Imagen de perfilGolpe de estado

Javier López Vaquero 

Era un frío lunes de febrero. En el viejo piso de la calle Mártires, me duché bajo la tortura del agua fría. Aquella mañana desayune rápido y me trasladé a mi puesto del turno de oficio.
Abogado de provincias, no terminaba de acostumbrarme al trajín de un Madrid que por aquel entonces vivía tiempos convulsos.
Al filo de las siete se oyó un grito que retumbo por todos los despachos: «Ha habido un golpe de estado»
Dejamos de trabajar y acompañados de un transistor, agrupados para ahuyentar los miedos, seguimos el discurrir de los acontecimientos…
El joven militar al declarar se derrumbó varias veces. Habló de su niñez, de los años en el colegio… «Todo fue un engaño, señor abogado» dijo mientras la pena le resbalaba por el alma.
Recorriendo los pasillos junto al abogado militar sentí que para esta profesión debía ser fuerte.

 

 

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