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Laura Sotelo 

He decidido decretar el sobreseimiento de la incómoda conversación, que probablemente nunca llegaremos a tener.
Cuando leas esto, comprobarás que ha desaparecido el paquete que tan celosamente guardabas bajo el panel de tu escritorio. Si fue un regalo de aniversario, deberías escoger mejor a tus amigos. Si lo has comprado tú, estás malgastando el dinero y la salud. Y si pensabas venderlo, te recuerdo que cometerías un delito y podrías acabar en prisión. No te puedo acusar sin pruebas, pero apelo a tu buen criterio para que no reincidas. Y cuando se te pase el cabreo, espero que me perdones por alargar tu esperanza de vida, privarte de unas relajantes vacaciones «a la sombra», y sermonearte como si todavía fueras un niño. Porque, aunque me salga la vena de abogada, por encima de todo, soy tu madre.

 

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