XII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilEL QUINTO TURNO

MANUEL MORENO BELLOSILLO 

En el año 2031, después de años de decadencia, el sistema judicial español estaba considerado uno de los peores de Europa. Se formó una comisión de expertos que dictaminó que la causa principal era la escasa confianza que inspiraban los jueces a la ciudadanía. Se encargó a la comisión- compuesta por especialistas en publicidad, mass media y redes sociales- un programa que mejorara las ratios de aprobación (likes) del sistema judicial. La comisión diseñó un quinto turno de acceso alternativo a la carrera judicial eficaz para facilitar la selección e incorporación de personajes populares a la magistratura: MasterJuez. El formato fue un éxito inmediato: después de un casting entre miles de personas, veinte elegidos se disputan el título de magistrado a través de una serie de pruebas. Así fue como pasé de ser juez de paz de mi pueblo a magistrado del Tribunal Supremo…, y con una audiencia del 60%!!!

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilUNA JUSTICIA DE LOCOS

PILAR ALEJOS MARTINEZ 

Supe que a mi mejor amigo le ocurría algo raro cuando, mientras conversábamos, empezó a perder el hilo de sus ideas y a divagar sin control. Poco a poco su salud mental se agravó. Tratar con él era una verdadera locura. Estaba tranquilo y en paz, pero, de repente, se volvía iracundo y hablaba en un idioma extraño que nadie entendía. Como si tuviera doble personalidad. Me tenía muy preocupada. Le diagnosticaron «envenenamiento por mercurio». Toda una vida fabricando sombreros para la realeza en condiciones precarias, ahora, le pasaba factura. Optó por la solución más eficaz. Aunque era demasiado tarde para él, quiso facilitar las cosas a las generaciones futuras. Me pidió que me hiciera cargo de su causa contra los explotadores. En cuanto tuve acceso a toda la información, demandé a los culpables esperando justicia. Enloqueció de contento al escuchar la sentencia ejemplar que dictó la Reina de Corazones.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilDUALIDAD

    CRISTINA DEL ALCAZAR · Barcelona 

    Sostenía que el acceso a una buena defensa es la clave de una absolución. Así que se dejaba la vida en cada causa, no dejando que sus valores y juicios personales interfirieran en la defensa de quien se sienta en el banquillo. Sin embargo, había llegado el día en que el éxito profesional no era acorde con su tranquilidad personal. Al conocer la sentencia se sintió pletórica por el trabajo realizado. No había parado hasta encontrar una estrategia de defensa eficaz. Lo logró y consiguió la absolución pero al llegar a casa, ya sin toga, el éxito profesional le pasó factura personal. Como letrada, la absolución le enorgullecía. Como ciudadana, no tenía paz. Facilitar que no hubiera habido justicia le pesaba, pero se recuperó recordando aquellos casos en los que su esfuerzo, además de éxito profesional, había contribuido a impartir justicia.

     
  • Imagen de perfilBogando por la red

    Urko Madrazo Aguirre 

    “Pinche aquí para viajar a este remanso de paz”, rezaba el enlace de acceso. La imagen que acompañaba al anuncio no dejaba lugar a dudas; era el edén. Se me antojó el descanso ideal tras un año repleto de pleitos, la terapia más eficaz para mi estrés. Decidido, cliqué el banner. La web me instaba a facilitar mi cuenta y datos personales. Ingenuamente, lo hice. No olvidemos que en 1999 no había tantos conocimientos sobre Internet. Al instante varias páginas se abrieron en mi navegador. Rebeca te quiere conocer. ¡Truco! Gane dinero al instante. Supercuota, ¡apueste al Bayern–Real Madrid! Me asusté. Llamé a la policía. Me habían estafado. Yo mismo ejercí la acusación en la causa contra aquellos piratas. Como podréis imaginar, nunca visité aquel paraíso. Tampoco gané dinero (de hecho, me lo robaron), ni aposté a aquel partido. Sin embargo, Rebeca es hoy mi mujer. Tenemos cuatro hijos.

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  • Imagen de perfilUN ABOGADO JOVEN

    CARMEN ANDREY MARTIN 

    Tras unos interminables minutos para meter la clave de acceso, la pantalla me muestra imágenes alternas de juez y secretario, intercambiando palabras indescifrables tras las mascarillas, el rictus serio del fiscal y una compañera contraria de ojos impacientes. Qué pena no poder darle un apretón de manos al llegar, como siempre.

    Mientras ella tiene el turno de palabra me permito evadirme. Apenas tres años para jubilarme... ¿Quién me manda a mí? El hijo de un amigo, menores de por medio, el confinamiento y, dada la urgencia de la causa, el señalamiento de juicio telemático. "Para facilitar la custodia", "Será igual de eficaz", me dijeron. ¿Cómo negarme?

    Después de intervenciones con habla robótica e imágenes congeladas a intervalos, lo cierto es que logramos alcanzar la paz. Visto para sentencia. Mi memoria viaja entonces a mis primeros (e inexpertos) años de ejercicio. Cuántas sensaciones casi olvidadas... Vuelvo a sentirme un abogado joven.

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  • Imagen de perfilMALDITO JULIO

    MIGUEL MORAGUES SBERT · Palma de Mallorca 

    Anualmente se repite. Julio es interminable y parece que la tan ansiada paz del mes de agosto nunca llegará.
    Señalamientos, plazos, llamadas y reuniones me impiden ver el final.
    Necesito desconectar, ver las cosas con perspectiva para ser eficaz.
    El próximo lunes, juicio en la Audiencia en una causa por tráfico de drogas con más de veinte acusados, como defensor de un chaval de 19 años y al que le piden 9 años de prisión.
    La madre del chaval llama cada semana para preguntar sobre cómo va el tema de su hijo.
    La Sala ha limitado el acceso de público el día del juicio, con lo que la preocupación de la madre ha aumentado considerablemente al no poder estar presente el día más importante de su vida.
    Todo son problemas. Las circunstancias no ayudan a facilitar la pesada carga que, para todo abogado, supone trabajar en el mes de julio.

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  • Imagen de perfilAHORA LO ENTIENDO

    Manuela Fernández Manzano 

    “Déjame en paz”, me dijo, cerrando cualquier acceso a nuestra amistad. Su exitosa y eficaz defensa de mi causa le proporcionó fructíferos titulares; también, un exquisito membrete para su despacho. Recibí el indulto de la justicia, pero no el suyo. Derramé mil “por qués”. Todos sin réplica.

    Yo no maté a mi marido. Él a mí sí, mil veces. No importa. Ese episodio ha quedado en un lugar oscuro y menguante de mi memoria. El olvido es cosa del tiempo como la luna crecida. Pero hoy…hoy, una esquela en el periódico ha removido las cenizas de aquel afecto que se apagó hace veinte años. Y para facilitar las cosas, una carta entre mi correo...

    “…Siempre habría rehusado tu sentencia. Solo quise que el tribunal que me juzgara fuera de otro mundo. Y si fuese justo, tendría que condenarme por el delito en el que tú nunca incurriste.
    Tu abogado defensor.”

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  • Imagen de perfilEl roble

    Julio Montesinos Barrios 

    Mi abuelo era juez de paz. Un hombre noble y sencillo al que su familia no pudo darle acceso a una educación esmerada pero la vida obsequió con un carácter ecuánime y juicioso. Ejerció su cargo con responsabilidad y orgullo. Problemas de lindes, daños leves de bienes inmuebles o reclamaciones de pequeñas cantidades eran resueltos de manera eficaz por aquel entrañable labriego. Algo que le valió el respeto de sus vecinos.

    El roble que presidía su huerto era el lugar donde administraba justicia por las diversas causas presentadas. Un atípico y sostenible juzgado destinado a facilitar la convivencia en el pueblo. El patíbulo en el que fue ahorcado por resolver una disputa en contra del paisano equivocado. La mesa de mi despacho está hecha con la madera de aquel roble. Cada vez que tengo que dictar una sentencia, instintivamente toco su superficie, pues continua irradiando responsabilidad y orgullo.

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  • Imagen de perfilToda una vida

    Lidia Ramallo Sánchez 

    Sentada en su despacho redacta el alegato final. En cuanto lo acaba me invita a tomar asiento para escucharlo. Lleva puesta la toga apolillada que guarda en el armario. Defiende la causa de un pobre hombre que se enfrentó en solitario a una multinacional que atenta contra el medio ambiente. Sabe que tiene las de perder, pero facilitar el acceso a la justicia de todas las personas le ayuda a dormir en paz. La forma más eficaz de actuar sería llegar a un acuerdo antes de la vista, pero a pesar de los años que trabaja como abogada sigue siendo una soñadora. Un hombre vestido de blanco entra en la habitación. Con cuidado le quita la toga y la prepara para ir a cenar. El reloj de la residencia marca las ocho en punto y yo, su orgulloso marido, le ofrezco mi brazo para acompañarla al comedor.

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  • Imagen de perfilGranito de arena

    CALAMANDA Nevado Cerro 

    El colegio de Madrid pedía voluntarios para asesorar a PYMES, ante los ERTES forzados por las circunstancias de la pandemia del COVID 19. Completé el formulario online adjunto y me dispuse a facilitar lo mejor de mis conocimientos en la materia y algunos ahorros abriendo un pequeño despacho en Chamberí. Un abogado como yo, jubilado, solitario, mayor, y de pueblo necesitaba contagiarse de paz en el barrio de los más felices, eso decía mi abuelo a pesar que el nombre se lo pusieron los soldados de Napoleón y las estadísticas arrojan que es el distrito dónde más retirados viven solos. Me admitieron y viajé a la capital mochila en mano desde mi lejana provincia en una compañía aérea eficaz en la nueva normalidad, da acceso a un pequeño número de vuelos.
    Estoy asesorando, y mi nieto, abogado y voluntario, viene de camino. Dijo que esta causa y Chamberí, son “trendy”.

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  • Imagen de perfilMUERTE SÚBITA

    MANUEL MACHARGO 

    Sobre las 12 horas entré en la habitación 14 y me encontré con el “fiambre”. Esto fue lo que le dije al Policía que me interrogó.
    Cuál no sería mi sorpresa cuando en la paz de mi despacho la camarera del hotel - esta era su profesión -, me confesó que había sido ella la que le suministró un eficaz veneno, siendo esta la causa de la muerte.
    ¡Esto es un asesinato en toda regla!, pude balbucear.
    ¿Y que motivos tenía Vd. para cometer tamaño crimen?.
    En la noche anterior cuando me estaba cambiando en el vestuario, al cual él no tenía acceso, entró de improviso y me intentó violar.
    Esa noche no puede dormir, pensaba en que no me lo creerían, así que para facilitar el trabajo a la “justicia”, decidí hacer de juez y, en la sentencia, con arreglo a mi particular código, le impuse la máxima pena.

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  • Imagen de perfilINFILTRADO

    Amparo Martínez Alonso 

    Mi coche eléctrico, además de facilitar el aparcamiento en la ciudad, contribuye a reducir la contaminación. Lamentablemente, desde el accidente del repartidor de pizzas, tengo prohibido utilizarlo. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Ahora vivo en esta urbanización, seguro y en paz. Dispongo de acceso directo al gimnasio, piscina y pista de squash, pero echo de menos el bufete y a los compañeros. La causa del giro que ha sufrido mi vida es esta manía mía de indagar hasta el fondo de la verdad, junto a mi eficaz empeño de complicarme la vida. Me explico: yo era el abogado del taxista que, supuestamente, arrolló al repartidor de pizzas. Procuré no inmiscuirme en el caso, más allá de mi cometido profesional, pero la gabardina a lo Bogart del motorista no encajaba. Investigué, descubrí y me ofrecí a colaborar. Pronto conseguiremos desmontar el entramado de distribución de drogas que... ¡Chisss!... Se acercan.

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  • Imagen de perfilSIN UN ADIÓS

    Almudena Horcajo Sanz 

    Al difunto Rodolfo, que en paz descanse, siempre le acompañaron los problemas. Fue un artista de enorme talento, pero también un manirroto. Su acceso a la fama, por la puerta grande, lo descontroló por completo. En no pocas ocasiones, se levantaba millonario y, a la hora de acostarse, estaba ya en la ruina. Con una vida desenfrenada, iba saltando, sin descanso, de una causa judicial a otra. Aunque nada hacía para facilitar el trabajo de Ricardo, su abogado, este siempre demostró ser un profesional eficaz. Poco tiempo después de conocerse, descubrieron que les unía algo más que los pleitos. Desde entonces, han pasado más de veinte años, en los que vivieron de todo, incluso, momentos felices; a pesar de ello, nunca se separaron.
    Ricardo no ha podido despedirse de él, desolado, maldice a este extraño virus que le ha arrebatado casi todo, pero que no conseguirá que cuelgue la toga.

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  • Imagen de perfilROJO SANGRIENTO

    Juan José Carrillo Chacón 

    Abro «LEXNET». Treinta y tres «NOTIFICACIONES RECIBIDAS» rompen mi paz matutina. Pincho en esa nociva carpeta, las selecciono sin orden ni concierto y pulso en «FIRMAR Y ENVIAR». Todas mutan al unísono y cambian su estatus: «ACEPTADAS». Vuelvo a pinchar, con pasión, como si mi cursor fuera una prolongación de mi brazo y empuñara una afilada navaja. Esta vez, para facilitar mi siniestro cometido, selecciono a mi presa de forma eficaz: porcentaje de éxito; cuantía de mis honorarios; complejidad del asunto; nivel de animadversión hacia mi contrincante; causa del conflicto; grado de sintonía con mi cliente… El acceso a mi primera víctima revela un recurso de apelación penal. Lo descargo. Lo leo de corrido una primera vez. En la segunda, mutilo párrafos, cerceno frases, estrangulo palabras, fragmento conceptos, disecciono las debilidades de mi contrario y anoto al margen de cada página, con un rotulador rojo sangriento, cómo lo aniquilaré.

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  • Imagen de perfilLa paz del poder

    Carlos Bobadilla Barra 

    “Abogado”, rezaba su título. Con sus “clientes” era absolutamente severo, prácticamente no los dejaba hablar y, las pocas veces que lo permitía, reprendía con desprecio cualquier idea intentaran hilvanar. ¿Facilitar las cosas? Ni hablar, “soy a la antigua”, decía. Este profesor universitario, que jamás ejerció la abogacía, acariciaba el poder que le otorgaban las miradas temerosas de los estudiantes en un examen oral; miradas que se traducían en un balbuceo, destrozado por él de forma eficaz y con elegancia. Sin embargo, saliendo de la Universidad, su poder desaparecía. A causa de sus labores docentes, debía asistir a dar discursos en las cenas de ex alumnos, en donde las miradas de apatía e indiferencia de los abogados litigantes y con acceso al mundo de la praxis jurídica, lo demolían. Allí, él era quien se convertía en el pequeño, temeroso y balbuceante proyecto de abogado. “Qué falsa la paz del poder”, suspiraba.

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  • Imagen de perfilNO FUI YO

    Ruth González Poncela 

    - ¿Puede decir a este Tribunal lo que hizo el día 20 de febrero de 2019 cuando terminó su jornada laboral, sobre las 23:00?
    - (zzz..)
    - Sr. Juez, antes que nada, quisiera decir que no es a mí a quien tendrían que juzgar. Estoy dispuesto a facilitar la información necesaria.
    - (zzz..)
    - La culpable es mi mujer. Ella me odia y quiere verme en prisión. Es una víbora. Yo sólo quería vivir en paz. Ella me obligó.
    - Por favor, cíñase a la pregunta.
    - Fue ella quien organizó todo de manera eficaz para inculparme a mí. El acceso a la información me lo dio ella. Tienen que escucharme. Se están equivocando de persona. Quítenme las esposas. Soy inocente. Ella es la causa de mi desgracia.
    - (zzz…)
    - ¡Alfonso, despierta! Estás soñando en voz alta. Tu mujer te espera para el vis a vis.

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  • Imagen de perfilLA NUEVA SOSTENIBILIDAD

    Margarita del Brezo 

    Que nuestro mundo ha cambiado a causa de la pandemia es indiscutible. Yo, por ejemplo, ya no trabajo en el despacho. Para facilitar el acceso de la gente necesitada a la Justicia, me acerco todos los días al lugar donde hacen cola durante horas para recibir algo de comida que les reconforte el ánimo y el estómago y, a través de la incómoda mascarilla, les asesoro de forma eficaz sobre su ERTE, los despidos improcedentes e incluso los impuestos de sucesiones que ahora no pueden pagar después de no haber podido despedirse tampoco. Por supuesto, guardando en todo momento la distancia de seguridad. Luego, ya en casa, lleno de agua dos vasos para brindar con mi marido por «la paz, la justicia y las instituciones sólidas», el objetivo por el que siempre hemos trabajado, mientras él dispone sobre la mesa el menú que acaban de entregarle en la cola.

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  • Imagen de perfilLA BUENA ESPOSA

    Aránzazu Fernández Casares · Cáceres 

    Con la nueva normalidad el acceso había sido modificado. Era primera hora y decidí acudir pronto para evitar largas esperas. Cuando entré en la sala, encontré paz y a tres hombres con idénticos atuendos sobre una tarima de madera que, como no, les otorgaba grandiosidad, frente a los demás.

    Me senté a esperar, observé la pulcritud y blancura de local, adornado con acordes dibujos que presidían la estancia. Cuando llegó mi turno, al levantarme, ajusté mi chaqueta, como Alicia Florrick antes de pronunciar el alegato final de la defensa. Me sentí importante, eficaz, comprometida con mi causa. Me he caracterizado por facilitar las cosas a los demás, con dedicación sencilla y noble, como la buena esposa.

    -Señora Alicia, señora…….las palabras de Kiko, el carnicero, me sacaron de mis pensamientos al preguntarme…. El pollo ¿entero o troceado?

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  • Imagen de perfilLos peligros del chocolate

    Wibo Sefeld 

    Los árboles muertos y blanquecinos otorgan al paisaje una apariencia fantasmal. Entre la maleza, niños de corta edad abriendo vainas de cacao. Hoy, apenas queda una ínfima parte del bosque protegido. Las grandes multinacionales alegan sutilmente que han sobreestimado su abundancia. Sus abogados cobran grandes emolumentos mientras su honor se cuela por las rendijas de la ley. Hasta ahora, nadie ha podido de forma eficaz pararles los pies y a los grupos ecologistas nunca les han querido facilitar el acceso a las plantaciones. Como abogado en ciernes, iluso y comprometido, me habían erigido como firme defensor de la causa. Nadie podía imaginar que el juez fallara a nuestro favor. Hoy, me planto delante de los abogados contrarios, levanto mis minutas y con mucha parsimonia las voy rompiendo. La paz interior que siento es inmensa.

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  • Imagen de perfilFuente insostenible

    Samuel Ferro 

    Era la única causa que importaba. Aquella por la que había cruzado un país que apenas conocía y de difícil acceso para alguien yo, un abogado que deseaba descubrir la verdad. Lo intenté por las buenas, pero facilitar información por parte del gobierno era algo que no estaba en sus planes, y menos del político de turno. No tuve más remedio que meterme allí, alentado además por aquella madre africana que había perdido a su hijo.
    Cuando llegué, descubrí que no había paz, solo guerra, y mientras, la petrolera occidental sacaba tajada usando los medios a su alcance para desestabilizar al país, y desgraciadamente de forma eficaz. Pero el destino estuvo de mi lado, encontré las pruebas necesarias para destruirlos, tanto a la empresa como a su político untado. Aunque para ello tuve que enfrentarme a la guerrilla local y al niño desaparecido que me apuntaba con un arma.

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  • Imagen de perfilINTERRUPTUS

    Ángel Montoro Valverde 

    —¿Artículo 325?
    —Delito de emisiones, vertidos.... —respondió el opositor, acometiendo el escote.
    Quería esa plaza de jurídico en desarrollo sostenible pero, a causa de la desaforada pasión, incrementada con su recién inaugurada vida de pareja, no encontraba el modo eficaz de lograr la paz interior, atornillarse a la silla y disciplinar la memoria. Para facilitar el estudio, ella le impuso la condición de demostrar el dominio del temario antes de cobrarse el pago de los deseos.
    —¿Responsabilidad medioambiental?
    —Ley 26/2007 —contestaba Rubén, sin que el antilibidinoso esfuerzo memorístico ralentizara su lucha frente a dos desobedientes corchetes.
    —¿Objetivo número dieciséis de la agenda 2030?
    —Justicia para todos—afirmó seguro el interrogado, mientras accedía digitalmente al epicentro de sus ardores.
    —¿Delito de incendio forestal?
    —Doscientos… ¡dos! —respondió, sofocado.
    —Error. Ese artículo es… hum… allanamiento de morada. Repasa.

    Una contracción muscular, certeramente ejecutada por la examinadora, vedó por esa noche el acceso al paraíso.

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  • Imagen de perfilA CIEN AÑOS VISTA

    Francisco José Méndez Pedrero 

    Año 2120. La paz reina en todo el planeta tierra. El delito ha desaparecido de las relaciones humanas, en todas sus formas. La causa , un eficaz invento que proporciona a las autoridades, un acceso directo a todos los cerebros de los habitantes del mundo. Un microchip implantado a todo ser racional, en el nacimiento, en su cavidad craneal, con el objeto de facilitar el control intelectual y emocional, posibilita que nadie piense o actúe de forma contraria a la legislación vigente. Todos y todas están supervisados y fiscalizados, por vía remota, mediante este sistema de seguimiento, y antes de que alguien cometa un acto contrario a derecho, dicho dispositivo , salta, lo revoca y subsana . Nadie está exento de dicha dirección y enmienda, por la gran máquina . Por ello, y ante este panorama, ya no existen los Tribunales y profesiones jurídicas, por no existir conflictos.

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  • Imagen de perfilLA PROFESIÓN QUE NUNCA DUERME

    Eva Navea lopez 

    Carmen, tiene 62 años,le quedan pocos años para jubilarse,y nunca la recuerdo vivir en paz, tranquila,siempre enganchada al teléfono,al ordenador, expedientes encima de la mesa...siempre dice:¡Esta causa me quita el sueño!,constantemente trata de ser tan eficaz en su trabajo que se olvida del resto,de su propia vida.

    Con 25 años,me preparé el examen de acceso a la abogacía, siempre pensando en que pueda ser una "herramienta" que permita facilitar el trabajo que le queda a mi abuela, y podamos recuperar todo el tiempo perdido, uniéndonos está profesión....la que en su día nos separó.
    Ella no lo demuestra,pero su sonrisa al verme con la toga lo refleja.

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  • Imagen de perfilQUIMERAS

    ÁNGEL SAIZ MORA 

    Secundino llega a tiempo para el informativo de la noche en su cadena de televisión favorita, nunca se lo pierde. Apenas pudo ir al colegio, trabajó hasta que sus huesos se lo permitieron. Un abogado hizo que le diesen la incapacidad permanente. Si hubiera podido estudiar habrían sido leyes, para hacer justicia y ayudar a la gente.
    Secundino, a su manera, dedica casi todo su tiempo a los demás y no se conforma con una única buena causa. Eficaz o no, pasa sus días plantado junto a la puerta del ayuntamiento, con papeles que detallan los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que está encantado de facilitar a los transeúntes. Hablan de acceso a la educación, o del fin de la pobreza.
    Hoy, en el telediario, han dicho que es un loco romántico. Él se ha limitado a sonreír. Esa noche, como todas, dormirá lleno de paz.

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  • Imagen de perfilEL ORGULLO DE SER ABOGADO

    juan perez morala 

    Se les veía por toda la geografía española, sobre todo por las ciudades grandes o cálidas, malviviendo con sus ventas ambulantes, en una paz interior nutrida de resignación, con la mirada lejos, circunspectos. Muchos, decepcionados a causa de su incierto futuro.

    La política migratoria parecía no ser muy eficaz. A mis colegas y a mí, nos parecía incomprensible relajar el control fronterizo, casi facilitar el acceso al territorio español, para luego dejar al inmigrante en la estacada, sin trabajo ni recursos.

    Un chico alto, de unos veinte años, Ahmed, de Mauritania, subió una mañana a mi despacho. Entró tímido y cauteloso, porque no sabía lo que le costaría la consulta. Le tranquilicé y le serví un café. Me miró con ojos nerviosos, luego se distendió, dejó de sudar y empezó a hablar más suelto.

    Cuando le expliqué qué hacer, sonrío largamente. Entonces, repentinamente, me embargó el orgullo de ser abogado.

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  • Imagen de perfilUNA JUSTICIA DE LOCOS

    PILAR ALEJOS MARTINEZ 

    Supe que a mi mejor amigo le ocurría algo raro cuando, mientras conversábamos, empezó a perder el hilo de sus ideas y a divagar sin control. Poco a poco su salud mental se agravó. Tratar con él era una verdadera locura. Estaba tranquilo y en paz, pero, de repente, se volvía iracundo y hablaba en un idioma extraño que nadie entendía. Como si tuviera doble personalidad. Me tenía muy preocupada. Le diagnosticaron «envenenamiento por mercurio». Toda una vida fabricando sombreros para la realeza en condiciones precarias, ahora, le pasaba factura.

    Optó por la solución más eficaz. Aunque era demasiado tarde para él, quiso facilitar las cosas a las generaciones futuras. Me pidió que me hiciera cargo de su causa contra los explotadores. En cuanto tuve acceso a toda la información, demandé a los culpables esperando justicia. Enloqueció de contento al escuchar la sentencia ejemplar que dictó la Reina de Corazones.

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  • Imagen de perfilLa demanda

    M.Salvador Muñoz 

    La nave extraterrestre orbitaba a cientos de kilómetros. Venían a reclamar lo que siempre fue suyo, el planeta azul.
    Tenían dos formas de conseguir su objetivo. Una era la invasión, pero amaban la paz y optaron por la segunda opción, la más eficaz: contratar mis servicios. Sabía que mi prestigio traspasaba fronteras, pero no interestelares. La causa motivó mi ego hasta el extremo de hacerla mía.
    Las pruebas, irrefutables, demostraban que en la primigenia, en una tierra yerma de vida, ellos inocularon la primera biomolécula. El tiempo hizo el resto. La sentencia fue inapelable, éramos arrendatarios y el contrato llegaba a su fin. Los magnánimos seres nos proporcionaron naves para facilitar nuestro acceso a otro planeta.

    Ahora, en este navío, camino de las estrellas, sé que la justicia ha triunfado, pero al observar las miradas de mis compañeros de viaje tengo la certeza de que no veré el nuevo mundo.

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  • Imagen de perfilMinutas

    Irene Brezmes Diez 

    Una mañana entré a mi despacho y encontré mi trabajo lleno de tachones y anotaciones en los márgenes. Pregunté a mis compañeros quién había sido; todos lo negaron.
    Tras examinarlo con recelo, tuve que admitir que planteaban una estrategia mucho más eficaz, así que decidí seguir cada recomendación. Ganamos la causa -importante, por cierto-, brindamos, todos me encumbraron.

    El suceso se repitió al mes siguiente, así que decidí instalar una cámara en el acceso para descubrir a mi corrector. Paz era una indigente de la zona a la que conocía, estudiaba libros de derecho por entretenimiento y no tenía dónde dormir. Vi cómo tachoneaba mis estrategias tumbada sobre la alfombra, hasta que le entraba el sueño.

    Agradecido, le dejé un sobre con dinero y una nota: - Para facilitar tu vida.

    Esta mañana he encontrado su respuesta: - ¿A esto llamas minutas, inútil?
    Acompañado de una demanda por explotación laboral.

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  • Imagen de perfilRENOVARSE Y MORIR

    Miguel Angel Zarzuela Ramírez 

    Los dos socios estaban en pie de guerra y Paloma supo traer un poco de paz. El reparto de la minuta del caso de los armadores fue la causa de un gran desencuentro pero ella, recién llegada, consiguió reconciliarles.

    Era como una bocanada de aire fresco en un bufete chapado a la antigua. Eficaz, joven y encantadora, tenía el don de facilitar las cosas. Se ganó la confianza de las dos vacas sagradas hasta tal punto que no tardó en convencerles de la necesidad de iniciar la transformación digital del despacho. “González y Lángara - Despacho de Abogados”, se convirtió así en “GL&P_Abogad@s” y capitaneado por su nueva socia, Paloma Puertas, tuvo acceso a los litigios más relevantes de la capital, labrándose una merecida fama de bufete tecnológicamente avanzado.

    Y un buen día un virus se llevó todo por delante, Paloma incluida (ginoide infiltrada por “Industrias Acme 2.0”).

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  • Imagen de perfilCAUSA JUZGADA

    LOURDES ASO TORRALBA 

    A mí lo que de verdad me gustaba era la magia. Pero mi padre dijo que cinco generaciones de abogados no se rompían por una estúpida manía mía de jugar con una varita. Y que si quería agitar algo, que golpeara el mazo para determinar una causa juzgada, que para el caso, lo mismo. Mi madre enseguida terció para que firmáramos la paz amistosamente y se encargó de facilitar un acuerdo intermedio para ambos. Al finalizar Derecho tendría un año sabático antes del acceso al bufete. Visité diferentes Tribunales cada vez más convencido de que la contaminación del planeta debía juzgarse en La Haya de forma urgente. Consciente de la dificultad de semejante empresa, saqué un paquete de pruebas y las barajé de forma eficaz, haciéndolas llegar al lugar adecuado en el momento justo.
    Estoy nervioso por si el ilusionismo del truco desaparece antes de que emitan el veredicto.

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  • Imagen de perfilInocentes

    María Gil Sierra 

    Cuando conocí a Eulalie, me emocioné. Nunca había visto tanta ternura y dolor reflejados en una mirada. Su caso era complicado. Había llegado sola a España, tenía 15 años y estaba embarazada a causa de una violación múltiple. Me dijo que venía buscando paz. Que aún no conocía su significado. Le pregunté si su familia seguía en Burundi. Me negó cualquier información. Yo, como abogada, debía ocuparme de sus documentos, pero también quería facilitar, con mi amistad, su proceso de adaptación. Ser eficaz con el papeleo me parecía insuficiente. Y llegué a quererla de verdad. Un día me arrancó un compromiso: “Promets-moi”. No me pude negar. Ocurrió poco antes del alumbramiento. En ese momento me permitieron el acceso al paritorio y la vi luchar por su hija. Una semana después murió. La esperanza también brilla en los ojos de Kigemi. Y, como le prometí a su madre, crecerá con amor.

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  • Imagen de perfilFEMENINA Y SINGULAR

    Ana Isabel Rodríguez Vázquez 

    La vida de Irene estaba salpicada de luces y sombras.
    Mi adorada niñera. Una vehemente abanderada de la paz, cuyo eficaz discurso sobre derechos humanos, logró cautivarme desde el día que la conocí.
    Siempre tuve la duda de si las anécdotas que contaba eran reales o fruto de su imaginación. Pero con ellas conseguia facilitar mi interés por conocer su verdadera historia.
    Incluso creo que me convertí en abogada laboralista a causa de sus arengas sobre el acceso de la mujer al empleo igualitario.
    La última vez que nos vimos me mostró una vieja fotografía.
    Y entonces lo entendí todo.
    En ella un grupo de muchachos con casco y mono de trabajo, posaba delante de una gran nave industrial.
    Al ver mi mirada expectante, señaló con el dedo sobre la imagen y dijo:
    -" El primero por la izquierda soy yo".

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  • Imagen de perfilVecinos

    Beatriz García Herrera 

    La división del predio familiar le dejó sin acceso a la vía pública.
    Para poder ir a trabajar, tuvo que hacerse amigo del perro de su hermano, dueño de la finca colindante. Que no es que su hermano fuera un perro, que también, sino que se había adjudicado uno de presa, todo fuera por facilitar aquellas entradas y salidas furtivas de su amado hermano a través de sus tierras. La medida fue eficaz unos días, pero a base de chuletones al punto, nuestro protagonista alcanzó una insospechada paz interespecies.
    Así pasaron los años, largos, confinados y furtivos años, invirtiendo gran cantidad de su presupuesto en la carnicería, hasta que una película de romanos le sacó de su letargo jurídico.
    ¿Realmente existía algo llamado servidumbre de paso?
    ¿Podría no ser la suya una causa perdida?
    ¿Podría tener él un derecho de paso a través de la finca de su hermano?

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