Raquel Lozano Calleja

Microrrelatos publicados

  • Imparcialidad

    Hubiera deseado que aquel momento se pudiera conservar en el tiempo como los apenas treinta segundos en los que Robert Redford le lava el pelo a Meryl Streep en Memorias de África. Ese instante en que el agua es vertido por su cabeza con una simbología cargada de erotismo. El jabón derramándose por la tierra a modo de fertilizador, y ella, ojos alzados y boca entreabierta, en estado de éxtasis. No diré que me cogió por sorpresa. A los orgasmos y a los finales tristes se les ve venir.
    El guarda apareció en una zona prohibida para la pesca cuando tenía la trucha más grande jamás vista en mi anzuelo. De nada sirvió que le que le enseñara mi carnet de Juez de Paz envuelto en una funda de plástico. La justicia es la justicia, aquí y en la China Popular, Sentenció.

    | Junio 2020
     Participante

  • Debitum

    Otra noche en vela con la única compañía de las pajaritas de papel en fila india sobre el escritorio. La más grande, confeccionada con la factura del alquiler del despacho; la más bonita, el recibo de telefonía con llamativos colores; ordenadas minuciosamente, una serie minúscula de aves picudas vestidas con las páginas del código civil.

    Al rescate de mi soliloquio nocturno habitual acuden las luces de neón del otro lado de la calle. Club, reza el cartel. Así, sin más; ni membretes solemnes ni togas ni balanzas. Club. Sólo cuatro letras y una afluencia constante de clientes que me hacen pensar en tomar la decisión de decretar el cierre de mi local. La noche no entiende de leyes.

    | Junio 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Cuervos

    Un hoyuelo en la barbilla y el verbo fácil fue lo único que heredé de mi padre, "el abogado Victorioso", como apodaban el resto de colegas de profesión por su capacidad de defender y alzarse con sentencias favorables en los casos más truculentos e inverosímiles.
    Me hubiera gustado ser tan corpulento y atractivo como él pero mi falta de apetito y mis constantes convalecencias durante la infancia hicieron de mí un chico enclenque y debilucho.
    Comencé bien pronto a repudiar las leyes, literalmente no podía con ellas. Una mezcla de laxitud en mi musculatura y de rebeldía, me hizo juntarme con amigos que acarreaban otro tipo de papelillos.
    A mi padre solo se le vio derrumbarse una vez en una rueda de reconocimiento. Fue cuando tuvo que contestar al funcionario si estaba seguro. A pesar de tener la voz entrecortada, no titubeó, es mi hijo

    | Septiembre 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • Nuremberg

    Crecimos con la sombra del engaño planeando por los tejados, con el miedo consumiéndose entre las siete velas del candelabro que presidía nuestra sala de estar. Éramos conscientes de los tiempos difíciles que vivíamos pero nunca pudimos sospechar la tortura que vendría después.
    Un día de otoño, cuando jugábamos felices chapoteando con el agua de los charcos, nos hicieron abandonar el colegio y nos embarcaron como a ganado en aquel tren que nos robó la infancia y el júbilo.
    Hoy, algunos de nosotros les hemos visto declarar. Hemos atisbado su miedo, sus lágrimas, también las de los abogados. Incluso el Juez ha tragado saliva para contenerlas. Nosotros no, nosotros hemos guardado las fuerzas para que algún día nuestros hijos puedan vernos sonreir.

    | Julio 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Misión casi imposible

    Como un maleante de tres al cuarto, acecha expectante que los sistemas de seguridad fallen por arte de birlibirloque. Se asegura de que los vigilantes del botín duerman profundamente y de que el perro que atesora la sala donde se encuentra la caja se entretenga con la pelota de colores que le lanza al abrir la puerta.
    Conoce la condena, no es su primera vez. Sabe que el incumplimiento de la Ley puede traerle severas consecuencias. A pesar de todo Marieta Ordóñez, hija del implacable Juez Ordóñez, aprieta con fuerza sus coletas y de un solo salto se aferra al taburete que le alcanza hasta el tesoro y se atiborra de bombones.
    Tras el atracón del siglo duerme plácidamente a sabiendas de que mañana tan solo será un presunto malhechor junto a sus cuatro hermanos.

    | Julio 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Dendrocronología

    En la pradera cercana al río decidió talar el árbol genealógico al objeto de solventar las diferencias familiares de un solo tajo. Dejó al aire sus anillos concéntricos como quien se desnuda de su ADN y muestra sin tapujos sus miserias.
    Lo justificó como un acto de rebeldía tardío, como si en aquella geometría circular pudieran advertirse, como una pandemia, las leyes que ocupa las estanterías, las orlas con jaretas, las togas y las malditas anécdotas de los juicios que ocuparon cada sobremesa de su infancia.
    Él quiso ser oveja negra. Olvidarse del despacho que fundó su bisabuelo y en el que se jubilaron sus antecesores y dejarse llevar por el meneo de sus caderas en cabarets de poca monta.
    Decidió talar el árbol pero dejar vivas las raíces, por si algún día, alguien que no sea él, decide regarlas.

    | Mayo 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • La becaria

    Llegó con una carta de recomendación. Nunca he sido partidario de becarios en el despacho, pero el currículum era impecable. Tampoco negaré que el eclipse que provocaban sus pestañas al mirarme y la sensual panorámica que ofrecía su escote me sedujeron sin remedio, pero quise adoptar una postura íntegra y la puse a prueba durante un mes.
    En realidad, señoría, y haciendo memoria, en tan sólo unos días el volumen de nuestro despacho creció cuantiosamente. El gráfico de nuestra facturación se disparó velozmente y todos asumimos que no podía deberse a la casualidad, sino a esa particular manera tan suya de tratar a nuestras nuevas clientes, viudas de hombres acaudalados fallecidos en extrañas circunstancias.
    Desconozco su paradero actual pero tengo miedo. Mi mujer últimamente recibe llamadas de una joven y me sonríe como nunca lo había hecho hasta ahora.

    | Julio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Cinco minutos de gloria

    Tras cuarenta años en la administración, Benito López, vigilante jurado del Juzgado, ha pasado siempre inadvertido. A pesar de su expediente intachable, nadie lo ha felicitado nunca. Ni cuando a la fuerza y sin uso de arma alguna, detuvo al preso que trataba de escapar tras su declaración ante el Juez, ni cuando aquel pobre hombre quiso vengarse del usurero fiador, intentando clavarle el abrecartas del secretario.
    Esta noche, una cualquiera de un año bisiesto, es su última noche allí. Nadie lo espera para cenar después, nadie ha preparado una fiesta con palabras de halago y reloj de oro por su jubilación.
    Tan sólo el espejo del baño le recordará quien es, tan sólo ese reflejo cuadrado será testigo mudo de la única vez que Benito use la reglamentaria. Quizá mañana sí hablen de él.

    | Febrero 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4