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CRISTINA DEL ALCAZAR · Barcelona 

Sostenía que el acceso a una buena defensa es la clave de una absolución. Así que se dejaba la vida en cada causa, no dejando que sus valores y juicios personales interfirieran en la defensa de quien se sienta en el banquillo. Sin embargo, había llegado el día en que el éxito profesional no era acorde con su tranquilidad personal. Al conocer la sentencia se sintió pletórica por el trabajo realizado. No había parado hasta encontrar una estrategia de defensa eficaz. Lo logró y consiguió la absolución pero al llegar a casa, ya sin toga, el éxito profesional le pasó factura personal. Como letrada, la absolución le enorgullecía. Como ciudadana, no tenía paz. Facilitar que no hubiera habido justicia le pesaba, pero se recuperó recordando aquellos casos en los que su esfuerzo, además de éxito profesional, había contribuido a impartir justicia.

 

 

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