sebastian barranco ledo

Microrrelatos publicados

  • Sucedió en un pueblo de la "costa da morte"

    Los pescadores faenan mar adentro. Mientras, las mujeres aguardan, confeccionando puñetas de encaje para la magistratura capitalina.

    En la taberna del puerto, un viento racheado abre las puertas de golpe. Aparece un forastero. Con una seña, pide café y aguardiente. Por la manga del chaquetón le asoma un tatuaje, y los parroquianos entienden que es hombre de mar.

    —Este café levantaría un muerto —dice el tabernero—. Eso sí, tiene fecha de caducidad —añade, guiñando un ojo—: si deja que enfríe, va a llevarse una decepción.

    Al fondo, don Leandro, el abogado, relata la efeméride local: el fatal hundimiento de un mercante extranjero tal día como hoy, hace cien años. —Según las leyes del mar, al capitán le habrían caído otros tantos. Quien hace un cesto hace ciento.

    Entonces, un resplandor ilumina la taberna. El forastero se funde con la luz, emprendiendo nuevo rumbo.

    El capitán ha cumplido su condena.

    | Enero 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Sinestesia

    El intenso olor del alcanfor me recuerda cuando siendo niño, mi madre preparaba la ropa de abrigo el domingo, justo antes de empezar el curso.

    Al acabar la carrera, me regaló una toga de excelente paño. Ese mismo aroma, al abrir la caja, me hizo comprender el sacrificio hecho por una madre soltera para que fuera abogado.

    Todavía conservo mi preciado regalo. Aunque hay aparatos de ultrasonidos eficaces contra la polilla, prefiero usar alcanfor. Cuando un caso se pone difícil, recurro a mi antigua toga.

    ¿Que hay que conseguir la inadmisión como prueba de unos documentos obtenidos irregularmente?

    ¿Acaso, tirar de la lengua a quien se niega a testificar con claridad?

    ¿Y si preveo un fallo demasiado severo?

    Entonces, mediante sutiles movimientos de la tela, envuelvo la sala como en un hechizo, invocando en los presentes el recuerdo inconsciente de la infancia. Y la justicia, prevalece.

    | Octubre 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 64

  • Triste déjà vu

    El agente, emocionado, inicia su discurso. Es su último día de servicio, tras toda una vida en la policía judicial. Saluda agradecido, intercala chistes sobre el joven e inexperto sustituto al que más que instruir, ha tenido que adoptar, y propone un brindis.

    Le interrumpe una llamada de emergencias: crimen en un despacho de abogados en Usera. Acudir de inmediato para iniciar diligencias.

    En el lugar de los hechos, la panorámica es terrible. Le invade una extraña sensación. Como si hubiese estado allí antes. Como contemplar un eclipse sangriento, repetirse cada 39 años.

    Su memoria conserva esa sensación, asociada a un documento gráfico en blanco y negro. Nada más.

    Horas después, cuando el juez procede al levantamiento, se le aclaran los recuerdos. Él era el joven e inexperto sustituto que acudió en su primer día de servicio, allá por enero de 1977, al despacho de abogados en la calle Atocha.

    | Julio 2016
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     Votos recibidos por la Comunidad: 31