José Ignacio Rodríguez García

Microrrelatos publicados

  • Abejas

    Oíd, prestad atención, no escucharéis zumbidos sobre los campos. Ni siquiera seréis capaces de ver el elemento especial que falta. Son las abejas, ¿me atendéis? Las abejas han desaparecido. Todas ellas. Pese a nuestras advertencias contra los combustibles fósiles, habéis seguido polucionando de forma indiscriminada y las abejas se han hartado. Las abejas han dicho basta. Ya no hay abejas revoloteando los jardines. Einstein nos advirtió: si las abejas desapareciesen de la faz de la Tierra, a la humanidad le quedarían cuatro años de existencia. Sin nadie que polinice los cultivos, ¿de qué nos alimentaremos? Como abogado ambientalista me erigí en el último bastión, promoví reformas contra los pesticidas, levanté cláusulas proteccionistas para preservarlas. En vano. Los Estados, ¡todos vosotros!, llevasteis la barbarie hasta las últimas consecuencias. Ahora no hay abejas, y no regresarán. Estamos condenados, nuestra existencia una broma macabra a punto de finalizar. Oíd: tras ellas, vamos nosotros.

    | Octubre 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Stonewall

    28 de junio, aniversario de Stonewall. Un panel recuerda que hace cincuenta años el colectivo se manifestó aquí contra los abusos policiales. Surgió de manera espontánea, como surgen estas cosas cuando el peso de la injusticia comienza a ser doloroso. Bajo la premisa de que éramos desviados, enfermos, delincuentes, no pocas palizas nos dieron. Pero hace más de cinco décadas vaciamos todo el aire de nuestros pulmones gritando: ¡BASTA! Tuvimos que combatir el desprecio, el estigma, las burlas de un mundo que nos llegó a acusar de todos sus pecados; pero ahora, por fin, somos ciudadanos de pleno derecho. No puedes impedirme la entrada a un local por mi condición sexual, tampoco puedes dejar sin escolarizar a mis hijos. Poseemos un marco legal y es habitual el sobreseimiento de causas que intentan mermar nuestros derechos. Hemos ganado, ¿ves nuestra bandera?
    No son simples colores, no. Los arcoíris conforman círculos completos.

    | Junio 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Celda 433

    Observé al hombre que estudiaba y me cayó bien. En el interior de la celda no había mucho que hacer y él empleaba su condena en sacar la carrera de Derecho. “Recurriré mi caso, les convenceré durante el acto de conciliación, me defenderé a mí mismo”, se motivaba mientras empollaba largos mamotretos de Penal. Con el tesón de quien posee un horizonte, escoltado por el enrejado, el hombre preparaba su recurso de apelación. Sobre el frío catre, todo su universo giraba en torno a las leyes, que en este caso era igual que decir a la libertad. A veces me ofrecía algún trozo de queso, o migas sobrantes del rancho, y así nos hicimos amigos. Yo movía el bigote de conformidad y le dejaba estudiar. Debía ganar, ¡su ímprobo esfuerzo lo merecía!

    Ahora se ha ido a vivir a un lugar con mar y este ratón le echa de menos.

    | Marzo 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Jugando a serpientes y escaleras

    Elegí estudiar Derecho y la vida abrió sus posibilidades para mí como la higuera de Sylvia Plath. En el marco de mi arrogancia imaginé que ascendería rápido por las escaleras de la existencia, si bien por el camino encontré serpientes que aplazaron mi sueño. Pero logré colegiarme y, del mismo modo, trabajar como abogado tampoco resultó sencillo: empleos como becario, turnos de oficio, noches sepultado bajo papeles por algún delito menor… en muchas ocasiones pensé que en esta profesión las alegrías no merecían la pena. Pero con tesón, logré abrir mi propio bufete. En ese punto las serpientes de las deudas amenazaron con devorar a este pájaro que empezaba a volar, no obstante, peldaño a peldaño, escalera a escalera, pude regar mi higuera y alzarme sobre el desaliento. Ahora aprendí a aceptar los subibajas y no ambiciono alcanzar la casilla número cien. En abogacía, el secreto reside en seguir jugando.

    | Enero 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Gran Circo Mundial

    El hombre más fuerte del mundo se sentaba en el banquillo de los acusados. Sus enormes glúteos, que logró fortalecer con mancuernas, apenas se mantenían sobre él. Se le acusaba de aplastar al enano del circo, punto que él negaba. “¡Era mi amigo!”, sollozaba. Tras él, diversidad de criaturas presenciaban el juicio: la mujer barbuda se enjugaba las lágrimas, los trapecistas parecían rezar, el funambulista desprovisto de esa característica seguridad en sí mismo. A pesar del brillante alegato del abogado, las pruebas eran concluyentes. ¡Se había visto al acusado abandonar la escena del crimen! Con un afectado gesto de responsabilidad, el juez descargó el mazo. ¡CULPABLE! Los artistas protestaron airadamente mientras los alguaciles se llevaban al reo. El juez también abandonó la sala de modo urgente, momento en el cual se quitó la careta. Bajo la toga, taimado, acechaba Giacomo Mascherati, maestro del disfraz. Dios, cómo odiaba a ese enano.

    | Agosto 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • TOC

    El abogado abre su maletín: el portafolio rojo, en orientación vertical, encaja con el cuaderno de apuntes que a su vez delimita a la perfección con el estuche donde guarda los bolígrafos. Su interior asemeja un cuadro de Mondrian. Ningún espacio vacío, todo donde corresponde. Simetría. El jurista cree en la bondad de las formas regulares, también en la paridad de las figuras. Desde pequeño ha celebrado el contrapeso de los números pares, transmiten la cercanía de cierto equilibrio. Le gusta adicionar el juez al jurado, uno más nueve, para que la resulta sea un número par. Las imparidades le hacen sentir vulnerable. Comienza la defensa y se acerca al estrado contando los pasos: uno, dos, tres, cuatro. Asistir a sus movimientos es contemplar una coreografía ensayada. Beneficiario de sus propias rarezas, el juez siente predilección por este letrado. Le enervan aquellos que pisotean indiferentes las juntas del suelo.

    | Julio 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 36

  • La balada de Renato Cantalarrana

    Renato Cantalarrana era un enfadica, pero su padre era juez. Si no le dejábamos jugar con nuestra pelota, amenazaba: “¡os voy a demandar!”. Y lo hacía. Desde su más tierna infancia elevaba instancias por cualquier cosa: por no invitarle a un cumpleaños, por haberle dado una colleja, por hablar con la niña que cortejaba. Cualquier oportunidad era propicia para escenificar un pleito donde su padre emitía el veredicto final.

    De mayor, vista su vocación, se graduó en Derecho. Fue entonces cuando Renato descubrió la vulnerable condición de no tener el amparo del magistrado. ¡Qué desazón! En el empleo de sus funciones, Renato descubrió horrorizado que a menudo tocaba perder.

    Aquello era algo a erradicar, ¡él había nacido para vencer! Así fue que Renato regresó a su población, a sus orígenes, a su entorno protector. Si alguna vez había que fracasar, al menos que el juez lo consolara con un beso.

    | Junio 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 14