Ciega Justicia

Emilio Luis Rodríguez · Santa Cruz de Tenerife 

Y todo ocurrió muy rápido. Mi vista se apágó de repente nada más comenzar mi andadura en los estrados. Tenía 26 años y una vida llena de ilusiones y ganas de hacer bien mi profesión que es para lo que había nacido. No lo entendía. No encontraba señal alguna que pudiera explicarme el motivo de mi enfermedad, pero así fue el resultado del diseño de mi cruz. Glaucoma dijo la asistencia después de horas de examinarme. Más adelante lo entendí todo y busqué sentido nuevamente a mi vida. Ahora era un abogado ciego. Ciego de vista pero no de instinto. La justicia no necesita de la vista para aplicarse me dije. Y así fue. Ahora me llaman «el abogado ciego», y todo el mundo me respeta no por lo que me ocurrió, sino por mi particular personación en el ejercicio de la profesión.

 

 

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