Las hormigas

Eva Moreira Fontán · Leiro (Ourense) 

Al final del juicio me siento como esta hormiga que atraviesa la mesa de la sala. Un hormiguero es el diseño de un juzgado: visten de negro, se disponen en jerarquías, cumplen diferentes funciones según su categoría y tienen un código propio. A la hormiga le sigue otra, luego otra; agacho la cabeza, veo una hilera como los puntos suspensivos negros en un folio inmaculado, van y vienen. También veo un cortejo con una nitidez que llega más allá de la vista, una hormiga flanqueada por otras dos un poco más grandes. Está presa y esperan una señal para poder entrar por un agujero en el suelo.
En la sala se felicitaban por llegar a un acuerdo en mi asistencia jurídica; “en acto de personación”, yo no prestaba ya atención porque las hormigas ascendían por mi cuerpo: vi la ventana y la atravesé. No quería ser una hormiga.

 

 

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