II Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Códigos

Carlos Moro · Boadilla del Monte 

Por pintoresco que parezca, mi padre, el ilustre Notario, me fotografió en la cuna con un Código Civil entre manos. Se trataba de una edición de 1936, tapa dura y el paso de los años sobre el articulado. Comencé el Bachillerato, y me regaló un robusto ejemplar comentado del Código que serviría de guía en mi aproximación al Derecho. Supe satisfacer las aspiraciones de mi progenitor e ingresé en la Facultad de Derecho, señal inequívoca de que seguiría sus opositoriles pasos. Forró las paredes con hojas de una edición de funcional diseño, ello para que mi vista se acostumbrase al articulado. Mi falta de asistencia a clase fue, a sus ojos, mi fracaso. “No hay, para el letrado, solución sin personación” solía decir. Hoy, edito los más lujosos ejemplares de la literatura jurídica de este país.

 

Relatos seleccionados

  • El usuario

    Susana San Miguel · Vitoria 

    Ya sabía de él antes de que me contratara. Este hacker informático, que no conocí personalmente hasta el día de la vista, había conseguido mucha popularidad vulnerando la seguridad de la web de la Casa Real. Los teleñecos usurpaban las identidades de sus miembros, vestidos de gala para la ocasión, portando un manifiesto sobre la reducción del gasto público. Logró mejorar notoriamente el diseño de la página, aunque su ocurrencia acabó en el Juzgado. Mi cliente-usuario, cada vez que deseaba comentar alguna cuestión del caso, activaba una señal de alarma en mi ordenador. Esto lo bloqueaba de tal forma, que no podía preparar ni un simple escrito de personación, haciendo obligatoria mi asistencia a su reunión virtual. Tenía estilo. Me ayudó mucho a preparar su defensa, "todo está en la red" decía, incluída la Sentencia de Su Señoría, a quién sospecho también influyó en su redacción final.

     
  • Abogado estresado

    Ana María Aller Moreno · Boadilla del Monte (Madrid) 

    Con perfil de abogado estresado, gané muchos juicios y perdí otros tantos, pero este último cambió mi vida. Solicitaron mi personación un martes y trece a las trece horas, trece minutos ¡que ironía! La sala de vistas no me era familiar, su diseño era confortable, inspiraba relajación, pero algo en mi interior me pedía que me alejara. Al fondo de la misma alguien me hizo una señal, me acerqué poco a poco, con más miedo que verg¡enza. En su mano, un video. Le pregunté, quién era, que quería de mí, que hacía en ese lugar. No me respondió, se limitó mirarme con esos ojos profundos y calmados. Encendió el aparato y mi vida pasó en imágenes en un instante. Casi llorando, le pedí otra oportunidad. Lo siguiente que recuerdo es una descarga sobre mi pecho, y la asistencia de una enfermera que se encontraba en ese momento en los juzgados.

     
  • Instrumento de Justicia

    Kalton Bruhl · Comayaguela (Honduras) 

    Cuando admitieron mi escrito de personación, tuve la certeza de que muy pronto prevalecería la justicia. La vista del juicio llevaba ya varios meses, durante los cuales, sin haber hablado siquiera con el que luego fue mi cliente, trabajé sin descanso en el diseño de una defensa impecable. Tras una sola entrevista me nombró su apoderado y, en poco tiempo, le declaraban inocente. Toda la asistencia a la sala del Tribunal dio señales de indignación. Yo evité sus miradas. Se sabía que mi representado desaparecería de la ciudad ese mismo día, así que lo invité a mi casa a celebrar con unas copas. Diluí un somnífero en su bebida y me limité a esperar. Despertó en mi sótano, atado a una mesa. Lo defendí porque sabía que la prisión no era castigo suficiente para un pederasta. Esgrimí la estatuilla de Temis. Nos esperaba una larga jornada de trabajo.

     
  • No apto

    María Jesús Crespo Torres · Madrid 

    Examinado el certificado médico adjunto al escrito de personación, Su Señoría había vetado expresamente mi asistencia personal a la vista. Mi sitio en el estrado era ocupado por un transmisor de viejo diseño, cuya débil señal hacia llegar mi voz a los presentes. - Un, dos, tres, con la venía, probando, probando, - Alto y claro señor Letrado. Tuve que practicar los interrogatorios y formular conclusiones desde mi domicilio sin referencias visuales de ningún tipo. Ignoraba si alguien prestaba atención a mi alegato final. Ni siquiera pude estrechar la mano de mi cliente al concluir el acto. El informe médico previo obligatorio no dejaba lugar a dudas: no apto para la vida en sociedad. Lo tenía merecido: era fumador.

     
  • Sabiduría Popular

    Cecilia Rodríguez Bové · La Eliana (Valencia) 

    Abatida abrí el refranero y escogí uno al azar: “Al mal tiempo, buena cara”. ¡Ojalá pudiera! Justo hoy me quedé en casa con migraña. Por mensajería recibí el despido laboral, el escrito de personación judicial y firmé confirmando mi asistencia a la vista oral. No hay marcha atrás, me juzgarán y es que a perro flaco… Aquel día mientras trabajaba en el banco vi dinero fácil y como la ocasión hace al ladrón, lo cogí sin pensar que la avaricia… Me pillaron. Mi fotografía in-fraganti apareció en los periódicos bajo el titular “Una imagen vale más…”. Ahora solo espero un milagro... Tocan el timbre. ¿Será una señal? No. Es mi amiga Sandra que me trae una blusa muy sexy diseño de Armani, para el día del juicio. Le digo que es demasiado escotada y responde: -Pues eso, a lo hecho… ¡pecho! Y al mal tiempo…

     
  • Quid pro quo

    Esperanza Temprano Posada · Madrid 

    Queridísimo Abogado: No pasa un instante sin dedicarte un pensamiento.-No hay de qué preocuparse, es un mero trámite– me dijiste en el momento de la personación. Me hiciste creer que lo tenías todo controlado. Todavía recuerdo tu palmada en la espalda después de la vista,“esto está ganado” dijiste y desapareciste tras la puerta de un nuevo local de diseño, dejándome plantado con mi incertidumbre y mi angustia. Cuando salió la sentencia, intenté sin éxito localizarte, buscando desesperadamente tu asistencia y tu ayuda. Luego vino el auto de prisión y seguiste sin dar señales de vida. Ahora tengo todo el tiempo del mundo para dedicarme a ti.Mañana escribiré tu nombre y tu dirección en un papel, mi compañero de celda sale libre e irá a presentarte mis respetos y a darte un fuerte abrazo de mi parte.Afectuosamente tuyo. Firmado: el que ya nada tiene que perder.

     
  • Expediente X

    Joan Iglesias Magrané · Hospitalet de Llobregat 

    Me enfundé mis gafas de diseño y recorrí con la vista el tablón de anuncios de la Ciudad de la Justicia: ningún edicto nuevo, ningún aviso de suspensión o señal que explicase la no personación de la apelante y la falta de asistencia de Sus Señorías. Turbado, deambulé por los pasillos desiertos con la única compañía del hueco repiqueteo de mis zapatos. Imposible: nadie salía a mi paso; ni un compañero, ni un funcionario, ni un atribulado justiciable en todo el Edificio. Me detuve en el atrio posando los ojos en todas las direcciones. Una punzada de angustia recorría mi espina dorsal mientras giraba sobre mis talones. Algo muy grave había sucedido allí: una abducción extraterrestre, un triángulo de las Bermudas judicial, el final de la fe ciudadana en la Justicia... Mientras tanto la corriente desplazaba por el embaldosado un panfletillo caprichosamente: “La huelga de funcionarios cambia su fecha...”

     
  • Arquitectura moderna

    David Villar Cembellín · Castro Urdiales (Cantabria) 

    La vista era sublime. Abarcaba toda la ciudad, pudiéndose apreciar hasta un pedacito de mar al fondo. Y el diseño del edificio, acristalado pero vertical, robusto y dinámico a la vez, parecía desafiar al cielo. Cincuenta pisos de arquitectura moderna de la buena. En esas llegó el fiscal, el incorruptible hombre que había osado citarme en un juicio. No le había visto desde la personación, mas no dudé un instante de su asistencia. Yo era el jefe criminal de esa ciudad, un bocado demasiado goloso como para eludir un tète a tète. A solas, le había prometido. Sin guardaespaldas ni pistoleros. Y él era un hombre de palabra. Yo no. A una señal mía, dos hombres le cogieron de los pies y le colgaron boca abajo. Entonces encendí un cigarro. La vista seguía siendo sublime. Le pregunté si sabía apreciarla, si podía verla desde ahí, invertida, mi ciudad…

     
  • Instrucciones

    José Miguel Perlado · Madrid 

    '-El día de su personación en la vista traiga un traje oscuro, triste, algo que genere confianza. Nada llamativo. -Está bien. -Trate de no mostrarse nervioso, pero sí preocupado. -¿Por qué? -Fíese de mí. Responda sólo a mis preguntas; al abogado d

     
  • Interpretando

    Juan Franch · Palma de Mallorca 

    La personación como imputada implica preparación y aplomo. Una vista es mucho más complicada que una función y conviene aprender el guión que marca el abogado. Su diseño y matices pueden suponer una deseada absolución o la amarga caída. Aunque tenga toques teatrales, no hay apuntadores y la asistencia a la sala no es un acto voluntario previo pago de una entrada. El diseño del escenario es parco y con un mobiliario que resulta poco acogedor. El ritmo no lo marca el interesado y las sorpresas pueden acontecer en cualquier momento. Una señal o un gesto imperceptible pueden ser de gran ayuda. Un cruce de brazos, arquear las cejas o cerrar los ojos con el rosto circunspecto y preocupado. Al final el abogado se convierte en productor, guionista y, si conviene, improvisado sustituto de un cliente que actúa para convencer a un, digámosle, público crítico y acostumbrado.

     
  • Justicia Binaria

    Rafael Antonio Jara · Madrid 

    El diseño del androide de asistencia jurídica gratuita era tan eficaz como anodino. Sus líneas sinuosas y su brillante acabado metálico eran señales estudiadas para inspirar confianza. La mujer posó su vista sobre su abogado con una expresión entre cansada y triste. Nunca había terminado de entender porque el Gobierno había puesto la Justicia de los menos favorecidos en manos de las máquinas. Tras examinar la documentación y las pruebas en apenas 15 segundos, el robot levantó la cabeza. -Todo listo para la Vista. Procedimiento. Lesiones. Personación en quince días. Pruebas procesadas. Probabilidad de éxito sesenta y cinco por ciento.- Mientras la mujer volvía a su casa no pudo evitar pensar que, aquella máquina podía procesar leyes, pero nunca sabría lo que es la Justicia.

     
  • Estrategia procesal

    Juan Manuel Ruiz de Erenchun Astorga · Barcelona 

    Existen dos clases de abogados: los doctos juristas de elocuente discurso y los privados de talento doctrinal. Yo soy de los segundos, aunque suplo mi deficiente pericia con malas artes y ningún escrúpulo. Ejemplo: faltando escasas jornadas para mi personación en una importante vista de la que no podría salir victorioso, una señal ganadora me facilitó el resultado. Inauguraban al lado de mi despacho, un pub de alterne de frío diseño pero calurosas chicas. Acudí al local espoleado por la propaganda de ofrecer copa y carantoñas gratis. Tras tomar cava y palpar la incidencia de la fuerza de la gravedad en los pechos de varias muchachas, excusé mi asistencia al reservado. Fue entonces cuando en un rincón divisé, amorrado a una mulata de poderosas curvas, al Juez de mi causa. Me acerqué a saludarlo, haciéndole sin disimulo varias fotos con mi móvil. Al despedirme, le di recuerdos para su esposa.

     
  • Vocación precoz

    Maria de Gracia Peralta Martín · Toledo 

    Mi hija dice que quiere ser abogada como mamá. Todas las noches le explico derecho de forma sencilla. Anoche narré que era "asistencia jurídica gratuita" así: "Imagínate que Bart Simpson le quita una bicicleta a Heidi. El abuelo de ésta le reclama la bicicleta a Homer Simpson, pero éste le dice que la bici es de su hijo. El abuelo que no tiene dinero pide ayuda a una abogada de oficio para conseguir la bici de su nieta. A la vista de lo ocurrido se debe dar la personación de Homer y Bart Simpson en juicio ya que ellos son los malos, en este caso, y son parte en el litigio. Mi marido me hizo una señal para advertirme que Jimena se había dormido. Mañana le explicaré un juicio verbal entre Winnie the Pooh y Mickey Mouse. ¡¨Será ilustrativo este diseño en el cerebro de mi pequeña de cinco años?.

     
  • Tiempo

    Margarita Jiménez Salas · Soria 

    Prisas, la habitual algarabía matutina y la sempiterna cantinela “niños, desayunad pronto que no llegamos”. En el ascensor, al ajustarme la corbata de diseño regalo del día del padre, me invade un sentimiento de culpa:¿qué curso hace Susana?. Mirándome al espejo percibo la señal inequívoca del paso del tiempo: canas, ojeras, ese gesto……. Nunca debí solicitar la personación en este expediente, pero mi cliente fue insistente y cuento con la asistencia del testigo como un as en la bocamanga. Cuarenta minutos de retraso y comienza la vista. Inadmisión de la prueba testifical. Contención. Desconcierto. Cómo explicarle ahora que ganar es difícil. Me comprometo a llamarle. La voz de mi colega viene a socorrerme:¿comemos juntos y ultimamos el asunto Freedoom?. Obligatorio y urgente, rápido. Termino la jornada de despacho bien entrada la noche. Regreso a casa. Mis hijos duermen. Secuencias de una vida, momentos perdidos. Tempus fugit.

     
  • Mi mayor ilusión

    Marcelo Medina González 

    Actualmente estoy trabajando en el diseño de un sistema viable de preguntas y respuestas. Mediante una señal, como por ejemplo, apagar y encender las lámparas de la sala, mi respuesta será sí, y por medio de esta otra, abrir y cerrar puertas enviando una corriente de aire helado, lo contrario, o sea no. Porque a todas luces, estando muerto, mi personación física en la vista del próximo martes, es del todo inviable, pero no así mi asistencia espiritual. Lo que está claro es que yo voy a esa vista, y declarar, ¡declaro! vivo (que ya no es el caso) o muerto. ¡Vamos hombre! es la ilusión de toda mi vida, he visto todos los capítulos de La Ley de Los Ángeles, Ally McBeal, Matlock, Algunos Hombres Buenos, Kramer contra Kramer, El Misterio Von Bulow... ¿cómo iba a perderme este acontecimiento por un simple deceso? Ni aún siendo el mío propio.

     
  • Cliente insatisfecho

    Miguel Angel Gayo Sánchez · Sevilla 

    Creí cumplidas mis obligaciones profesionales tras la personación en tiempo y forma, el diseño esmerado de la contestación a la demanda y la asistencia a la vista oral con mi toga recién planchada. Esperaba, por lo tanto, una señal de aprobación, un signo cualquiera de satisfacción por parte del cliente hacia mi correcta labor. Pero el muy grosero levantó el dedo corazón y me mandó a la mierda. ¿Qué le puede haber molestado? ¿Quizás mi consentimiento a la exorbitada pensión compensatoría que reclamaba su mujer? ¿Mi tímida oposición a que le arrebatasen el chalet de Oropesa? ¡Qué esperaba! Él es un hombre con recursos, se lo puede permitir. Y bien que me avisó su ex: “Pichurrín, ten cuidado con el papanatas de mi marido. Algunas veces se pone de lo más vulgar”.

     
  • Abogado del diablo

    Gloria Prádanos Díaz · Rodalquilar (Almería) 

    El día de la vista ya está señalado y entregado el escrito de personación. La asistencia de mi cliente sonriendo durante todo el proceso ha provocado alguna que otra señal de alarma. Usurpación de terreno queriendo asfaltar el océano, nos decía el fiscal mientras le veíamos andar por la fría masa de petróleo en medio del Atlántico. Muy gracioso su argumento, pero mi cliente tiene mejor gusto en el diseño de sus acciones. Como abogado del diablo voy a disfrutar con la sentencia, será un juicio ganado sin necesidad de estrategias; mira que demandarnos los propios culpables… a quién se le ocurre abrir la puerta del infierno, sólo a ellos, a la codicia, consumismo, ambición… muchos nombres para un mismo fin. Qué incautos. Lo han convertido todo en un infierno, a ver ahora cómo cierran la puerta que ellos mismos abrieron.

     
  • El autómata

    Eloy Serrano · Madrid 

    Cansado de trabajar como juez, encargué una réplica de mí mismo al Instituto de Robótica. El diseño resultó perfecto: mi misma voz, y hasta la señal de nacimiento que tengo en la mejilla. Con la asistencia de expertos en leyes los ingenieros crearon programas, infinitos vínculos entre los supuestos de hecho y de Derecho, que luego grabaron en los circuitos del autómata. Así, mientras yo vivía “la dolce vita”, mi doble trabajaba por mí y con más eficacia. Todo iba bien hasta que un día, al entrar en casa, oí mi voz en el salón. Me asomé por la rendija que dejaba la puerta entornada y vi a mi doble en compañía de mi mujer y mis hijos. A simple vista parecían muy felices, como nunca lo habían sido conmigo. Di media vuelta y me fui. Decidí no volver a verlos. Fue mi última sentencia, sin personaciones, la más justa.

     
  • Alea jacta est

    Lita Rivas · Teo (La Coruña) 

    Creí que era una señal de Dios, cuando el retrato resbaló de la repisa de la chimenea y se hizo añicos. Ahora mi padre me observaba con su indumentaria de juez, su eterno ceño fruncido y su rictus amargo, desdibujado entre cristales rotos. Había elaborado un diseño meticuloso de mi vida, con metas y plazos perfectamente estructurados para mi futuro como brillante abogado y sin tener en cuenta mi opinión. Me había obligado a acatar su voluntad, utilizando el factor herencia como arma arrojadiza. Juré vengarme. Mi personación en aquella vista, por chantaje y extorsión, tendría lugar al día siguiente, y mi labor en la asistencia jurídica de mi defendido era escasa e inconsistente, pero tenía un as en la manga. Abrí mi maletín y observé las fotografías: el juez y la menor. Se las pasé a través del ujier. ¡Bienvenido al mundo real papá!-, pensé mientras le miraba desafiante.

     
  • Señal de Cambios

    M¡¦ Dolores Rubio · Sevilla 

    Nadie recordaba la tropelía de la alcaldía: cambió las farolas del centro histórico por otras de diseño (¡qué escándalo de dineros y cuñados!), pero la personación del letrado Jerome Conde en la vista para defender el antiquísimo gusto de la ciudad fue el mejor repulsivo para la prensa canallesca y la oposición: señal de cambios. De entrada, Jerome resbaló en el pulido suelo de mármol del Tribunal y patinó media sala haciendo malabarismos de equilibro hasta que las posaderas del Fiscal frenaron su frenético avance. Proverbial mano de santo fue la asistencia sanitaria de urgencia que le practicó su Señoría, que en su juventud había sido socorrista. De salida, se traspapelaron postomos de las pruebas y ¡eso sí!, los cuñados que sólo tenían una franquicia de mobiliario urbano ahora andan en tratos para adquirir la cuarta o quinta fábrica. ¡La desmemoria!

     
  • Enseñanzas prestadas

    Mercedes Daza García · Granada 

    Elegí la carrera de Derecho en honor a mi abuelo. Un prestigioso abogado que desde pequeña admiraba al verlo rodeado de libros de diseño austero, repletos de imposiciones. Siendo adolescente le acompañaba a las vistas, mi asistencia le complacía. Me deslumbraba el respeto que aquellas personas imponían. Mi abuelo siempre decía que el Derecho guía nuestros pasos. De una u otra forma él también lo hacía. En más de una ocasión hubiese corrido a esconderme bajo su toga para que me protegiese de las heridas de la vida. Disfrutaba encerrándome en su despacho, donde me explicaba la importancia de la personación al juicio, la comparecencia apud acta, causa petendi... términos jurídicos que más que a latín me sonaban a chino. Un atardecer mi abuelo abandonó mi camino. Ahora tengo por costumbre antes de dictar sentencia, dirigirme a los asistentes y evocar sus palabras, como señal de que no lo olvido.

     
  • El gran lance

    Jose Juan Arroyo Luelmo · Barcelona 

    Todo estaba previsto, había llegado el día y la hora marcada para el gran evento. Mi personación era necesaria para poder recrear la hazaña del año anterior. Y allí estábamos todos, nerviosos y ansiosos a la vez. A la señal del juez del evento comenzó el acto por todos anhelado. El diseño de la estrategia había sido concienzudamente repasado y estudiado. Todo aconteció como la vista que has estado preparando durante semanas y que luego pasa como un tren de alta velocidad, sin apenas darte cuenta. Cuando tan solo quedaban escasos segundos para finalizar el lance, la mejor asistencia de nuestro director de juego nos aupó como campeones del torneo de baloncesto de Jóvenes Abogados del Colegio de nuestra capital. (Dura Lex Sed Lex 85 - Usucapio Secundum Tabulas 84).

     
  • Todo comenzó entonces

    Agustín Martínez Valderrama · Gavá (Barcelona) 

    Caí fulminado. Alguien me disparó por la espalda. Unas horas antes me despedía de sus padres. Habíamos estado festejando el veredicto. Hace unos meses ni siquiera confiábamos que se celebrara la vista. Temíamos que el juez rechazara mi asistencia como letrado y la personación de nuestro principal testigo. El acusado era un tipo muy influyente. Todavía recuerdo los anónimos. Pero decidí aceptar el caso tras ver el cadáver. Fue una señal. La encontraron la noche que llegué. Desnuda y maniatada. Llevaba diez días desaparecida. Se llamaba Lupita, tenía diecinueve años, trabajaba en una maquiladora y quería estudiar diseño. Nunca imaginé dejar el bufete y cruzar el charco. Apenas conocía Ciudad Juárez. Sólo lo que decían los medios de comunicación. Algunos elevaban a más de mil el número de mujeres asesinadas. Todo comenzó entonces. Una mañana, mientras leía el periódico, cuando mi hijo me preguntó por qué era abogado.

     
  • Superior Tribunal

    Mario Bolo · Buenos Aires (Argentina) 

    Ya al recibir el telegrama sintió una vaga inquietud. ¡Que extraña forma de exigir su personación! Además, ¿qué lugar era ése donde se llevaría a cabo la vista de la causa? A pesar de su larga experiencia con la justicia, no sabía que hubiese allí ningún juzgado y tampoco le resultaba familiar el nombre del juez. Cavilando así, se distrajo al cruzar y no vio la señal en rojo. Apenas llegó a escuchar el chirrido de los neumáticos un instante antes de que la camioneta lo golpeara. Mientras oía como entre algodones que alguien llamaba a la asistencia pública y él se hundía de a poco en lo obscuro, supo repentinamente que la citación que lo había llevado a esa esquina, a esa hora precisa, era parte de un plan de cuyo diseño era responsable aquel mismo Juez, ante quien pronto debería comparecer, y que esta vez no habría apelación.

     
  • Colorín colorado

    Belén Solesio López-Bosch · Pozuelo de Alarcón (Madrid) 

    ¿Acaso soplar es un delito? A juzgar por la -”Notificación de emplazamiento para comparecencia y personación ante el Juzgado de lo Penal número 20”- que acabo de recibir, sí que lo es. Los puñeteros cerditos me han denunciado. ¿Quizá soy culpable del diseño de las infraviviendas de los dos menores? Es obvio que las estructuras estaban gravemente dañadas; dos soplidos y se derrumbaron como los naipes de la Reina Roja. ¿Y quién me indemniza a mí? Necesité asistencia sanitaria durante meses, por las graves quemaduras sufridas al caer en el caldero del mayor. Todavía luzco una terrible señal en salva sea la parte... En vista de este despropósito, será mejor que me largue una temporada al País de Nunca Jamás. Lo malo es que desde que Peter y Campanilla son pareja de hecho, andan siempre a la greña y le amargan la vida a cualquiera...

     
  • Firme el condenado

    Remedios Atencia Montoya · Málaga 

    La personación en el juicio de la abogada contraria fue señal de que todo iba a salirme mal. El diseño de la estrategia de la mía era bueno, pero desde que la otra irrumpió en la sala con su porte divino hizo que la vista del juez no se le apartara, ni la del fiscal, ni la mía. Malditos ojos. Maldito escote. Malditas curvas perfectas las que se asomaban por él y se adivinaban bajo la toga. A mí me faltó pedir a voces asistencia médica, pues el corazón se me desbocaba por segundos mientras ella exponía un argumento poco sostenible, pero siendo consciente de que se le prestaba atención a cada movimiento de sus labios carnosos y a cada sílaba que de ellos se derramaba. Cuando acabó la sesión, el juez delató su lujuria cuando dijo con una voz atontada: “Firme el Acta el condenado”.

     
  • Abogada recién licenciada

    Isabel Vilaseca Boixareu · Barcelona 

    Últimamente paso largas horas ante el ordenador en busca de un trabajo estimulante y mínimamente bien pagado. Al anochecer, descanso escribiendo relatos breves sobre abogados. Y pensar que mis padres, siempre tan pragmáticos, me prohibieron hacer diseño o humanidades para arrojarme al mundo del Derecho… A menudo, recibo noticias de antiguos compañeros de clase. Ayer precisamente me llamó un buen amigo, uno de los que sobresalía por su religiosa asistencia a clase. Me habló sobre su primera vista. Decepcionante, parece que no hubo personación de la otra parte. Aprendí mucho de esa conversación, más incluso que cuando salgo por ahí de conferencias. El lunes fui a una en la facultad. Tomé el 74, como siempre, y, entre señales de tráfico, me embarqué en una ferviente conversación con el autobusero sobre los violadores, los terroristas y sus derechos. Una vez más sentí que ser abogada es algo más que un trabajo.

     
  • Apud acta

    Miguel Pasquau · Granada 

    Ella era jueza y se llamaba “Diseño”. Yo era abogado y me llamaba “Fusconero”. Cada noche nuestras palabras se buscaban y se entendían en la pantalla, pero ninguno sugirió una cita, conscientes de que no todo lo virtual es real. Hasta que le propuse un juego. La señal consistiría en que un escrito de personación llevaría el pico superior izquierdo doblado y tres manchas de café. A cambio, la providencia, tras advertir de que la falta de asistencia a la vista comportaría la pérdida del derecho de mi cliente, introduciría tres mayúsculas seguidas. Después de quince escritos turnados a otros tantos Juzgados de la ciudad con la señal convenida, recibí su respuesta. “Dile a tu procurador que a la Secretaria del 12 le gustan sus manchas de café y su esquina doblada, pero que le falta el poder”. Luego, añadió: “Si quieres, lo hacemos apud acta”. Y lo hicimos.

     
  • Consejo de ciego

    Francisco Javier Forero · Madrid 

    Luís padecía de la vista. Tanta lectura de legajos durante cuarenta años de abogado le llevó a ver sólo letras de trazo grueso y bultos en lugar de personas. Enviudó, cerro el bufete y perdió el sentido de su vida. Dasatendió incluso la implicación de su hijo en asuntos turbios y delictivos. Fue detenido y Luís decidió prestarle asistencia legal sin merecerla. En el diseño de la defensa le ayudó su criada leyéndole el sumario en voz alta, lo que permitió soslayar su invidencia. La personación del hijo en Sala, aunque sólo vio su silueta, dejó una perpetua señal en su alma. El Fiscal fue demoledor. Al comenzar Luís, de sus ojos brotaron cataratas de lágrimas sin fin hasta que terminó su sublime informe. Resultó injustamente absuelto. Acabó Derecho. Reabrió el bufete del padre y le dio un consejo: nunca defiendas causas injustas apelando a la lástima disfrazada de elocuencia.

     
  • Sexto sentido

    William Teixeira · Montevideo (Uruguay) 

    Mientras tomaba un café sentado en su despacho, el ahora famoso abogado se dejó embargar por los recuerdos. A su mente vinieron entonces las imágenes del accidente por el que había perdido la vista; el final de su carrera de diseño industrial; sus primeras clases de Braille; la señal divina que recibió durante su personación ante el tribunal que finalmente absolvería al culpable de su ceguera (gracias, sobre todo, a sus inescrupulosos abogados), cuando sus manos, a la salida del tribunal, le dieron a conocer las marmóreas facciones de otra ciega famosa: la Justicia. Pero ahora tocaban a su puerta. Otro cliente importante solicitaba su asistencia. El desconocido se presentó, ingresó al despacho y tomó asiento. Y antes de que pudiera agregar nada más, sintió las tibias manos del abogado sobre su rostro. Instantes después, sobrecogido, aquél dijo:¡€™Lo siento mucho, señor García, pero yo sólo defiendo a inocentes?.

     
  • Cupido entre rejas

    Amparo Pinazo Gamir · Valencia 

    Aquello fue una señal. Cuando entré en el locutorio de prisión para preparar la vista de uno de los innumerables robos con fuerza de un cliente nuevo del turno. -¡Vaya!-, me dijo con acento calé, -¡una abogada guapa, por fin!- Su aspecto parecía de diseño, alto, moreno, fibroso, camiseta raída, vaqueros desgastadísimos y asombrosamente aseado. Robaba desde pequeño, me contó. Había consumido, pero ahora estaba limpio. Hablamos hasta la noche. Un funcionario me advirtió respetuosamente que el interno se había saltado dos recuentos. A partir de entonces firmé los escritos de personación en todas sus causas. Le aplicaron la triple de la mayor y a los cuatro años salió a la calle. Yo lo esperaba en la puerta más nerviosa que en mi primera asistencia al detenido. Lo miro, ahora, como baña a los niños, mientras preparo la cena, y me parece que ha pasado una eternidad desde aquel día.

     
  • Mi Loro

    Francisco Verjano Gordillo · Mataró (Barcelona) 

    He comprado un loro. Dicen que hacen compañía y desde que se fue Laura no tengo apego a nada. Le cuento mis casos y me escucha, más que Laura. Llego a casa con ganas de verle. Le proveo las mejores viandas para loros. Con la cabeza me hace una señal y ya se qué quiere. Cuando fundamento mal, ladea la cabeza y sé que me equivoco. Diseño otra estrategia y si es acertada, asiente satisfecho. Estoy preparado para la vista. Quisiera llevarlo conmigo aunque su personación en el juicio sea a priori imposible. Mateo dice que eso no es normal, que busque asistencia psicológica, pero desde que tengo mi loro que no pierdo un caso. He vuelto a ganar. Todos los compañeros me felicitan, menos Mateo. Paso por la pajarería a comprar unas delicatessen para celebrarlo y entre los clientes descubro a Mateo, que se esconde disimuladamente entre las jaulas.

     
  • Disculpe, ¿un cenicero?

    Pili Elejoste Larrucea 

    Odio admitirlo pero no me gusta ir a las vistas. Cuando alguna de las partes solicita mi personación como testigo siempre me ilusiono con que el tribunal deniegue la petición. No por el miedo escénico, o porque no confíe en las pruebas que defiendo. Simplemente desentono. Veo las miradas de desaprobación de los jóvenes abogados de diseño, con perfectos trajes italianos. Los míos no son tan elegantes pero mi mujer me los compra y yo la complazco al usarlos. Y las de sus representantes, que, culpables o inocentes, siempre temen pueda destapar algún secreto incomodo. A la señal del funcionario tomo asiento .El fiscal formula pocas preguntas y pronto finaliza mi asistencia, cree que si me quedo más tiempo del necesario empezaré a divagar. En cuanto puedo enciendo mi puro y me siento libre hasta que oigo una voz que grita :?¡Espere !Detective Colombo!!!?

     
  • Sección de contactos

    Carlos Pérez Álvarez · La Matanza de Acentejo (Tenerife) 

    Era la primera vez que comparecía formalmente en un juicio. Lucía unas piernas perfectas, desnudas desde la mitad de los muslos, donde moría su falda de diseño italiano. “Ojalá tuviera una personación de estas todos los días” -pensó el juez agudizando tímidamente la vista para escarbar en el vertiginoso escote. “Usted propinó sendas cuchilladas a la víctima. ¿Nos podría decir por qué?” –inquirió el abogado con desdén. “Verá, yo creía que mi cliente había entendido el anuncio del periódico cuando llamó. Señal de que no fue así, fue su furiosa reacción una vez en la cama. Me tuve que defender, ¿comprende? Para cuando llegó la asistencia médica ya había fallecido. Y lo siento mucho, pero era él o yo”. El juez dirigió su incrédula mirada hacia el banco de acusados tras leer el pequeño recuadro en la sección de contactos. “Chic@ atractiv@ y travies@, nuev@ en la ciudad”.

     
  • Futuro imperfecto

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza 

    Abuelo, ¿cómo ejercías la abogacía de joven? Niña, a principios del siglo XXI, atendíamos al cliente en el despacho, no por teleconferencia. Tecleábamos las demandas, no las dictábamos al computador. Imprimíamos, fotocopiábamos y grapábamos documentos. Los Juzgados eran edificios obsoletos en tecnología, recursos energéticos y diseño. Allí se apilaban expedientes por todas partes. ¡Montones de papeles! Los tramitaban funcionarios con arcaicos métodos. Estampaban sellos, firmaban a mano. Tinta sobre papel. Agentes judiciales entregaban personalmente cédulas de notificación a demandados, denunciados y testigos para procurar su asistencia y personación a vistas y juicios. Frecuentemente costaba encontrarles porque nadie portaba estos localizadores personales que emiten señal con nuestra posición constantemente actualizada. Carecíamos de los modernos artilugios telemáticos que aseguran comunicaciones oficiales fehacientes y en tiempo real. Usábamos bolígrafos, fotocopiadoras, cables. ¿Sabes qué eran? Fax, escáneres, enchufes, carpetas de cartón… Todo era rudimentario. Pero la Justicia no era tan lenta como ahora.

     
  • El inicio

    Álvaro Sánchez Carril 

    El verano se acaba, allí estoy yo, perdido en algún pueblo abandonado a su fin, al cual llegamos siguiendo una vieja señal que se preparaba ya para su inevitable entierro. Con la vista perdida, un anciano recuerda tiempos mejores. A su lado un revoltoso perro mordisquea unos papeles, con el mismo entusiasmo que los niños abren sus regalos de reyes. Mi aburrimiento acentúa mi curiosidad y me lleva a coger del suelo aquellos papeles que tanta ilusión le hacen. Eran los documentos de un expediente judicial, con un diseño un tanto arcaico. Aquel pobre hombre que peleaba cada bocanada de aire había sido un abogado y ahora allí estaba, solo y esperando su final.Hoy es mi primera asistencia en solitario a un juicio, en el escrito de personación por fin aparece mi nombre y lo disputare igual que me peleo aquel alegre perro para que no le arrebatase su expediente.

     
  • Un buen producto

    Roberto Penas · Vigo (Pontevedra) 

    Clemente vendía pleitos, un buen producto, afanándose en su diseño inicial, mucho antes de la asistencia a la vista, incluso antes de la personación en autos. Todo habría de ser meticulosamente concebido, redactado, planificado… creado. Pruebas, declaraciones, testigos, ciertos o de ficción, todo era parte del proceso de fabricación y venta. Una sentencia favorable al precio de su porcentaje sobre fortuna o desgracia ajenas. Lo llevaba en la sangre, su padre y abuelo habían ejercido y trillado caminos de éxito. Unos compraban, otros vendían; Clemente era, entre estos últimos, maestro. Así vivía profesión y vida. Sabiéndose observado ceñía la toga, con gesto de suficiencia exhibía gemelos y puños blancos… cuando la inoportuna señal horaria lo sobresaltó. “¡Las cinco! ¿ya?” –pensó con fastidio- “Sólo cinco minutos más”. ¡A la quinta va la vencida! Abrazando sábanas ajadas se giró y dejó caer libro de romano y chuletas. “Hoy no me pillan”.

     
  • Chico busca chica

    María Elena García · Villajoyosa (Alicante) 

    Era inevitable: cuarenta años, adicto al trabajo, sin vida social… ¡Necesitaba echarme novia! Además vivía con mi madre y sus sermones tampoco ayudaban. Estaba decidido: me presentaría a un concurso televisivo. Cuanto más se acercaba el día del rodaje más pánico me daba: ¿Y si la asistencia femenina era nula? Mi físico me atormentaba: soy corto de vista, cuando no llevo gafas de culo de botella no veo nada; la varicela me dejó la cara llena de señales; he ganado kilos y utilizo bisoñé... “Pero eres muy buena persona”, me consolaba mi hermana camino de plató. Me asignaron un estilista que, fingiendo, exclamó: “Esto lo arreglo yo con mucho maquillaje y complementos de diseño”. Nadie se lo explica, pero la personación de féminas desbordó las previsiones del programa. Nadie, a excepción de los guionistas, que al anunciarme trocaron mi condición de abogado de oficio ascendiéndome a “juez soltero y madurito”.

     
  • Amigos

    Francisco S. Ramírez · Valencia 

    La aglomeración de periodistas en el umbral de la sala obligó al acusado a entrar al Juzgado por una puerta interior. Había mucha expectación ante el caso más sonado del año en aquella coqueta ciudad turística de provincias. La asistencia de público se había restringido y todo indicaba que la vista comenzaría en hora. Tras la personación del imputado, éste tomó banquillo. Ataviado con un impoluto traje blanco de diseño, zapatos incluidos, y en altiva actitud, el magistrado, al verlo, se dijo que no había cambiado nada desde entonces... y se alegró. Una cascada de recuerdos invadió a Su Señoría y estaba seguro de que todo iría bien; no en vano, las amistades del trullo son profundas y duraderas. Una mirada fugaz pero cómplice entre ambos redujo la tensión ambiental y, a la señal pactada, la sesión comenzó. Nunca antes había tenido tan claro el fallo de una sentencia.

     
  • Puñetas

    Francisco Manuel Aguado · Torrent (Valencia) 

    "Personación en juicio por despido tácito para mañana a las 13,45 horas." Así de escueto fue el abogado del sindicato dándonos una copia a cada uno en el pasillo. Y allá que nos presentamos los cincuenta. La asistencia de la empresa era más que dudosa y ni señal dio desde que un buen día cerró sin más sus puertas. El abogado, con una corbata más desgastada que su toga, nos anunció que la jueza era nueva y !a saber! La vista fue un suspiro en el que, para nuestra sorpresa y la de nuestro abogado, despachó una orden de búsqueda contra los administradores tras acusarles de ineptitud en la gestión y cien mil derivaciones de responsabilidades más. Al salir, recordé haber dejado el móvil en la sala. Una muchacha, con unos auriculares puestos, pasaba el mocho. Por los puños de su bata de diseño, se escapaban unas puñetas amarillas.

     
  • El mago

    Angeles Belda Collado · Valencia 

    Como cada día la asistencia era máxima en la sala de vistas; repentinamente el Juez apareció detrás del secretario y pasándole una mano por el cuello, extrajo varias monedas y una rosa que obsequió al abogado defensor; lo ovacionaron; el agente hizo una señal pidiendo silencio. Su Señoría saludó agradeciendo a las partes su personación; desplegó un gran pañuelo rojo de diseño, lo agitó en el aire y dentro apareció una carpeta conteniendo los autos; algunos aplaudieron; el juicio iba a comenzar. Mientras practicaban los interrogatorios, el juez efectuó varios juegos de manos con una baraja francesa, y escuchó las conclusiones a la vez que hacía desaparecer su reloj para que reapareciera en la muñeca del fiscal; entonces lo aclamaron. Cuando el juicio quedó visto para Sentencia Su Señoría se desvaneció súbitamente, como había llegado, no sin antes liberar una pichona jaspeada que sacó de un pliegue de su toga.

     
  • La revisión anual

    FCO. JAVIER GUILL¡N DOMí–NGUEZ · Dos Hermanas (Sevilla) 

    El jueves voy a Cuenca, por eso cogí la cita para hoy. La enfermera sonríe como siempre cuando me hace pasar y el doctor lleva el mismo bigote, que parece de diseño. Con el ojo derecho no tengo problemas para recitar las letras de la última fila. Con el izquierdo me cuesta más acertar, pero intuyo que ahora la tercera es una V. Según el informe, no hay señal que indique la existencia de problemas de vista. Sobre la firma, un sello color azul lo certifica. En la calle respiro aliviado. La empresa no pasa por buen momento y la dirección ha anunciado que prescindirá de los que necesiten gafas. Frente a un cartel de Sabina llamo al cliente para confirmar mi asistencia y preguntar la hora de mi personación. Hemos quedado antes para repasarlo todo. Se le nota contento de habernos contratado. Como dice, quedan pocos testigos de confianza.

     
  • ¿Hay alguien ahí?

    Manuel Molina Domínguez · Palma de Mallorca 

    Serie B, lo llaman despectivamente. Pero esto sí que era arte. Y sin apenas medios. Habría que ver ahí al James Cameron ese. Un programa doble de la mejor ciencia ficción: "Asistencia extraterrestre" y "Señales del espacio exterior". Como cada sábado desde su personación en el pueblo para ocupar plaza, había acudido al viejo cine. Después salio a caminar durante horas mirando al cielo nocturno. Se tumbó en el arcén, y soñó ser un heroico viajero espacial. Perdió la noción del tiempo. De pronto, relampagueantes luces de colores de una nave cuyo diseño apenas entreveía, cegaron su vista. ¿Habrían venido por fin a abducirle? ¿Sería un elegido? Cruzó los dedos emocionado. Se abrieron unas compuertas y dos seres de tono verdoso se dirigieron hacia él. "¿Señoría, se encuentra bien?". Y el otro, en el mismo idioma: "Mi sargento, ¿aviso a la Casa Cuartel de que le hemos encontrado donde siempre?".

     
  • Negociación

    David Vivancos Allepuz · Barcelona 

    La voz cruel que llegaba desde el otro lado del hilo telefónico nos había recomendado mantener alejada a la policía del asunto, así que solicitamos la asistencia de un letrado amigo de la familia. Cuando sonaba el teléfono, mi abogado hacía una señal y se precipitaba sobre el auricular. Jugueteaba nervioso con su corbata de diseño mientras anotaba las exigencias del chantajista. “Pide cincuenta mil”, informó. Tratamos de reunir una suma que nos superaba por completo. “Ahora dice que sesenta”, expuso cariacontecido, sin atreverse a levantar la vista, al colgar el martes siguiente. Cuando casi lo teníamos, exigió setenta mil. La mañana del domingo cogí yo su llamada. Le recriminé la lenta sangría a la que nos estaba sometiendo y me respondió, muy digno, que sus pretensiones jamás habían superado los quince mil. El tribunal admitió la personación del chantajista contra mi abogado. Espero con ansia que llegue ese día.

     
  • Intenti fallido

    Rosa María Cáceres Hidalgo de Cisneros · Orihuela (Alicante) 

    Para la asistencia a la vista en el Juzgado se esmeró más que nunca en su arreglo personal, se vistió con un traje de diseño italiano, de impecable corte y color discreto, una camisa blanca y una corbata de seda en suaves tonos. Se trataba de no enviar ninguna señal de agresividad mediante su aspecto o su indumentaria. Se peinó muy bien y ensayó gestos y miradas ante el espejo. Era el clásico lobo con piel de cordero, pero había olvidado recomendar a los de su banda que no aportaran por allí, y menos cómo lo hicieron, enarbolando pancartas con la frase: “Vuelve pronto, padrino”. No hubo forma de convencer a los abogados y al juez de que todos aquellos tipos patibularios ya talludos eran ahijados suyos y por eso- no por otra cosa- lo llamaban “padrino”.

     
  • El último escrito

    Francisco Doria Palomino · Lima, Perú 

    El capo fue claro: a medianoche aceptaría dos mil dólares o tus sesos… y aún te faltaban quinientos. Estabas en sus manos. La reparación civil, el divorcio, la coca te dejaron en bancarrota, y el Colegio te había inhabilitado. Habías dejado todo – te habías traicionado a ti mismo – por ser un abogado “distinguido” y ahora ni tu vida era tuya. Pisoteaste el título enmarcado, una mierda que – en ese momento – te valía lo mismo que papel higiénico usado. El reloj marca casi la medianoche del 31 de mayo. Enciendes el computador y piensas “Si es lo último que hago, que sea lo que quiero. Y quién dice: gano, cobro y me salvo de esta”. Revisas la página www.microrrelatosabogados.com y escribes “personación, diseño, asistencia, señal y vista”. Tu imaginación contextualiza esas palabras cuando sientes el cañón del revólver en la nuca: el capo, llega a cobrar.

     
  • Las hormigas

    Eva Moreira Fontán · Leiro (Ourense) 

    Al final del juicio me siento como esta hormiga que atraviesa la mesa de la sala. Un hormiguero es el diseño de un juzgado: visten de negro, se disponen en jerarquías, cumplen diferentes funciones según su categoría y tienen un código propio. A la hormiga le sigue otra, luego otra; agacho la cabeza, veo una hilera como los puntos suspensivos negros en un folio inmaculado, van y vienen. También veo un cortejo con una nitidez que llega más allá de la vista, una hormiga flanqueada por otras dos un poco más grandes. Está presa y esperan una señal para poder entrar por un agujero en el suelo.
    En la sala se felicitaban por llegar a un acuerdo en mi asistencia jurídica; “en acto de personación”, yo no prestaba ya atención porque las hormigas ascendían por mi cuerpo: vi la ventana y la atravesé. No quería ser una hormiga.

     
  • El ascenso

    Guillermo Fernández · Montcada i Reixac (Barcelno) 

    Le dije tres cosas: que Francisco María de Asúa y Ladrón de Guevara no era mi cliente, sino el suyo; que el Audi A3 de Panchete no era más que un coche "tuneao", no un vehículo de diseño; y que si perdimos el juicio es porque se saltó una señal de Stop y llevaba la vista nublada por la maría, no porque la abogada contraria fuera más lista, más guapa y probablemente más feliz que yo gracias a la mierda de sueldo que me pagaban por estar en el despacho de nueve a nueve. A los dos días me hicieron junior. Me lo dijo tras señalarme unas cuantas correcciones de maniático en un sencillo escrito de personación, mientras hojeaba indolente La Vanguardia. Eso sí, cobrando lo mismo, se apresuró a aclarar, que no es época para excesos. Lo llevan como Previas porque requirió asistencia sanitaria y tratamiento quirúrgico posterior.

     
  • La realidad

    María Elena del Barrio · Santa Cruz de Tenerife 

    Esa mañana,cuando llegué al Juzgado, me encontré con una realidad extraña. Todo el mundo estaba en su puesto. No había ninguna baja,ninguna falta de asistencia. De puntillas,entré en mi despacho y cotejé mi agenda con la única vista que,por su complicación, estaba señalada para ese dia. Increíble,todo estaba perfecto, incluso había un posit del funcionario que confirmaba la personación de las partes,testigos y peritos. Las dos primeras horas fueron de cine. A la tercera empezó a fallar el DVD. No lo vi como una señal. El reproductor era una maravilla de diseño, última generación. Me hizo gracia cuando la secretaria se lió a porrazos con el aparato. Me reí porque esa mañana yo me había convertido en un juez maravillado y feliz, en un niño que se divertía trabajando. Lentamente salió un trocito del disco. Luego el resto. Me cayeron de golpe los cincuenta.

     
  • La lucha incansable

    Juan Manuel Beltrán Barrionuevo · Murcia 

    La asistencia de medios fue masiva pero la justicia no estuvo al nivel. Y yo lo tenía claro, aquella no sería mi última personación en un juicio; pero necesitaba descansar, tomarme unas largas vacaciones. Después de éste en el que, de nuevo, un maltratador salió absuelto, vi sin duda la señal de alarma: la fatiga ya empezaba a ser mayor que el estímulo. Después de quitarme la toga, dejando a la vista mi desgastado traje de diseño, me fui a hablar con el juez. No nos entendimos; tampoco con el fiscal. No lo iba a tener fácil. Ya anochecía y cansada me marché. Como si fuera una nube, atravesé con mi cuerpo la lápida; pero antes de entrar, eché un último vistazo a la inscripción: Faltaban incluir estas palabras: víctima del machismo. Y esas palabras no me dejaban descansar en paz.

     
  • Pablo

    Carlos I. Fernández Carbonell 

    Las cosas vienen como vienen. A Antonio le apasiona el diseño industrial. Aurora está perdiendo vista pero es tan coqueta a sus 70 años que no quiere llevar gafas. Miguel no ha visto la señal de stop, ocupado como está en sintonizar la emisora que más le gusta. A Ana le encanta el mes de mayo. Pablo llega tarde a su asistencia mensual a la terapia de alcohólicos anónimos. María practica una coreografía junto a su amiga Marta. Marta avisó tarde a María, Pablo sólo pudo dar un volantazo y no pudo esquivar a Ana, Miguel no fue capaz de recordar nada, Aurora y Antonio no supieron explicar lo que había pasado en la personación de testigos. Por una vez en su vida, Pablo será valiente y no se dará a la fuga. Ayudará a Ana, que sobrevivirá. Y yo estaré orgulloso de representarle en el juicio.

     
  • ¿Ley o justicia?

    Miguel Ángel Cabaleiro Fernández · Vigo 

    Quedaba una semana para la vista. En la Universidad no te preparan para momentos como el que se avecinaba. Es sólo puro diseño, algo intangible, irreal. No tomas conciencia de la magnitud de la responsabilidad hasta que ves tu nombre en el escrito de personación. Ya no se trata de leyes o disposiciones. Sino de personas, de vidas. Te acuerdas de esos grandes tomos y sus magnos autores. Ahora el autor eres tú y todos están pendientes de ver la publicación de tu obra. Hacía escasos diez minutos que ella me había confirmado su asistencia. Sólo en aquel entonces respiré aliviado al sentir su presencia, al ver su señal. Cuando a las once horas de aquella mañana tomé asiento tras la mesa de la acusación, el temor al fracaso se había convertido en sed. Una palabra se repetía una y otra vez en mi mente: JUSTICIA. “Con la venia señoría…”

     
  • Louis Cypher

    Juan Francisco Mármol Aroca · Vélez-Málaga 

    La personación del cliente en mi despacho era esperada. Tan elegante, con un traje de diseño, su aspecto flamante, su rostro y su voz que se me hacían tan familiares, pero que no conseguía identificar. Aquel macabro asunto concluyó como jamás imaginé: absolución, pese a que las pruebas apuntaban a una condena durísima. Durante la asistencia a la larga vista había sabido conquistar a los magistrados de la sala. Extrajo un huevo duro de un bolsillo y comenzó a pelarlo con la larga uña del meñique derecho. Entonces temblé. “Vengo a pagarle. Un día bromeó con que vendería el alma por un asunto de renombre. Aquella fue su señal, su fianza, su pacto. Actuó bien en el juicio. Me absolvieron. He aquí mi pago: le devuelvo el alma”. Entonces, aterrado, lo entendí todo. Gracias a aquel proceso alcancé reconocimiento, dinero y poder, pero desde entonces no puedo conciliar el sueño.

     
  • Juicio generacional

    Alejandro Martínez Turégano 

    Acudo a mi primer “juicio generacional” como hijo del juez. Bajo este nombre se denominan actualmente aquellas causas abiertas que precisan de más de una generación para su resolución. En estos casos los testigos, abogados, jueces,… de mayor edad deben asegurar su asistencia mediante la delegación de personación en sus descendientes, siguiendo una estricta línea de descendencia. Puede incluso darse el caso de tener que clonar al acusado para garantizar el cumplimiento de su condena. En estas ocasiones la vista oral se alarga el tiempo necesario, pudiendo sobrepasar los cien años. Todavía recuerdo con ironía cuando en el S.XXI se quejaban de la lentitud de la justicia. Yo era estudiante de arquitectura pero como mi padre era ya mayor tuve que incorporarme a un módulo de aprendizaje acelerado y ahora puedo llevar la toga en su nombre. Espero salir pronto de aquí, el diseño de la sala es horrible.

     
  • Justicia Circense

    Clara Sánchez · San Sebastián de los Reyes 

    ¡Bienvenidos señores del jurado! ¡Pasen y vean! Sus sentidos hoy van a vibrar, su vista les permitirá asistir a un acto de personación como nunca antes lo habían hecho. Ahora, siéntense, ahí viene el juez. Por aquella puerta entrará el acusado...Si, ese es. Cómo pueden comprobar va atado a una camilla, para facilitar la celeridad de los actos procesales. Ahora, su abogado, con la asistencia del oficial, lo amarrará a la rueda giratoria. ¡Miren su terror, parece estar acordándose de los que aprobaron este diseño para administrar justicia!- los asistentes se miran los unos a los otros, excitados- Su señoría tiene ya afilados los cuchillos y a su señal, la rueda comienza a girar...- el jurado empieza a hacer ruido con los pies, como si decenas de tambores hubieran tomado la sala- ¿Pero que ven mis ojos? ¡Se rinde, el reo está dispuesto a confesar!

     
  • Sentencia

    Julio García · Madrid 

    John “Big” Sebastian había sido en sus años de gloria el rey de las asistencias en la NBA. Aunque no soy muy aficionado al baloncesto tuve que verle, por razones profesionales, en la cancha de Vista Alegre. Era una calurosa noche de mayo y se sustanciaba algo importante en la Liga ACB. El lunes siguiente, debía acompañar a John en su personación ante el juzgado por un delito de tráfico de estupefacientes. Concretamente de drogas de diseño, speed y esas cosas. Me habían dicho que arrastraba las piernas en el ocaso de su carrera. Jugó apenas unos minutos y pude apreciar que aquel juguete roto aún tenía una muñeca prodigiosa, y que a una señal suya los pívots se situaban esperando el pase magistral para encestar. El domingo leí la noticia de que le habían encontrado muerto en su apartamento. Yo no hubiera logrado una mejor sentencia.

     
  • Aureas mediocritas

    ¡µlvaro Giménez · Orihuela (Alicante) 

    Aborrecía la profesión de abogado. No soportaba las continuas personaciones, la asistencia a las vistas orales, el lenguaje recargado de la judicatura. Así que, a medida que envejecía, buscó una válvula de escape, que únicamente encontró en sus sueños. En ellos, se convertía en un fontanero con una existencia sencilla, en las antípodas de su vida real. Esta, sin embargo, volvía cada mañana, con la señal acústica del despertador de su móvil. Su doble realidad permaneció así hasta que un día, al despertar, algo cambió. Su habitación, jalonada de maderas nobles, se había transformado en un dormitorio decorado con goteleé. Frente a su cama, no había ningún traje de diseño italiano, sino un arrugado mono azul. Extrañado, sólo reconoció una pequeña libreta marrón. Al mirarla, solamente había escrito un acrónimo y unas palabras entre paréntesis: INEM (solicitar subsidio y trabajos relacionados con la fontanería o similares).

     
  • Bajo las sábanas

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · Zaragoza 

    No recordaba nada. Las voces que ahora me rodeaban, hablaban de amnesia traumática retrograda. Luz blanca. Una sirena. La boca seca y la vista cansada. Alguien exigía mi personación en el juzgado. Mientras, yo observaba bajo las sábanas cada señal en mi cuerpo como un auténtico muestrario del cruel martirio al que había sido sometida. Pero yo no recordaba nada. Una vez incorporada y vestida con la asistencia de una ATS, entró mi abogado con un impecable traje gris marengo y unas gafas de diseño, me sonrió y ladeó la cabeza. Trás él apareció una agente policial quien, con suma delicadeza y cierto rubor, me puso las esposas y fue en ese justo momento cuando recordé con absoluta nitidez el homicidio de mi marido.

     
  • La declaración

    Ana Vélez · Sant Feliú de Codinas (Barcelona) 

    Recuerdo que era un día lluvioso, daba pereza salir de casa, pero debía hacerlo, él me necesitaba. Lo primero que hice fue coger el teléfono, llamarle, no obtuve respuesta, pensé que era señal que estaba camino del juzgado. En su día, prometí prestarle asistencia letrada, presenté el escrito de personación y seguí la causa, pero llegado el momento, me acobardé, no tenía armas de defensa y no podía afrontar mi primera vista en esas condiciones. Esa mañana fue distinto, salí corriendo, maletín en mano y sin olvidar el atuendo negro, diseño exclusivo para abogados y llamado toga. Me vió, sonrió, no nos hacía falta hablar, sólo ésa mirada valió más que cien palabras para coger las fuerzas necesarias para subir al estrado. Lo hicé, y el también;ese día fui partícipe de sus dos declaraciones, la de su absolución la cual he olvidado, y la que hoy seguimos compartiendo.

     
  • Perdición

    Rafael Gav · California (EEUU) 

    Aquella fue la personación más inolvidable que se produjo nunca en mi despacho, señoría. Entró como si flotara, leyó el título que colgaba sobre mi mesa y me clavó la mirada. Su marido -que me había contratado recientemente para gestionar su divorcio-, no le había hecho justicia en su descripción atropellada y balbuceante. Se sentó en mi silla de diseño, segura, retándome con la mirada. La vista de aquella mujer hermosísima me perturbó. Mientras hablaba, yo seguía entontecido la curva sensual de su boca. Sentí un cosquilleo en el cogote, como si alguien de otro mundo me estuviese mandando una señal de alerta. Pero yo, señoría, que no requería de ninguna asistencia, me basté a mi mismo para caer en el lazo infame de su seducción. Lo de su marido fue idea suya, como dije antes. Yo sólo la ayude a transportar el cadáver.

     
  • ¿Sobreseimiento?

    Andrés Ibáñez · La Coruña 

    Me había llevado una hora confeccionar y poner en práctica el diseño de mi peculiar sala de vistas.
    El caso era sencillo: se juzgaba a mi hermano Fran por un delito de lesiones sobre el osito de peluche de mi prima Ana con la agravante de alevosía. Sería necesaria la asistencia de mi padre en la prueba pericial, nadie mejor que un médico para evaluar las señales y menoscabos en el cuerpo de la víctima. En cuanto a ésta, ¿se puede requerir la personación de un osito de peluche, o es necesario buscar otra palabra?
    Llamé a mi hermano para que pasase a declarar como imputado. No hubo respuesta, sólo un griterío indescifrable desde la cocina.
    Mi madre le había traído a Ana un nuevo osito de peluche. Ella se lo restregaba por la cara a Fran, mientras le decía “éste es mucho más bonito, quédate tú con el otro”.

     
  • Reinando al fin

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Guipúzcoa) 

    Seis campanadas. Era la señal. El viejo abogado levantó la vista del periódico y fue a prepararse. La asistencia de la crème del mundo de la judicatura estaba asegurada, según se desprendía de la carta que solicitaba su personación en el acto. —Hoy se jubila un gran hombre. No tuvo inconveniente en vestirse de payaso para costearse la carrera. Así consiguió enfundarse otro disfraz: una toga que ha paseado con honor por nuestros juzgados. ¡Demos la bienvenida a nuestro arlequín, Natalio Pajarín, de la justicia ferviente paladín! —Gracias, amigos. ¿Por qué me miráis así? ¿Pensabais que colgaría la toga para llevar una vida triste de pipa, zapatillas y batín? Estáis muy equivocados. Yo, Natalio Pajarín, voy a cumplir mi gran deseo… ¡ser una drag queen! —dijo el viejo abogado, encaramado en unas plataformas de vértigo, embutido en un modelito de diseño años ochenta y con una amplia sonrisa de carmín.

     
  • Diversión al fin

    María Eulalia Serrano Pérez · Mérida 

    Mi padre no quiere firmar mis faltas de asistencia a clase de latín. No le bastan mis razones: que la profesora es un muermo, que escupe y que tiene bigote de morsa. Total, para dedicarme al diseño gráfico, ¿para qué necesito el latín? Me expulsarán del colegio otros diez días, mi padre, que es Juez de Menores, hablará con un colega, me obligará a enviar una personación en cualquier causa, y me la aceptarán. Tendré que tragarme otro juicio completo y hacerle un resumen. Siempre hace igual, desde que cumplí los treinta años. Es su táctica para obligarme a terminar bachillerato … Suena una señal horaria. ¡Mierda! Me he quedado dormido, sólo tengo 10 minutos para llegar al Juzgado, y hoy viene de testigo un banquero de postín. Al fin un poco de diversión. No puedo llegar tarde.

     
  • Ausencia desapercibida

    Catalina Oliver Roig · Felanitx (Mallorca) 

    No lo entiende. Ha recibido una citación del juzgado en la que se requiere su personación para el día siguiente. Sin duda es una señal de que algo no anda como debe hacerlo. Pero él recuerda muy bien aquel día: había sido muy cuidadoso y no había dejado a la vista nada que pudiera identificarle. Entonces… ¿Qué pueden querer de él aquellos siniestros personajes vestidos de negro? Su simple imagen le horroriza. ¿Quién debió ser el encargado del diseño de semejante disfraz? Pero… ¿Cómo puede pensar en frivolidades en un momento como este? No quiere ni imaginar lo que supondrá si ellos encuentran algo. ¿Necesita un abogado? Aleja de su mente este tipo de pensamientos refugiándose en el fondo de su armario. Debe preparar su asistencia al acto con una imagen impoluta. Pero al día siguiente, él, simplemente, no despierta. Efectivamente, algo no anda como debería hacerlo.

     
  • Plan fallido

    Juan Manuel Batuecas · Madrid 

    La asistencia a la vista es inexcusable. Mañana por la mañana. La personación es obligatoria. Y las posibilidades de ganar, nulas. Mi cliente es un narco peligroso. Heroína, cocaína, droga de diseño. Me da igual que le condenen. Pero peligra mi prestigio. Y sobre todo mi integridad física. El Juez es un mujeriego. Frecuenta clubs de dudosa reputación. Sobre todo el que está al lado del Tribunal Supremo. Es su punto débil. Hablaré con alguna chica para que lo entretenga toda la noche y lo deje K.O. “Te va a costar caro, es un viejo salido”. “No importa, pagaré”. A primera hora recibo un sms, la señal acordada. “Trabajo realizado”. Las diez y cuarto. El Juez no aparece. Diez y veinticinco. Irreconocible, jovial, vemos llegar al Magistrado. Creo que me ha guiñado un ojo. No entiendo nada. Recibo otro sms: “Es un hombre maravilloso, me he enamorado de él”.

     
  • Ciega Justicia

    Emilio Luis Rodríguez · Santa Cruz de Tenerife 

    Y todo ocurrió muy rápido. Mi vista se apágó de repente nada más comenzar mi andadura en los estrados. Tenía 26 años y una vida llena de ilusiones y ganas de hacer bien mi profesión que es para lo que había nacido. No lo entendía. No encontraba señal alguna que pudiera explicarme el motivo de mi enfermedad, pero así fue el resultado del diseño de mi cruz. Glaucoma dijo la asistencia después de horas de examinarme. Más adelante lo entendí todo y busqué sentido nuevamente a mi vida. Ahora era un abogado ciego. Ciego de vista pero no de instinto. La justicia no necesita de la vista para aplicarse me dije. Y así fue. Ahora me llaman "el abogado ciego", y todo el mundo me respeta no por lo que me ocurrió, sino por mi particular personación en el ejercicio de la profesión.

     
  • Alta tecnología

    Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

    Soy el prototipo del abogado perfecto, un nuevo concepto de asistencia letrada. Insobornable, justo, legal. Algo impensado en el comportamiento humano. No tengo mano izquierda, tampoco buen olfato, ni siquiera vista de lince, pero a la mínima señal de delito me pongo a funcionar. Uso la misma batería que un teléfono móvil, soy ligero como una pluma y quepo en un bolso. Diseño japonés. Mis prestaciones son inmejorables pero temo que los técnicos que trabajaron en mi creación cometieron un grave error: me incorporaron sentimientos. El día de la personación en mi último juicio el magistrado me confundió con un mp4. Y, sinceramente, me dolió.

     
  • Dorotea

    Rosario Serrano Arnau · Alcantarilla (Murcia) 

    La abogada vivía enamorada del juez. Aunque todos lo encontraban soberbio, autoritario, misántropo, ella creía descubrir en él un espíritu sensible, amante del arte, la belleza. En sus encuentros, ella desplegaba sagazmente sus mejores armas femeninas para seducirlo, sin éxito. Aquella mañana tuvo una personación en su juzgado. Iba muy sensual, con su vestido de diseño italiano. Desde hacía meses, él intercambiaba e-mail con una desconocida y constantemente, incluso durante las vistas, entraba desaforado a su correo, buscando señales de su Dorotea. Por la noche, al llegar a casa, extenuada tras una inhabitual guardia de asistencia a detenidos, ella corrió al ordenador. Intensa felicidad se dibujó en su rostro, mientras leía:?Queridísima Dorotea, me siento como enterrado en un pozo profundo, sin luz, porque hoy no he sabido de ti... Ninguna persona de las que vi hoy, me puede interesar, ni emocionar. ¡Sólo tú me haces sentir vivo!?

     
  • Nuestras sedes judiciales

    Rubén Díaz Domínguez · Almonte (Huelva) 

    Llegué con tiempo a las puertas del nuevo Juzgado que se inauguró el día anterior y que tenía un diseño demasiado moderno para mi gusto. Allí me esperaba el cliente con toda su familia. Sus caras eran tensas y nerviosas porque el compañero del turno de oficio que llevaba el asunto estaba enfermo. Aquello era señal inequívoca de que no les hacía gracia el cambio de letrado de última hora. - Buenos días les dije, me tiene que firmar antes de entrar a la vista el escrito de personación para justificar la asistencia al Colegio de Abogados. - Claro exclamó el cliente, mientras firmaba el escrito. Una vez firmado, subimos a la Sala de juicios, y con sorpresa nos dijo el Secretario, que los juicios se tenían que suspender porque el edificio no tenía luz. Todos nos fuimos a casa en silencio, pensando que esto no cambiará nunca.

     
  • Tela de araña

    Antonio Alonso · Málaga 

    La imagen era hermosa. Tan ordenado, metódico e implacable diseño era obra de una araña común, un simple insecto, sin conciencia, sin alma, sin maldad. Mi personación en los autos me permitió tener acceso a las fotos de la víctima. Yacía inerte, sin señal alguna de violencia, en el jardín de su casa, rodeada de maleza. Aun con tan trágica imagen, mi vista no podía apartarse del sobrecogedor diseño de la tela de araña suspendida en un árbol cercano, amenazante y delicada. La prensa calificó mi asistencia al imputado por la muerte de la chica como ordenada, metódica e implacable. Libre absolución. Pensé en la araña. ¿Sería yo otro insecto? Sin conciencia, sin alma, sin maldad. No, yo sí tenía maldad, y la araña seguro que no tenía pesadillas.

     
  • Limar asperezas

    Nuria Gómez Lacruz 

    Se inauguraba el pabellón polideportivo de diseño con “el partido de las estrellas” entre jueces y fiscales, convocado para limar asperezas. La asistencia de la "crème de la crème" de la profesión realzaba el acto. Tras la personación de los capitanes, el árbitro pitó el comienzo del partido. Antes de la primera canasta, se vio que no había sido una buena idea. El fiscal X dejó la señal de sus tacos de acero en el tobillo del Juez Y. Más incomprensible aún que la patada, fue el tipo de botas elegido por el fiscal. Después, el Juez Z metió sus dedos en los ojos de otro fiscal, que casi perdió la vista. Se hizo evidente que no había deporte sobre el parqué, sino venganza. Terminó el desafío con empate a tres damnificados. Pronto se anunció un cambio para la siguiente edición: la competición migraba del baloncesto al bridge.

     
  • El perfumista

    Nieves Azcárate Aguilar-Amat · Madrid 

    Aunque había perdido la vista en un accidente, el abogado Antúnez, seguía asesorando a sus clientes, que confiaban en su intuición. Ya no recibía las señales del lenguaje corporal, pero adivinaba lo que pensaban los demás a través de la nariz. Era capaz de descifrar los más leves matices de los olores, por eso necesitaba la asistencia y cercanía de la parte contraria. Cuando los avances tecnológicos hicieron innecesaria la personación de las partes en el mismo lugar físico, comenzó su declive. Estaba claro que para ganar un pleito había dependido más de sus habilidades psicológicas y de su prodigiosa nariz que del dominio de los códigos. ¿Se hundió Antúnez cuando se quedó sin clientes? Qué va. El cierre de su despacho le dio la oportunidad de dar un giro profesional muy rentable. Ahora se dedica con éxito a la perfumería, al diseño de fragancias de lujo.

     
  • A ciegas

    Marta Barbosa Orellana 

    Aunque me falta un sentido, lo suplo con el del humor. Y este, sin duda, es mucho más agudo del que carezco. “Lo que nos falta es lo que nos sostiene”, decía Ortega y Gasset. Y por ello me dedico a transcribir. Es un buen abogado, pienso. Tengo vista para reconocerlos... y vuelvo a sonreir. Si algún día necesitara asistencia jurídica, está claro que lo contrataría a él. Con mis teclas diseño sus discursos en símbolos legibles, escucho su señal de inicio. Su carraspeo suena como un “a sus puestos”, y yo tecleo tan rápido como pronuncia su alegato: anuncia una nueva personación en el juicio. Hoy lo he vuelto a hacer. Me sonrío cuando le oigo comentar la vista oral. Mi compañera, creyendo que me río de su acento, me pregunta: “¿Le conoces?”. Y, yo, sin borrar la sonrisa anterior le contesto: “Mmmm, de vista”

     
  • La familia es lo primero

    Germán Sánchez · Palencia 

    Quedan menos de 30 minutos para la vista y creo que antes voy a ir  al servicio, como mínimo, otras dos veces más  y ¡¡ya van 5 en la última hora!! Cada 30 segundos  compruebo el nudo de la corbata y cada dos minutos me tengo que secar el sudor de las manos. La personación en la causa de mi ex  para intimidarme, me da igual; ídem que hace solo dos meses que he acabado la carrera de derecho. Lo que realmente me está matando es que mi madre, junto con sus amigas del parchís, me han prometido o amenazado (según se mire) con su asistencia a mi primer juicio. Para colmo me ha tocado vestir la corbata de “diseño” que me regalo por navidades la tía Hortensia y ¡me han hecho prometer que las haría una señal desde el estrado!  ¡¡Pero mama que ya tengo 44 años!!