Javier López Vaquero

Microrrelatos publicados

  • Sonrisa.

    Fue un gran abogado, cabeza visible de su despacho. Así se lo reconocían jueces, fiscales, clientes y los abogados que litigaron en su contra. Fue feliz ejerciendo la profesión, pero todo cambió cuando murió su mujer. Luego el paso del tiempo trajo la jubilación y poco a poco sus hijas, yernos y nietos fueron alejándose y la vida idílica que había tejido fue deshilachandose hasta encontrarse muy solo.
    Y esa soledad puso en riesgo su salud mental. Paseaba sin rumbo visualizando antiguos juicios. En casa se colocaba la toga y realizaba grandes alegatos frente al espejo para preservar unos recuerdos que se marchitaban.
    El cambio se produjo sin esperarlo. Las hijas regresaron y todo era como antes. No le importó la causa. Quizás fuera el bulo de una lotería premiada, o el médico que desveló la enfermedad que le carcomía. Lo importante era que había recuperado la sonrisa.

    | Octubre 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Carpe diem.

    Era hora de buscar empleo porque mis padres se cansaron de enviar dinero. En el metro,camino de la entrevista, eché un vistazo al currículum y sabía que con aquel bagaje aprovecharía la oportunidad que me brindaba ese prestigioso bufete.
    De pronto mis dedos empezaron a sudar al tacto de las hojas. Noté dudas, me sentí vulnerable ante un entorno amenazador. No sé porqué me vino a la cabeza las palabras de aquel erudito que quería erradicar el analfabetismo acabando con la población que no supiera leer y ese pensamiento me tranquilizó. Respiré hondo y me dije: " No me pillaran. Sólo recuerda que ahora eres Juan y no Alberto. Gracias hermano por este cum laude en Derecho y requiesce in pace"

    | Junio 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Adiós hambre, adiós.

    Recuerdo aquel plumbeo invierno por su crudeza. No eran buenos tiempos y las colas de gente pidiendo comida eran interminables. En el despacho trabajaba a destajo interponiendo un recurso tras otro contra la compañía eléctrica por los cortes de suministro.
    Extenuado decidí contratar a alguien y buscando lo encontré en un taller de los arrabales. Escuchaba atentamente mis consejos, mi visión solidaria y notaba su crecimiento con cada caso que llegaba al despacho.
    No me extrañó el día que anunció su partida. Tenía un objetivo: proteger a los desfavorecidos y erradicar el hambre. Suponía que iría a un gran bufete, pero me sorprendió verlo en la televisión junto al presidente de la compañía eléctrica con su carcasa bruñida y sus circuitos relucientes. Había inventado un chip que instalado en el cuerpo y recargado con electricidad aportaba la energía necesaria para subsistir. El ser humano no volvería a comer.

    | Febrero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Tarde de fútbol

    Don Lucio Cartaglia, arrastraba su avanzada edad por las alborotadas calles camino del estadio Monumental. Su maltrecha salud resurgia cuando entraba por el acceso de la puerta ocho. Luego se reunía con su socio de bufete.
    No trataban la expropiación de las Cárnicas Soreche, ni de proteger los expedientes del caso de la viuda negra de Atavares de la curiosidad de los medios. Tampoco de vigilar la custodia del padre Valladares. Olvidaban el trabajo duro de leyes y se imbuian del ambiente.
    El azogue subía cuando el equipo pisaba el césped. Al descanso comían un bocadillo y afrontaban el final con entusiasmo. Subían los decibelios con el gol local y cuando ganaban, se dejaban arrastrar por la algarabía de la hinchada.
    En casa le esperaban las rutinarias croquetas de después del partido, y luego se acostaba. Le gustaba pensar que el mundo estaba en orden.

    | Octubre 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • La ley del deseo.

    Carmelita la víspera de Reyes colocó cuidadosamente los zapatos junto a la cama. Al leer en voz alta su deseo dio un gran valor al pedido que encomendaba a los Reyes de Oriente: la vuelta de un padre al que echaba de menos, porque aunque la madre intentaba tratar con equidad a los hermanos, no podía disimular su favoritismo.
    Se durmió mientras las mariposas revoloteaban en su estómago.
    Amaneció. Se respiraba un ambiente especial. Apareció el señor Satrustegui, un abogado de acendrada estirpe que había llevado con método innovador los asuntos del padre, mientras éste cumplía condena.
    A los postres, la madre anunció la buena nueva: "El señor Satrustegui será vuestro nuevo padre". Hubo promesas de esmerada educación, amor, protección...
    Carmelita se acostó esa noche pensando que cuando pidiera nuevos deseos, concretaría más.

    | Septiembre 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Un sueño

    Aquella charla en la escuela sobre solidaridad, acabar con la pobreza, cooperar para conseguir agua limpia, cambió su visión del mundo. Como el cooperante, Tote Larusengue quiso ser abogado para ayudar a la gente del poblado y fortalecer la alianza con las otras tribus.
    Un día con el apoyo del jefe Kiptembo dejó la sabana y partió en busca de la esperanza.
    No volvimos a saber de él hasta que una plumbea tarde la gacela de hierro del cartero N,Geba apareció con una carta de Tote. Kasey Maleba, el contador de historias nos reunió ante el gran baobab al anochecer y dibujó las palabras.
    Tote encontró la felicidad volando sobre alfombras, bebiendo en fuentes de miel... Nos fuimos a la cama soñando ser Tote. Mientras él, lejos, se acordaba de su gente. Preparaba su cama de cartón para dormir otra noche en la calle, abrigado por las estrellas

    | Agosto 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • La promesa

    La promesa se la hice a mi abuelo mientras rumiaba cadenciosamente la muerte:«el vertido destrozó el litoral, mató la pesca. Véngame hijo...» La diatriba persiguió a mi azorado espíritu. Persona de escasa voluntad estudié Derecho azuzado por la sempiterna presencia del abuelo que alborotaba mis sueños. Hipocondríaco, me costaba conservar la cordura, pero termine la carrera y acabé en una multinacional de la abogacía donde mi gris presencia se diluía entre un ejército de letrados.
    La encontré casualmente, varada en una playa, enredada entre la basura y el chapapote.
    Cada tarde regresaba al espigón. Escondidos me hablaba de celentéreos, corales y yo de contenciosos, alegatos...
    Decidimos huir a una isla de plástico. Construimos una cabaña de metal herrumbroso y dejábamos que el agua tóxica rozara nuestra piel. Fui feliz, hasta que el abuelo surgió en las alucinaciones recordándome la promesa. Yo gritaba pidiendo un receso en aquel juicio final.

    | Junio 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Abogalipsis

    El mundo es un muladar donde rezuman todo tipo de olores nauseabundos y respirar es dificultoso. Las calles están llenas de residuos y el pillaje campea por doquier. Ante este imperio del caos, la justicia languidece y los abogados nos vemos abocados a la extinción.
    Hace años el clima sufrió una metamorfosis. Las autoridades, apremiadas, elaboraron estrictas normas para un uso sostenible del agua. De poco sirvieron. El agua se agotaba y las restricciones extenuaban a la población.
    El proceso a aquel muchacho fue el detonante de que todo saltara por los aires.
    Lo detuvieron por beber un sorbo de un manantial prohibido. Lo sentenciaron a muerte y al ejecutarse la pena el arrebol del atardecer se torno en un incendio que ya no se detuvo...
    Miro al cochambroso horizonte saboreando un vino añejo para ahogar el remordimiento por la endeble defensa que ejercí. Pobre muchacho. Pobre planeta.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 14

  • Traición

    El ilustre abogado don Eutimio Alonso, a la sazón mi padre, repetía como una letanía: «Nunca desdeñes a un potencial cliente» Retumbaban en mi cabeza estas palabras cuando vi entrar en mi despacho a un individuo extraño, misterioso. Tenía una sola ceja y portaba una bolsa de plástico.
    Me entregó un papel. «Ahí tiene la fecha de mi muerte y el nombre de mi asesino. Tiene que gestionar la justicia. No me falle» Me entregó la bolsa llena de billetes y desapareció.
    Pasado el tiempo, una noticia en el periódico llamó mi atención. Habían asesinado a mi cliente.
    El caprichoso y enredador destino, condujo al presunto asesino a mi despacho. Hombre educado, amable, cuyo dinero me haría olvidar las preocupaciones para siempre.
    Llevé su defensa y lo absolvieron.
    Ahora soy rico, sin preocupaciones... Bueno salvo una: En mi cocina habita el fantasma de aquel extraño reclamando justicia con insistencia.

    | Septiembre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Utopía.

    Repasando manuscritos, leyes, normas, sentí una ilusión que creía desterrada. Todo comenzó el día de la feria anual cuando Facundo, un agricultor jubilado, de boina calada y traje remendado, apareció por la puerta del despacho.
    «Es un síntoma de locura» pensé al escuchar su petición. Al debatir con mis socios la propuesta, y ante su incredulidad, vi una nueva perspectiva del asunto. ¡Íbamos a litigar con los gobiernos del mundo en defensa de los derechos de la Tierra!
    Los aledaños del Tribunal Internacional eran un hervidero de periodistas venidos de todos los rincones del planeta. Fueron semanas inolvidables, intensas. Los ánimos en forma de donación o de palabra nos abrumaban.
    La utopía se derrumbó con la sentencia, pero mereció la pena.
    Hoy treinta años después recuerdo con nostalgia aquellos tiempos convulsos. A golpe de teclado relleno la solicitud para la reubicación en Marte. No creo que tenga suerte.

    | Agosto 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 11

  • Golpe de estado

    Era un frío lunes de febrero. En el viejo piso de la calle Mártires, me duché bajo la tortura del agua fría. Aquella mañana desayune rápido y me trasladé a mi puesto del turno de oficio.
    Abogado de provincias, no terminaba de acostumbrarme al trajín de un Madrid que por aquel entonces vivía tiempos convulsos.
    Al filo de las siete se oyó un grito que retumbo por todos los despachos: «Ha habido un golpe de estado»
    Dejamos de trabajar y acompañados de un transistor, agrupados para ahuyentar los miedos, seguimos el discurrir de los acontecimientos...
    El joven militar al declarar se derrumbó varias veces. Habló de su niñez, de los años en el colegio... «Todo fue un engaño, señor abogado» dijo mientras la pena le resbalaba por el alma.
    Recorriendo los pasillos junto al abogado militar sentí que para esta profesión debía ser fuerte.

    | Julio 2018
     Participante

  • Dedicación.

    La chaqueta raída, barba de varios días y unas ojeras hilvanadas con el hilo de la madeja de muchas noches sin dormir, ofrecían un aspecto de maleante, pero era uno de los nuestros.
    Adujeron incumplimiento de contrato cuando lo despidieron. Me dió mucha lástima, pero en los cinco años que trabajé a su lado, apenas ganó un par de casos.
    Admiraba su fé y su seguridad. Siguió luchando, ahora por libre.
    Por las tardes se le veía en el parque mezclado entre el enjambre de niños, sentado en su taburete, preparando nuevos casos que nunca llegaban.
    Años más tarde apenas lo reconocí cuando fuí a visitar a un familiar internado en un psiquiátrico. Decía que ahora cazaba. Buscaba al presunto inocente.

    | Julio 2017
     Participante