Patricia Collazo González

Microrrelatos publicados

  • Reincorporación

    Desde que Bruno ha nacido su vida está en constante cambio. Y ahora, otro más: la vuelta al bufete.
    La camisa blanca le queda estrecha y la verde es demasiado llamativa. Verde tendrá que ser.
    Mientras intenta recordar cómo funciona un delineador, echa un vistazo a las notas que ha tomado tras hablar con su jefe ayer: “Promover la conservación de las grandes cuentas, que últimamente diversifican la atención legal”. “Que las estamos perdiendo, bah”, piensa Almudena.
    Esa será su misión. Una paparruchada al lado de conseguir que Bruno duerma seis horas seguidas o acepte las papillas. Una nimiedad frente a la preocupación que le provoca el futuro de su hijo. ¿Qué mundo le espera? Una tontería comparada con pasar una noche en urgencias porque el niño vuela de fiebre.
    Almudena besa la frente de Bruno y camina decidida hacia la puerta dando mil recomendaciones.
    Lo único difícil es dejarlo.

    | Septiembre 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Azares

    En el sorteo que se realiza anualmente entre la población que alcanza la mayoría de edad para erradicar las desigualdades, todos tenemos la misma oportunidad. Al menos en teoría. Porque en la práctica, la moneda casi siempre cae cruz para las mujeres.
    Por eso, mi soñado puesto de abogada dentro del equipo de legales de una multinacional es, desde hace treinta años, un empleo de limpiadora en el ministerio de Igualdad gracias al que tengo a sus trajeados letrados al alcance de mi bayeta.
    Mi aspecto vulnerable me ha hecho invisible para ellos. Por eso, he escuchado lo suficiente y he visto más de lo que necesitaba.
    Solo he tenido que manipular algunas papeletas y falsificar otras pocas. Muy sencillo. En el próximo sorteo para determinar quiénes morirán en los próximos 365 días, he puesto todos los nombres que aparecen en las puertas de los despachos que limpio a diario.

    | Junio 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Actriz

    Cambiar de cole requiere un período de adaptación. Hay que invertir nuestra mejor voluntad para encajar. Eso me dice mamá mientras me acompaña a mi primer día de clase. He escuchado esto muchas veces ya. Nos hemos cambiado de ciudad por lo menos en diez ocasiones.
    La industria cinematográfica es así, cariño, dice cada vez que tenemos que meter todo en cajas. Hay que ir a dónde haya trabajo. Y me han prometido contratarme para una gran producción.
    Antes me lo creía, pero lo cierto es que mamá nunca sale en ninguna peli. Pero cada vez que el abogado que consiguió que encerraran a papá aparece en casa muy temprano, ella le invita a un café y se encierran en la cocina. Luego, ella llora en el baño, me dice que es hora de cambiar de aires y que está segura de que en el nuevo colegio me irá genial.

    | Mayo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Durará para siempre

    Estaba hecha de material resiliente. Era de esa época en que para construir una vivienda se utilizaba lo mejor, con la intención de que durara para siempre. Lo mismo pasaba con las personas. Los niños sobrevivíamos a los peligros del entorno urbano: jugábamos en la calle sin ser atropellados ni secuestrados, bebíamos a morro de las fuentes, desconocíamos los cinturones de seguridad y montábamos toboganes de vértigo.
    La conocí entonces, cuando ella era una niña y yo empezaba a estudiar derecho. Los años nos igualaron en altura y en sueños. Los recorrimos juntos. Nos apoyamos mutuamente y fuimos capaces de criar tres niños (un abogado como yo, dos médicas como ella) cuando aún no se hablaba de conciliación familiar.
    Hoy ha muerto vencida en su propio terreno. Un virus ha podido con su resiliencia. Pero a ella, como a las viviendas de entonces, nada conseguirá derrumbarla dentro de nuestros corazones.

    | Marzo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 20

  • De cruces y bifurcaciones

    Cuando te conocí estábamos en pleno crecimiento: tú te formabas para convertirte en un abogado de prestigio, como tu estirpe lo exigía. Yo, en cambio, tenía el sueño de proteger a los desvalidos, a la gente con hambre, quería ser el recurso gracias al que los desamparados obtendrían justicia. Así de diferentes eran nuestros objetivos.
    Hoy volvimos a cruzarnos. Tú como representante de la multinacional que mantiene cortado el suministro eléctrico de la Cañada desde hace meses. Yo, rodeado de miradas oscuras, de almas ateridas, intentando darles voz.
    Te invité a pasar la noche en una de las chabolas. Nada hay como vivir las cosas en primera persona, te aseguré por experiencia. Tú frunciste la nariz y deshiciste el camino de tierra que había dejado tus zapatos de gamuza a unos escasos metros de mis botas embarradas.
    Seguimos siendo tan distintos como entonces. Inexplicable que ambos estudiáramos la misma carrera.

    | Febrero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • Impeachment

    El juez dio su última oportunidad al acusado. Si quería ser absuelto y evitar el repudio global, tenía que argumentar los motivos de su brutal proceder desde el mismo momento en que doce meses atrás, había asumido el cargo.
    —Podría empezar usted por justificar por qué convirtió el COVID-19 en fuente de sufrimiento, muerte y pobreza para la humanidad.
    —Usted lo ha dicho, señor juez. El problema (su propio nombre lo delata) me llegó heredado desde la anterior administración: 2019, un año maquiavélico. Es injusto que se me acuse a mí… He hecho lo posible por erradicar tan nefastas consecuencias, pero la población no ha estado a la altura.
    —¿Y qué piensa hacer para resarcirnos?
    —Le sugeriré a mi sucesor, 2021, que fiche en su equipo a la experta Filomena. Le aseguro que es imbatible a la hora de hacer que la gente se quede en casa.
    —¿Y eso funcionará?

    | Enero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • El futuro siempre llega

    Que lo llamasen con el eufemismo “renovación de plantilla” no hacía más fácil aceptar que el despido era cuestión de días. Llevaba trabajando en aquel despacho desde que, recién terminada la carrera, era una joven abogada cargada de un entusiasmo infinito, que había conquistado a Don Eduardo, el socio fundador. Primero en lo profesional, más tarde en lo personal.

    Pero él había muerto, y eran sus hijos los que tenían en las manos sentenciar su futuro. Esos mismos que de pequeños habían sido la excusa para aplazar el momento de dejarlo todo por ella. Ese momento que nunca había llegado.

    Ella era ahora una mujer que gastaba fortunas en crema para las arrugas, y llegaba cada día a trabajar pensando que sería el último. Como cuando él le juraba que ese sería el último verano que pasarían separados. Solo que esta vez, el futuro se haría verdad.

    | Mayo 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Huída

    Guardó en el neceser el cepillo de dientes, las pastillas de hierro y el bicarbonato. Eso era todo lo que necesitaba para huir del calor de la capital.
    Deslizó también las palabras del abogado entre los pliegues del escueto equipaje: “Es temporal, Alicia. En septiembre recurriremos y entonces…”
    Sabía que el asunto no estaba encausado. Que no estaba huyendo del calor sino de la posibilidad de cruzárselo en plena calle. El monstruo estaba libre, y aunque ella había cambiado de domicilio y de aspecto, no se sentía segura.
    Taxi a la estación, gafas oscuras, temblor en cada semáforo, al aperase del coche, al mostrar su billete en el control de accesos.
    Cuando el tren se puso en marcha respiró aliviada. Hasta que su compañero de asiento ocupó el lugar que había permanecido libre.
    - Hola, Alicia. Cuánto tiempo, ¿no? – escuchó justo antes de entrar en el túnel.

    | Agosto 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • La testigo

    Como si aún no se hubiera inventado el diagnóstico mediante ultrasonidos, a Rosario la abrieron en canal para comprobar si se había tragado la caja de música con las joyas de la señora. De la caja, ni rastro. Pero seguían acusándola aunque su abogado pedía la inadmisión de las pruebas inventadas por la Doña. Esa y otras palabrejas pronunció cuando vino a pedirme que fuera a testificar. Yo quería ayudar a la Charo. Pero también quería conservar mi trabajo. No podía permitirme el menor fallo. Pero el hombre insistía y terminé accediendo. No diré nada malo, y listo, me prometí.
    Cuánta razón tenía mi madre. La mala conciencia pesa demasiado. Lo comprobé poco antes de entrar a declarar. Un repentino ataque de hipo me puso contra la pared. Decir, no pude decir nada. Porque cada vez que abría la boca para hablar, sonaban dos o tres compases de Para Elisa.

    | Octubre 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • Tenemos que hablar

    El abogado me invita a pasar. Es un hombrecillo gris, cuyo aliento huele a especias. Me lo han recomendado en el pueblo. Buen tipo, tarifa razonable.
    Le cuento que quiero divorciarme. Que no voy a poder pagarle por adelantado. Eso no parece preocuparle.
    Le muestro los correos electrónicos que mi mujer se cruza con un desconocido ¿Lo ha hablado usted con ella? Niego. No puedo decirle que lo sé. Acceder a la correspondencia ajena es delito. No lo hago, le aseguro. Todo empezó como un juego. Le envié los primeros para probarla. Una cosa fue llevando a la otra, y ahora ella confía más en él que en mí, y yo, me he vuelto a enamorar de ella pero no se lo puedo decir.
    No podré ayudarlo, dice. Usted no quiere divorciarse.
    Regreso a casa. Ella cierra el ordenador al verme entrar. Tenemos que hablar, pronuncia con una misteriosa sonrisa.

    | Septiembre 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Acusado

    Ha llegado el día del juicio. Sé de memoria lo que debo decir y lo que debo callar. Mi abogado me ha aconsejado. Conozco con certeza la actitud a adoptar, y cómo comportarme para que mi imagen inocente eclipse la gravedad de las acusaciones.
    Lo que no sabe mi abogado es que cuando veo una de sus fotos, otra vez se apodera de mí el temblor aquel. Mis dedos rígidos vuelven a palpar la piel suave de su cuello.
    El fiscal muestra una panorámica de la zona en que creen que está enterrada y presenta un gráfico detallado de los alrededores. Me pide que diga si he estado allí. Niego con la cabeza. Responda en voz alta, reclama el juez.
    El verde del bosque aquel me inunda la mirada. Vuelvo a oler a tomillo, el sudor baja imparable por mi espalda. Las repuestas aprendidas se disuelven en mi mente.

    | Julio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2