Interpretando

Juan Franch · Palma de Mallorca 

La personación como imputada implica preparación y aplomo. Una vista es mucho más complicada que una función y conviene aprender el guión que marca el abogado. Su diseño y matices pueden suponer una deseada absolución o la amarga caída. Aunque tenga toques teatrales, no hay apuntadores y la asistencia a la sala no es un acto voluntario previo pago de una entrada. El diseño del escenario es parco y con un mobiliario que resulta poco acogedor. El ritmo no lo marca el interesado y las sorpresas pueden acontecer en cualquier momento. Una señal o un gesto imperceptible pueden ser de gran ayuda. Un cruce de brazos, arquear las cejas o cerrar los ojos con el rosto circunspecto y preocupado. Al final el abogado se convierte en productor, guionista y, si conviene, improvisado sustituto de un cliente que actúa para convencer a un, digámosle, público crítico y acostumbrado.

 

 

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