Javier López Vaquero

Microrrelatos publicados

  • La promesa

    La promesa se la hice a mi abuelo mientras rumiaba cadenciosamente la muerte:«el vertido destrozó el litoral, mató la pesca. Véngame hijo...» La diatriba persiguió a mi azorado espíritu. Persona de escasa voluntad estudié Derecho azuzado por la sempiterna presencia del abuelo que alborotaba mis sueños. Hipocondríaco, me costaba conservar la cordura, pero termine la carrera y acabé en una multinacional de la abogacía donde mi gris presencia se diluía entre un ejército de letrados.
    La encontré casualmente, varada en una playa, enredada entre la basura y el chapapote.
    Cada tarde regresaba al espigón. Escondidos me hablaba de celentéreos, corales y yo de contenciosos, alegatos...
    Decidimos huir a una isla de plástico. Construimos una cabaña de metal herrumbroso y dejábamos que el agua tóxica rozara nuestra piel. Fui feliz, hasta que el abuelo surgió en las alucinaciones recordándome la promesa. Yo gritaba pidiendo un receso en aquel juicio final.

    | Junio 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • Abogalipsis

    El mundo es un muladar donde rezuman todo tipo de olores nauseabundos y respirar es dificultoso. Las calles están llenas de residuos y el pillaje campea por doquier. Ante este imperio del caos, la justicia languidece y los abogados nos vemos abocados a la extinción.
    Hace años el clima sufrió una metamorfosis. Las autoridades, apremiadas, elaboraron estrictas normas para un uso sostenible del agua. De poco sirvieron. El agua se agotaba y las restricciones extenuaban a la población.
    El proceso a aquel muchacho fue el detonante de que todo saltara por los aires.
    Lo detuvieron por beber un sorbo de un manantial prohibido. Lo sentenciaron a muerte y al ejecutarse la pena el arrebol del atardecer se torno en un incendio que ya no se detuvo...
    Miro al cochambroso horizonte saboreando un vino añejo para ahogar el remordimiento por la endeble defensa que ejercí. Pobre muchacho. Pobre planeta.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 14

  • Traición

    El ilustre abogado don Eutimio Alonso, a la sazón mi padre, repetía como una letanía: «Nunca desdeñes a un potencial cliente» Retumbaban en mi cabeza estas palabras cuando vi entrar en mi despacho a un individuo extraño, misterioso. Tenía una sola ceja y portaba una bolsa de plástico.
    Me entregó un papel. «Ahí tiene la fecha de mi muerte y el nombre de mi asesino. Tiene que gestionar la justicia. No me falle» Me entregó la bolsa llena de billetes y desapareció.
    Pasado el tiempo, una noticia en el periódico llamó mi atención. Habían asesinado a mi cliente.
    El caprichoso y enredador destino, condujo al presunto asesino a mi despacho. Hombre educado, amable, cuyo dinero me haría olvidar las preocupaciones para siempre.
    Llevé su defensa y lo absolvieron.
    Ahora soy rico, sin preocupaciones... Bueno salvo una: En mi cocina habita el fantasma de aquel extraño reclamando justicia con insistencia.

    | Septiembre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Utopía.

    Repasando manuscritos, leyes, normas, sentí una ilusión que creía desterrada. Todo comenzó el día de la feria anual cuando Facundo, un agricultor jubilado, de boina calada y traje remendado, apareció por la puerta del despacho.
    «Es un síntoma de locura» pensé al escuchar su petición. Al debatir con mis socios la propuesta, y ante su incredulidad, vi una nueva perspectiva del asunto. ¡Íbamos a litigar con los gobiernos del mundo en defensa de los derechos de la Tierra!
    Los aledaños del Tribunal Internacional eran un hervidero de periodistas venidos de todos los rincones del planeta. Fueron semanas inolvidables, intensas. Los ánimos en forma de donación o de palabra nos abrumaban.
    La utopía se derrumbó con la sentencia, pero mereció la pena.
    Hoy treinta años después recuerdo con nostalgia aquellos tiempos convulsos. A golpe de teclado relleno la solicitud para la reubicación en Marte. No creo que tenga suerte.

    | Agosto 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 11

  • Golpe de estado

    Era un frío lunes de febrero. En el viejo piso de la calle Mártires, me duché bajo la tortura del agua fría. Aquella mañana desayune rápido y me trasladé a mi puesto del turno de oficio.
    Abogado de provincias, no terminaba de acostumbrarme al trajín de un Madrid que por aquel entonces vivía tiempos convulsos.
    Al filo de las siete se oyó un grito que retumbo por todos los despachos: «Ha habido un golpe de estado»
    Dejamos de trabajar y acompañados de un transistor, agrupados para ahuyentar los miedos, seguimos el discurrir de los acontecimientos...
    El joven militar al declarar se derrumbó varias veces. Habló de su niñez, de los años en el colegio... «Todo fue un engaño, señor abogado» dijo mientras la pena le resbalaba por el alma.
    Recorriendo los pasillos junto al abogado militar sentí que para esta profesión debía ser fuerte.

    | Julio 2018
     Participante

  • Dedicación.

    La chaqueta raída, barba de varios días y unas ojeras hilvanadas con el hilo de la madeja de muchas noches sin dormir, ofrecían un aspecto de maleante, pero era uno de los nuestros.
    Adujeron incumplimiento de contrato cuando lo despidieron. Me dió mucha lástima, pero en los cinco años que trabajé a su lado, apenas ganó un par de casos.
    Admiraba su fé y su seguridad. Siguió luchando, ahora por libre.
    Por las tardes se le veía en el parque mezclado entre el enjambre de niños, sentado en su taburete, preparando nuevos casos que nunca llegaban.
    Años más tarde apenas lo reconocí cuando fuí a visitar a un familiar internado en un psiquiátrico. Decía que ahora cazaba. Buscaba al presunto inocente.

    | Julio 2017
     Participante