Imagen de perfilSolidario, a pesar de todo

Ander Balzategi Juldain 

– Describa, los detalles son importantes.

El representante de los refugiados intercalaba las penurias de la guerra y los nombres de familiares perdidos entre sus datos personales, y yo lo transcribía todo a mi portátil. Llevaba dos semanas trabajando como abogado en el campo de refugiados de la isla de Quíos, tramitando las peticiones de asilo con escasa convicción.

Al terminar mi trabajo, una niña se me acercó para darme las gracias. Los que ocupaban la tienda celebraron su iniciativa y repitieron el gesto. Me sentí incómodo, como desubicado, y un irreflexivo espasmo cruzó mi garganta:

– Tranquilos, ya estáis en Europa.

Desenfundé la mejor de mis sonrisas y me despedí avanzando hacia la puerta de control. Nada más cruzarla observé la alambrada que los separaba de la playa, y por detrás se adivinaba el mar, siseando como una serpiente en la oscuridad.

 

 

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