Ernesto Ortega garrido

Microrrelatos publicados

  • Vocación

    Con tres años, ya aporreaba la mesa del salón con un martillo de juguete, intentando poner orden en la “casa”. Me pasé la infancia jugando a los abogados. Acusaba al cactus de haberme pinchado un globo, a los caramelos de provocar caries, a un calcetín desparejado de abandono familiar. Los llamaba a declarar y me pasaba las horas inventándome testimonios que aludían al derecho consuetudinario y a términos que no sabía siquiera qué significaban, ante la desaprobación de mis padres que querían que dejase cuanto antes todas esas tonterías. Desde pequeño soñaba con representar a los más desfavorecidos, pero me vi presionado a seguir la tradición familiar y, como hijo único, no me atreví a decepcionarlos. Ellos siempre vienen a verme al teatro. Al acabar cada sesión, se levantan de sus butacas y orgullosos comienzan a aplaudir. Mientras tanto, entre actuación y actuación, he empezado a estudiar derecho.

    | Julio 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 31

  • El mayor espectáculo del mundo

    A las 4 se abrió la sesión de sobremesa. El hombre bala, el principal sospechoso, había aparecido incrustado en el corazón de la mujer barbuda y todo apuntaba a un crimen pasional. Sin embargo, en el siguiente número el mago hizo desaparecer las pruebas y el público rompió en una gran ovación. No se podrían definir nuestros sentimientos. Tras el careo entre dos payasos que no hacían más que llevarse la contraria hubo una breve pausa. Todos nos reímos mucho pero nadie se los tomó en serio. A continuación un runrún se extendió por la sala. Era el turno del lanzador de cuchillos. ¿Su propósito? Demostrar el peligro de algunos números. Antes de finalizar la sesión, se anunció el veredicto y empezaron los abucheos: accidente laboral en lugar de asesinato. Desmontamos la carpa y continuamos la gira. Hacía tiempo que la justicia se había convertido en un gran circo.

    | Enero 2018
     Participante

  • Discriminación

    Poco a poco, de forma sutil, me han ido dando los casos que estaban perdidos, me han quitado clientes, me han reducido el bonus anual, me han retirado el portátil y hasta la plaza de parking. Y todo por solicitar una reducción de jornada para conciliar la vida familiar y laboral. Yo solo quería poder cuidar de mi hija, recogerla a la salida del cole, prepararle la merienda, ayudarla con los deberes, contarle un cuento antes de irse a la cama. Como todos somos iguales ante la ley, tuvieron que concedérmela, aunque una barrera invisible se ha interpuesto en mi carrera y he perdido cualquier oportunidad de desarrollo profesional. Les he demandado por discriminación de género. Hoy ha salido la sentencia. Con la indemnización voy a montar mi propio bufete. Sin duda, puedo ser un buen padre, sin dejar de ser un excelente abogado.

    | Octubre 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Workahólico

    Aquel verano hacía calor y tenía mucho trabajo. Mi mujer se había ido de vacaciones con los niños. Como en casa no funcionaba el aire acondicionado, cogí un neceser y una muda, y me instalé en el bufete. Por las mañanas me afeitaba en el servicio, por si algún encausado nos visitaba. Siempre hay que estar impecable. Empezó como algo temporal, pero desde entonces no he vuelto por casa. Ahora vivo en Hierro y asociados. Algunas noches, paso a pedirle sal a Marta, la de penal, que se ha instalado dos despachos a mi izquierda. Charlamos de sus cosas y mis casos y, de vez en cuando, nos acostamos. Aquí soy feliz, aunque algún día me quedo mirando la foto del escritorio y me pregunto qué habrá sido de ellos. ¿Me echarán de menos? ¿Habrán hecho ya la comunión? Luego, bajo la cabeza y sigo concentrado en el sumario.

    | Agosto 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • El sabor amargo del gin tonic

    Entré en un bar cerca los juzgados y pedí un gin tonic con especias para celebrarlo. Con un caso tan difícil y mediático, mi tarifa subiría. Me harían socio. Mi padre estaría orgulloso. Es un hombre de pueblo que trabajó duro para poder darme una carrera. Si soy abogado, se lo debo a él. Iba a mandarle un correo electrónico para contárselo, cuando reconocí al hombre de al lado. Leía el periódico. Lo había visto en el juicio. Me había fijado en él porque me recordaba a mi padre, pero había encogido y desbordaba tristeza.

    -¿Cree que es justo? –me preguntó.
    -Es la ley –respondí.

    Dejó el periódico sobre la mesa y se marchó. La portada decía:
    “Cuatro años de cárcel para Miguel Ángel Flores por la tragedia del Madrid Arena”.

    El gin tonic sabía amargo. Pensé que no era necesario contárselo. Seguramente mi padre ya se habría enterado.

    | Septiembre 2016
     Participante

  • Salomon 14.5

    ¿Sabían que hubo un tiempo en que un juicio podía alargarse años? ¿O que algunos delitos prescribían y quedaban impunes? A principios del siglo XXI el anterior sistema judicial presentaba una panorámica desoladora, con continuos errores, procesos interminables y costes excesivos. Si la memoria no me falla, todo cambió con el desarrollo de Salomon 3.0, una aplicación para móviles que, mediante simulaciones y gráficos, permitía agilizar los sumarios. Poco a poco Salomon se volvió tan complejo que era capaz de aplicar jurisprudencia en tiempo real y dictar sentencias con total equidad, sin presiones políticas, religiosas o morales. El eclipse definitivo del anterior sistema judicial se produjo con la versión 14.5, cuando todos los estados decidieron actualizar sus anticuados equipos de jueces, fiscales y magistrados y adoptar el sistema actual. Esto que están viendo en el multiproyector tridimensional es un abogado y lo que lleva puesto, una toga. Acérquense. Pueden tocarla.

    | Julio 2016
     Participante