUAL

    Siempre fui hombre de letras, aunque papá se empeñara en que las nociones de números no iban a perjudicar seriamente mi salud. No había formado parte de mi plan pero desarrollé una habilidad nata para la fabricación electrónica virtual. Mi sueño era crear mi propia sala de audiencias, enfrentar a defendidos y acusados, practicar los discursos que papá recitaba de memoria y abrir los libros por las páginas exactas para cada ocasión. En unos meses conseguí sacar al mercado la primera entrega de la que papá dio testimonio sobre los orígenes para patentarlo cuanto antes. Yo reducía a los abogados de la acusación, noqueaba a los presuntos, pronunciaba las alegaciones ante el jurado y colgaba la toga al final de cada juicio. Aunque mamá me amenazara con el decomiso de la video consola, papá salía en defensa hablando de mi futuro prometedor.

    | Febrero 2015
     Participante
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