Urko Madrazo Aguirre

Microrrelatos publicados

  • Proceso de selección

    “Multinacional jurídica en constante crecimiento requiere abogado con amplia experiencia”, rezaba el anuncio en la web. Me inscribí en la oferta más por necesidad que por ambición, ya no tenía el hambre de éxito que me acompañaba cuando empecé. Tras veinte años en un prestigioso bufete de abogados había sido despedido. Además, un traumático divorcio había hecho menguar en demasía mis recursos económicos. Se trataba tan solo de proteger la cadena de suministros en mi nuevo hogar y de poder pagar puntualmente la pensión de mi pequeño. Me llamaron para citarme personalmente. Cuando llegué, me hicieron pasar directamente a una luminosa sala con una gran mesa acristalada en el centro. Tomé asiento mientras esperaba. Estaba nervioso. Tras tantos años, había perdido el hábito de acudir a entrevistas de trabajo. De pronto, oí pasos. Miré hacia la puerta, por donde apareció una esbelta silueta. ”¿Cómo estás, Roberto?”, me saludó mi exmujer.

    | Febrero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Proceso pendiente

    —A estas edades ya no estamos para correr, señoría. Es imposible que fuera yo quien salió huyendo tras robar ese diamante —aulló Braulio con un gesto de asombro.
    —Hay testigos, señor. Además, he presenciado hechos más inverosímiles en mi larga carrera.
    —Obsérvele, ¡joder, no pude ni andar! ¿Cree que está en una silla de ruedas por gusto? Solicitaré al centro un informe médico que demuestre su estado de salud. Debo proteger la integridad de mi cliente —intervino Baldomero, su abogado.
    —Espero ese informe, pero debería vigilar sus modales, letrado. Continuaremos en la próxima sesión, ahora debemos ir a comer —sentenció el juez con un golpe sobre la mesa.

    Apoyada en el marco de la puerta que daba acceso al salón, Alba observaba la escena con dulzura mientras esperaba para acompañarlos al comedor. Jugar a “los abogados”, como lo llamaban, se había convertido en un entretenimiento muy popular en aquella residencia.

    | Octubre 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Absolución sumarísima

    Vestido con una innovadora toga escarlata, el juez se dispuso a leer la sentencia. Con la firmeza y educación que un momento así requería, depositó sobre la mesa la resolución judicial y comenzó su lectura. El mundo esperaba ansioso.

    La decisión resultó unánime. El principio de equidad fue aplicado en toda su magnitud. La sentencia marcó jurisprudencia para el resto de la vida conocida. Quedó probada la igualdad entre Dios y él. Se puso en valor que ambos eran seres magnánimos, todopoderosos, superlativos. Uno y otro tenían la potestad de definir el destino de todo ser viviente. Por tanto, no se podía encumbrar a Dios a los altares de la humanidad y condenarle a él. En el proceso más importante que hasta entonces había conocido la Humanidad, el Diablo quedó absuelto ante las acusaciones de crímenes de lesa humanidad que pesaban sobre él desde hacía más de dos mil años.

    | Septiembre 2020
     Participante

  • Lawyo

    - Buscaremos una gran alianza con una de las empresas punteras del sector. Ellos ganan, nosotros ganamos. Se trata de cooperar por un bien común. Este es el futuro de la justicia, ¡es el futuro de todo!
    - No sé Armando, a mi no me parece muy serio.
    - Esto nunca se ha hecho, podemos revolucionar la abogacía.
    - Muy bien. Y los trabajadores, ¿qué?
    - Podrán fortalecer sus piernas mientras ganan algo de dinero. Sacarán partido a su hobby.
    - ¿Y que hay de la justicia social? ¿No recuerdas por que nos metimos en esto? Por la solidaridad. Para ayudar a la gente. ¡Las condiciones de esos trabajadores son habitualmente muy precarias!

    Rubén, amigo y socio en el bufete, nunca aceptó mi propuesta para unir la ley y la entrega a domicilio. Hoy, sigo buscando apoyos para crear Lawyo, riders autónomos que recojan y repartan demandas usando sus bicicletas.

    | Agosto 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Bogando por la red

    “Pinche aquí para viajar a este remanso de paz”, rezaba el enlace de acceso. La imagen que acompañaba al anuncio no dejaba lugar a dudas; era el edén. Se me antojó el descanso ideal tras un año repleto de pleitos, la terapia más eficaz para mi estrés. Decidido, cliqué el banner. La web me instaba a facilitar mi cuenta y datos personales. Ingenuamente, lo hice. No olvidemos que en 1999 no había tantos conocimientos sobre Internet. Al instante varias páginas se abrieron en mi navegador. Rebeca te quiere conocer. ¡Truco! Gane dinero al instante. Supercuota, ¡apueste al Bayern–Real Madrid! Me asusté. Llamé a la policía. Me habían estafado. Yo mismo ejercí la acusación en la causa contra aquellos piratas. Como podréis imaginar, nunca visité aquel paraíso. Tampoco gané dinero (de hecho, me lo robaron), ni aposté a aquel partido. Sin embargo, Rebeca es hoy mi mujer. Tenemos cuatro hijos.

    | Julio 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Yo, la vacuna

    El confinamiento nos pilló entrenados. Llevábamos años practicándolo, éramos siete en un piso de 60m². La crisis del coronavirus nos obligó a intensificarlo. Mis abuelos vivían con un constante miedo al contagio. Mi padre tenía que salir para trabajar en la fábrica, y temían que trajera "ese bicho verde”. Pedían “pañuelos como los del televisor” para protegerse, pero lo cierto es que la única mascarilla que había en casa era la del pelo de mi madre. Mis hermanos eran pequeños. Yo ayudaba con algún trabajo ocasional, mientras imploraba cada día que todo mejorara para volver a las aulas y acabar cuanto antes mi Grado en Derecho. Quería ser abogado, necesitaba serlo. Deseaba ser la vacuna que inmunizara a mi familia de una vez por todas contra las necesidades. Ansiaba la propagación en mi hogar del estado del bienestar, del que tanto había oído hablar pero que aún no conocía.

    | Abril 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Macarena

    Soy abogada. Llevo en la brecha desde que tenía 25 años. Por eso, y porque siempre he sido una persona muy independiente y confiada, decidí defenderme a mí misma en la causa abierta contra Abogados Pérez por despido improcedente. Me suele costar discriminar entre buenos y malos, pero esta vez tenía claro quienes eran los malos y en que lado me encontraba. Mi caso levantó un gran revuelo en todo el país. No obstante, supuso una oportunidad para hacer públicamente visible la desigualdad que sufrimos desde tiempos inmemoriales. Gané el juicio y se condenó al bufete a indemnizarme con una buena suma, pero lo verdaderamente positivo fue que serví como ejemplo a mucha gente que se encontraba en mi misma situación. Me habían despedido tras 15 años trabajando allí por cambiarme de nombre. Sí, esa fue la única razón. Me cambié el nombre. Antes me llamaba David. Ahora soy Macarena.

    | Marzo 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Salvemos los mares

    Como si de un superhéroe de cómic se tratara, se enfundó el traje decidido a proteger una vez más el ecosistema del que formaba parte. Se sentía un Superman al servicio de quién no puede defenderse. Aunque sus enemigos no eran villanos de cara verde y feroces fauces, si no empresas sin escrúpulos y ciudadanos sin conciencia ecológica. Luchaba contra la degradación del planeta, principalmente de sus mares. Llevaba años intentando hacer de este un mundo más sostenible colaborando con la ONG “Salvemos los mares” a la que solía defender en diversidad de litigios. Sin embargo, esta vez no lo haría en los juzgados amortizando su carrera de derecho. Ese día había cambiado su habitual traje de americana y pantalón de pinzas por el de neopreno. Comprobó la botella, dejó caer su cuerpo hacia atrás, y se dispuso a pescar plásticos en el Mar de Alborán.

    | Enero 2020
     Participante

  • Justicia amazónica

    Lo encontré en uno de esos lugares de clima tropical, amplia biodiversidad y costumbres ancestrales. Donde llueve a menudo y la humedad y el calor hacen que respirar se torne una acción complicada. Mi tesis doctoral sobre el desarrollo sostenible en las tribus de la Amazonia me había llevado hasta allí. Era moreno, alto, espigado. Su anciano rostro irradiaba sabiduría. Se hacía llamar “El juez”, aunque no llevaba toga y mazo sino una suerte de ornado taparrabos y arco. No en vano, se encargaba de impartir justicia en la aldea. Como cuando condenó a aquel joven a recoger todo residuo que encontrará en el poblado durante una semana y a depositarlo en el cubo que tenían habilitado para ello. ¿Su delito? Haber tirado una botella de plástico al mar. Le di mi más sincera enhorabuena. Y comprendí que, en ciertos aspectos, aquellas tribus aisladas estaban más avanzadas que nosotros.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 15

  • En tercera no hay VAR

    La grada aprieta. La lluvia arrecia con fuerza. El viento sopla con violencia. El ambiente no puede ser más hostil. Ajusto el pinganillo y aprieto el botón. - Le agarra de la camisa, es penalti.
    Mi colega hace sonar su silbato y señala el punto que marca los once metros.
    – ¡Lo ha pitado el línea!- Vocifera a sus compañeros el lateral derecho.
    Una estampida humana avanza hacia mí. Un equipo entero se planta delante con la fiereza de una manada de leones hambrientos. Se encaran conmigo. Me piden explicaciones, me gritan. Incluso creo que me insultan, pero no estoy seguro. Me abstraigo de la situación llevando mi mente a otros lugares. Mañana tengo reunión de la comunidad de vecinos. El miércoles, pleito. Que se acabe ya el encuentro. ¿Quién me mandaría conciliar mi carrera de abogado con la de linier? Finalmente, se lanza el penalti. Gol. Final del partido.

    | Febrero 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12