Gabriel Pérez Martínez

Microrrelatos publicados

  • Gemelos

    Mi hermano es idéntico a mí, pero sólo en el físico. Mientras él defiende a particulares sin dinero, yo me decanto por grandes empresas con capacidad de adaptación a la voracidad del sistema. Las diferencias económicas entre nosotros son abismales; también, las ideológicas. En mi último pleito, conseguí que una industria química, que vertía sus desechos de producción al río, apenas tuviese que pagar una multa irrisoria. A él, sin embargo, le gusta invertir el tiempo en ayudar a familias en riesgo de exclusión social.
    No obstante, una semana al año, nos reunimos los dos solos y viajamos a un nuevo lugar olvidando nuestras discrepancias. Esta vez le ha tocado al Sáhara. Por supuesto que para mí no existe el cambio climático y para mi hermano, sí. Nadie podía vaticinar que en pleno desierto lloviera torrencialmente y le cayera un rayo. Aún no sé si ha muerto él o yo.

    | Mayo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 26

  • El regalo

    Antes del juicio, la opinión pública había declarado a mi cliente culpable, y eso que a los ricos se les suele considerar inocentes. Cuando fui a verlo a la cárcel, le dejé claro que sólo defendía a acusados en los que creía. Lo encontré abatido: le achacaban ser el jefe de una organización criminal con cinco asesinatos a sus espaldas (los cuerpos de las víctimas estaban desaparecidos). En sus lágrimas intuí sinceridad y le pedí que se mostrara resiliente. El juicio fue rápido. Salió absuelto. Una semana después, vino a verme. Pretendía regalarme una de las viviendas que tenía en suelo urbano. Se trataba de un chalé con un jardín enorme, pero sin piscina, así que me entregaba, además, el material para poderla construir. No quise aceptar. Me rogó que lo hiciera alegando que si no, no podría dormir. Con la palada inicial de la excavadora, apareció el primer cuerpo.

    | Marzo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Imprescindibles

    Érase una vez un país en constante crecimiento donde imperaba el sentido común y la convivencia: los dragones apagaban fuegos; los ogros cuidaban niños; las brujas eran hadas; los demonios, ángeles de la guarda, y los lobos, los mejores amigos de las abuelas.
    Pasó el tiempo y dejamos de proteger el medioambiente: llenamos de plástico los océanos y encerramos a las sirenas en piscifactorías; quemamos los bosques y duendes y elfos intentaron vivir en los jardines de nuestras casas, de donde los echábamos. Los recursos escasearon y cesó el suministro de alimentos. Conocimos el hambre, hasta entonces prohibido por ley. Se culpabilizó de todo a estos personajes, que fueron condenados al destierro o a muerte. Muchos podrían haber demostrado su inocencia, pero ya sabemos que en los cuentos no hay abogados.

    | Febrero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 24

  • En tela de juicio

    Una musa entró en mi despacho. Alegaba que un escritor había roto su alianza con ella narrando lo contrario que ésta le sugería, además de mostrar una total falta de solidaridad con los personajes: a las brujas, las acusaba de las desdichas de sus cuentos cuando, en realidad, pretendían fortalecer al pueblo enseñándole sus conocimientos o sanándolo de enfermedades. También se resistía a dar su apoyo a los lobos, padres adoptivos de Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad del amor. Pero su mayor odio lo manifestaba contra los dragones, olvidando que en su última historia debían derretir el hielo que en pleno mes de agosto, debido al cambio climático, congelaba el hemisferio norte.
    Convencido de sus argumentos, presenté una demanda en los juzgados, pero el autor no quiso cooperar: negaba la existencia de mi clienta y yo, que jamás había escrito antes, tuve que aportar como prueba este microrrelato.

    | Agosto 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 16

  • Un único deseo

    Los mares están repletos de plástico. Riachuelos y arroyos, de vertidos químicos. Ya sólo encontramos peces en pantanos, piscifactorías y acuarios, así como en piscinas públicas y particulares.

    La nueva ley, de la que una asociación de abogados entre los que me incluyo fue impulsora, permite el baño entre doradas, lubinas y boquerones. Los niños montan caballitos de mar, las mujeres siguen huyendo de los pulpos y los hombres, buscando sirenas.

    Yo continúo con la pesca. Me ayuda a estructurar la información relativa a un caso, pero desde que no puedo hacerlo en aguas abiertas, no he vuelto a ganar ningún juicio y me aterra perder el otro.

    Ojalá nos hubiéramos tomado en serio conservar la Tierra como la heredamos.

    Ojalá algún día podamos recuperarla, ese es mi deseo para la Navidad que se acerca. Entretanto, lloro amargamente mientras escucho: “Pero mira cómo beben los peces en el río”.

    | Junio 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 25

  • Influencias

    El fiscal pretendía que el caso se dilucidase con un careo rápido, pero mi defendido –el “influencer” más afamado del país– insistió en que resultaba imprescindible ir a juicio, solicitando que se transmitiera online, vía YouTube. Alegaba que era la única forma de reparar el daño infringido a su imagen y como ya había un precedente (el caso de Kim Schmitz, dueño de Megaupload), el juez aceptó.
    Para que sus seguidores se familiarizaran con la terminología jurídica, mi cliente me pidió que elaborase una guía que comenzó a utilizar en los diferentes vídeos donde él era el único protagonista. Respecto a mí, intenté pasar desapercibido. Mi único interés era conseguir la absolución. Ganamos.
    Ahora, hay adolescentes que me señalan por la calle y me sonríen. Muchos quieren ser abogados. Y defenderse a sí mismos.

    | Septiembre 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Cada uno en su sitio

    Recuerdo nítidamente esa tarde de calor que se diluyó en un temporal de rayos. Sonó el teléfono. “Soy yo. Estoy detenido. Me acusan de haber asesinado a López Hierro. Tienes que ayudarme”. Hacía más de cinco años que no veía a mi hermano. Sabía que vivía en un edificio derruido con otros indigentes desde que López Hierro lo dejó sin trabajo, escribiendo los primeros renglones de su infortunio. En ese tiempo, mi hermano había repudiado a su familia, por eso me extrañó que me llamara a mí y no a otro abogado. Fui a comisaría. Le llevé un neceser con espuma de afeitar y maquinillas más ropa limpia. Hablamos y acepté su defensa.
    En el juicio, varios testigos lo identificaron. “Declaro al encausado, culpable”, sentenció el juez. Un día antes de ingresar en prisión, le hice una visita. No podía permitir que un inocente entrara en mi lugar. Somos gemelos.

    | Agosto 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8