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Patricia Collazo González 

En el sorteo que se realiza anualmente entre la población que alcanza la mayoría de edad para erradicar las desigualdades, todos tenemos la misma oportunidad. Al menos en teoría. Porque en la práctica, la moneda casi siempre cae cruz para las mujeres.
Por eso, mi soñado puesto de abogada dentro del equipo de legales de una multinacional es, desde hace treinta años, un empleo de limpiadora en el ministerio de Igualdad gracias al que tengo a sus trajeados letrados al alcance de mi bayeta.
Mi aspecto vulnerable me ha hecho invisible para ellos. Por eso, he escuchado lo suficiente y he visto más de lo que necesitaba.
Solo he tenido que manipular algunas papeletas y falsificar otras pocas. Muy sencillo. En el próximo sorteo para determinar quiénes morirán en los próximos 365 días, he puesto todos los nombres que aparecen en las puertas de los despachos que limpio a diario.

 

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