Sexto sentido

William Teixeira · Montevideo (Uruguay) 

Mientras tomaba un café sentado en su despacho, el ahora famoso abogado se dejó embargar por los recuerdos. A su mente vinieron entonces las imágenes del accidente por el que había perdido la vista; el final de su carrera de diseño industrial; sus primeras clases de Braille; la señal divina que recibió durante su personación ante el tribunal que finalmente absolvería al culpable de su ceguera (gracias, sobre todo, a sus inescrupulosos abogados), cuando sus manos, a la salida del tribunal, le dieron a conocer las marmóreas facciones de otra ciega famosa: la Justicia. Pero ahora tocaban a su puerta. Otro cliente importante solicitaba su asistencia. El desconocido se presentó, ingresó al despacho y tomó asiento. Y antes de que pudiera agregar nada más, sintió las tibias manos del abogado sobre su rostro. Instantes después, sobrecogido, aquél dijo:¡€™Lo siento mucho, señor García, pero yo sólo defiendo a inocentes?.

 

 

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