Miguel Ángel Arana Martínez

Microrrelatos publicados

  • B.

    El jefe del bufete arengaba a los pasantes reunidos en la sala:
    -Sois afortunados. Este es un despacho innovador, abierto a las nuevas tecnologías, a las nuevas ideas. Aprovechad bien vuestra estancia aquí, pues el bagaje que os aportará no tiene precio.

    Nadie tuvo el valor de replicarle que para provecho el suyo, pues les hacía trabajar como esclavos, por una remuneración poco menos que simbólica, unida a la promesa de un futuro mejor que nunca se cumplía.

    Fue asignando tareas, de forma que uno a uno salieron presurosos en pos de su cometido. Sólo quedaba B., la última incorporación. A éste le dio un tocho de cuatrocientas páginas y le dijo:
    -Necesito que te pongas de inmediato a leer este arbitraje de equidad, y me hagas un resumen para mañana.

    B. le miró un momento y dijo suavemente, con una educación exquisita:
    -Preferiría no hacerlo.

    | Septiembre 2020
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  • Vínculos

    Me quito la alianza y la guardo en el bolsillo de la camisa. Comienzo a trabajar en el banco de pesas. Lo hago todos los días. En este lugar, conviene fortalecer los músculos, para disuadir. O en su defecto, para persuadir.

    El funcionario me dice que tengo visita. Voy a la cabina. Al otro lado del cristal, veo a mi abogado. No trae buena cara.

    - ¿Hay novedades? -le pregunto.
    - El fiscal dice que para mejorar el trato, tienes que cooperar más.
    - Sabes que no puedo. Sigue negociando.
    - No tengo margen -suspira-. Mira, sabes que tienes todo mi apoyo, pero no me lo estás poniendo nada fácil.
    - Tu solidaridad no me sacará de aquí. Haz tu puto trabajo.
    Por primera vez en su vida, pierde la compostura. La ira le desborda.
    - Llevo haciéndolo desde que naciste, hermanito.

    | Agosto 2020
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  • Calamidades

    Los ojos amables de mi abuela me miraron cuando entré en la cocina.
    "Hola, cariño. ¿Qué tal en el cole?"
    "Hoy nos han hablado de las profesiones".
    "¡Qué interesante! ¿Qué os han contado?"
    "Pues... no sé. Algo de que tenemos que seguir nuestra vocación y gestionar nuestros intereses... La verdad es que no me he enterado de mucho."
    Ella levantó la ceja con aire de reproche.
    "Eres una calamidad, como tu padre. ¿No te digo siempre que hay que prestar atención a las cosas?"
    "Es que me aburría. Al final, nos dieron un papel con unas preguntas, y según las respuestas daba un oficio."
    "¿Ah, sí? ¿Y a ti qué te ha salido?"
    "Abogado".
    Mi abuela suspiró, se levantó de la mesa y se puso a fregar los platos mientras murmuraba algo entre dientes. Sólo entendí una frase.
    "Una calamidad, como su padre".

    | Septiembre 2019
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  • Pabellón alto

    Maldito sea el día en que acepté la propuesta de mi Decano. Me comprometí a acudir al V Congreso Nacional de Innovación Jurídica, en representación de mi Colegio. Me planté en Madrid la víspera, sin tener nada preparado. Habría tiempo antes de la conferencia.
    Salí a dar una vuelta rápida tras la cena, pero el asunto se acabó liando. Desperté en el hotel por la mañana, con la cabeza embotada y el tiempo justo: en diez minutos estaba prevista mi intervención. Salí a la carrera y entré como un zopenco en la sala, donde estaba preparado el atril y el micrófono. Improvisé:
    "Ga abogacía debe plagtar caga al futuro, gomos la güerza transformadora gue va a gambiar la gusticia". Silencio sepulcral. Opté por escabullirme rápido. Creí que mi vergüenza era insuperable hasta que vi los titulares del día siguiente:
    "Abogado borracho irrumpe en una convención de dentistas"

    | Marzo 2019
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  • Único

    Aquél fue el cliente más extraño que me deparó el turno de oficio. El intérprete sudaba tinta, trasladando a su idioma nativo los cargos de que se le acusaban, mientras él sacudía la cabeza en señal de negación. Llegó mi turno de abogar a su favor:
    "No hay prueba alguna de que mi cliente sea propietario del instrumento del delito."
    La mirada que me dedicó el Juez fue suficiente para censurar mis palabras. Señaló cansinamente:
    "Su firma consta en el albarán de entrega, letrado."
    Acto seguido, pronunció su fallo:
    "Condeno al acusado a la pena de cadena perpetua, como reo del delito de adquirir un anillo para gobernarlos a todos; un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Llévenlo al calabozo."
    Los guardias escoltaron a Sauron hacia la puerta. En fin. Miré el reloj. Tenía diez minutos para preparar el siguiente caso.

    | Junio 2018
     Participante