Imagen de perfilLa balada de Renato Cantalarrana

José Ignacio Rodríguez García 

Renato Cantalarrana era un enfadica, pero su padre era juez. Si no le dejábamos jugar con nuestra pelota, amenazaba: “¡os voy a demandar!”. Y lo hacía. Desde su más tierna infancia elevaba instancias por cualquier cosa: por no invitarle a un cumpleaños, por haberle dado una colleja, por hablar con la niña que cortejaba. Cualquier oportunidad era propicia para escenificar un pleito donde su padre emitía el veredicto final.

De mayor, vista su vocación, se graduó en Derecho. Fue entonces cuando Renato descubrió la vulnerable condición de no tener el amparo del magistrado. ¡Qué desazón! En el empleo de sus funciones, Renato descubrió horrorizado que a menudo tocaba perder.

Aquello era algo a erradicar, ¡él había nacido para vencer! Así fue que Renato regresó a su población, a sus orígenes, a su entorno protector. Si alguna vez había que fracasar, al menos que el juez lo consolara con un beso.

 

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