Ander Balzategi Juldain

Microrrelatos publicados

  • El juicio final

    Puse el canon en do mayor de Pachelbel y acercándome a la ventana me apresté a desplegar mi alegato final. Pensé en argüir mi perplejidad por un juicio tan sumario, sin dar siquiera oportunidad al inculpado para defenderse. “In dubio pro reo” me reafirmé. A pesar de las desigualdades que produjo entre sus semejantes, a pesar de que extendiese sin reparo la brecha del pecado, también él merecía un juicio justo. Listé en voz alta aspectos positivos de su existencia, recordé momentos en los que supo discriminar entre el bien y el mal, ¡ah, y su genialidad! ¡Esos arrebatos divinos en los que arañó el cielo! La música, la poesía... La esfera crecía indefectiblemente mientras yo disfrutaba de mi último ejercicio como abogado fumando un habano. Nunca esperé que el meteorito modificase su trayectoria por muy bueno que fuese mi alegato.

    | Marzo 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • Equilibrio ecológico

    Soy una especie en peligro de extinción. Hasta no hace mucho era una especie dominante en mi ecosistema, todos me conocían como Don Román, el reparador, un abogado generalista que campaba a sus anchas por esta amplia región norteña, región que acogía una moderada diversidad de causas y pleitos. Pero últimamente mi subsistencia no parece sostenible. El aumento vertiginoso de la densidad poblacional ha creado una degradación del hábitat con entornos muy competitivos, surgiendo especies depredadoras, mutantes polifacéticos que dominan todas las áreas del derecho y que se asocian para controlar el ecosistema con nombres como García & asociados. Son voraces, no me fio de ellos, me preocupa proteger mi entorno, mi gente, por eso le he pedido a mi hijo, recién colegiado, que se infiltre entre ellos. Así mantengo la esperanza de que un día mis vástagos retornen a la cima de la cadena trófica.

    | Enero 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Chicken masala

    Me cuesta encontrar a mi madre en su propia casa, los inmigrantes pululan por ella como si fuese un zoco africano. Mi madre los acoge en su humilde piso mientras yo, como abogado, me dedico a gestionar sus papeles de asilo. Hoy hay una actividad frenética en la cocina, huele a “chicken masala” y calculo que habrá unas diez personas cocinando al mismo tiempo. Nadie repara en mí. En la sala, varios hombres discuten acalorados sobre un partido de cricket, alguno es tan amable como para enarcarme una ceja. Después de registrar las habitaciones encuentro finalmente a mi madre fumando un cigarrillo en el balcón. Estoy a punto de decirle “mamá, esto no puede seguir así”, pero ella se adelanta y me sonríe “felicidades, cariño”. Con un beso me recuerda que ese mismo día, hace treinta años, me trajo del Congo con solo dos años.

    | Septiembre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Un pueblo llamado Comala

    Apareció Aquilino en el pueblo como el viento del sur, repentino y embravecido. Entró en mi despacho y levantó el polvo ceniciento que cubría los muebles y las carpetas. Dejó sobre la mesa un calcetín raído y exclamó “aquí están las pruebas. Dicen que ahora se puede obtener su rastro y demostrar que era mi padre”.
    Ya estaba harto de representar a los locos, a los idealistas y a los desfavorecidos, y no sabría donde encajar a Aquilino. Su padre nunca lo reconoció como hijo y el había porfiado por obtener su reconocimiento, luego su hacienda.
    Le recomendé que cesase en su empeño, la reclamación ya había prescrito. Él no entendía el concepto de la prescripción, a pesar de que en ese pueblo de mala muerte no quedásemos más que los cactus y los fantasmas. “Da igual”, respondió, “reclamo el derecho consuetudinario de las ánimas a vagar en sus propiedades”.

    | Julio 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Ser actor o abogado

    Estaba en paro, desmotivado y desorientado cuando un llamativo cartel en la universidad propició mi rescate. Anunciaba el inminente estreno de una serie de abogados. El plantel de guionistas requería de un abogado para desvelar la terminología y los procedimientos apropiados en los juicios. Así comenzó mi vida laboral, y no sé cómo una cosa llevó a la otra. Un día el director me escuchó leyendo un fragmento del guion, dijo que encajaba en el personaje y me dio un papel en la serie.
    Fue el inicio de mi confusión, ser actor o abogado. Ahora, cuando trabajo como abogado en la vida real, no puedo evitar mi propensión a la sobreactuación. Y funciona, eso y los guionistas que suelo contratar para que me preparen los alegatos. Hay veces que me excedo en la puesta en escena y el juez se ve obligado a decretar la expulsión de los cámaras.

    | Junio 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • De Copacabana a Cincinnati

    Recuerdo el XXII congreso en Copacabana. Le presentaron como el no va más de la innovación. Subió al estrado con movimientos ortopédicos, se oían incluso los rozamientos de sus elementos mecánicos. Para ser el paradigma de una sociedad transformadora nos dejó escépticos y bastante fríos, y no tardamos en vaticinar un futuro distópico si la abogacía optaba por ese camino. Luego habló. Su conocimiento enciclopédico, la interacción en tiempo real con el conferenciante y su empatía nos generaron ciertas incertidumbres.
    Me da gracia recordarlo. Hoy, en el XXX congreso de Cincinnati, me suben a mí al estrado. Doy una charla sin apenas público sobre la historia de la abogacía en el siglo XX. Ni siquiera sé para qué se congregan estos androides si lo saben todo, como no sea para hacer mofa de esta última reliquia de carne y hueso.

    | Marzo 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Alonso Quijano

    La convalecencia lo transformó. Salió de la clínica con algo más que un ánimo renovado, salió con el ímpetu de un caballero que se veía victorioso antes de comenzar la batalla. Notó, al hablar con la enfermera, que su verbo se había vuelto audaz y exuberante. Su desempeño como abogado en el pasado le parecía ahora insignificante, diluido por la efervescencia de sus nuevas pretensiones. Iría a por ellos, a por esos gigantes corporativos que medraban a sus anchas explotando el sistema y exprimiendo sus recovecos. Los conocía bien, llevaba años encerrado redactando contratos y preparando declaraciones fiscales para ellos. Cuando volvió a su cubículo encontró la mesa llena de expedientes y el teléfono sonando sin parar. No iba a contestar. Lo primero era encontrar un escudero. ¿Quién repudiaría una oportunidad así?

    | Septiembre 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • El caso de la señora Nobody

    Comenzó a dejar de ser él cuando se dio cuenta de que había desaparecido de la orla de su promoción. No se encontraba entre las fotos. No podía creerlo. Trató de ubicarse buscando su nombre en un albarán, algo que lo vinculase a aquel bufete, pero ni rastro. Se miró la mano, tampoco llevaba el anillo nupcial. Me llamo Fermín Valera, estoy casado y tengo un caso, se reafirmó, debo abogar por la Señora Nobody. Pero sentía como si su existencia se estuviese desvaneciendo. En el juzgado, el juez no dejaba de censurar su presencia con gesto bronco e idioma ininteligible. Terminaron sacándolo a patadas. Y ni siquiera dio con la señora Nobody. Tras quedarse dormido en un banco se despertó sudando, no había preparado el examen de derecho procesal y sabía que de esa prueba iba a depender tanto su licenciatura como la futura existencia de Fermín Valera.

    | Junio 2018
     Participante

  • Un juicio vetusto

    Tenía bien preparado mi alegato. Me levanté, y con palabras justas logré definir el propósito que me alentaba, las causas y razones que me llevaron a postrarme en aquella silla. La verdad es que estaba nervioso, defenderse a sí mismo, siendo abogado, ni es sencillo ni es apropiado. Mi mujer me acompañaba, y no dejaba de asentir cada vez que se me colaba un silencio. Estaba rodeada por sus parientes, que se sumaron a aquella pantomima y escrudiñaban cada uno de mis gestos como si fuese sospechoso de ocultar algún pecado.
    Sentado en la cabecera me observaba el juez, impasible y solícito al mismo tiempo. Era el director de aquel absurdo circo, en cuya sobremesa y con un coñac en la mano, me obligaba a defender mi buen nombre antes de solicitar la mano de su hija.

    | Enero 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • La piel de un abogado

    Mi cliente y yo esperábamos al nuevo procurador para facilitarle la documentación. Con las pruebas de ADN lograríamos solventar el problema y él sería exonerado de cualquier relación con el agresor. Estaba claro, las pruebas eran circunstanciales, lo habían detenido, esencialmente, porque era un inmigrante.

    - Los prejuicios raciales son una pandemia en esta sociedad. – dije acomodándome frente a él en el sofá de mi despacho- se expanden como una plaga de conejos en una pradera.

    Aurel asentía a mis palabras. Los dos vestíamos parecido, él era un rumano de tez blanca y yo un español con la piel de ébano. Quizás por eso, cuando entró el procurador, se dirigió a él para solicitar los documentos. Preferí sonreír.

    - También hay camareros que sirven la cerveza al hombre y el cortado a la mujer. – Añadí - Como te decía, a esta sociedad le hace falta un buen meneo.

    | Mayo 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Miradas que matan

    Me cuesta sobrellevar el desasosiego después del fallo, y eso que estoy convencido de que llevé el caso con la mayor diligencia, que desde el principio trasmití las expectativas con transparencia y rigor. Debería saber que la justicia no es cuestión de magia, que aquí no hay trampa ni cartón, que no se pueden volatilizar unas pruebas incriminatorias tan concluyentes. Hice lo que pude, me repito obcecado, y vuelvo a encender el ordenador. Simulo actualizar mis ficheros y carpetas, cuando en realidad le busco a él en Facebook, para descubrir su sonrisa y borrar de mi memoria su mirada de rencor y odio. La del hijo de mi cliente, sentado sobre el regazo de su madre y camuflado por la concurrencia, simulando que me disparaba con su piruleta.

    | Marzo 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Esquiva memoria

    Es su prominente nuez la que actúa como una llave y desatasca mi ofuscado cerebro. Sí, lo reconozco, es mi cliente, el Doctor Gálvez. Me ubico, recupero en cascada mi esencia y mis conocimientos de abogado, recuerdo el incidente que lo trajo a mi despacho, se despliegan en mi mente los archivos y las carpetas que contienen su caso, rememoro el rostro compungido de su mujer en el juicio, incluso recuerdo el veredicto. Pero entonces, ¿qué hace otra vez en mi despacho? Además, mi despacho se me hace ajeno, con esas toallas, este olor tan aséptico, como a lejía, y sobre todo, con ese hombre de nuez enorme mirándome tan fijamente.

    | Agosto 2016
     Participante

  • La suerte está echada

    No puedo borrar de mi memoria esa visión panorámica de la sala. En ella veo a un jurado decidido e impaciente por terminar el juicio, a un juez desesperado apremiándote a que procedas con tu alegato, la sala completa mirándote, tú dejando el tiempo correr, como esperando que se produjese un eclipse, un terremoto, cualquier milagro que evitase tu intervención.
    Nadie daba un duro por ti, y tú no pudiste ser más gráfico al adoptar la apariencia de un púgil derrotado. Y claro, perdiste, porque la vida es cuestión de actitud. Como yo, que no he parado hasta escapar de la cárcel para recordarte aquello que me dijiste nada más levantarte. ¿Cómo era? ¿Alea jacta est?

    | Julio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Solidario, a pesar de todo

    - Describa, los detalles son importantes.

    El representante de los refugiados intercalaba las penurias de la guerra y los nombres de familiares perdidos entre sus datos personales, y yo lo transcribía todo a mi portátil. Llevaba dos semanas trabajando como abogado en el campo de refugiados de la isla de Quíos, tramitando las peticiones de asilo con escasa convicción.

    Al terminar mi trabajo, una niña se me acercó para darme las gracias. Los que ocupaban la tienda celebraron su iniciativa y repitieron el gesto. Me sentí incómodo, como desubicado, y un irreflexivo espasmo cruzó mi garganta:

    - Tranquilos, ya estáis en Europa.

    Desenfundé la mejor de mis sonrisas y me despedí avanzando hacia la puerta de control. Nada más cruzarla observé la alambrada que los separaba de la playa, y por detrás se adivinaba el mar, siseando como una serpiente en la oscuridad.

    | Junio 2016
     Participante

  • La traición

    Éramos amigos desde la facultad y competíamos por todo. Después de cursar el mismo posgrado, nos presentamos a la misma plaza de un importante bufete de abogados. Al final del proceso de selección quedamos como los únicos aspirantes. Hasta ahí normal, pero en la entrevista final me dejé llevar y conté algunos secretos de mi amigo. Su participación en manifestaciones antisistema, sus proclamas por la independencia de los poderes fácticos, incluida la banca, y otras zarandajas parecidas. Sabía que no les gustaría, la banca era un cliente preferencial del bufete.

    Como me escocía mi traición, le llamé por teléfono y se lo conté.

    - Te agradezco que nos sinceremos. – me contestó.
    - ¿Nos?
    - Yo también lo hice. Pero además adjunté pruebas, un disco compacto con aquella comprometida foto tuya. Me tomé la entrevista como un acto procesal. Lo siento, pero de traicionar, mejor como un profesional.

    | Marzo 2016
     Finalista
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Citarla o no citarla

    Mi cliente ve una suma de dinero bajo decomiso, su novia ve los sueños y los planes de futuro esfumados. Él teme que el testimonio de ella sea su última bala. Ella también, pero aún no sabe dónde apuntar.

    | Febrero 2015
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4