Disculpe, ¿un cenicero?

Pili Elejoste Larrucea 

Odio admitirlo pero no me gusta ir a las vistas. Cuando alguna de las partes solicita mi personación como testigo siempre me ilusiono con que el tribunal deniegue la petición. No por el miedo escénico, o porque no confíe en las pruebas que defiendo. Simplemente desentono. Veo las miradas de desaprobación de los jóvenes abogados de diseño, con perfectos trajes italianos. Los míos no son tan elegantes pero mi mujer me los compra y yo la complazco al usarlos. Y las de sus representantes, que, culpables o inocentes, siempre temen pueda destapar algún secreto incomodo. A la señal del funcionario tomo asiento .El fiscal formula pocas preguntas y pronto finaliza mi asistencia, cree que si me quedo más tiempo del necesario empezaré a divagar. En cuanto puedo enciendo mi puro y me siento libre hasta que oigo una voz que grita :?¡Espere !Detective Colombo!!!?

 

 

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