María Dolores Moya Gómez

Microrrelatos publicados

  • COMPAÑERA

    La muerte de mi abuelo afectó a la visión de mi existencia como mirar fijamente un eclipse de sol sin filtros. Si un día me convertí en abogado fue para defender los valores que él me había inculcado desde pequeño. Inesperadamente, un caso me catapultó a adoptar el título de “Importante”. Sin darme cuenta, que el gráfico de mis ganancias fuera ascendente se fue convirtiendo en un objetivo primordial. Necesitaba marcharme, escapar a aquel lugar al que solíamos ir en medio de las montañas para que su panorámica me devolviera a la memoria cada uno de sus consejos. Me avisó de que no la alejara de mí, que la necesitaba para encontrar mi norte; pero la desprecié y la maldije. Me sorprendió acogiéndome con los brazos abiertos y fue una agradable compañera de viaje hacia mi reencuentro. Soledad, se llama. He vuelto. Conseguiré que él se sienta orgulloso.

    | Julio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • JUVENTUD, DIVINO TESORO

    Cuando yo era pequeño pregonaba orgulloso: “Mi papá es un héroe, encierra en la cárcel a los malos”. Crecí y pasó a parecerme un guardia villano respirando siempre pegado a mi nuca. No soportaba su paliza de verborrea fiscal aplicada a la paternidad, su impunidad para desestimar rotundamente cualquier defensa que yo hiciera de mis actos de juventud en cuanto rozaran las líneas de “sus normas”. Le odiaba. Pero pronto descubrí que mi vocación era la misma que la de él, debía estar en los genes. Treinta y cinco años después mi hija y yo tenemos una crisis paterno-filial. Me recrimina que mi personalidad es insoportable y ha decidido alejarse de mí una temporada. Mañana cumple dieciséis años. En un mes se irá de intercambio para todo un curso. Algo me dice que ella no seguirá mis pasos; intuyo que llegará a juez.

    | Abril 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • A LA ESPERA

    Desde hace ocho años soy abogada especialista en Derecho Internacional. Las redes sociales son claves para poder contactar con compañeros de diversos países. Lo más gratificante es conocer a gente maravillosa a miles de kilómetros de distancia, como Arezu, abogada siria a la que siempre admiraré por su labor humanitaria. Nunca olvidaré su rostro a través de la temblorosa y rayada imagen en la pantalla de mi ordenador. Los bombardeos se acercaban a su ciudad. Intenté convencerla de que huyera de aquella guerra, yo misma la acogería en mi casa. Pero sus palabras fueron firmes: “Toda esta gente también tiene derecho a la vida, tienen que darles asilo. Pronto abrirán las fronteras, y entonces me iré con ellos. Seguiré a la espera”. Y la conexión se perdió. Arezu no ha logrado sobrevivir a las heridas provocadas por varios fragmentos de una bomba de barril.

    | Octubre 2015
     Participante
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