Imagen de perfilSALVANDO CABEZAS TURCAS

Juan Manuel Chica Cruz 

Bajo un sol de justicia en el patio del Instituto le defendió ante aquel panel de expertos formado por alumnos, profesores y bedeles. No pudo ser otro quien robara el reloj en el gimnasio, pero cuestionó pruebas; sembró de dudas las certezas y exigió la presencia del Director, la Junta de delegados, y hasta de la Inspección. Consiguió el sobreseimiento. Décadas después, coincidiendo con el aniversario de aquella primera portentosa intervención se ofreció, ya como abogado de prestigio, para ayudarle otra vez y él no sabía cómo agradecérselo. Acusar de homicidio y violación era algo muy grave, pero toda la clientela del pub testificó que le vieron tomar copas con la mujer toda la noche y después salir juntos a casa de ella.
-Créeme no pude ser el último que la viera con vida. Soy inocente.
-Lo sé- respondió observando la sonrisa que le devolvía la esfera de su Rolex.

 

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