Juan Manuel Chica Cruz

Microrrelatos publicados

  • DISCAPACIDAD BIEN ENTENDIDA

    La máxima era promover el despacho a cualquier precio. Todo debería ser productivo y eso que el capital inicial lo aportó mi hermano que siempre confió en mis dotes de abogado con un dinero que no sé si me prestó o regaló porque nunca más me lo pidió, pero obsesionado por el crecimiento y lo crematístico, con vista de topo y terquedad de burro decidí la supresión de su empleo por inclusivo que fuera. No me lo reprochó, al contrario, con una sonrisa me dio ánimos. “Que lo entendía y no me preocupara”, me dijo. “Ya me apañaría”, pensé yo con los recados, la agenda y demás, pero para mi sorpresa el problema no fue ese. La tristeza inundó el despacho y hasta los clientes le echaban de menos. Ahora, mano sobre mano, entiendo que su cromosoma 21 de más no es nada en comparación a mi pobreza de espíritu.

    | Febrero 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 36

  • Juicios paralelos

    No sé qué causa penal me llevó de presentar sólo un síntoma de mala conciencia a padecer todo un síndrome de culpabilidad. Empezó con el narcotraficante. Su absolución en los juzgados fue mi condena en el tribunal de la conciencia dónde jamás encontré juez más severo. Dictó que la manera de expurgar la culpa era contribuir con mi tiempo libre a cualquier fundación que ayudase a los drogadictos. Después, mi logro librando a una corporación de una fuerte sanción acusada de verter residuos tóxicos me supuso el recibir yo otra mayor. Acabo de pulsar intro en el teclado autorizando una donación anual a una oenegé preocupada por la naturaleza. La cuantía ha sido tal que los de la oenegé me han llamado diciendo si no sería un error. Tendré que debatir con mi conciencia qué culpa tengo en todo esto porque una victoria más y tendré que cerrar el despacho.

    | Agosto 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 18

  • Un buen principio

    Esperando en los Juzgados leo en un periódico una necrológica que hace estremecer mi memoria. Fue mi primer cliente y recuerdo lo llamativo de nuestro encuentro. Acudía a su rescate como abogado del turno de oficio.
    Quién te ha dado vela en este entierro me espetó. Vaya cartel de presentación . Le expliqué tembloroso su derecho a justicia gratuita y le sorprendió que se pudiera decretar algo así para gente como él. Desde entonces le asesoré por el complicado mundo de la ley aunque su mundo lo fuese aún más. Huérfano desde pequeño, en una barriada dónde la palabra tráfico nunca iba relacionada con la automoción, prometió convertirse en hombre de ley y lo consiguió. La realidad siempre es negociable —decía — . Y aunque la palabra cáncer le contradijera tenía razón. Aquel principio suyo también lo sigo yo. Me ayuda a ser buen abogado: la realidad siempre es negociable.

    | Junio 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • Acuerdos legales

    Al Despacho me llegan casos pintorescos como el de un cliente pidiendo asesoramiento para custodiar él, y no su hermano, la urna funeraria de su padre. Como siempre, hice una análisis exhaustivo y aunque en la residencia donde pasó el padre los últimos años de su vida me dijeron que ni mi cliente ni su hermano se prodigaron en visitas y atenciones quizá ahora por calmar conciencias atormentadas se disputaban a muerte sus cenizas. Quise mediar con un mensaje de concordia y propuse la posibilidad de un columbario y la cerrazón fue total. Rebuscando en lagunas normativas locales planteé la posibilidad de esparcirlas por tierra, mar o aire, según gustos. Imposible el acuerdo. Me dieron ganas de ofrecerles un tetabrik vacío..., pero recuperé la lucidez y al final pude comunicar el arreglo: se lo jugarían a los chinos, pero como eso ya se escapaba a mi competencia.
    Sería ante notario.

    | Mayo 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 10

  • En el aire

    Al verlo me vino a la cabeza la historia del chico de los recados que acabó siendo dueño del emporio. Era un eficiente robot limpiando suelos, pero luego alguien le acoplaría un chip para encomendarle nuevas tareas: bases de datos, registro, control de horarios. Indicaría la mejor ruta para los juzgados según el tráfico. Asignaría los casos que entrasen al Despacho según nuestro perfil. Acabaríamos consultando con él, convertido en oráculo de silicio y voz metálica, la estrategia procesal y finalmente le obedeceríamos ciegamente. Una transformación a golpe de inteligencia artificial que dejaba en el aire un desafío existencial y profesional. Algo que jamás imaginé durante mis noches de estudio sacando la carrera de Derecho para ejercer la profesión más bonita del mundo. Lo llevé al ático y lo puse sobre la baranda llena de polvo y esquinas difíciles. De momento, solo he recibido el guiño cómplice de la limpiadora.

    | Abril 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Pretérito perfecto

    El organizador del congreso en vísperas de la inauguración respiraba cariacontecido por una apps, Just&Lex Free, el súmmum de la Justicia 5 G, dijeron sus creadores. Se introducían los datos de las partes, jurisprudencia y la maquinita proyectaba un holograma con la figura del juez o una jueza, (según configuración) emitiendo veredicto. Aseguraron que pasaba la prueba de Turing judicial: La aplicación dictaba sentencias sin forma de distinguir si lo hacía un juez de carne y toga o la máquina. Eso sí – advertieron- era demo y la opción “Carga de la prueba” estaba por pulir en la modalidad Penal y Civil. Afortunadamente la conferencia de apertura “Innovación en vocablos jurídicos latinos” le hizo reparar en la fuerza transformadora del “onus probandi”. Mejor invertir la prueba de la carga y cargarse la prueba (Versión Beta) o a los creadores mismos con martillo judicial. Eso o el futuro de la abogacía.

    | Marzo 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Defensa a sangre

    Con seguridad, otro lío de drogas. No sé cuando pasó de maleante a delincuente. Matiz difícil de discernir como el paso del agua tibia a fría. Tampoco sé cuantas veces le evité la cárcel. Mis esfuerzos para dejarlo solo en presunto ahorraban sufrimientos a mamá pero daban más probabilidades de que regresara antes a la cárcel.
    Siempre decía igual: “Prometo ser bueno”. Y yo le creía.
    Esta vez fue diferente. Balbuceaba algo de un asesinato involuntario. Me miraba como cuando de pequeños hacía trastadas y durante la merienda sentados cada uno en un taburete decía: “Tú, calla. No se lo digas a mamá”.
    De eso pasaron treinta años y su promesa un eterno incumplimiento. Dejé de creerle, pero se agarra a mí como náufrago a un madero porque sigo siendo su hermano mayor. Miro al cielo y pensando en mamá le digo: “Prometo ser bueno. Tú, calla”. Soy tú abogado.

    | Julio 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 30

  • Mi duda

    Procedo de una familia con larga trayectoria en el mundo de la Abogacía. Mi padre y mi abuelo fueron abogados. Yo soy algo mutante, lo mío es la Biología. Defensor a ultranza de la Biodiversidad. He pateado medio mundo en busca de nuevas especies, mientras mi familia relee para solventar sentencias buscando nuevos principios e interpretaciones legales. Tras mi última expedición, en una pradera helada de Siberia, recogí en un tubo de ensayo una cepa de virus que se creía extinguida y para la que la Humanidad no tiene defensas. Ni naturales ni legales. Debo destruirla aunque suponga traicionar mis principios. Si se escapara el virus sería una catástrofe. Nervioso, consulto jurisprudencia al respecto y de un meneo tiro el tubo al suelo. La pandemia empieza... el despertador suena, menos mal que tengo ADN de abogado. La lucha con toga no es tan mortal como contra los virus. O sí.

    | Mayo 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Reto descabellado

    Adquirimos prestigio y eso trajo más casos y más trabajo. Demasiado. Un día llegaron dos clientes casi a la vez, con premura, a uno le atendí yo y al otro mi socia. Fui un mentecato lo reconozco. Mi socia me comentó algo pero yo con la cabeza llena de plazos y grillos me pareció que sería algo divertido. Quién era mejor. En la vista fue tremendo ver la cara de mi socia. Actuaba como abogada defensora del que era acusado de mi cliente. Aquellos dos que entraron de modo correlativo al despacho. No fue buena idea. Litigar y amar riman, pero no casan. Además mi argumentario convenció. Me limité a exponer los puntos débiles de la parte contraria que mi socia me señaló preparando su caso la noche anterior antes de irnos a la cama. Gané el juicio, pero perdí el matrimonio. Mi socia presentó demanda de divorcio y querella.

    | Abril 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • La máxima

    La inmensa panorámica del mar azul que como recién jubilado podría disfrutar en la playa el tiempo que quisiera me invitó a hacer memoria de mi andadura profesional. Y lo primero que me vino a la cabeza fue aquel caso de una señora que pleiteaba solo para salvaguardar el honor de su marido muerto en accidente de tráfico junto a sus dos hijos. Me aclaró de modo muy gráfico que no podía garantizar mis honorarios vaciando su bolso sobre mi mesa pero viendo su desesperación acepté sin dudarlo. Ganó el juicio reconociéndose que su marido no conducía ebrio. “ Ha hecho que crea en la Justicia” me dijo, llorando, tras escuchar la sentencia. Aquella frase fue el mejor pago recibido nunca al adoptar dicha máxima en el bufete los cuarenta años que ejercí después. Principio que siempre brilló sin que nada consiguiera proyectar, como eclipse de mal augurio, sombra alguna.

    | Julio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • El río Aqueronte

    Acudía al frente provisto de citaciones, peritaciones, alegaciones, enmiendas y amparos. Armas que enfundaba en elegantes maletines. Guerra sin balas pero igual de cruenta. El cuartel general era un despacho a mil euros el alquiler y para conseguir tu parte del botín a veces había que luchar contra los clientes más ferozmente que contra sus enemigos. En el asilo, por fin, senil, con mente frágil y pulso tembloroso creí encontrar sosiego en vida para mí espíritu pero allí tampoco cesaban de preguntarme sobre herencias y eutanasias. La única paz me la dará Caronte y su barca cruzándome por el río que hace de frontera entre el reino de los vivos y los muertos, pero mis camaradas me han desplumado a las cartas y no me queda un sola moneda con que pagarle. Mi peor pesadilla de quedarme como alma errante vagando derecho o gibado por los juzgados se puede cumplir.

    | Octubre 2015
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3