El perfumista

Nieves Azcárate Aguilar-Amat · Madrid 

Aunque había perdido la vista en un accidente, el abogado Antúnez, seguía asesorando a sus clientes, que confiaban en su intuición. Ya no recibía las señales del lenguaje corporal, pero adivinaba lo que pensaban los demás a través de la nariz. Era capaz de descifrar los más leves matices de los olores, por eso necesitaba la asistencia y cercanía de la parte contraria. Cuando los avances tecnológicos hicieron innecesaria la personación de las partes en el mismo lugar físico, comenzó su declive. Estaba claro que para ganar un pleito había dependido más de sus habilidades psicológicas y de su prodigiosa nariz que del dominio de los códigos. ¿Se hundió Antúnez cuando se quedó sin clientes? Qué va. El cierre de su despacho le dio la oportunidad de dar un giro profesional muy rentable. Ahora se dedica con éxito a la perfumería, al diseño de fragancias de lujo.

 

 

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