José Luis González Martínez

Microrrelatos publicados

  • PAN Y CIRCO

    Litigar es siempre difícil, y hacerlo en un divorcio, más complicado que repartir una herencia entre familiares mal avenidos. Y encima, este de hoy será una inexorable pérdida de tiempo, pues mi defendido, mujeriego impenitente, acaba de comunicarme su incomparecencia en un infame whatsapp. Un vestigio de valor me impulsa y logró recuperarlo camino del estrado. “Señoría, cliente desea justificar incomparecencia”, balbuceo con fatiga. “Su cliente se dedica a dar pábulo y distracción a televidentes aburridos; conque abrevie, letrado”. La fatiga se vuelve temblor y la lectura turbulenta: “Lamento incomparecencia, debo actuar famoso “dating show”. Sueño encontrar pareja definitiva”. “¡Abogado!”, el juez se exaspera “soñar con otra requiere despertar de esta, y eso no ocurrirá sin una fuerte indemnización por las labores domésticas. Conozco bien ese circo de los “dating shows””. “Yo, señoría, más que conocerlo lo padezco”, confieso. “Pero litigar es difícil. Y más con un hijo soñador empedernido”.

    | Febrero 2018
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  • ABUSO DE PODER

    Me largo. Me voy a donde pueda sentirme apreciado. Desde que apostaste por montar tu propio bufete, el choque de trenes estaba cantado. Prefiero gestionar los sentimientos y emociones de algún vulgar maleante que los de un letrado abusón como tú. Aun así, me voy con la seguridad del deber cumplido. Mientras estás encerrado en el despacho, buscando investigar asesinos en serie o simplemente alguna presunta infracción administrativa, a mi me toca abrirme paso en vuestros estados emocionales para arreglar tus difíciles relaciones con Adela, con tus hijos y, hasta con tu suegra. Pero la verdadera causa de extinción de nuestro contrato es el abuso de poder. Pienso denunciarte por incumplimiento del “todo a medias”. Mientras tú dispones de un potente ordenador con dieciséis gigas RAM y un sillón reclinable, yo tengo que analizar mamotretos científicos de Freud, Jung, Maslow y otros, sentado en un miserable taburete sin respaldo.

    | Julio 2017
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  • Un abogado incompleto

    Salimos casi a la par, pero estaba claro que éramos distintos. El llanto fue mío, correoso y de horas. Él, en cambio, sosegado, observándolo todo minuciosamente, como si buscara una panorámica general. Exitoso con el Derecho, ejerce de abogado defensor sin mácula, capaz de adoptar ademanes durísimos con fiscales y magistrados cuando es menester, o de encerrarse sin dormir para completar una apelación urgente. Es también el mejor considerado, familiarmente. Porque yo soy sólo impresor, o más finamente, currela de artes gráficas. Hace dos meses murió papá en un accidente sin culpa, y mi hermano quedó tan afectado que debió delegar el caso. Nos juntamos en el tanatorio. Me abrazó y atisbé su rostro demudado, su faz oscura como la penumbra de un eclipse. Créeme, dijo, no logro llorar. A memoria te supero, hermano. Te previne antes de separarnos: nada más salir rompe a llorar, pero no me hiciste caso.

    | Julio 2016
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