Agosto 2016 | Concursos de Microrrelatos | Microrrelatos Abogados

VIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilAbogado vocacional

María Sergia Martín González- towanda 

Cuando abrí la puerta del despacho, el humo cubría todo y la carpeta con las últimas pruebas del caso prendían en una papelera. Humedecí una toalla y, con la cara cubierta, arranqué el expediente de las llamas. Después, sentí un duro golpe y me desvanecí… Este incidente no ha hecho más que reforzar mi creencia de estar en posesión de la llave para esclarecer el caso. Aunque no sé cómo hacérselo entender a Gabriela, mi compañera de bufete. He hecho leves apariciones en un espejo, le dejo post-it con pistas, intento modular algo parecido a una voz a través del portátil, inundo todo de aromas florares relajantes, pero no hay manera, en cuanto me presiente tiembla como una cáscara de nuez en un océano embravecido. Aquí dicen que ya hice todo lo que pude cuando ejercía, pero yo les respondo que un abogado lo es siempre, aún después de muerto.

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilAbogado vocacional

María Sergia Martín González- towanda 

Cuando abrí la puerta del despacho, el humo cubría todo y la carpeta con las últimas pruebas del caso prendían en una papelera. Humedecí una toalla y, con la cara cubierta, arranqué el expediente de las llamas. Después, sentí un duro golpe y me desvanecí… Este incidente no ha hecho más que reforzar mi creencia de estar en posesión de la llave para esclarecer el caso. Aunque no sé cómo hacérselo entender a Gabriela, mi compañera de bufete. He hecho leves apariciones en un espejo, le dejo post-it con pistas, intento modular algo parecido a una voz a través del portátil, inundo todo de aromas florares relajantes, pero no hay manera, en cuanto me presiente tiembla como una cáscara de nuez en un océano embravecido. Aquí dicen que ya hice todo lo que pude cuando ejercía, pero yo les respondo que un abogado lo es siempre, aún después de muerto.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilLiberado

    Francisco Javier Marín Mercader · Murcia 

    ...Ironía, el defensor indefenso.
    Quedan 5 minutos del receso para conocer la sentencia. Todo estaba encarrilado, cuesta abajo, y en un instante se ha desmoronado.
    Ahora, entre estas 4 paredes con llave cerradas, siento la claustrofobia a la que me enfrentaré el resto de mi vida. Empaparía 3 toallas con el sudor frío que recorre mi frente. Mi decisión está tomada.

    El nudo por encima de mi nuez y mis pensamientos son un torbellino de reproches. Maldita carpeta olvidada, maldito incidente que me llevó a olvidarla.

    Todo terminó, he sido vencido. La angustia me corroe implacable por dentro. 2 intentos cobardes, balanceos del que intenta aferrarse a algo. No hay nada.
    Sólo 1 más, el definitivo. Luz meciéndose a mi vista. Y ahora todo es negro.

    La Verdad de Murcia 29/07/2016 (versión digital)
    “Abogado defensor culpable de asesinato, encontrado ahorcado con su corbata en los servicios del Juzgado”

    0 comentarios

     

     
  • Imagen de perfilGlíglico

    David Villar Cembellín · Sestao 

    «El pueblo contra el Sr. Cortázar. Denuncia por ininteligibilidad —¡caray!, palabra paradójicamente casi ininteligible— en el capítulo 68 de Rayuela. En carpeta adjunta dispongo de dicho capítulo íntegro, a modo probatorio. ¿Algo que declarar?» «Mire, Sr. Nuez, el incidente que aquí nos ha estreclosiado con premuncia es un erpemujo sin galancia ni morazondia. Le ruego lo oropendolice en el más profundo zofio y que arrepestolice la llave al mar.» «Pero, ¿usted se está quedando conmigo? Mire que le puedo acusar de desacato, Sr. Cortázar. Responda en castellano.» «Nada más lejos de mi anzopastia, su bienemerácita. Y lo margento, pero creo estar ya currespándole de forma humefescante.» « ¡Orden en la sala! ¡Desacato! ¡Desacato!» «Umependolice sus gurcias, su buenesencia. No es marrasquisencia, sólo es glíglico.» «Tiro la toalla con usted. Desconozco si estoy ante un genio o ante un loco, me rindo. Elija usted su propia condena.» «¡Absolescencia! ¡Absolescencia! ¡E hinmortalidad!»

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  • Imagen de perfilAtocha 55

    Fabio Gómez García · salamanca 

    El silencio copaba la mayoría de las portadas aquel 25 de enero de 1977, salvo algunas sin escrúpulos que lo calificaron de incidente a medianoche.

    La noche anterior, la cruzada de la liberación para limpiar el suelo sagrado de nuestra patria la encabezaron tres hombres engominados que ocultaban sus pistolas en las gabardinas.

    Giró la llave e irrumpieron dos hombres en el despacho, nos encañonaron y sentí que no se trataba de un susto ni del robo de nuestras carpetas de laboralistas.

    El que se dirigía a nosotros, clavaba su mirada hierática y movía lentamente su nuez expulsando suaves palabras que infringían un terror indescriptible.

    Volví en mí envuelto en un manto de confusión junto a los cadáveres de mis compañeros, acerté a limpiarme con una toalla la sangre injustamente derramada y para mí fue el final, mientras que para tantos fue el inicio de una transición.

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  • Imagen de perfil¿Intuición u oportunidad?

    Calamanda Nevado Cerro 

    A la vez de introducir la llave en su flamante porsche, el abogado echó un vistazo al nuevo fiscal interino: se le atragantó la saliva en la nuez. Aparcaba un desvencijado y descolorido auto junto a su plaza de aparcamiento. La –L- y el rugido del motor anunciaban su experiencia al volante.
    No deseaba un incidente con él y salió del vehículo para indicarle, cuando un gato negro le saltó encima desde una papelera cercana. Vio volcarse su gastada carpeta y las pruebas de inocencia de su defendido sobre un enorme charco de pis y escuchó el chasquido del cristal de los faros traseros de su coche, y su teléfono. Era su cliente arrepentido de mentirle; prometía lo imposible si tiraba la toalla y cambiaba su alegato de inocencia.
    Allí mismo, ante la fecha vencida del seguro del sustituto, decidió que carecía de sentido acudir esa mañana a su boda.

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  • Imagen de perfilEsquiva memoria

    Ander Balzategi Juldain 

    Es su prominente nuez la que actúa como una llave y desatasca mi ofuscado cerebro. Sí, lo reconozco, es mi cliente, el Doctor Gálvez. Me ubico, recupero en cascada mi esencia y mis conocimientos de abogado, recuerdo el incidente que lo trajo a mi despacho, se despliegan en mi mente los archivos y las carpetas que contienen su caso, rememoro el rostro compungido de su mujer en el juicio, incluso recuerdo el veredicto. Pero entonces, ¿qué hace otra vez en mi despacho? Además, mi despacho se me hace ajeno, con esas toallas, este olor tan aséptico, como a lejía, y sobre todo, con ese hombre de nuez enorme mirándome tan fijamente.

     
  • Imagen de perfilTAN HUMANOS

    Javier Palanca Corredor 

    Las pastillas hacen su efecto, pero vuelvo a despertar excesivamente temprano bajo unas sábanas de plomo y sobre un colchón que me engulle.
    Cuando suena el despertador me pilla en vigilia y consigo levantarme sin entender cómo.
    Envuelto todavía en la toalla me dirijo a la cocina y me hago ese primer trago que siempre escuece a la altura de la nuez y de la dignidad como fuego intratable.
    Mientras reviso la carpeta en el bar me hago un par de carajillos.
    Ya en los juzgados solvento sin problemas los casos, dado que el más grave es un incidente de tráfico en el que mi cliente ha sido arrollado por detrás. Hace tiempo que la aseguradora no me da casos complicados.
    Cuando regreso a casa miro la llave y pienso que ojalá tuviera otra que abriera con tanta facilidad la puerta que se me atascó desde que te fuiste.

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  • Imagen de perfilLa bola

    Cristina Requejo García · Madrid 

    Tumbado sobre una toalla, acariciándose la nuez en el interior de una bola de cristal llena de agua y purpurina, es capaz de abrir una carpeta, leer lo que contiene, y observarme al mismo tiempo. Es una mezcla entre un duendecillo y un genio, capaz de sacarme de quicio cada vez que lo veo, tan feliz en ese mundo artificial que ni siquiera hace que se tambalee cuando pongo la bola boca abajo. Estoy seguro de que si la tirara contra el suelo, sería capaz de seguir tumbado, sereno a pesar de cualquier incidente. Me lo regalaron en un Congreso de Abogados . Representa aquello que yo no poseo: paz, calma y, a juzgar por la llave de un Porsche colgada en un llavero plateado , una holgada posición económica, además de un sol radiante cada día, y todo el tiempo del mundo para disponer de él a su antojo.

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  • Imagen de perfilR.E.M.

    Modes Lobato Marcos · Zamora  

    Cojo la nuez del árbol prohibido y...

    Estallan las costillas del kraken, gimen las trompetas del Apocalipsis, entra en celo el caribú, allá en Terranova.
    Corro.
    Cientos de soldados cartagineses, jenízaros, tréboles, me persiguen y atrapan.
    Miro a mi abogado. Él, con bañador y toalla al hombro, me ignora para irse a surfear las cumbres del Annapurna.
    Un conejo relamido se acerca, abre su carpeta, extrae un documento y lee:"Grave incidente... bla, bla, bla, juicio sumarísimo...bla, bla, bla... decapitación"
    Mi cabeza, aterrada, se desprende de mi cuerpo a la altura del cuello y huye rebotando calle abajo, mientras se transforma en Danny DeVito, mujer tártara, reloj de bolsillo, balón de reglamento que resquebraja el espejo y, como una llave, abre mi vigilia.

    No.
    Nunca más leeré a Lewis Carroll antes de dormir.
    Son muy pesadas sus oníricas digestiones.

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  • Imagen de perfilTOGA S.A. vs. TOALLA, S.L.

    Juan de la Fuente Gutiérrez · Navarra 

    Escandalizado rugió: “¿Cómo se le ocurre presentarse aquí de semejante guisa, con chanclas, bañador, toalla y una sombrilla? ¡El expediente lo acaba de sacar usted de una bolsa de playa!”
    “Señoría, le aseguro que no sé lo que ha podido suceder.”
    “Su comportamiento no tiene la menor justificación y le va a costar muy caro.”
    Yo no sabía qué hacer o decir, ni dónde meterme. Tragaba tanta saliva que me dolía hasta la nuez.
    Entonces se oyó un gran estruendo que nos obligó a todos a callar. Debía de ser una alarma de incendios. ¿Un simulacro? En todo caso, mi salvación.
    Desorientado, alcancé a apagar el despertador, y con un ojo pude leer a duras penas en mi carpeta, sobre la mesilla de noche: “Incidente concursal. Rescisión contrato de obra llave en mano. 1 de septiembre de 2016. 10:30 horas.”
    Y entonces supe que la vista la tenía ganada.

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  • Imagen de perfilLecciones útiles en agosto.

    David Gómez Ortas 

    Me resultaba imposible seguir la retahíla de excusas y argumentos con las que aquel cliente pretendía convencerme para que aceptara su defensa. La nuez de su garganta no paraba de subir y bajar de forma hipnótica, y ese vaivén, me sumergía en un trance en el que podía verme allí donde debería estar en ese caluroso mes de agosto: echando la llave al despacho y corriendo, toalla en mano, a la playa más cercana. Tan apetecible visión terminó de forma abrupta cuando, entre cabezadas, mandé la pesada carpeta sobre la que me apoyaba con el codo directamente al suelo con gran estruendo.
    De nada sirvieron las disculpas que pude improvisar después, el cliente salió iracundo y por supuesto, sin abonar la consulta. ¡Uno más!
    Aquel incidente desagradable, me enseñó, sin embargo, una lección más valiosa: En agosto, el lugar de un abogado es la playa y no el despacho.

     
  • Imagen de perfilÚnico testigo

    Laly Del Blanco Tejerina · Leon 

    Remató aquel día perfecto con un baño y un vino igual de espumosos. Después, aún envuelta en la toalla, miró satisfecha la carpeta en la que ponía: caso cerrado. La guardó en el escritorio, bajo llave, zanjando así aquel oscuro incidente que le supuso suculentos honorarios.
    El mejor caso de su vida, sin duda. Aunque no pudo demostrar la inocencia de su cliente, consiguió reducir su pena alegando la poca visibilidad de aquel lugar.
    Ocurrió la misma noche en que ella vio un bulto caer sobre el asfalto y algo crujió bajo sus ruedas como una nuez aplastada por un zapato. Perdió el control por un momento pero consiguió frenar a lo lejos, al salir del coche vio como otro automóvil pasaba por encima de aquel cuerpo. Corrió hasta allí y ofreció su ayuda al aturdido conductor.
    Quién mejor que ella, único testigo, para llevar la defensa de aquel hombre.

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  • Imagen de perfilAlmendras amargas

    Elena Marqués Núñez 

    Pronto comprendí que la llave de una buena defensa es una mejor investigación, en cuanto entre los papeles del sumario encontré la fórmula. El acusado había sustituido la nuez por las almendras. «Para el colesterol», dijo con cara inocente, aunque yo ya sabía que una sola dosis de aquel pastel resultaría letal, y que el subterfugio era tan estúpido como esconder un ladrillo en una toalla para disimular los golpes: siempre acaban por pillarte.
    Enojado, arrojé la carpeta sobre la mesa y le pregunté qué hacíamos. «Usted es mi abogado. Solo defiéndame», expuso.
    Ahora, tras el incidente, no tengo claro seguir en el oficio. Prefiero sacarme una licencia de detective privado y dedicarme a esto. Es lo que más me gusta. Lo pensaré en cuanto acabe el pastel que me regaló mi último cliente. En el fondo, no era nada rencoroso. Y tiene un embriagador sabor a almendras amargas que…

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  • Imagen de perfilUN MUNDO MEJOR

    Blanca Alvarez · Madrid  

    Cuando las azafatas lo anunciaron, Susan entró en shock. Era espeluznante pensar cómo en pocos segundos sus emociones cambiaban tan drásticamente, pero más espeluznante era asumir que su avión había sido secuestrado. Sentía rabia, dolor, angustia... Parecía irónico que esa misma mañana sus mayores preocupaciones fuesen no perder el avión, ordenar las carpetas del despacho o comprar unas toallas. Reflexionaba en sus contados minutos de vida intentando entender cómo el ser humano es capaz de provocar tales masacres e incidentes. Se planteaba qué estaba en su mano, en la de todos para hacer de éste, un mundo mejor. Pensaba en John, su prometido, y en su aroma a nuez moscada. Le mandó un sms con sus últimas palabras.
    Muchos se preguntan por qué John defendió en los tribunales a aquellos terroristas, él responde pensando en Susan que la llave de la humanidad es luchar por juicios justos.

     
  • Imagen de perfilAquella profesión…

    Carmen Vázquez de Castro · Madrid 

    -¿A qué se dedica tu papá?- preguntó Berta al pequeño Jaime.

    -Es extraño.-dijo tragando saliva, moviendo su pequeña nuez- Unos días se pasa toda la mañana, la tarde e incluso la noche escribiendo, hablando alto, buscando la palabra y el tono exactos.

    -¿Es escritor?

    -No, porque muchos días se va de casa temprano con su carpeta, dice que a luchar por los demás, que nunca hay que tirar la toalla. Parece un aventurero.

    -Entonces será misionero.

    -No, porque discute mucho, parece que unos le admiran pero otros se encaran con él, siempre tiene que estar preparado para cualquier incidente.

    -¡Ya sé! Es político.

    -Pasa mucho tiempo leyendo, hablando con gente y reunido, pero no. El caso es que siempre habla de algo especial... ¿Cómo era? Decía que su trabajo consistía en velar por los derechos de las personas, la llave de la justicia, y que por eso se hizo abogado.

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  • Imagen de perfilMI TURNO

    PATRICIA DURÓ ALEU 

    Fue un matón de patio de escuela. Practicaba artes marciales; lo recuerdo con un escalofrío cascando nueces con los nudillos. Su popularidad creció de forma inversamente proporcional a la mía, y pronto me convirtió en objeto de sus desmanes: al menor incidente, me volteaba con una de sus llaves y estampaba mis gafas contra el suelo. Yo era el renacuajo; el que nunca jugaba al fútbol por temor a los pelotazos; el que sabía todas las respuestas, pero fingía ignorarlas para no destacar. Hasta ayer, desconocía que se hizo abogado. Me sorprendió su torpeza, el nerviosismo con el que rebuscaba entre los papeles de su carpeta, su informe balbuceante y deshilvanado… Me fijé en sus sienes cuando concluyó: le hubiera venido bien una toalla… Esbocé una sonrisa. El patio de escuela se transmutó en Sala de Vistas; la retórica determinaría la victoria, y ahora era mi turno: con la venia…

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  • Imagen de perfilServicios Baratos On Cloud, CB

    Rafael Perales Cañete 

    Giré lentamente la llave del archivador con los ojos cerrados, tragando tanta saliva que mi nuez parecía un ascensor de un centro comercial. Al abrirlos desencajé la boca. La inundación había alcanzado a los expedientes. Maldiciendo, me puse a secar los documentos de cada carpeta con una toalla. El disco de copias de seguridad también mojado. Inservible. Menos mal que tengo todos mis expedientes digitalizados y en un servicio “on cloud”. Mientras seguía quejándome de mi suerte recibí la llamada fatídica: “Soy de la empresa ‘Servicios Baratos On Cloud’ lamento informarle que hemos tenido un incidente en nuestros servidores. Un incendio ha destruido todos nuestros discos duros. Ha de volcar su copia de seguridad local”. La voz de mi informático empezó a retumbar con eco dentro de mi cabeza: “… contrate un buen servicio on cloud y guarde su copia de seguridad local en un sitio distinto a su despacho.”

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  • Imagen de perfilLOS DIMINUTOS

    Juan Manuel Llanos Orantos 

    En apenas cinco metros cuadrados levantan una gran urbe. Construyen sus viviendas con cáscaras de nueces y almendras. Domestican ácaros, pulgas y bacterias. Con nada más que una hormiga y una semilla de calabaza celebran un banquete. Se precisan microscopios para distinguir sus zapatos, gafas, llaves, cubiertos, relojes, martillos, lápices...

    Cuando rogaron protección jurídica a fin de evitar que sus poblaciones fueran arrasadas por las actividades de los hombres que nos atribuimos tamaño normal, me animaron a que los representara ante el tribunal de La Haya. Después de pasarme toda la primavera consultándolo con la almohada, empecé a consultarlo con la toalla, en la playa, junto a mi familia, lejos de las carpetas en las que acumulo testimonios, informes de investigaciones y relaciones de incidentes. Mi respuesta ha sido afirmativa. Defenderé a esos vulnerables seres más pequeños que insectos y, no obstante, reconocidos como humanos por la ONU.

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  • Imagen de perfilInicios.

    Emilio Martinez 

    PA…QUÉ!!! .- Gritó secándose las manos con una toalla.

    Yo desde la puerta, colocándome la corbata para que la nuez no delatara el nerviosismo, y apretando fuerte mi carpeta de documentos, espeté:

    En virtud de lo establecido en el Código Deontológico, el abogado de mayor antigüedad en el ejercicio profesional debe prestar desinteresadamente orientación, guía y consejo de modo amplio y eficaz a los de reciente incorporación que lo soliciten.
    PA…QUÉ!!.- Repitió.

    Me ha cedido incluso, las llaves del despacho profesional en el que desarrollamos nuestra actividad profesional.
    PA…QUÉ!.

    PASANTE!!

    Mira Luis a tu edad, tu padre y yo ya teníamos hasta una propiedad, así que dile a ese hombre que te pague por lo menos el transporte, y déjate de tonterías o vamos a tener un incidente, que tienes ya treinta tacos.

    Vale mama. Concluí.

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  • Imagen de perfilEL SENTIDO DE LA VIDA

    Julia A. García Navarro 

    Al viejo abogado le gustaban los miércoles. Se afeitaba y se perfumaba con una toalla empapada de loción. Después sacaba de la carpeta alguna notificación de los autos polvorientos y cambiaba la fecha original con tipex y bolígrafo. Antes de salir empaquetaba lo único que sabía cocinar; un pastel que alguien dijo que a ella le gustaba - mouse de yogur con nuez -.

    Su clienta había sido condenada y los recursos se agotaron años atrás, pero él seguía acudiendo y ella atendía las explicaciones sobre el incidente judicial con el mismo interés que si un tribunal acabara de tramitarlo.

    Antes de despedirse, el abogado prometía hacer lo imposible para localizar la llave de su inocencia y la presa daba las gracias por el dulce.

    Él estaba jubilado y ella no necesitaba abogado por lo que aquellas visitas carencian de sentido, aunque dieran un sentido a la vida.

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  • Imagen de perfilHISTORIAS INFANTILES

    Margarita del Brezo 

    Fue el día que cumplí ocho años. Mi madre me regaló una carpeta y una copia de las llaves de casa. Cuando llegué del colegio la encontré tendida en el suelo. Cubierta tan solo con una pequeña toalla, quedaban a la vista sus numerosas cicatrices y los moratones más recientes. El incidente que desencadenó la brutal paliza fue un trozo de cáscara de nuez en la ensalada.
    –¡Quería que muriese atragantado, la muy puta! –vociferaba mi padre mientras la policía se lo llevaba esposado.
    –¡Seré juez! –grité entre lágrimas para que pudiera oírme–. ¡Y meteré en la cárcel a la gente como tú!

    Sobre los autos, sentencias y procesamientos que abarrotan la mesa de mi despacho reposa la carpeta que ella me regaló. Sus amarillentas tapas custodian las historias de otros niños que, como yo, tuvimos que aprender a caminar haciendo equilibrios entre la memoria y el olvido.

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  • Imagen de perfilUn caso complicado

    María José García López 

    Desperté. Tenía completamente seco el gaznate, la nuez de mi garganta me raspaba como una espina de pescado a cualquier sonido gutural que hiciese. Entré al baño y me sequé el sudor frío de mi frente con una toalla. Intenté abrir la llave del grifo.

    Nada.

    Entré de nuevo en la habitación. Todo estaba en su sitio: el ordenador, el teléfono... Pero, ¿y la carpeta del caso? Miré el reloj, el juicio era en menos de dos horas. Mi predecesor me advirtió de la posibilidad de que me ocurriese algún incidente.
    -Es un tema complicado, demasiados intereses Carlos, probablemente sea tu último caso como abogado.

    Sus palabras me martilleaban la cabeza y por más que me esforzaba en recordar, no sabía lo que había pasado. Antes de volver a desmayarme, un dolor terrible de espalda me hizo caer de bruces contra el suelo.

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  • Imagen de perfilAbogado sabueso

    Mikel Aboitiz 

    El becario no ha necesitado la llave del despacho. Sobre la mesa su objetivo: la carpeta roja con el caso de su tío, el empresario. No va a tirar la toalla, nadie le va a pillar robando datos del bufete. Traga saliva; la nuez un subibaja en el cuello. En la pausa del mediodía el silencio devora el sol que entra por el ventanal espejeando en la pantalla del móvil, listo para fotografiar. Su tío sabrá ser muy generoso. La carpeta, pegajosa entre las manos sudadas, le arde; el fax ruge y él pega un respingo. Una foto con los datos y todo será un incidente a olvidar. Huele a tortilla de patata, la que el abogado Lara estará comiendo abajo, mientras él acaricia indeciso las gomas de la carpeta. Por fin la abre. Dentro solo una nota: «Ni me chupo el dedo ni vuelvas mañana. Saludos a tu tío».

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  • Imagen de perfilINCORREGIBLE

    Eva María Cardona Guasch 

    El incidente de hoy no me cambiará la vida pero me obligará a reflexionar.
    Tras muchos días de ausencia, he ido al gimnasio a mediodía. Poco más de veinte minutos corriendo sobre la cinta. Ducha rápida. Mientras recogía la toalla y sacaba las llaves del coche he dado un bocado apresurado a una barrita nutritiva. No daba tiempo para más; debía volver al despacho urgentemente: mis juicios y recursos se imponen irremediablemente a una dieta equilibrada. Pero, ¡ay! ¡Cómo no he tenido la precaución de mirar el envoltorio…! No ha sido mi alergia mortal a las nueces sino mi vida atolondrada la que casi me cuesta la vida. Me la ha salvado in extremis mi médico de cabecera, uno de los pocos amigos que conservo. Me pregunta:
    - Sinceramente, ¿ésta es la vida que imaginabas de joven?
    - Sabes que no pero… alcánzame esa carpeta, tengo una demanda por contestar

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  • Imagen de perfilMI TROUPE

    Manuel de la Peña Garrido 

    Soy el único abogado de una dinastía circense, aunque no me siento oveja negra. Tampoco tiro la toalla ante desgracias o fracasos judiciales: creo que el espectáculo debe continuar. Defender ciertas pretensiones mediante incidentes o recursos supone hacer más piruetas que papá, trapecista. Enfrentarme a fieras con puñetas impide que me llegue la camisa a la nuez. No voy a la zaga de primo Leónidas: cada función enjaulado con llave, solo ante seis tigres, seis. Imitando a mamá, mentalista, memorizo innumerables datos contenidos en carpetas de autos y sumarios. Despierto a jurados sesteantes siendo más ocurrente que abuelo Augusto, celebérrimo payaso. Pero en sala, como en la pista, siempre hay sorpresas. "Si desapareciera esta pretendida prueba de cargo, mi patrocinado debería ser absuelto", estaba alegando cuando, ta-ta-chán, el arma homicida se convirtió en un inofensivo conejo blanco. Había confundido mi toga con la capa de tío Paulino, el mago.

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  • Imagen de perfilABOGADAS

    Ana María Gamboa Monte 

    El día de su primer juicio como abogada recibió un cofre cerrado con llave, que contenía una carpeta con un código civil y unos recortes de prensa.
    Era un legado de su bisabuela Alfonsina, quien nunca tiró la toalla. Su propio padre decía entre sus amistades: “Siempre dan las nueces al que menos las merece”. Se lamentaba así del talento desperdiciado de su única hija, al no poder ejercer la profesión por ser una mujer.
    A pesar de algún que otro incidente, su bisabuela logró estudiar Derecho y colaboró con su progenitor en el bufete.
    Los recortes de prensa databan de enero de 1922, tan solo unos meses antes de la prematura muerte de Alfonsina. En ellos se ve la fotografía de una joven valenciana, María Ascensión Chirivella Marín, la primera mujer aceptada por un colegio profesional para el ejercicio de la abogacía en España.

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  • Imagen de perfilJuzgado de playa

    Marta Trutxuelo García 

    —Zeñor nuez… —comienza la defensa.

    —Su señoría, señor juez —corrige la acusación.

    —Esperen, letrados, voy a colocarme la toga —tercia él, cubriéndose con una toalla.

    —Zu zeñoría... nuez —puntualiza el defensor—ha zucedido un indecente…

    —Incidente —corrige la fiscalía.

    —¡Pero yo zoy inocente! — justifica la defensa enarbolando una cartilla escolar y escondiendo una carpeta.

    —Señor nuez, digo señoría, el acusado ha actuado con alevosía, allanamiento y nocturnidad: esperó a que me durmiera bajo la sombrilla (¡hacía un sol de justicia!), cogió las llaves de casa y vació la cajita de monedas para comprar esa carpeta de Pokémon.

    —¡Silencio en la playa! —interrumpe el juez. Y mirando a ambos, sentencia:—¡Condenados a dos días sin helado. Tú, querida, por incumplimiento de contrato (le prometimos un regalo por aprobar el curso), y tú, hijo, por hurto menor! —La justicia no descansa ni en verano —suspira el señor nuez toallado, digo... juez togado.

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  • Imagen de perfilPLEITOS S.A

    Rubén Gozalo Ledesma 

    ¿Tienes alergia a los frutos secos y tu esposa ha puesto abundante nuez moscada en la tarta? ¿Ese humo que sale del horno es tu carpeta con el informe que debías presentar mañana? ¿No encuentras la llave por ningún lado y tu mujer no quiere abrirte la puerta de casa? Este 14 de febrero no se lo digas con flores: díselo con una buena demanda. En Pleitos S.A somos especialistas en separaciones amistosas de mutuo acuerdo y en procedimientos contenciosos. Cualquier incidente, por nimio que sea, puede generar desavenencias en la pareja. ¿Qué ha sido esta vez? ¿Cuernos? ¿Incomunicación? ¿Aburrimiento? ¿Fin de la pasión?
    Este mes nuestro bufete cumple 19 años. Para celebrarlo aprovecha esta oferta excepcional. Dos demandas por el precio de una. Y si nos llamas durante las próximas dos horas, te obsequiamos con unas manoplas y un magnífico juego de toallas.

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